Menu
23/11/2017

El daño antropológico: la verdadera tragedia de Cuba

  • Francisco Javier Müller
  • Visto: 986

Donde los hombres no vivan del amor, morirán a causa del poder.
Porque el poder inspira miedo, y el miedo es lo opuesto al amor

(Vincent Edward Smith, “Footnotes for the Atom”)

1-Introducción general

Las anteriores líneas fueron escritas por un filósofo norteamericano, V. E. Smith, de la Universidad Católica de América, en un libro sobre el Atomo de 1951. O sea, se trata de un laico, no de un cura, y por ello me parece que las palabras tienen más valor. Smith escribió un libro de Física y trabajó como ingeniero de radar en la segunda guerra mundial. Solo un hombre que ha pasado por la experiencia de la guerra puede hablar así. Repito:

            “Donde los hombres no vivan del amor, morirán a causa del poder. Porque el poder inspira miedo, y el miedo es lo opuesto al amor”.

            Y esa, creo, que ha sido la situación perenne de Cuba: el ambiente de guerra. Los cubanos en 57 años han vivido siempre con el miedo a la guerra, miedo a un invasor yanqui que tipifica todos los males del mundo, pero que nunca llega, y que solo sirvió a Fidel Castro para aterrorizar al pueblo cubano, encerrándolo en una jaula gigantesca rodeada de mar. Jaula que se justifica para proteger a la Revolución, pero más bien se usa para encerrar y domesticar a los cubanos cuya única aspiración humana es… precisamente… salirse de la jaula.

            Creo que en esa contraposición que hace Smith entre el miedo y el amor se resume muy bien lo más profundo del drama actual que vive no solo Cuba sino la humanidad entera. Y este daño que sufre el amor a causa del miedo es lo que pudiéramos llamar “daño antropológico”.

 

2-Definiciones de antropología

            Un amigo me aconsejó que explicara bien qué cosa es eso de “antropológico” y la verdad es que cuando uno busca en el Internet la definición ve que  ni siquiera los propios expertos se ponen de acuerdo. Hay todo tipo de “antropologías”: la existencial, la filosófica, la social, la cultural, la lingüística, la científica, la evolucionista,… En fin, todo cabe aquí. La razón es que como al hombre se le ha llamado y es “un microcosmos”, o sea, un mundo en pequeño, pues, todas las facetas de la realidad, material, cultural, espiritual, psicológica, etc. entran en el estudio del hombre, del “ánthropos” en griego.  Se trata, pues, de definir y saber ¿qué es el hombre? ¿qué es ser humano?  Pues si no sabemos de qué estamos hablando cuando usamos la palabra “hombre” mucho menos podemos saber lo que es el daño de ese hombre, de ese ántropos.

 

3-De Aristóteles a Sto. Tomás

            Al principio de mis lecturas filosóficas en Cuba, en la parroquia del Cerro, la de mi tío Mons. Alfredo Müller, yo me conformaba con la clásica definición de Aristóteles: el hombre es un “animal racional”. Género animal; especie, racional. También decía que era un “zoon politicón”, un animal político.  Más adelante aprendí que en el siglo 13 Sto. Tomás de Aquino añade la dimensión de la “persona”, hecha de cuerpo y alma, diciendo que la persona es la realidad más perfecta y elevada que Dios había hecho. “Totum quod est”, un todo que es; Ese “totalismo, o integridad de la persona se le llama hoy día “holismo”. Y establece así el santo doctor de la Iglesia, la distinción entre persona e individuo. Por tener un alma, el hombre es persona; por tener un cuerpo, es un individuo. Por ser persona es generosa y entra en relación con otras personas. Por ser individuo es indigente, necesita que la sociedad lo alimente. O sea, el cuerpo, el individualismo, es el origen del egoísmo. El alma, la espiritualidad, es la fuente del altruismo, del amor al otro, de la generosidad, que “genera” cosas, bienes y servicios para el bien común.  En este binomio alma/cuerpo, o sea, persona/individuo se encierra todo el drama del hombre. Todos buscamos la felicidad, pero hay hombres que la buscan solo en el cuerpo; otros en el alma y el espíritu. Decía Sto. Tomás que si un hombre no tiene alegría espiritual, necesariamente se tornará a los placeres carnales.

 

4-Capitalismo y Comunismo

Y a través de este binomio persona/individuo podemos formular los dos grandes sistemas o ideologías que se debatieron en el siglo 19, 20 y aun hoy día, el Individualismo, que pone al Individuo por arriba del Estado, y el Comunismo que pone al Estado por encima del individuo. Pero fíjense que ninguno de los dos habla de “alma”, solo les interesa el “cuerpo”, lo material. Por eso es que existe el drama y la lucha entre el Capitalismo Individualista que degenera en consumismo materialista, y el Comunismo Materialista que degenera en aplastamiento del individuo, de la persona y de todo el ser humano.

No hay manera de solucionar este dilema si no nos fijamos en el ser humano como ser espiritual, dotado de un alma de donde surge la inteligencia, la voluntad libre, el amor a la belleza, al bien y a la verdad, y dotado de un cuerpo que necesita de la ayuda social. Por ser persona el hombre es un todo en sí mismo y, como tal,  está por arriba del Estado. Pero por ser individuo, está por debajo del Estado y debe colaborar incluso perdiendo la vida en la guerra si el Estado así lo requiere (lo que se llama el servicio militar).

 

5-Yo, tú y Dios

            Perdonen esta pequeña introducción sobre la filosofía del ser humano, o si quieren sobre la antropología filosófica, que hoy día se va desarrollando más bien por la vía de las relaciones inter-personales. Solo en la relación tú/yo, y yo/tu es que el hombre y la mujer realizan su perfección como seres humanos, y es a través del diálogo que las personas se pueden comunicar libremente, sinceramente y sin coacción externa alguna. La palabra hablada, personal, es, en ese sentido, una chispa de la divinidad que se esconde en todo ser humano. Es una chispa del Verbo Divino, del Logos, que se hizo hombre. Hablarse y comunicarse sinceramente es lo mismo que entregarse. Es la esencia del amor, chispa de Dios que es puro amor.

            Por eso, volviendo a lo que decía Smith, si matamos el amor, caemos en el miedo. Y si caemos en el miedo, matamos el amor, y en cierto sentido “matamos al mismo Dios”.

           

6-“Dios ha muerto”. Federico Nietzsche

Saben que hubo un filósofo alemán (si es que se le puede calificar así) que puso de moda la frase: “Dios ha muerto” en el siglo 19. Acusaba así a la hipocresía de las sociedades cristianas que en el fondo “mataban a Dios” con sus vidas anti-cristianas. Pero ahí no quedó Nietzsche. El no predicaba el arrepentimiento sino al contrario. Vio en este hecho grandioso la necesidad de que el hombre ocupara el lugar de los dioses. Para superar el vértigo de haber matado a Dios dice que el hombre debe superarse a sí mismo, debe hacerse un “superhombre”, el Ubermench, ideología horrible que en definitiva se encarnó en Hitler en el siglo 20. Es la voluntad de poder de Schopenhauer, y es lo que busca todo sistema marxista-leninista: el poder a toda costa, por lo medios que sean, buenos o malos. Así lo enseñó Maquiavelo en el libro “El Príncipe” Y así lo practicaron todos los jerarcas del sistema comunista, sistema que Jacques Maritain calificaba como un “super-maquiavelismo”. ¿Adónde voy a parar con todo esto?

 

7-El Superhombre

            Citemos una vez más a Nietzsche. Nos va a describir como será el superhombre. Dice:

“En los grandes hombres encontramos cualidades específicas de la vida en su más alta manifestación: la injusticia, la falsedad, la explotación… Cada Supermán poseerá urgencias malignas hasta la máxima intensidad posible: con su voluntad de vivir convertida en incondicionada voluntad de poder y superpoder, promoverá: peligros, severidad, violencia muertes en las calles y muertes en el corazón, desigualdad de derechos… arte seductor, diabluras de todo tipo”  Oyeron eso? Si oyeron bien. Este es el hombre que dijo “Mal, se tu mi bien”, que lo trastocó todo y que se convirtió en un Anti-cristo.  Desde luego Nietzsche terminó su vida loco. Pero su locura no terminó en su tumba: se hizo realidad, como dije, en el Tercer Reich de Hitler, el hombre que practicó la eugenesia, que sacrificó a millones de judíos y que llevó al mundo a la 2da. guerra mundial, enarbolando la superioridad de la raza aria. La "Revolución" en ruinasLa "Revolución" en ruinasY lo más pasmoso es que hubo todo un pueblo culto que lo siguió fanáticamente.          

 

8-Castro y Hitler

Creo que es fácil descubrir el paralelismo que quiero plantear: Fidel Castro fue el Hitler de Cuba, practicando exactamente esa ideología del Superhombre en que él se convirtió, eliminando a todo el que discrepara de él, fuera con sus acusaciones de “lacayos del imperialismo, agentes de la CIA”, lamebotas, vende-patrias, contra-revolucionarios o peor aun, con el paredón. Y aquí pudiéramos insertar toda la historia de mentiras, de engaños, de promesas demagógicas que muchos de los aquí presente han vivido y conocen mejor que yo. El libro de Hugo Thomas en este sentido, es formidable, casi una película escrita.

            Pero el tema que nos ocupa no son las “diabluras” de Fidel sino, ¿Cómo es posible que todo un pueblo cayera y siguiera en el culto a un falso redentor, que Kuchilan en la revista Bohemia llegó a comparar con Jesucristo?

 

9-El pueblo enfermo (krankenvolk)

            Luis Aguilar León, en su valioso libro “Cuba y su futuro” trata de dar una explicación a este febril entusiasmo del pueblo cubano delirante haciendo reverencia a su nuevo máximo líder. Y compara el caso cubano con el caso alemán sorprendiéndose cómo dos pueblos tan distantes y tan distintos cayeran en la misma trampa. En ambos casos hay similitudes como por ejemplo que tanto Hitler como Fidel habían fracasado en un ataque militar previo. Por eso pudo Fidel usar la frase “La Historia Me Absolverá”, idéntica a la que había dicho Hitler en su juicio correspondiente. Ambos pueblos, dice Aguilar León eran “pueblos enfermos”, Krankenvolk o se enfermaron en el momento. En el caso alemán tenían las glorias de la cultura alemana. Pero en el caso cubano no había tales glorias. El cubano era burlón, dicharachero, superficial. Al fin concluye que el factor decisivo que preparó o “enfermó al pueblo” cubano fue el mito de la revolución necesaria. Desde Marti, fundando el Partido Revolucionario Cubano, hasta la revolución del 33, muchos veían la revolución como signo de patriotismo, de progreso, de liberación del pasado.

 

10-Factor Batista y comparación con la revolución rusa

            A mi me parece que hubo algo más que eso. Obviamente la dictadura batistiana fue un factor esencial. Castro entró en la Habana como un redentor, algo parecido al caso de Rusia, donde la revolución comunista ocurre tras siglos de opresión zarista. En otros países socialistas el comunismo entró por via de la violencia, del golpe de estado, de las huelgas, de la técnica llamada de la “agresión” indirecta o de la simple invasión militar y con los tanques rusos. Por esos todos esos países socialistas siempre resentían la presencia de los rusos. En Cuba no: el comunismo entró por un supuesto libertador al igual que en Rusia. Y al igual que en Rusia la revolución democrática tras la caída del zar, lidereada por Kerensky, fracasa por la traición de Lenín, lider de ls bolcheviques, grupo minoritario de la revolución y que sin embargo se “roba todo el poder” ya para 1920. En Cuba pasó lo mismo: Fidel se robó el poder de todos los grupos que habían luchado contra Batista.

 

11-El mito de la revolución necesaria y el odio antiyanqui

            De todos modos no descarto la idea de Luis Aguilar León que destaca ese prestigio histórico de la palabra “revolución” en Cuba republicana como factor del delirio. A esto se unió también el delirio contra los americanos, factor de odio que le ganó a Fidel la admiración de los cubanos y de los latinoamericanos por enfrentarse contra el imperialismo Yanqui. Desde siempre Castro ha usado el odio al yanqui como rueda dialéctica de su revolución. Necesita un enemigo para justificar todos los excesos y defectos de su des-gobierno.

 

12-Fidel  ES  la revolución

            Pero volviendo al tópico de esta Peña. ¿Qué daño se derivó de la sumisión de ese “pueblo enfermo”, de ese “krankenvolk”, a su máximo líder?  El primero y más obvio es que la historia de Cuba se convirtió en un monólogo perpetuo. La lengua viperina del líder establecía qué era la verdad y qué era la mentira; qué era el bien, y qué era el mal; destruía a los enemigos verbalmente, (así acabó con Urrutia y otros), y quienquiera que se atreviera a rectificarlo caía en la desgracia. Así Fidel era la revolución y la revolución era Fidel. El sabía de todo, prometiendo demagógicaente los adelantos más absurdos: que llenarían la ciénaga de zapata de arroz; que plantarían café en el llano; que exportarían productos industriales al mundo; que competiría con los cítricos de la Florida; que los tractores tendrían aire acondicionado.

           

13-Daños antropológicos específicos.

Dentro de los daños antropológicos más específicos Luis Aguilar León señala cuatro (yo añadiré dos más):

1-el servilismo; 2-el miedo a la represión; 3-el miedo al cambio; 4-la falta de voluntad política y de responsabilidad cívica; 5-la desesperanza, el desarraigo, el ”insilio”; y, 6-la crisis ética del pueblo cubano

  1. “Un pueblo no es privado de su libre albedrío”, dice Aguilar León, “sin que se le intoxique el alma con una cuota de servilismo”.
  2. El miedo a la represión, desde luego, es el factor que más paraliza toda acción humana en el régimen castrista. Escribió una vez Dagoberto Valdés que el gobierno castrista ha convencido a todos los cubanos que cada uno tiene un policía montado en la silla turca. O sea, en Cuba nada es eficiente, nada prospera, excepto la represión. Y este miedo se disemina por todos los medios posibles: por los comités de defensa, por la televisión, por las llamadas telefónicas a las 3 de la mañana, “Oye HP, te vamos a matar”.
  3. El miedo al cambio está combinado con la propaganda que hace el régimen contra los exiliados, llamándoles primero “gusanos”, después escoria, después “mafia”, etc. Así muchos cubanos tienen auténtico miedo de que si hay un cambio en la isla la mafia de Miami va a ir a quitarle sus casas y pertenencias.
  4. La falta de voluntad política, de responsabilidad cívica.
  5. La desesperanza, el desarraigo, el ínsilio”.

 

14-La Crisis ética del pueblo cubano: el disimulo y la mentira

6-La crisis ética: este es el factor más degradante dentro del daño antropológico. Primero porque para sobrevivir y “resolver” que es el verbo que más conjugan los cubanos, tienen que caer en la simulación y la mentira. Si los de arriba mienten, ¿cómo no va a mentir todo el pueblo? Una señora de San Miguel del Padrón me dijo una vez: “En Cuba todo el mundo le miente a todo el mundo”. Eso desde luego destruye la confianza tan necesaria para una sana convivencia social.

A una joven cubana se le permitió escribir una vez en un periódico para jóvenes y lo que hizo fue criticar el disimulo. Dijo:

            “Debemos combatir el disimulo en que vivimos. Aquí nadie cree en lo que dicen los profesores y los profesores no creen en nada de lo que dicen. Pero todo el mundo pretende creer en el socialismo”

           

15 Sugerencia de remedios

Y Aguilar León comenta: “Ahora bien, si tal es el pavoroso caso, si el doblez e hipocresía a que obliga el régimen ha logrado quebrantar el espíritu del pueblo y ha llegado a convertirse en estructura anímica, si de tanto hincársela en la faz la careta ha terminado por convertirse en cara y la máscara se ha vuelto personalidad, ¿dónde encontrar una reserva de valores morales que insufle ánimos en un pueblo sometido y quebrantado?

Y para contestar  esta punzante pregunta el autor va a proponer al final de su libro, que es el exilio el que está obligado a servir de guía y dar ejemplos éticos a los cubanos de la isla.

Yo me admiro, y con respeto casi me río, de este optimismo de Luis Aguilar León, porque sabemos del pie que cojea el exilio cubano en materia de valores morales. No que no existan muchos exiliados dignos y ejemplares, pero que otros muchos que han llegado aquí después de varias generaciones, ya traen esa enfermedad, ese mismo “krankenvolk”, y en una gran mayoría no quiere ni saber ni tener nada que ver con Cuba, a la que consideran un lugar de oprobio comunista. Tampoco creen en Martí al que también identifican con el marxismo, producto, desde luego, de la espantosa manipulación que el régimen castrista ha hecho de la historia de Cuba.

Quizas al igual que la regeneración moral, el exilio esta obligado a la reconstrucción de la historia de Cuba. Y en este campo se han hecho esfuerzos notables, por miembros de nuestra Fundación y muchos amigos que regularmente nos visitan.

           

16- Necesidad de otro estudio

Pero estos dos últimos puntos citados, la regeneración moral ejemplar y la correcta exposición y recuperación de la historia patria pertenecen a lo que pudiéramos llamar “soluciones” encaminadas a reparar ese daño antropológico tan continuado en nuestra patria.

Exponer esta necesaria labor de profilaxis requeriría otra Peña cosa para la que no tenemos hoy tiempo ni yo la preparación necesaria. He dejado varios puntos sueltos, por ejemplo la actitud anti-diálogo de los comunistas y de los exiliados, el insulto y la mentira, que es destrucción total de las relaciones humanas. Pero eso lo podemos dejar para la discusión.

 

17-Epílogo: la declaración de independencia de EEUU

            Solamente para terminar quisiera hacer breve referencia, ya que estamos en momentos históricos para esta nación de EEUU, al comienzo de la declaración de independencia de EEUU, fechada 4 de Julio de 1776.

Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro y tomar entre las naciones de la tierra el puesto separado e igual a que las leyes de la naturaleza y el Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.

Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que no se cambie por motivos leves y transitorios gobiernos de antiguo establecidos; y, en efecto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a padecer, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia aboliendo las formas a que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y establecer nuevos resguardos para su futura seguridad. Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; tal es ahora la necesidad que las obliga a reformar su anterior sistema de gobierno. La historia del actual Rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidos agravios y usurpaciones, encaminados todos directamente hacia el establecimiento de una tiranía absoluta sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial.

Creo que después de estas sublimes palabras no tengo más que añadir.

Charla pronunciada en la Peña Vareliana #253
21 de enero de 2017