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19/01/2021
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Balance: pandemia, huracanes y dictadura

Al balance global del año en el mundo -pandemia y desastres naturales-, en nuestro caso se agrega la dictadura de Ortega, que los agrava.

En la medida que nos aproximamos a fin de año, los medios de comunicación y diversos análisis se encargan de realizar el balance de 2020. Y todos destacan a la pandemia del Covid 19, oficialmente declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el pasado 11 de marzo, como el hecho dominante. En primer lugar, la pandemia fue mundial, superando el contagio a países dentro de un continente; en segundo lugar, demostró la fragilidad de la humanidad, cuando muchos pensadores destacaban el increíble avance tecnológico y dominio humano sobre la naturaleza; y en tercer lugar, a caballo entre desarrollo tecnológico y fragilidad humana, muchos señalan que hemos entrado en una nueva época, anticipando de golpe y porrazo la civilización digital, que redefinirá drásticamente cómo nos relacionamos en el trabajo, estudios, viajes y vida social.

Mientras tanto, en las consecuencias devastadoras de la pandemia se cuentan los muertos, contagios y el confinamiento, en otra manifestación de fragilidad humana, pues en la misma forma se combatían a las pestes que asolaban a los humanos hace siglos. La combinación del confinamiento y el cambio tecnológico, especialmente el teletrabajo y telestudio, han impedido que la economía mundial no cayera más, y sin embargo las consecuencias en términos de pobreza, hambre, desempleo y desigualdad son enormes, y nos advierten sobre nuevos conflictos sociales, económicos y políticos. Por diversas razones -y no solamente la pobreza, pues África y países de Asia estarían igual- la cuota de América Latina durante la pandemia en términos de muertos y contagios ha sido desproporcionadamente alta, y también la de Estados Unidos, no por pobreza sino por desatención del gobierno. Igualmente, severas son las consecuencias económicas y sociales en países de nuestra región.   

También, y de alguna forma vinculado a la pandemia, se ha puesto de relieve el cambio climático y sus consecuencias, entre ellas los huracanes que recientemente nos azotaron. Recientemente cité en estas páginas al poeta salvadoreño Roque Dalton, cuando con motivo del terremoto de Managua escribió que Nicaragua ha sufrido y sufre calamidades de la naturaleza y de la historia, entre ellas las dictaduras.

Señalamos lo anterior, porque en este rápido balance de fin de año, mientras los países aguardan la vacunación que reducirá drásticamente la pandemia y sus secuelas, y será como punto de inflexión para recuperar el crecimiento de la economía, ése no será nuestro caso en Nicaragua. A causa de la dictadura en Nicaragua no sabemos nada en cuanto a la vacunación, en igual forma que poco o nada se ha informado al público del coronavirus. Tampoco hay seguridad que recuperemos el crecimiento económico, más allá de alguna efímera reactivación por el financiamiento internacional que Nicaragua ha recibido por la pandemia y los desastres naturales. 

En el balance de la lucha interna democracia-dictadura, señalamos dos cosas, entre otras. Primero, la urgencia represiva por recuperar el control territorial frente al desborde opositor, al extremo que muchos dirigentes tienen la casa o ciudad por cárcel. Ese extremo represivo, fue facilitado por la pausa temporal que estableció la pandemia y ocupación de los países en la misma, las elecciones en Estados Unidos y la temporada ciclónica que, en nuestro caso, derivó en financiamiento internacional y la ilusión dictatorial que podría recomponer su situación con el sector privado. Segundo, recientes manifestaciones de dirigentes opositores abren la perspectiva de su unidad.

Así cerramos el año, con certeza del triunfo de la libertad y democracia, y seguridad que removeremos la dictadura.

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