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21/03/2019
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REPÚBLICA DOMINICANA, EDUCACIÓN: BAJO LA ESPADA DE DAMOCLES

La puesta en vigencia de la ley que dispone la entrega de un cuatro por ciento del PIB para la educación después de un amplio movimiento cívico de demanda, generó las mas promisorias expectativas de cambios sustanciales en el modelo educativo nacional. 

Hasta ese momento todos los esfuerzos desplegados en ese sentido no habían logrado elevar la calidad de la enseñanza en el país, puesta en evidencia en las mediciones regionales, donde de manera persistente quedamos relegados al último lugar de retaguardia.

Entre los argumentos más utilizados para justificar el persistente fracaso docente, el más apelado era la insuficiente destinación de recursos para el sector educativo con su secuela de carencia de aulas  y falta de materiales escolares, y consiguiente elevado nivel de ausentismo escolar así como frecuente paralización de clases debido a las huelgas de maestros en reclamo de mejores salarios, entre otros males.

La exitosa culminación de la campaña cívica y el cuatro por ciento consignado en el presupuesto trajo de la mano el Pacto Educativo.  Como primera prioridad se planteó la necesidad de llevar adelante un amplio programa de construcción de nuevas aulas y reparación de las existentes.    Y a renglón seguido, consignado de manera expresa en su segundo artículo, el compromiso, que se entendía sagrado, de no perder un solo día de clases.

Lamentablemente no ha ocurrido así.  En la práctica ha distado de respetarse la vigencia de ese compromiso.  Hoy tenemos muchas más aulas, los maestros han recibido aumentos sucesivos de sueldos e incentivos que superan los que reciben quienes realizan la misma labor en el sector privado. Los estudiantes reciben uniformes, materiales de estudio y desayuno escolar, al que se agregan el almuerzo y la merienda en la Tanda Extendida que ya cubre un amplio porcentaje de la matrícula escolar dentro de un amplio programa que resta presión a la economía de cientos de miles de familias de bajos ingresos, si bien  todavía requiere del debido aprovechamiento docente del tiempo extra.

Pero... los paros no ya solo en demanda de reivindicaciones laborales, sino por cualquier motivo provocan la suspensión de clases por varios días, a veces semanas.  El artículo dos del Pacto por la Educación sufre frecuentes naufragios, quizás porque estuvo huérfano de establecer mecanismos de solución de conflictos y sanciones para quienes lo quebrantasen que desterraran por y para siempre la abusiva y abusada  fórmula de paralizar la docencia.

Ahora, sin haber sido nombrado el nuevo titular de Educación, ya la dirigencia de la ADP hace sonar los tambores de guerra y amenaza   con  paralizar todas las aulas del país si no se cumplen sus exigencias. Es como su tarjeta de presentación.

Inútil soñar con salir de nuestro obstinado subdesarrollo educativo mientras sobre nuestro sistema docente penda la  permanente amenaza de esa espada de Damocles.