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18/01/2021
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Tragedias de la historia y naturaleza

El poeta salvadoreño Roque Dalton escribió en una revista de Chile, donde entonces yo estudiaba, que Nicaragua había enfrentado tragedias de la naturaleza y de la historia. Se refería entonces al reciente terremoto que había destruido a Managua en diciembre de 1972 y a las largas dictaduras e intervenciones militares extranjeras, que hemos sufrido.

Lo mismo se podría decir hoy, después de casi medio siglo. El paso del huracán Iota, esta semana, y Eta pocos días antes, y la dictadura de Ortega, lo confirman. Esos huracanes han dejado centenares de miles de damnificados y muchos daños en viviendas, infraestructura y cosechas, y lo más lamentable, pérdidas de vidas humanas. A su vez, la reacción de la comunidad internacional para ayudarnos por los huracanes, se ve enfrentada a la terrible contradicción de una dictadura que solamente vela por sí misma y por su afán de perpetuarse en el poder, que ha dejado centenares de muertes en las calles entre protestantes pacíficos, y más de cien mil exiliados.

Los desastres naturales nos agarraron, para decirlo en lenguaje popular, en curva. La enorme crisis económica es totalmente derivada de la represión y las violaciones a los derechos humanos, que han tenido la consecuencia, entre otras, del aislamiento del financiamiento y cooperación internacionales.

Hace dos días, el Ministro de Hacienda de la dictadura dijo que recurrirán al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en búsqueda de financiamiento, en circunstancias que esas entidades desde la crisis de abril no han aprobado nuevos préstamos, salvo cooperaciones técnicas para la preparación de nuevos proyectos cuando vuelva la democracia. Está totalmente dentro de lo posible que la gestión que anunció el funcionario, tenga el resultado de activar mecanismos de rápido desembolso -y ojalá así sea- establecidos para situaciones de emergencia, como los recientes huracanes.

En todo caso no será como la planteada por la situación del huracán Mitch hace dos décadas. En esas circunstancias, en 1998, cuando recién estrenábamos democracia después de la guerra civil, y el gobierno de Alemán recién tenía dos años de iniciado, la cooperación internacional se desbordó, y al siguiente año la economía creció significativamente.

Lamentablemente, no será el caso en esta ocasión, pese a la magnitud de la tragedia, y que la misma reveló inequidades históricas que nos tienen sumergidos en la mayor pobreza, como es el caso de fotografías y videos que se publicaron sobre la costa Caribe, pero que podrían ser de toda Nicaragua.

Ayer Carlos Muñiz, ex Director de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (FUNIDES) reflexionaba en un artículo sobre esa miseria, y reclamaba la indiferencia frente a la misma. Así es ciertamente, pero agregaría a su reflexión que la máxima expresión de la solidaridad frente a esas tragedias naturales que descarnan nuestra pobreza, es tener gobiernos democráticos que se preocupen por el desarrollo nacional y no dictaduras como la actual y que casi siempre hemos tenido, a las cuales se refería Roque Dalton con su reflexión sobre la historia de Nicaragua.   

Incluso el gobierno ha impedido iniciativas privadas, como las de Iglesias, empresas y organizaciones de la sociedad civil. Es el caso de totalitarismo dictatorial simbolizado, pero no exclusivamente, en la ley de agentes extranjeros. Con fines represivos todas las organizaciones y fundaciones son obligadas a registrarse como agentes extranjeros si reciben cooperación desde afuera, que justo ahora podría llegar a los damnificados.

Cuando las víctimas de los huracanes se pregunten por qué no les llega la ayuda, solamente hay una respuesta: ¡el régimen de Ortega!