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24/06/2019
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La victimización ciudadana

Con frecuencia se a aprecia que hay personas que no aprenden de sus errores, peor aún, que hay pueblos que al parecer tienen una fuerte tendencia a rendirse ante sujetos con personalidad abusiva y excluyentes, depredadores despiadados, personajes que como Atila, " por donde pasan, no crece ni la hierba".

Los cubanos todavía padecen la  experiencia de haber cedido su soberanía personal a un depredador que a la cabeza de una jauría devoró el país. Un individuo que instrumento un régimen que le ha sobrevivido porque contó con aliados incondicionales y la complicidad de muchos para constituir una estructura criminal de la que se han beneficiado numerosos victimarios a costa de victimizar a la población.  

El déspota, disfrazado de Pastor, cada vez que hablaba generaba entre sus partidarios una histeria colectiva, todo lo que decía era una verdad absoluta para sus fieles, quienes no perdían tiempo en tratar de sepultar a quienes rechazaban sus inventivas o simplemente no mostraban el entusiasmo requerido hacia un sujeto que se presentaba como el Salvador.

Los frenético entusiastas del mesías de la nueva religión que se apoderaba de la isla caribeña no cesaban de gritar "Paredón", "Elecciones para que", y "Si Fidel es comunista que me pongan en la lista", consignas que se reproducían en periódicos,  programas de radio y televisión que paradójicamente dirigían algunos de los mas conspicuos representantes de la elite insular.

Tales consignas fueron muy útiles para dividir el país y también para sembrar el desconcierto en amplios sectores de la sociedad, aquel  tsunami de miedo aderezado con promesas de una vuelta a un paraíso que nadie conocía,  absorbió a la mayoría ciudadana, un sector quedó al pairo y la minoría,  que fue capaz de sustraerse de aquella poderosa atracción,  pagó muy caro su herejía.

Por supuesto que las consignas no se perdían en los ecos  de aquellos gritos estentóreos ni la tinta se decoloraba inútilmente. El paredón era una realidad que devoraba ciudadanos sin cesar, mientras, los  victimarios, abusaban del vecino por simple maldad o para evitar ser entrampados en aquel circulo trágico por otro homicida más cruel y sádico,  un depredador mas abusivo que lo que él nunca había sido, porque el miedo también cundía entre  los verdugos, la crueldad extrema era la muestra superior de la lealtad.

Sumisión absoluta. Respaldo total al proyecto y al caudillo. El odio como instrumento de lucha fue una de las herramientas preferidas del castrismo aun antes de que el asesino en serie Ernesto Guevara escribiera el respecto.

Eran tiempos en los que expresar dudas era un delito y manifestar oposición a una propuesta podía conllevar a una seria condena, la situación era tan compleja que Matías Dreke Bernal, a la sazón un joven de 18 años expresó en el parque Leoncio Vidal de Santa Clara, "que mal estamos, esto que estamos diciendo aquí nos lleva al paredón pero si lo consideramos en otra perspectiva, en otro país de América, nos meten presos".

Los perros del castrismo se incorporaron a las fuerzas de la Seguridad del Estado, aunque la mayoría eran simples esbirros. Defendían al régimen con todos los recursos, autoridad y respaldo que le conferían. Eran acosadores de oficio, antisociales, sujetos de la peor calaña que encubrían su cobardía moral y física intentando abusar de sus conciudadanos. Muchos  de ellos, con el tiempo, traicionaron al caudillo, algunos se encuentra en Miami, sin nunca haber enfrentado al régimen del que fueron victimarios y victimas después.

Fue un ataque de los bárbaros, una facción, la oficialista, que solo concebía el uso de la fuerza contra aquellos que no opinaban como ellos, era el alumbramiento de una sociedad en la que pensar independientemente era un crimen, en la que al usarse el respetuoso señor se recibía la respuesta, "los señores se fueron para Miami".

Matías Dreke,  quien estuvo largo años en prisión, fue uno de los primeros, de aquel grupo de estudiantes villaclareños, en percatarse de lo compleja  que era la situación, en particular para los jóvenes. Fueron tiempos duros, pero no faltaron hombre y mujeres con decoro que enfrentaron a los que violaron la República.