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27/05/2020
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Ensayo de “China tropical”

La semana pasada escribimos que el gobierno estaba dando algunas señales -liberación de papel a La Prensa, readmisión de estudiantes en la Universidad Agraria, etc-, pero que la solución a la crisis pasaba por la recuperación de la democracia que estábamos recién construyendo, y que Ortega en un afán autoritario, al inicio, y dictatorial después, pervirtió y revirtió, terminando en una masacre.

Esta semana, en cambio, las señales son que nada ha cambiado en su naturaleza dictatorial, y dado el afán de Ortega en defensa del sistema de partido único, totalitaria. Solamente así puede juzgarse lo que ha ocurrido con Denis Martínez, el más destacado entre nuestros beisbolistas, cuyo nombre lleva el nuevo Estadio Nacional. Martínez aceptó presidir una organización de la diáspora nicaragüense para unir esfuerzos con quienes aquí luchamos por la recuperación de la democracia, y en los medios oficialistas y redes sociales afines a la dictadura, se han encargado llamarle de “ingrato” para arriba. Para Ortega, el mérito de Martínez se confundía con el “favor” que le hacía, y de ahí la ingratitud del deportista, y la demanda orteguista de quitar su nombre al estadio.

A la vez, han atacado al sector privado empresarial, endosándole  responsabilidad por haber causado decenas de miles de desempleados, y las penurias económicas de sus familias, como si acaso no fuesen responsabilidad, como lo dijo el COSEP citando a Michelle Bachelet, ex Presidenta de Chile por el Partido Socialista, y Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, “de la erosión sistemática de los derechos humanos a lo largo de los años y ponen en evidencia la fragilidad general de las instituciones y el Estado de Derecho”.

Ambos casos están relacionados, porque demuestran que Ortega concedió como “favores”, en su afán personal y familiar de perpetuarse en el poder, tanto el nombre del estadio como las políticas de mercado, como si el mérito no fuese del deportista, y hubiese alternativa a la economía de mercado.

El Estadio Nacional, seguirá llamándose Denis Martínez, aunque Ortega le quite el nombre. Y los gremios del sector privado, integrados en la Alianza Cívica, y por tanto en la Coalición Nacional junto con la UNAB, seguirán demandando democracia, porque el ensayo de Ortega de una “China tropical”, con economía de mercado y dictadura de partido único, ha terminado en ilusión frustrada, que solamente aguarda su final.