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Bolivia como pretexto

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Los sucesos de Bolivia han sido utilizados por el orteguismo en clave  nicaragüense, para amedrentar a la oposición, en una sucesión de furiosas amenazas que Ortega inició hace una semana. En ocasión del aniversario de la muerte de Carlos Fonseca Amador, empezaron las advertencias. Hay total continuidad entre las intimidaciones de Ortega ese día, y otras de la presente semana, en circunstancias que el viernes 8 de noviembre, cuando Ortega pronunció su primer discurso con intento amedrentador, no se había producido la renuncia del Presidente Evo Morales en Bolivia.

Además de la pretensión dictatorial y dinástica, Ortega comparte con Somoza otros rasgos, y hasta sus palabras. Cuando después del terremoto en diciembre de 1972 que destruyó Managua, Somoza a través del Comité Nacional de Emergencia se atribuyó las facultades presidenciales que mal disimulaba a través de una Junta de Gobierno. Por ése y otros abusos, el COSEP de entonces organizó en el Teatro Rubén Darío la Primera Convención del Sector Privado, que se realizó en marzo de 1974. Igual que el COSEP de hoy, en esa reunión se realizaron reclamos institucionales y democráticos. Somoza reaccionó furibundo contra los empresarios. En la inauguración de una planta de Industria Lácteos, S.A (PROLACSA) en Matagalpa, dijo que “Muchos de los que estaban en el Teatro hacen sus ganancias con los aforos (exoneraciones) aduaneros y procesan aforos”. ¿Cuál es la diferencia de Ortega con Somoza? El viernes 8 de noviembre Ortega dijo “Ese es el problema, ¡no quieren pagar Impuestos!”…y agregó: “Porque ¿dónde está entonces la eficiencia de esa Empresa que quiere vivir a costa de exoneraciones?”.

Y hace dos días, con motivo de una reunión de la Alianza Bolivariana de América (ALBA), Ortega puso en duda la vía electoral, con lo cual  por el momento ha cerrado el ciclo de utilización de Bolivia como pretexto. Si cerramos la opción electoral, que es la culminación de la vía pacífica por la cual oposición política, Iglesias, gremios empresariales, Ejército y comunidad internacional han optado, ¿qué nos queda? ¿La guerra? ¿A eso nos expone Ortega, el Ejército incluido, en su afán familiar dictatorial?

Hay quienes alegan, dentro del propio orteguismo, que Ortega no ha renunciado a las próximas elecciones. Quiere, dicen, que las mismas se realicen en sus condiciones, y no las de una elección verdaderamente democrática. Si Ortega alcanzara ese objetivo, ¿serían las próximas elecciones solución a la crisis política y sus consecuencias económicas negativas? No, definitivamente, no. Y así, la visión amenazante de Ortega, esgrimida solamente como carta de negociación, podría terminar en profecía autocumplida, y nadie, ni dentro ni fuera de Nicaragua, vamos a dejar que se cumpla.

El Pulso de la Semana, con Mundo Jarquín

Edición No. 521, 16 de noviembre de 2019

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