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13/08/2020
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¿Recuperará Ortega la complacencia?

La dictadura de Ortega no se constituyó de la noche a la mañana. Durante años, se benefició de la complacencia nacional e internacional que se expresaba de diferentes formas, al extremo que ensoberbecido por esa complacencia, Ortega se dispuso a constituir una dinastía, previa “privatización” familiar del FSLN y de los poderes del Estado. Esa “privatización” del FSLN fue en paralelo con la constitución de un régimen de partido único, o hegemónico, con algunos partidos políticos subordinados.

En ese proceso, lenta pero inexorablemente, acumulaba agravios contra todos los sectores y en todos los departamentos, municipios, barrios y comarcas. Basta señalar que el privatizado FSLN, controla actualmente el 90% de las Alcaldías, y nada se mueve dentro del Frente, sin la voluntad de Ortega y su familia. Todas las personas teníamos que verle la cara a Ortega o a sus delegados, y solicitar como favor lo que deberíamos ejercer como derechos, en Universidades, escuelas, hospitales, aduanas, alcaldías, ministerios, oenegés, sindicatos, cooperativas, sencillamente en todo, absolutamente en todo, y en la más pequeña gestión, por insignificante que fuera. Hasta que esos agravios se sincronizaron y estallaron en la crisis de abril, que Ortega aplacó a sangre y fuego con un saldo inimaginable de asesinados, heridos, presos y exiliados.

En algún momento, durante abril y las semanas siguientes, muchos llegamos a pensar que saldríamos de la dictadura. A dos años, y estabilizado precariamente Ortega -no así el país, porque lejos está de ser estable- debemos preguntarnos: ¿ha recuperado Ortega la complacencia nacional e internacional, que ayudó a gestar esa dictadura? ¿Existen los incentivos, positivos o negativos, para que algún sector dentro y fuera de Nicaragua, se entienda con Ortega? Definitivamente, no.

Lo vimos recién en la posición de la Unión Europea y los Estados Unidos, con motivo del segundo aniversario de la crisis de abril, en que reiteraron la posición de elecciones creíblemente democráticas como única solución a la crisis de Nicaragua. Y pese al monopolio que Ortega ejerce de la represión, en la isla de Ometepe y otras ciudades los nicaragüenses la desafiaron, y las críticas al gobierno se mantienen en la Iglesia, gremios del sector privado, cultos religiosos, Alianza Cívica y UNAB.

Pese a la pausa que se ha establecido a nivel mundial por la atención que demanda el coronavirus, no hay en la comunidad internacional, ni internamente en Nicaragua, ni por asomo, sectores que vuelvan a extender a Ortega su complacencia. Ortega podrá haber retrasado, en base a la represión, el momento de su final, pero no el de su régimen.