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28/03/2020
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Columnistas invitados/Guest columnists

¿Nacionalismo revolucionario?

En los últimos meses se ha estado produciendo un interesante intercambio entre intelectuales cubanos, residentes en la Isla y en la emigración. Del lado insular han participado Roberto Veiga y Lenier González, mientras que del otro lado he compartido espacio con otros dos amigos: Armando Chaguaceda y Rafael Rojas. Finalmente Veiga y Lenier (VyL) han publicado una interesante contrarréplica titulada Nacionalismo y lealtad: un desafío civilizatorio sobre la cual quiero concentrar mi atención en este artículo.

La principal motivación del artículo de VyL es explicar que el denominado Nacionalismo Revolucionario (NR) constituye la columna vertebral de la construcción histórica nacional y de la posible articulación de un bloque de actores sociopolíticos que, apoyados en la “metodología del pacto… pueden conducir al país hacia un presente y un futuro de estabilidad y progreso”. Y en consecuencia, definen NR como “un conjunto de valores, construcciones intelectuales y hasta cierta mística” compartido por las mayorías nacionales y que remiten a nueve propuestas o principios que van desde el acceso universal a la salud hasta la vocación a la universalidad.

Sin lugar a dudas este esfuerzo digamos que programático de Espacio Laical es parte de un trabajo sistemático para aglutinar y consolidar un campo político con ribetes transnacionales que he denominado de Acompañamiento Crítico (AC) sistémico. Su rasgo principal reside en su creencia de que es posible reformar gradualmente al sistema a partir de una “transición ordenada”. El abordaje e intento de definición del significante Nacionalismo Revolucionario es parte de esa intención. Y creo que imprescindible si quieren constituirse en partes de un bloque con pretensiones de “dirección ético-política”. El pasado evento celebrado en La Habana —así como su alter ego en Miami— y otros esfuerzos de sistematización que se desarrollan al interior de este espacio de AC, son también partes de este proceso.

Temo, sin embargo, que, sea por convicción o por conveniencia en un sistema que deja pocas opciones de autonomía, lo están haciendo con algunas “armas melladas” del autoritarismo, y de hecho se convierten en parte de un problema, cuando debieran ser parte de la solución.

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Antes del 'Período Especial', ¿utopía o distopía?

La crisis comenzó mucho antes del 'Período Especial'.
Cinco estudiosos extranjeros de izquierda
pudieron determinarlo desde temprano al visitar el país.

El gobierno de Fidel y Raúl Castro cumplió 55 años recientemente. El dúo suplantó la dictadura autoritaria de Batista (1952-59) por un longevo totalitarismo de corte marxista-estalinista. Así lo han clasificado, desde el respetado latinoamericanista Irving L. Horowitz, hasta el literato considerado más leído del mundo, el brasilero Paulo Coelho.

Típicamente, las dictaduras —tan supuestamente disímiles como las de Lenin, Hitler y Trujillo— han pretendido reescribir la historia a su favor, usualmente en complicidad con intelectuales extranjeros que ansían "lavar" sus imágenes en el exterior. Los Castro, ya ancianos, cuentan aún con ciertos apologistas, quienes (cómodamente desde afuera) continúan justificando la dictadura, a pesar de sus calamitosas fallas y el costo humano.

Esos apologistas arguyen, por ejemplo, que los problemas socioeconómicos que afligieron a la Cuba republicana (1902-58) fueron eliminados después de 1959. Arguyen que, entre 1959 y 1990, Cuba era una "utopía" que solo se ha ido resquebrajando debido a la desaparición de los subsidios del otrora Bloque Soviético, dando comienzo al llamado "Período Especial" (incluso, algunos denominan la época presente "la post-utopía").

Una carnicería en La Habana durante el "Período Especial"Una carnicería en La Habana durante el "Período Especial"

Sin embargo, las impresiones recogidas en Cuba antes del colapso del campo soviético por varios observadores, también extranjeros, aunque cándidos, desdicen los argumentos de los revisionistas pro-dictadura. 

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Russia in Latin America: the Problem we have chosen to Ignore

As Russian control of Crimea consolidates and the fear of a potential invasion of continental Ukraine increases, Russian activities closer to home in the Western Hemisphere have been largely overlooked or perhaps just disregarded. There have been reports of increasing Russian military cooperation with countries in Latin America that are hostile to the United States, mainly Cuba, Venezuela, and Nicaragua. This includes agreements between Russia and the above named countries that would enable Russia to place their naval logistic facilities in Venezuelan, Cuban and Nicaraguan territory. According to Russia’s Secretary of Defense, those facilities could serve long-range aircraft. The motive, according to Russia expert, Stephen Blank is that Russia seeks access to ports and air bases for refueling purposes as well as great power influence.

Maduro & PutinMaduro & Putin

 The Russian invasion of Crimea raises the question of whether or not the old cold war logic remains relevant.

 Russia may have given up communism but it did not give up the pride of being an empire with a broad sphere of influence they, namely Vladimir Putin considers belonging to them and to them alone. It seems this was the reasoning behind Russia’s 2008 aggressive attempt to prevent Georgia from joining NATO. This was followed up by Russia’s military invasion which successfully detached South Ossetia and Abkhazia from Georgia, making them politically independent but subjected to Russian authority. The same logic applies to the current crisis in the Ukraine.
 

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Carta abierta sobre las violaciones a los DDHH en Venezuela

San José, 13 de febrero de 2014

Quiero sumar mi voz a un coro de preocupación que recorre buena parte de nuestra América. Miles de estudiantes y opositores al gobierno del Presidente Nicolás Maduro en Venezuela fueron brutalmente atacados con armas de fuego por los cuerpos de seguridad. Tres personas murieron y al menos 26 han resultado heridas al finalizar una serie de protestas en Caracas y otras ciudades venezolanas.

En ningún país verdaderamente democrático uno va a prisión o es asesinado por pensar distinto o por querer manifestar su oposición a las políticas del gobierno. Venezuela puede hacer todos los esfuerzos de oratoria que desee para vender la idea de que es una verdadera democracia, pero con cada violación a los derechos humanos que comete niega en la práctica esa afirmación, porque reprime la crítica y la disidencia. Todo gobierno que respete los derechos humanos debe respetar el derecho de su pueblo a manifestarse pacíficamente. El uso de la violencia es inaceptable. Recordemos la advertencia de Gandhi: “ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”.

Siempre he luchado por la democracia y estoy convencido de que en una democracia, si uno no tiene oposición debe crearla, no reprimirla y condenarla a un infierno de persecución, que es lo que parece hacer el gobierno del Presidente Maduro. Venezuela debe respetar los derechos humanos, sobre todo los derechos de sus opositores, porque no tiene ningún mérito respetar sólo los derechos de sus partidarios.

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De la Revolución permanente, a la busca de la Innovación permanente -a partir de las reformas de Raúl en Cuba

El más reciente libro de Carmelo Mesa Lago  sobre la evolución económica-social en Cuba de los últimos 50 años clasifica la evolución cubana en ocho ciclos denominados “idealistas y pragmáticos.”  Habla de las reformas conducidas por el Presidente Raúl Castro, provoca la curiosidad y sugiere complementaciones. Este es el objetivo del texto, que se preocupa tanto por la búsqueda de comparaciones con procesos de reformas ocurridos en América Latina, cuanto con la agenda de reforma en sí. Enseña la importancia del capital social, la innovación y la relevancia del renglón de servicios y la transformación digital en la economía contemporánea. Por último, discurre sobre la práctica genuina del cooperativismo en la reforma cubana, que puede ofrecer alternativas ecuánimes sobre la propiedad social . 

Claro está que por definición, toda revolución puede constituir una innovación, siempre y cuando esta produzca un cambio para mejor. Lo que lleva a formular la típica pregunta de la teoría política: A quién beneficia el cambio? 

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Guillermo Asper, PhD, Profesor de la Universidad de Brasilia, Brasil (FACE/ADM, CEAM/NEORG)

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