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28/02/2020
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Por un foro de libertades y derechos

Hace varios años, 2013, escribí una columna en la que exponía la necesidad de constituir un foro democrático a nivel hemisférico que sirviera para enfrentar el desestabilizador Foro de Sao Paulo. El activismo anti sistema de aquel año fue muy virulento.

No obstante, confirmando una expresión del “Chino” Diéguez, de que el camino a lo peor es infinito, el año en curso y los porvenires, se pronostican  más ponzoñosos y nefastos para el usufructo de nuestros derechos ciudadanos.

Ante tal panorama es pertinente insistir en un proyecto que sin ser una panacea debe ayudar a contrarrestar un proceso de desestabilización y caos organizado por grupos extremistas enmarcados en el populismo marxista y que se nutre con la desesperanzas de muchos de nuestros conciudadanos del continente y la incapacidad de un sector de nuestra clase política.

La falta de una visión de conjunto con proyección hemisférica en el liderazgo democrático latinoamericano, resalta ante los logros de entidades como el Foro de Sao Paulo, que ha sido capaz, por encima de diferencias,  contradicciones y fracasos  instrumentar un sistema que planifica y coordina estrategias que tienen como único fin acceder al poder, conservarlo y tomar el control de otros países, como se aprecia en Chile y Colombia en la actualidad.

Cuando un gobierno democrático es sustituido por uno de base populista las reacciones en contra de la nueva clase en el poder es mínima, sin embargo, cuando es un autócrata del corte de Rafael Correa y Evo Morales las organizaciones afines a estos personajes instrumentan manifestaciones de todo tipo en las que la violencia es el principal protagonista.

Ellos no se resignan a perder el poder. Antes de tomarlo y después, trabajan devotamente en  lo  que los une y no en proyectos que pueda dividir a las organizaciones que lo integran. Trazan líneas de acción común  y sobre esas bases desarrollan sus actividades. Tienen un sentido de equipo y practican una solidaridad mucho más firme que la de los sectores que les adversan.

Los miembros del Foro, en el poder o en la oposición, se conducen en base a intereses compartidos y no abandonan a sus aliados ideológicos, o a aquellos que, sin saberlo, son potenciales compañeros de viaje. No dejan a un aliado en peligro por fuerte y verídica que sea la campaña en su contra, no se dejan intimidar ni coaccionar por acusaciones  por fundamentadas que estas estén.

 El Foro está muy lejos de ser una entidad académica para debatir asuntos teóricos. Es un aparato ideológico-político comprometido en la conquista del poder y en su conservación, objetivos en lo que ha cosechado éxitos, a pesar del reciente fracaso en Bolivia, capitulo que aún no está cerrado porque la desestabilización en ese país tiende a ser crónica y subterránea.

Sin embargo a pesar de estar lejos de la Academia, el Foro prepara a sus miembros para que sean mejores contendientes políticos. Ha creado escuelas de Formación Política y constituido  una Red de Fundaciones, Escuelas y Centros de Capacitación en los que forman ideológicamente a sus militantes. El Foro respalda ONGs afines con sus planes y tal como hiciera la extinta Unión Soviética y la Cuba Castrista, con el objetivo de influenciar a todos los organismos internacionales.

 El foro incentiva todo lo que pueda favorecer la desestabilización en los países en los que existen gobiernos democráticos y por eso entre sus herramientas de lucha se encuentra la celebración de encuentros raciales, de orientación sexual y sindicales, entre otros,  en los que los intereses de los convocados están supeditados a las ventajas políticas que pueda obtener el organismo.

 De que el Foro de Sao Paulo ha tenido buenos dividendos da fe la reciente constitución del Foro de Puebla. Esta agrupación procura al igual que su predecesor desarrollar actividades que sean favorables a sus propósitos.

 Los demócratas deberían tener la convicción de que la defensa de la libertad y de los derechos de los ciudadanos es un compromiso transnacional. Hay que luchar unidos. La  historia ha demostrado que cuando un país es controlado por la autocracia, la libertad de todos está en peligro.

Pedro Corzo

Periodista