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19/10/2018

UN COMENTARIO SOBRE LA NUEVA CONSTITUCIÓN QUE SE DISCUTE EN CUBA.

La nueva constitución es, en cierto sentido, un nuevo comienzo. De los 224 artículos del documento actual,113 han sido modificados, con87 agregados y 11 eliminados. 

Más es cierto sin duda, que muchos supuestos cambios  son solamente la oficialización de aprobaciones, reales o supuestas, realizadas por Raúl Castro al renunciar Fidel a la absoluta dirección del partido y del país.  

Hay ya en el país unos 600.000 cubanos que  laboran como cuenta propistas. De enero a octubre de 2017, Cuba recibió más de $ 2 mil millones en inversión extranjera directa. En teoría, toda esta actividad era ilegal, ya que la constitución de 1976 prohibió la propiedad privada[1]

Los ajustes a la estructura del gobierno son más sustantivos, pero también reflejan concesiones a la realidad. Raúl ya había anunciado una regla según la cual los futuros presidentes y otros cargos de elección deben tener entre 35 y 60 años cuando se postulen,  reduciendo a dos mandatos de cinco años su ejecutoria. Los poderes del presidente se dividirán con un primer ministro,  las provincias obtendrán gobiernos regionales, con gobernadores elegidos por la Asamblea Nacional, desapareciendo la Asambleas Provinciales del Poder Popular y concentrándose la administración en los Municipios con Intendentes nombrados por los concejales  electos.

Todos estos cambios descentralizan y distribuyen el poder, reforzando la transición de una dictadura construida alrededor de un hombre fuerte a una basada en el poder compartido entre los funcionarios del partido. Todo el grupo de mayores de 60 que actualmente ocupa cargos de importancia en las FF.AA y en los ministerios o incluso dentro del Partido, quedan excluidos de ocupar cargos de dirigencia administrativa o funcional en los órganos de poder. Los Jefes de las FF.AA, generales de Cuerpo de Ejército y Divisionales, son mayores de 60 años,  semejante caso encontramos con muchos miembros del Comité Central del Partido y el Buró Político.

Las reformas económicas de Raúl han encontrado problemas. Debido a un sistema bancario subdesarrollado, la mayoría de las transacciones son en efectivo, lo que dificulta la recaudación de impuestos.

La duplicidad del cambio, a pesar de los esfuerzos y llamados de Raúl Castro para terminar con la doble moneda[2], no ha podido ejecutarse. Y esto es una carga que Cuba está obligada a solucionar. 

Los empresarios no pueden obtener capital, lo que hace que los que tienen acceso a las remesas del exterior sean más ricos que el resto. 

Y se mantiene el monopolio estatal en los mercados mayoristas, que  obliga a las personas y las empresas a competir para comprar un conjunto limitado de bienes. O arbitrariamente beneficia a algún amigo o familiar de los encargados de estos centros, cuando no una específica directiva, que ordene despachar sólo a los más pequeños.  Eso impide que las empresas obtengan economías de escala y las obliga a ingresar al mercado negro.

 

El gobierno es temeroso  en cuanto a liberar al sector privado.                 

A diferencia de los chinos que afirman que ser rico no es malo y se relacionan con facilidad con los que han llegado a millonarios,  los cubanos pretenden controlar el nivel que alcancen sus emprendedores. Solo una semana antes de la votación parlamentaria sobre la constitución,  se emitió un nuevo conjunto de regulaciones sobre cuentapropistas. Nuevas reglas mantienen prohibiciones en la venta de servicios a extranjeros, particularmente irritantes para programadores y diseñadores web, y en importaciones comerciales. Sin embargo se hacen de la vista gorda en casos concretos que pueden ser post controlados. Se concentran en evitar que los ya poseedores de licencias de operación no obtengan nuevas en otros rubros, ni establezcan “sucursales”.

Pero es evidente que se sacarán de encima actividades que para el Estado son difíciles de  operar y que, o son pequeñas o requieren de cierta experticia, que se sale de los controles oficiales.

Además, en su temor a generar nuevos  “ricos” se impide a los actuales poseedores de licencias, obtener nuevas autorizaciones, incluso en otros rubros. Y se prohíbe tener una cadena de actividades,  por ejemplo un salón de belleza, con spa, y una venta de bisutería, aunque estén relacionadas.

No se permite que los restaurantes reciban más de 50 clientes a la vez, o tengan más de 12 mesas por establecimiento de comidas. Y establece un plan de impuestos que hace que la contratación de más de 20 trabajadores sea prohibitivamente costosa[3].

Pero hay un cambio –al menos teóricamente- en lo que respecta a la empresa privada,  pues se reconoce como legal la propiedad privada de medios de producción o comercialización.  Reservándose el Estado las Empresas estratégicas, y con alguna referencia a que se pueda considerar “estratégica” alguna actividad relacionada con una empresa calificada como tal.

El secretismo primó en la redacción y discusión de ésta propuesta de Constitución

Homero Acosta Álvarez, secretario del Consejo de Estado en Cuba, declaró: “El Proyecto es el resultado de la labor iniciada por un Grupo de Trabajo, presidido por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, que creó el Buró Político el 13 de mayo del 2013, y se corresponde con las Bases Legislativas aprobadas al respecto por ese propio órgano el 29 de junio del 2014”.  Es decir esta elaboración empezó hace 5 años y hace sólo unos meses que Raúl notificó la creación de un grupo de representantes de todos los estratos de la Sociedad para redactarlo y sin duda alguna el grupo inicial no es igual al que después se hizo público.

Lamentablemente la prensa internacional ofrece como noticia tres aspectos: se elimina de la Constitución la palabra comunismo como meta final, se deja abierta la posibilidad del matrimonio entre personas del mismo sexo y se permite la propiedad privada, que naturalmente serán aprobados. El Gobierno permitió una protesta de los grupos evangélicos contra el matrimonio homosexual, pero no hay duda que esa aprobación será recogida de alguna forma. Es un compromiso que la hija de Castro ha concretado con Org.  Internacionales. A los que no dejan manifestarse son a los que piden mayor participación y discusión en los demás aspectos de la nueva constitución. Ni de broma pasará.

Otro tema que es de importancia y no se ha explicitado es que en Cuba no existe contrapesos al poder de facto del PCC  y a las instituciones políticas y administrativas de sistema estatal cubano. No es un estado que se atenga a la ley, sino que la viola, o aprovecha las ausencias y la multiplicidad de normas para no rendir cuenta de sus atropellos y mucho menos indemnizar las confiscaciones ilegales y/o no sometidas al debido proceso. Mientras ésta dislocación jurídica exista es muy apresurado pensar en aperturas.

En realidad, salvo las lógicas críticas a la falta de libertades, Cuba propone asumir los compromisos que ha firmado con organizaciones de DDHH. Si lo cumple o no está por ver. Y además Cuba NO ha firmado todas las convenciones de este tipo.

Por el momento el régimen cubano se preocupa de que su “apretura” sirva de base de un ingreso mayor de turistas y pueda aprovecharse de los inversores que, apoyándose en la nueva constitución, puedan eludir sanciones de sus países respectivos e invertir en Cuba. Como muestra está en los planes detallados actuales la construcción –ya comenzada- de 2590 nuevas habitaciones hoteleras. Lo que resalta con el conocido dato de que la reconstrucción de las viviendas destruidas por los dos últimos huracanes no ha sido completada ni se ve en los presupuestos.

Por último es de señalar que los críticos resaltan que no exista la posibilidad de que los ciudadanos puedan querellarse por un incumplimiento de los artículos de la tal Constitución, puesto que esa posibilidad no existe en el ordenamiento Jurídico Cubano.

 Raúl Fernández Rivero

 



[2]Nota de la Redacción: En Cuba existe una situación sui géneris con relación a la moneda donde coexisten dos tipos diferentes, el peso cubano o CUP, con el que son pagados la mayoría de sueldos y salarios a la población  y el CUC o peso convertible, utilizado para el cambio con monedas duras como el dólar estadounidense, el euro, etc., ambas tiene una paridad de aproximadamente 25 CUP por 1 CUC. Esta doble circulación monetaria causa  enormes distorsiones a la macroeconomía de la Isla y al bolsillo del cubano de a pie ya que buena parte de los precios y servicios del comercio minorista se encuentran denominados en CUC al cual solo tiene acceso una parte ínfima de la población.

[3]Estas cifras son variables.