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23/08/2019
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REPÚBLICA DOMINICANA: POR NUESTROS EMIGRANTES

¿A cuánto asciende la cantidad de dominicanos residentes en los Estados Unidos?

¿Cuántos de ellos pudieran resultar afectados por las nuevas políticas restrictivas y persecutorias promovidas por el presidente Donald Trump, a tenor de una de las principales promesas de la campaña que lo llevó a convertirse en huésped de la Casa Blanca?

¿Qué tipo de estrategia preventiva se ha elaborado para ofrecerle asistencia legal y protección a quienes se encuentren en situación vulnerable y pasibles de ser deportados?

Para nadie es secreto, y mucho menos para el gobierno que a través de las informaciones que le suple el Banco Central está muy al tanto de la importancia que para la economía del país revisten las remesas que envían nuestras comunidades en el exterior, tres cuartas partes o más provienen de los Estados Unidos.

Esas remesas aportan el segundo o tercer mayor volumen de las divisas que recibimos y que contribuyen  a sustentar en buena medida nuestras compras al exterior.

Pero además representan un factor de gran importancia en la reducción de la pobreza de muchas familias, cuyos menguados ingresos cuentan con el valioso complemento de los envíos de ayuda que reciben de sus parientes en el exterior.  Dejar de recibirlos representaría un duro golpe que afectaría de manera dramática sus niveles de subsistencia.

A esos dos elementos se agregaría eventualmente un tercero de no menor consideración.  Es el que representaría la posible deportación masiva de emigrantes dominicanos cuyo status residencial pudiera verse cuestionado a tenor de las nuevas y más rígidas políticas migratorias del gobierno estadounidense.

Con muy escasas posibilidades de lograr empleo en un mercado laboral de tan limitada oferta, una parte pasaría a engrosar el todavía elevado contingente de los desocupados e  incrementar los índices de pobreza y pobreza extrema; en tanto otra, empujada por la necesidad de subsistir pudiera dedicarse a actividades ilícitas.

Por primera vez el país cuenta con un dominicano de origen en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos.  Adriano Espaillat, después de  una laboriosa y exitosa carrera política en Nueva York, logró escalar ese importante peldaño. Es una voz que se deja sentir y que ha tomado activo partido a favor de los inmigrantes, en particular la comunidad dominicana. 

Es una buena oportunidad para con el y a través y en coordinación con nuestra embajada articular planes de contingencia en defensa de los nuestros que pudieran ver en riesgo su permanencia en los Estados Unidos, donde gran parte de los cuales llevan viviendo muchos años, e inclusive procreado hijos nacidos en ese país.

Por lo general nunca nos hemos destacado por prever situaciones negativas y elaborar estrategias anticipadas para enfrentarlas. Casi siempre  esperamos que el agua nos llegue al cuello para salir braceando y mantenernos a flote a duras penas,  ganados por la errada filosofía de que la carga se empareja en el camino.

Lo que nos ha ocurrido con el turismo es prueba palpable y mas reciente. Conscientes de que somos un destino altamente competido y una actividad en extremo sensible no se tuvo la precaución de preparar con anticipación y mantener en reservar un plan de emergencia capaz de dar respuesta rápida y efectiva a situaciones imprevistas que como ha ocurrido pudieran ser aprovechadas para desarrollar interesadas campañas de descrédito contra tan vital sector de la economía.

De desear que no ocurra así en este caso donde las señales que envía el gobierno de Trump son tan evidentes como amenazantes.