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16/01/2019
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Nuevas regulaciones a los cuentapropistas: un experimento a costa del pueblo

En Cuba, el actual reordenamiento del transporte privado y de las microempresas en general, ha afectado mayormente al pueblo

LA HABANA, Cuba.-Al menos esta semana que acaba de terminar, la “Mesa Redonda” de la Televisión Cubana pudo ufanarse de contar con una audiencia masiva. Varios de sus programas estuvieron consagrados a las microempresas que han surgido en años recientes.

Esto provocó el natural interés de los cientos de miles de compatriotas que están involucrados de manera directa en esas entidades, verdaderos bonsáis de la economía. También el de los millones de usuarios que temen verse afectados por la arremetida represiva comenzada este diciembre contra esos modestos emprendedores a los que el régimen, que ningunea la iniciativa privada, se empeña en denominar “trabajadores por cuenta propia”.

Las mismas características de ese programa televisivo constituyen la mayor garantía de su menguada audiencia habitual. En Cuba, a diferencia de lo que sucede en países normales, ese foro, pese a su nombre, no está destinado a contrastar opiniones divergentes sobre un tema de interés público. Todo lo contrario. En él se trata sólo de presentar distintas facetas de un criterio único: el dictado desde las altas esferas. Se trata de un coro que entona, al unísono, una misma nota.

No se pretende ilustrar a la ciudadanía, sino arrearla por los senderos prefijados por los mandantes. Esta realidad se refleja, incluso, en la forma en que se exponen los criterios: Aunque ello resulte insólito en una emisión que se supone que sea de debate, es habitual que alguno de los expositores anuncie que un aspecto específico del problema será abordado por tal o mascual de los otros participantes.

Todo esto conduce a que, como regla, cada programa sea escuchado únicamente por aquellos que de modo directo están motivados por el tema del que se trate. Esta semana sucedió eso mismo, sólo que la materia abordada interesaba a muchos. Otra novedad de estos días recientes consistió en la presencia de ministros y otros burócratas de alto nivel, algo que no es lo más frecuente en estas “mesas redondas” de la Gran Antilla.

La palabrería empleada se dedicó a hacer hincapié en “el perfeccionamiento y la flexibilización” del trabajo por cuenta propia, una actividad de la cual se dijo que “presenta beneficios, pero también ilegalidades”. El propósito, se afirmó, es que ella se desarrolle “con orden y disciplina”.

Los panelistas señalaron que, por parte de distintos ciudadanos, se habían producido “comentarios totalmente infundados” y “errores de interpretación”. Si esto es cierto, entonces esas equivocaciones tendrían su origen en la torpeza de quienes redactaron los decretos, que no supieron plasmar, en un lenguaje jurídico claro y unívoco, las supuestas intenciones de quienes idearon las medidas.

También se hizo constar que existe “preocupación sobre el trabajo de los inspectores”. Delicadísimo modo de aludir a la gestión de estos sujetos —creación legítima del régimen—, muchos de los cuales, amén de hostigar a los emprendedores de diversos modos, no es raro que recurran a la expoliación y caigan en la desvergüenza.

Especial interés (por la incidencia que tiene en la vida cotidiana de la población) recibió el programa del jueves 6, consagrado al transporte. En este campo, “el reordenamiento es total”, se anunció. Asimismo, se informó que los primeros pasos en ese sentido se dieron hace más de año y medio. “Hay que aprobar tarifas, rutas, precios del combustible”, precisó uno de los altos jerarcas del sector.

En ese contexto se habló de un “experimento” iniciado en la capital el 8 de octubre. “Son muchas cosas […] nuevas hasta para nosotros”. Se mencionó el suministro de “informaciones no adecuadas a los transportistas”, amén de un hecho objetivo: Estos últimos, para realizar las gestiones establecidas por la Ley, “tienen que ir a no menos de cinco entidades”. Para los que todavía albergaran alguna duda, se reafirmó: “Todo lo del transporte lo vamos a reordenar”.

Los jerarcas del sector insistieron en la importancia que envuelve la revisión del estado técnico de los vehículos. Parecería algo razonable. En principio, uno nada tiene que objetar a que los móviles cumplan con todos los parámetros internacionalmente establecidos para su adecuada operación.

Pero en el país del absurdo que es Cuba esas reglas pierden su sentido. ¿Cómo van a exigirse condiciones de alcance mundial a cacharros que pasan del medio siglo; a vehículos que han sufrido todo tipo de adaptaciones e inventos para poder seguir resolviendo problemas en medio de la miseria entronizada por el socialismo inepto!

Fueron muchísimos los vehículos nuevos que se importaron en los decenios de bonanza, signados por los generosos subsidios y regalos soviéticos, y por los altísimos precios artificiales fijados al azúcar que por entonces todavía producíamos. Pero esa inmensa flota estuvo destinada a las ineficientes empresas estatales, y terminaron dados de baja tempranamente por roturas, el despilfarro, la desactivación y el canibalismo.

El transporte tuvo que seguir descansando en las piezas museables en poder de ciudadanos privados. Los viejos “almendrones”, los camiones fabricados antes de 1959 (¡algunos hasta con transmisión por cadena!), eran los que resolvían la situación al inoperante estado socialista. ¡Y ahora se pretende aplicar, a ese vetusto parque automotor que aún circula por milagro, exigentes criterios técnicos del Siglo XXI!

Los efectos prácticos de tanto “experimento” y “reordenamiento” han podido palparse pocas horas después de entrar en vigor las nuevas medidas. Ha mermado notablemente el número de “almendrones” que prestan sus servicios como taxis colectivos. Las explicaciones o pretextos menudean.

Los disímiles métodos empleados por estos verdaderos huelguistas vergonzantes han puesto de manifiesto la proverbial imaginación del cubano. Roturas reales o inventadas, supuestas reparaciones capitales, vacaciones, viajes al interior, enfermedades, la circulación por vías secundarias, la transportación recíproca entre “boteros” que se turnan para servirse de tapadera unos a los otros… (esto último, para que no se diga que dejaron de trabajar y no se cumpla la amenaza hecha para tal eventualidad: la de despojarlos del automóvil).

Por su parte, los viajeros habituales en rutas de cercanía (como la de Habana-Artemisa, por ejemplo), se quejan de la virtual desaparición de los camiones dotados de bancos rústicos para el transporte de seres humanos. Medios primitivos, sí; pero ellos han sido, en medio del caos implantado por el socialismo, los que resolvían el problema.

Los métodos —insisto— son diversos, pero la efectividad que hasta el momento ha tenido esta huelga masiva, bautizada como “El Trancón”, es irrebatible. 14yMedio señala que algunos despistados “lamentan que el paro ocurra en unas fechas muy sensibles de diciembre en que se necesita el transporte para acopiar los recursos de fin de año”.

Sería bueno preguntar a esos quejosos: ¿Por qué no protestan por la decisión adoptada por los ineptos burócratas del régimen, que escogieron justamente este emblemático mes para dictar sus torpes decretos que generan el justo rechazo de los afectados!

Hasta ahora, la nueva arremetida del régimen contra los modestos emprendedores privados ha tenido resultados contraproducentes. Veremos qué nuevos frutos arrojarán tanto “experimento” y tanto “reordenamiento”.