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13/07/2020
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MIS LUCES ANTE EL SUFRIMIENTO HUMANO

Nota de Democraciaparticipativa.net: Un extraordinario artículo del P. Jorge Catasús ha llegado a nuestra redacción, trata sobre el arribo a La Habana de las Siervas de María, congregación de religiosas que a lo largo de un siglo ha realizado una maravillosa labor llena de amor y compasión por el prójimo.                                                                             Llegue a ellas también nuestro más sincero homenaje.

DP.net. 

MIS LUCES ANTE EL SUFRIMIENTO HUMANO          

Primera parte

P. Jorge Catasús, Arquidiócesis de Santiago de Cuba

Durante mi formación sacerdotal en el Seminario San Carlos y San Ambrosio en La Habana, en el año 1983, las Siervas deSanta María Soledad Torres Acosta María, Ministras de los Enfermos, congregación fundada en España por María Soledad Torres Acosta en 1876, celebraron el centenario de su arribo a La Habana. Una hermosa velada en su convento de 23 y F en el Vedado tendría, al menos para mí, su momento más emotivo cuando vi ascender al escenario a un anciano, con barba y talante profético, para dar lectura a unas palabras, escritas en menos de dos cuartillas, de sentido homenaje; ellas han constituido en mi vida cristiana, y en especial como sacerdote, una singular iluminación cuando el dolor ha tocado mi puerta y he tenido que acompañar a hombres y mujeres en sus enfermedades, algunas veces en su trance definitivo, envueltos en  oscuridades e interrogantes.

El poeta Eliseo Diego, uno de los hombres del Grupo Orígenes, que tanto admiró y quiso a las Siervitas, quien las vio noche tras noche velar a su madre enferma en la cabecera de la cama, así comenzó:

LAS SIERVAS DE MARÍA Y SUS CIEN AÑOS EN LA HABANA.

Tal como la noche es el reverso del día, así lo es el sufrimiento a la dicha. Jamás la inteligencia del hombre podrá entender por qué, en la prodigiosa maquinaria que es el cuerpo de un inocente, irrumpe de pronto el dolor como un ladrón entre la sombra. Es éste uno de los más terribles enigmas de la vida, ya que aparece ante nosotros vuelto un hecho inexorable. Ninguna razón pudiera convencernos de su necesidad en el orden del universo, ni alcanzará nunca a consolarnos. Será preciso un hecho de signo contrario, así como el hecho de la luz refuta la presencia de la tiniebla.

Cada tarde ocurre entre nosotros justamente uno de estos hechos que anhelamos desde el fondo del alma. No puede ser más sencillo: es aquel instante del crepúsculo en que desde su convento echa a volar el bando de blancas palomas que llamamos las Siervas de María. Las palomas, dirá alguien, suelen recogerse al anochecer. Cierto. Pero estas blanquísimas, purísimas palomas, hacen, de las tinieblas, alba. Cada una de ellas será una mañana que amanece junto a la noche cerrada de un enfermo. ¿Es el sufrimiento un hecho sin respuesta, dijimos? Pues bien: he aquí la respuesta. Muchachas, mujeres, criaturas como nosotros, que hacen a diario lo que quizás haríamos una sola vez: asumir como propio el sufrimiento ajeno, y con una alegría que justifica el orden en apariencia roto del universo. Cada una de ellas es una caricia de Dios en la mejilla del enfermo: “Niño mío, —parece decirle al oído— no puedo explicártelo, porque no lo entenderías; pero verás que al final todo, todo está muy bien”.

Al escuchar estas palabras vinieron a mi mente otras, del también poeta y dramaturgo francés Paul Claudel, que me sabía de memoria y que tenía escritas en el viejo cuaderno en que guardo por años mis “tesoros” manuscritos, de todo tipo y procedencia, que han constituido para mí, muchas veces en mi vida, destellos de esperanza. Así decía Claudel: Dios no ha venido a suprimir el sufrimiento humano. Ni siquiera a explicarlo. Ha venido a llenarlo de su presencia. 

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MIS LUCES ANTE EL SUFRIMIENTO HUMANO

Segunda parte

P. Jorge Catasús, Arquidiócesis de Santiago de Cuba

La insospechada situación en que estamos inmersos en todo el orbe, desde comienzos de año, nos impele a indagar en la significación de lo que ocurre, que ha trastocado todos los aspectos de la vida personal y social en el planeta obligándonos al confinamiento, como principal medida para tratar de contrarrestar a un enemigo silencioso y poderosísimo. Se trata de un “ente” biológico, cuyo origen no está absolutamente esclarecido y que saltó hacia el mundo a fines del pasado año en la lejanísima ciudad china de Wuhan, hasta el punto que, topando invisiblemente con él, puede acabar “de golpe y porrazo” con nuestra existencia. Por su rapidez de propagación, debido a la globalización de las comunicaciones y por su alta contagiosidad no parece tener comparación con otras pandemias conocidas en la historia. 

¿Podemos pasar como el avestruz, evadiéndonos de plantearnos, como seres racionales, qué está detrás de todo esto, o mejor, que está en el fondo? Y más, mejor, ¿qué significa esta experiencia inédita en nuestro aprendizaje existencial? Sí, es un verdadero desafío, entre otros, a la inteligencia humana, al homo sapiens.

Desde el pasado enero, una avalancha de pronunciamientos de distintos autores, no todos de igual alcance y profundidad: notas, artículos, ensayos, conferencias, hasta libros digitales escritos con urgencia, han invadido las redes sociales y nos pueden incitar a la reflexión necesaria. Se trata de una invitación apremiante al ejercicio del pensamiento. Me ha venido a la mente nuestro padre querido, Félix Varela, que nos “enseñó primero en pensar”, al decir de don Pepe de la Luz y Caballero, y hacerlo con “cabeza propia”. Qué buena oportunidad de homenajearlo al ejercitar su exhortación.

Intento ir desempolvando experiencias remotas, como la presentada más arriba, que han aflorado una y otra vez como alumbramientos, en mi mente y corazón, cuando me he visto en situaciones límite ante el dolor humano, en mi vida y ministerio pastoral: accidentes; fallecimientos, algunos repentinos, de niños especialmente; enfermedades terribles y prolongadas, sobre todo de personas que sólo se les ha visto hacer el bien; familias que han sufrido sucesivas pérdidas quedando menores al desamparo;...…. Ocasiones diversas en las que han emergido los esenciales interrogantes. Pretendo revisitar dichas experiencias a la luz de lo que nos está desafiando hoy.