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13/07/2020
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LA GUERRA HISPANO-CUBANA-AMERICANA (1895-1898) (primera parte)

“DOY LA BIENVENIDA A CUALQUIER GUERRA, PUES CREO QUE EL PAIS NECESITA UNA.” -Teodoro Roosevelt -

El pasado 15 de febrero se cumplieron 122 años de un hecho que sirvió de excusa para que los Estados Unidos, basándose en una interpretación actualizada de la doctrina expansionista del destino manifiesto, le declarara la guerra a España, iniciando así su expansión fuera de sus fronteras continentales, sobre todo en dirección hacia el Océano Pacifico Oriental. Ese día, a las 21:40 horas en las tranquilas aguas de la Bahía de La Habana, el acorazado norteamericano de segunda clase USS Maine fue destruido por una explosión que causaría la pérdida de 266 oficiales, marineros e infantes de marina de su dotación, lo que representaba dos tercios de los 392 hombres que conformaban la tripulación del acorazado.

Este desastre naval, el más costoso en vidas humanas para la marina norteamericana hasta que se produjo el hundimiento del USS Arizona el 7 de diciembre de 1941 en Pearl Harbor, Hawái, sería la causa inmediata para que el 25 de abril de1898 el Congreso de los Estados Unidos declarara formalmente el estado de guerra con España, retroactivo al 21 de abril de ese año, fecha a partir de cuándo la US Navy había iniciado el bloqueo naval a la ciudad de La Habana. Esta interdicción naval de los Estados Unidos se repetiría 64 años después cuando el presidente John F. Kennedy ordenó el bloqueo (cuarentena) naval a Cuba el 22 de octubre de 1962, como respuesta al emplazamiento de misiles balísticos soviéticos en la Isla.

La guerra que siguió a la voladura del USS Maine fue conocida como la Guerra Hispano - Cubano - Americana (1) y tanUSS Maine  in Havana Harbor, Cuba, shortly before the explosion that would sink her. source http://www.navsource.org/archives/01/maine.htm Photo taken 1898. solo duraría diez semanas. Con la excepción del enfrentamiento en la Colina de San Juan - batalla que le dio fama a Teodoro Roosevelt y a sus Rough Riders - la lucha entre España y los Estados Unidos se escenificó fundamentalmente en el mar, lo que llevó a la destrucción de las flotas de ultramar españolas en la Batalla Naval de Santiago y en la Batalla Naval de Cavite en Manila. El buque insignia de la Escuadra Asiática de la Marina norteamericana, el crucero protegido USS Olympia (2), comandado por el comodoro Thomas Dewey, es la única unidad naval participante en la guerra con España que todavía se encuentra a flote y en la actualidad es un museo naval ubicado en el Rio Delaware, en Filadelfia, el cual tuve la oportunidad de visitar en 1963 durante mis años de estudio en los Estados Unidos.

La Guerra con España concluiría con el Tratado de Paris firmado en diciembre de 1898 (3), mediante el cual Estados Unidos asumió el control sobre la isla de Cuba y la propiedad de Puerto Rico en el Caribe y de las Islas Filipinas y Guam en el Océano Pacifico, mediante una indemnización a España de $20.000.000. En términos geopolíticos esto significó el fin de España como imperio y la emergencia de los Estados Unidos como novel potencia ultramarina, lo que llevaría cuatro décadas más tarde a la guerra con el Imperio del Japones luchada entre 1941 y 1945.

ENTRADA DE LOS ESTADOS UNIDOS EN LA GUERRA DE CUBA

Abril 21 de 1898 - agosto 12 de 1898

El almirante William T Sampson, comandante de la escuadra norteamericana que estaba fondeada en Cayo Hueso, Florida, recibió el 21 de abril de 1898 la orden del presidente William McKinley de “…proceder al bloqueo de las costas de Cuba, desde Cárdenas a Bahía Honda. Bloquee también Cienfuegos si lo considera prudente”. 3

Al día siguiente, ya con la flota americana en camino, el Capitán General español Ramón Blanco y Erenas, le envió una carta al líder cubano en armas general Máximo Gómez invitándolo a poner de lado las diferencias entre cubanos y españoles y unirse bajo el grito ¡Hurra por España! ¡Hurra por Cuba! para enfrentar y derrotar al invasor yanqui.

La réplica de general Máximo Gómez, quien había intentado por todos los medios que Estados Unidos interviniera en el conflicto en Cuba - inclusive se le asociaría con la voladura del USS Maine en complicidad con el millonario norteamericano William Astor Chandler y el senador Henry Cabot Lodge - fue tajante en su rechazo a la propuesta de Blanco y Erenas:

Generalísimo Máximo Gómez, en una foto del año 1905“Usted representa a una monarquía vieja y desacreditada, y nosotros luchamos por los mismos principios que Bolívar y Washington. Usted dice que pertenecemos a la misma raza y me invita a luchar contra un invasor extranjero. Yo solo conozco una raza, la humanidad, y para mí solo existen buenas y malas naciones. España se ha portado mal aquí y Estados Unidos está llevando a cabo por Cuba un deber de  humanidad y civilización.” (4)

Esta respuesta del general cubano anticipó la despedida de España del Nuevo Mundo.

Para el día 23 de abril de 1898 la escuadra norteamericana se encontraba frente a La Habana, fuera del alcance de sus cañones de defensa costera. Ese día, se sumarona la escuadra otras unidades de refuerzo - 2 cruceros, 2 torpederos, 1 Monitor y 1 remolcador- lo que permitió al almirante Sampson dividir su escuadra en 3 grupos; uno se quedó frente a La Habana; otro se ubicó frente a Matanzas y Cárdenas, en la costa norte de Cuba, al este de la capital, y el tercer grupo patrulló hasta Bahía Honda, ubicada al oeste de La Habana, en jurisdicción de la Provincia de Pinar del Rio. El 25 de abril seria declarada formalmente por Estados Unidos la que su Secretario de Estado, John Hay, llamaría una “esplendida pequeña guerra”. Para el 29 de abril, el bloqueo naval se extendería hasta la población costera de Cienfuegos, ubicada en la costa sur de Cuba, en la entonces central provincia de Las Villas.

PREPARATIVOS PARA LA GUERRA

- ESTADOS UNIDOS -

La guerra entre Estados Unidos y España fue en gran parte un producto mediático fabricado por la prensa norteamericana liderada por el New York World de Joseph Pulitzer y el New York Journal de William Randolph Hearst, en colusión con elementos belicista que buscaban una figuración personal con fines políticos, como fue el caso de Teodoro Roosevelt. Ello queda confirmado por lo dicho por William Randolph Hearst a su ilustrador estrella, Frederick Remington, quien, fastidiado ante la falta de acción bélica en Cuba en 1897, le pediría a su jefe permiso para regresar a Nueva York. La respuesta de Hearst fue profética: “Por favor permanezca en Cuba. Ud. proporcione las ilustraciones y que yo le proporcionare la guerra”. Pero sería el senador Henry Cabot Lodge, por medio de una carta a él atribuida fechada el 5 de enero de 1898 y enviada a un embajador amigo a escasas semanas de la destrucción del acorazado USS Maine, quien asomaría como se fabricó la guerra contra España y de paso sembró la duda sobre la existencia de una conspiración en la destrucción del acorazado USS Maine. Escribió el senador Lodge en esa oportunidad Habrá un día de estos en Cuba una explosión que nos arreglará las cosas” (5)

La guerra se hizo popular en los Estados Unidos, llegando a extremos de alta comedia. Teodoro Roosevelt declinó comandar un regimiento como le fue propuesto pero aceptaría ser su segundo al mando. De seguido telegrafió a su sastrería en la 5ª Avenida de Nueva York, Brooks Brothers & Co., ordenando “…un uniforme azul de teniente coronel sin amarillo en el cuello y con polainas.” Los millonarios y capitanes de industria ofrecieron financiamiento para la guerra, mientras que William Randolph Hearst prometió un regimiento de caballería - lo que fue rechazado - para después ofrecer a la armada un yate a vapor desde el cual el prestaría su patriótico servicio. Para no quedarse atrás, William Astor Chandler, conspirador o no en el hundimiento del USS Maine, ofreció también un regimiento y su primo John Jacob Astor, prometió una batería de artillería. Otro personaje del establishment norteamericano que se incorporó a la aventura en Cuba fue el ex cónsul en La Habana Fitzhugh Lee, quien había sido un oficial de caballería del ejército Confederado en la Guerra Civil y sobrino del General Robert E. Lee. Fitzhugh Lee seria comisionado como general de división y lo acompañaría otro excombatiente sureño, el diputado por Alabama Joseph Wheeler, quien estaría al frente del primer encuentro de la guerra que se sucedería en la batalla de “Las Guásimas”, donde los españoles llevarían la mejor parte.

Uno de los 3 regimientos formados para luchar en la guerra en Cuba fue el 1er Regimiento de Caballería Voluntaria conocido como los Rough Riders que en definitiva sería comandado por Teodoro Roosevelt ante el ascenso a general de su comandante original Leonard Wood, poseedor de la Medalla de Honor del Congreso ganada en la lucha contra los indios apaches liderados por el cacique Gerónimo. Wood comandaría la Brigada de Caballería en Cuba, compuesta por los tres regimientos autorizados por el Congreso. Los Rough Riders contarían con cerca de mil efectivos que fueron reclutados personalmente por Roosevelt “…entre trabajadores de rancho, exploradores indios pawnee, atletas de fútbol americano de universidades de la Liga de Ivy, vaqueros, policías, y jugadores de polo de la costa este.” (6) Tantos voluntarios querían ir a Cuba en busca de aventura y gloria que no había disponibles suficientes caballos, lo que obligó a Roosevelt a rechazar a muchos aspirantes, entre ellos a Edgar Rice Burroughs, el creador del mítico personaje de Tarzán.

- ESPAÑA-

Mientras que en Estados Unidos el ambiente frente a la guerra que se iniciaba era festivo, en España privaba un sentimiento de resignación ante lo que se sabía de antemano como una derrota inevitable, que llevaría a la pérdida de sus colonias, sobre todo de “la siempre fiel Isla de Cuba”. El presidente Práxedes Sagasta informó a las Cortes que Madrid había hecho todo lo posible por evitar la guerra y la Regente María Cristina apareció junto al niño rey Alfonso XIII en los balcones del Palacio del Prado a saludar a la multitud congregada en silencio. Mientras que los socialistas callaban y los conservadores españoles cerraban filas en torno al gobierno liberal de Sagasta, en La Habana el Capitán General Blanco, hizo un llamamiento a las armas, refiriéndose a los Estados Unidos como

“… esos cartaginenses americanos que encontraran su Roma en este territorio español, que fue descubierto, poblado y civilizado por España y será siempre español” (7)

Sin embargo, el pueblo en España no profesaba el fervor patriótico que privaba en Cuba y una canción popular (8) que se escuchaba en las tascas, así lo reflejaba:

“Tienen muchos barcos,

Nosotros la razón.

Ellos, armamento,

Nosotros, honor.”

El ejército español en Cuba se componía de 150,000 hombres, con una concentración de unos 9,000 soldados en el área de la ciudad de Santiago de Cuba, quienes deberían enfrentar a 4,000 rebeldes cubanos al mando del general cubano Calixto García y a los cerca de 20,000 norteamericanos que desembarcarían en las playas de Daiquiri y Siboney los días y 22 y 23 de junio. El 25 de abril de 1898, coincidiendo con la declaración formal de guerra de Estados Unidos, se produjo el primer enfrentamiento naval entre españoles y norteamericanos en la Bahía de Cárdenas, en la costa norte de la Isla, mientras que un oficial del ejército norteamericano, el teniente Andrew S. Rowan, se infiltró en Cuba para reunirse con el general Calixto García Iñiguez, transmitiéndole el mensaje - el famoso “Mensaje a García” - que lo conminaba a estar preparado para apoyar a las tropas norteamericanas cuando desembarcaran en la zona oriental de Cuba. La reunión entre Rowan y el general Calixto García se efectuó el 10 de mayo en la ciudad oriental cubana de Bayamo y ciertamente el general García se sintió extrañado pues se esperaba que el ataque norteamericano vendría por el puerto del Mariel, ubicado al oeste de la ciudad de La Habana, para después dirigirse a la Capital y que sería el Comandante en Jefe, el general Máximo Gómez, quien entonces se encontraba en la central provincia de Las Villas, el que daría el apoyo a las fuerzas invasoras norteamericanas. Ese mismo día, en el otro extremo del mundo, en las Filipinas, el comodoro Thomas Dewey, a bordo del crucero protegido USS Olympia, destruiría la flota española en la batalla de Cavite en la Bahía de Manila. De ese combate el diario La Revue de Paris dijo, uno de los beligerantes tenía los cañones y el otro le servía de blanco” (9).

La llegada de la flota española al mando del almirante Pascual Cervera y Topete el 19 de mayo a Santiago de Cuba y no a La Habana, obligó al cambio de los planes norteamericanos, debiendo moverse el teatro de operaciones de las provincias occidentales hacia el extremo oriental de la Isla. El 20 de junio el general Calixto García se reuniría con el almirante Sampson y el general Shafter adoptándose el plan propuesto por el general Calixto García de efectuar dos desembarcos simultáneos por Daiquirí y Siboney en la costa sur de la provincia de Oriente, contando con el apoyo de las fuerzas mambisas, para de allí dirigirse directamente hacia Santiago de Cuba. Así, en la mañana del 22 de junio fuerzas cubanas tomaron el pueblo de Daiquiri, facilitando el desembarco de cerca de 12,000 hombres con todo su equipo. Al día siguiente, 23 de junio, se daría inicio al segundo desembargo de cerca de 8,000 norteamericanos por la playa Siboney, ubicada a 16 kms. de Santiago de Cuba. El desembarco se efectuó con mucha dificultad debido a la ausencia de un muelle de atraque adecuado que tuvo que ser construido por los ingenieros militares norteamericanos.

El primer encuentro entre tropas estadounidenses y españolas se produjo el 24 de junio. Tras haber enfrentado a los norteamericanos durante el desembarco en Siboney, el contingente español se retiró hacia el norte a una línea defensiva ubicada en la población de Las Guásimas. El general y parlamentario Joseph Wheeler, al mando de elementos de los voluntarios del regimiento de los Rough Riders y de otro regimiento formado por los llamados “Soldados Búfalo” - quienes eran todos afroamericanos - recibió la orden de cubrir el flanco del general Lawton que movía sus tropas hacia el oeste en dirección hacia Siboney. Wheeler decidió atacar por su cuenta a las tropas españolas concentradas en Las Guásimas, pero sin mayor éxito, pues los españoles, después de causar cerca de 70 bajas entre muertos y heridos a los norteamericanos, se retiraron sin mayor impedimento hacia la ciudad de Santiago de Cuba.  

El comandante español de la plaza de Santiago, el coronel Arsenio Linares, estaba convencido que era vital defender la ciudad. También, temía que fuerzas cubanas atacaran por el lado oeste de la Bahía de Santiago, lo que en definitiva no resultaría en una acción de ataque sino en una acción de distracción. La decisión del coronel Lineares de encerrarse en la Ciudad de Santiago selló el destino de la ciudad, el de la escuadra española anclada en su bahía y el de la Isla de Cuba.

Finalizada la batalla de Las Guásimas, el comandante norteamericano William Shafter aceleró su decisión de atacar y tomar la ciudad de Santiago ante la información recibida que la guarnición española seria reforzada. Con tal propósito, ordenó tomar las tres colinas fortificadas en las Alturas de San Juan que constituían el perímetro externo defensivo de la ciudad: La Colina de San Juan, El Caney y La Colina Kettle. El ataque que se efectuó el 10 de julio preveía que las tropas de la Segunda División norteamericana atacaran El Caney y una vez tomada esa posición, se dirigieran al sur para atacar las defensas en la Colina de San Juan y la Colina Kettle. Las posiciones defensivas españolas estaban formadas por trincheras, fortines y casamatas, rodeadas de alambre de púas y defendidas por varias piezas de artillería. Aunque el ataque a las posiciones españolas estaba previsto para la 10:00 A.M., el despliegue táctico de los dos Regimientos de Caballería (desmontada) pertenecientes a la Primera División, los Rough Riders y los “Soldados Búfalo”, ambos bajo el mando de Teodoro Roosevelt, estaba cumplido, pero los elementos de infantería de la Segunda División estaban aún combatiendo en El Caney, donde habían encontrado una fiera resistencia española. Por fin, a la 1:00 P.M. se inició el ataque a la Loma Kettle, donde los norteamericanos sufrieron fuertes pérdidas. Teodoro Roosevelt, quien diría sobre la esa batalla que “…fue una pelea callejera”, no solo capitalizó grandes dividendos políticos con su desempeño en la lucha, sino que en el año 2001, un siglo después de la batalla, le fue otorgada por el Congreso la Medalla de Honor por su valor demostrado en esa acción. Roosevelt es el único presidente en recibir la Medalla de Honor del Congreso, la cual hoy se exhibe en la Habitación que lleva su nombre de la Casa Blanca, junto a su Premio Nobel de la Paz por su mediación entre Rusia y Japón.

Mientras tanto, los elementos de infantería de la Primera División fueron mantenidos a raya por el fuego español proveniente de los defensores hispanos en la Loma de San Juan. Sin embargo, aparecieron dos ametralladoras Gatling en la línea norteamericana que con su rápida cadencia de fuego mantuvieron a los defensores españoles a raya, permitiendo el avance de la infantería colina arriba. Mientras tanto, los soldados de caballería que habían tomado la Colina Kettle se desplazaron hacia la Colina de San Juan distante a 450 metros, atacándola por su flanco. Para las 2:00 P.M. los últimos defensores españoles se rindieron. En la acción participó con los aguerridos “Soldados Búfalos” el oficial del ejército John J Pershing quien 20 años más tarde sería el Comandante en Jefe de la Fuerza Expedicionaria Americana en la Primera Guerra Mundial. La acción en la Colina Kettle y en la Colina de San Juan costaría a los norteamericanos 1,400 bajas, entre ellas 200 muertos, y a los españoles, 590 bajas, entre heridos y muertos.

Fin primera parte.