Menu
20/11/2018
A+ A A-

La muerte en el exilio

El número de  exiliados que exhala su último suspiro lejos de Cuba, entiéndase los que no hacen concesiones a la dictadura y se niegan volver al país en que nacieron si las condiciones en la isla son las mismas que determinaron su destierro, cada día se acrecienta. La biología es un severo juez que cuando ordena parar,  no existe apelación  posible que revierta esa decisión.

Sin dudas que habrá a quienes este contar y otros parecidos les son indiferentes, sin embargo, es de esperar que todos los que respetan el sacrificio de un ciudadano que honra sus convicciones y cumple con el país en el que nació, se sientan identificados con este escrito y otros similares que reflejan una mezcla de sentimientos de pesar y orgullo por esa gigantesca pléyade de mujeres y hombres  que como dijera el recién fallecido Israel Abreu a Paco Talavera, días antes de morir, "puedes estar seguro que mi último pensamiento será para Cuba".

Israel ha pasado a formar parte de una especie de Panteón Nacional Cubano que disperso por el mundo está albergado en la memoria colectiva de los que se sienten comprometidos a continuar la lucha contra el totalitarismo castrista.

"Rojillo", como le decían amigos y compañeros siempre asumió, sin temer las consecuencias, sus obligaciones. A su retorno a Cuba del exilio, recibió numerosas ofertas entre ellas incorporarse al ejército con el grado de capitán propuesta que rechazó, regresó a Las Villas, a trabajar con el M26J en la sección estudiantil.

Retomó sus estudios y ayudó a formar la Federación Estudiantil Universitaria en la provincia, pero en breve tiempo, le contó al autor de esta columna en una entrevista, "pasó de la convicción de que se había logrado el añorado sueño democrático para Cuba a un brutal choque con la realidad, cuando vio que estaban desplazando a los que habían combatido la dictadura por comunistas que no habían luchado".

La actitud de Israel lo alejó radicalmente de lo que se llaman las mieles del poder. Pudo haber llegado lejos en el castrismo, tenía juventud y talento y una historia de lucha que habría sido un pasaporte para las posiciones más encumbradas tal y como hicieron muchos jóvenes de su generación, pero no lo hizo, escogió el camino del deber que es siempre el más difícil y enfrentó sin dudarlo todos los retos que su decoro le impuso.

Su carácter, la entereza moral que le caracterizó hasta el final de sus días, determinó que junto a Richard Heredia y Pedro Luis Boitel enfrentara durante el Primer Congreso Estudiantil, 1959, las maniobras de los sicarios de la naciente dictadura para controlar el movimiento estudiantil.

Junto a su inseparable amigo y compañero de lucha, Ricardo Vázquez, elaboró un plan para divulgar los manejos del régimen y continuar trabajando a favor de la Revolución pero no por la Revolución. Se cuenta entre  los pocos dirigentes estudiantiles de la época que apoyó a Porfirio Ramírez, presidente de la FEU de Las Villas para evitar que fuera fusilado, aun más, organizó un plan para rescatarlo que fracasó.

 Israel, siempre, consecuente con sus principios, cuenta el embajador Armando Valladares, era un hombre de  clara militancia revolucionaria pero abiertamente anticomunista, recuerda que expresaba sus ideas contra el comunismo de forma firme y clara.

Su compromiso con la democracia lo llevó a estar entre los fundadores del Movimiento 30 de Noviembre, Frank País. En la lucha clandestina recuerda Ismael Hernández,  siempre estaba dispuesto a correr el mayor de los riesgos y en Presidio su actitud descollaba por su disposición a confrontar a los esbirros de la dictadura.

Fue de los pocos que “plantó” al criminal Plan de Trabajo Forzado Camilo Cienfuegos. Fue golpeado innumerables veces, todavía sus compañeros recuerdan el sadismo de un sicario que después que le clavó una bayoneta la retorcía entre sus carnes y huesos sin que Israel emitiera un quejido.

Su entereza lo llevó a un segundo exilio. Jamás dejó de luchar participando en la reestructuración del M30N, enfocando gran parte de su actividad a estrechar lazos con quienes participaban en la lucha por la democracia en la Isla.

Pedro Corzo

Periodista