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29/03/2020
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Bernie Sanders, Cuba y el Super Martes

Los elogios a Fidel Castro del precandidato presidencial demócrata, hasta ahora favorito, merecen total condena

En los últimos días, el tema de Cuba ha irrumpido con fuerza inusual en la campaña presidencial de Estados Unidos. (Livenewsnow)

En los últimos días, el tema de Cuba ha irrumpido con fuerza inusual (y no del todo merecida) en la campaña presidencial de Estados Unidos. De modo especial entre los numerosos líderes del Partido Demócrata que pugnan por ganar la nominación de esa fuerza política de oposición al Gobierno de Donald Trump.

El detonante para que ese tema (que no tiene por qué poseer una importancia primordial en ese debate político) haya adquirido tanta relevancia, fueron las declaraciones del septuagenario senador Bernie Sanders —autoproclamado “socialista”—, que al menos por ahora es quien encabeza la puja dentro del partido azul.

En una entrevista concedida a una importante cadena nacional de televisión, el congresista por el estado de Vermont ratificó anteriores manifestaciones suyas, mediante las cuales había valorado de manera favorable ciertas facetas de la actuación de Fidel Castro. En concreto, evaluó como algo positivo la campaña de alfabetización realizada por el ya difunto dictador cubano.

Esas declaraciones admiten diversas objeciones. La primera es la formulada con acierto por la bloguera Yoani Sánchez: ¿cabe aplaudir que se enseñe a leer a cientos de miles de ciudadanos y, al propio tiempo, ignorar que a esos mismos alfabetizados y a millones de otros cubanos el régimen castrista, por razones ideológicas, les prohíbe el acceso a libros que ese propio régimen considera “indeseables”?

Pero también podemos preguntarnos: ¿es lícito señalar un aspecto positivo de la actuación pública de un dictador al tiempo que se silencia el saldo esencialmente negativo de su Gobierno? Por poner un ejemplo: ¿podemos dar por bueno que —digamos— alguien entone loas a Adolfo Hitler por haber construido las autopistas o haber reducido de manera notable el paro forzoso?

Si se tratara de un coloquio de especialistas en la construcción de vías públicas o de una convención consagrada a las políticas de empleo, tal vez podría tolerarse que se citara el desempeño del líder nazi en esos terrenos, sin entrar a analizar —o a mencionar siquiera— otras facetas del funesto actuar de ese macabro personaje.

Pero es inadmisible que un político actúe de ese mismo modo. Quien se consagre a los trajines de la cosa pública está obligado, en virtud de su misma profesión, a tomar en cuenta todas las implicaciones que cualquier cosa que haga o diga pueda tener en los diferentes sectores del electorado.

¿Deberemos suponer entonces que el señor Sanders es un hombre público poco ducho? ¿Qué loó a Fidel Castro por desconocimiento? No es ése su caso. Èl, con el notable apoyo que ha logrado ganarse entre sectores de la extrema izquierda de su partido, ha demostrado de sobra su extraordinaria habilidad política.

El problema radica en que Don Bernie no tiene empacho en cortejar a esos grupos extremistas de los demócratas. Se trata de un conglomerado humano cuyos corazoncitos, después de sesenta años de régimen antidemocrático y de involución económica en Cuba, y pese al arribo a costas norteamericanas de un par de millones de fugitivos del castrismo, siguen latiendo al unísono de los mandamases de La Habana.

Esto no debe extrañarnos, porque en la secta de los “socialistas” se perdonan con gran facilidad los muchos pecados que cometen quienes enarbolan esas doctrinas. Y sin importar demasiado que sus medidas de gobierno hayan producido decenas de millones de muertes (como en los casos del “padrecito” Stalin y del “gran timonel” Mao), o “sólo” millones, como los Kim de Corea del Norte, Pol Pot o Mengistu… ¿No son todos correligionarios! ¡Entonces se trata de simples pecadillos veniales!

En el caso de los izquierdistas estadounidenses con respecto a Castro, el asunto se complica un poquito, debido al antiyanquismo a ultranza mantenido por el personaje. Se trata de una orientación no sólo demostrada por decenios de decisiones políticas, sino también confesada en la conocida carta que, antes de su trepa al poder, el fundador de la dinastía cubana dirigió a su confidente Celia Sánchez.

Pero todo esto son inconvenientes menores para el senador por Vermont. Éste, con tal de ganarse las simpatías de los extremistas de su partido, no tiene a menos buscarse la enemiga de los exiliados cubanos (la mayoría de los cuales son ciudadanos de Estados Unidos y votan en ese país). Supongo que el señor Sanders haya sacado una cuenta bien sencilla: ¡Si de todos modos no van a votar por mí!

En el ínterin, creo que el presidente Trump y sus amigos tienen toda la razón del mundo al rezar por que el inefable Bernie continúe ganando primarias y asambleas partidistas y por que en definitiva logre la nominación demócrata. Todo parece indicar que, en tal supuesto, el actual inquilino de la Casa Blanca continuaría otros cuatro años viviendo allí.

Otra cosa bien distinta es lo que piensan los sectores tradicionales del partido azul, que sueñan con que su nominado sea un dirigente más moderado, capaz de lograr, en la elección presidencial del venidero noviembre, el apoyo de los apartidistas del centro político.

Habrá que ver cómo se comportan las votaciones el martes próximo, cuando se pronuncien los electores de numerosos estados, incluyendo algunos tan importantes como California y Texas. No por gusto se le llama “Super Martes”.