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12/07/2020
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Columnistas invitados/Guest columnists

La muerte de George Floyd y la justicia

La causa de la muerte es expresada ahora de manera mucho más clara y coherente: “Asfixia ocasionada por una presión continuada”

En Estados  Unidos, la actualidad informativa ha estado signada desde el pasado lunes por las reacciones a la muerte, bajo arresto, del afroamericano George Floyd. Este domingo, el presidente Trump culpó de los disturbios a la izquierda caníbal, que personificó en el movimiento extremista Antifa, al cual —anunció— declarará “organización terrorista”.

Al abordar este tema, parece necesario señalar —ante todo— que la crisis surge de un brutal atropello policial. El occiso podrá haber sido un individuo harto problemático y hasta antisocial. Su detención, después de intentar pasar un billete falso, puede tener toda la justificación del mundo. Pero su muerte innecesaria determina que esos otros detalles hayan perdido cualquier importancia.

La filmación de los últimos minutos de su vida despierta indignación, ¡Tanta es la brutalidad y la indiferencia ante la vida humana que aquella demuestra! ¡El señor Floyd se encontraba solo! ¡Tenía las manos esposadas ya a la espalda! ¡Estaba boca abajo¡ ¡En el lugar había cuatro policías! ¿Qué peligro podía derivarse, para la seguridad del público o los agentes, de lo que pudiera hacer el arrestado! ¡Ninguno! Entonces son justos el rechazo y la condena motivados por el atropello policial.

La necropsia oficial concluyó que el señor George Floyd murió como resultado de “una combinación de afecciones cardiacas y potenciales sustancias intoxicantes en su cuerpo, que fue exacerbada por el constreñimiento de los oficiales de la policía”.

Como abogado penalista que me considero (aunque el régimen castrista no me permita ejercer desde hace un cuarto de siglo), he tratado de traducir con la mayor exactitud posible la breve, aunque enrevesada explicación del Departamento Forense del condado en el que tuvo lugar el infausto suceso.

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Cuba con los bolsillos al revés

Al salir del enclaustramiento, los cubanos cambiarán los temores al coronavirus y las colas, por mayores privaciones y un futuro muy nebuloso

La precariedad económica del Gobierno cubano aumentó con las erogaciones para afrontar la epidemia y las medidas del presidente Donald Trump, y se complicará si no se llegara a un nuevo acuerdo con el Club de París y otros acreedores.

El gobernante Miguel Díaz-Canel ha reiterado que no hay fondos para importar los alimentos básicos en la dieta del cubano ni para garantizar insumos que permitan “recuperar” la producción nacional de arroz, frijoles, carne de cerdo, pollo, huevos, viandas y hortalizas. La leche no se menciona.

Actualmente, el Gobierno cubano procura no caer en impago al Club de París, reportaban las agencias de prensa extranjera el 21 de mayo. El viceprimer ministro Ricardo Cabrisas Ruiz pidió negociar el pago de la deuda correspondiente a 2019, 2020 y 2021, y volver a pagar en 2022. Los acreedores (Francia, España, Canadá y Japón fundamentalmente) se habían mostrado impacientes: en diciembre de 2019 a Cuba le quedaban unos 30 millones de euros por pagar. La falta de liquidez había llevado a la priorización del pago de los créditos a corto plazo, a fin de procurar nuevos préstamos para poder importar los alimentos y las materias primas esenciales para la agricultura y la industria, fundamentalmente. Los gobernantes cubanos han reiterado que no se contraerían deudas que no se pudieran pagar, aunque difícilmente encontrarían prestamistas.

Raúl Castro expuso que se enfrentaban severas restricciones financieras externas, sin embargo, el país seguía cumpliendo rigurosamente sus obligaciones de pago con acreedores y proveedores extranjeros. Se trata de una “práctica que favorece el paulatino restablecimiento de la credibilidad de la economía nacional”, aseguró en la clausura de la sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 15 de julio de 2015. Principalmente se trataba de créditos a corto plazo.

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LA GUERRA HISPANO-CUBANA-AMERICANA (1895-1898) (segunda parte)

BATALLA NAVAL DE SANTIAGO DE CUBA

 

Como antes señalamos, la flota española ya estaba fondeada en la Bahía de Santiago de Cuba para el 19 de mayo de 1898, cuando la escuadra norteamericana al mando del almirante William Sampson y del comodoro Winfield Scott Schley dio inicio el bloqueo naval de la Ciudad. La flota española al mando del almirante Pascual Cervera y Topete, había sido enviada a Santiago con la finalidad de neutralizar cualquier intento norteamericano por ocupar la zona oriental de Cuba y evitar un desastre similar al ocurrido en la Bahía de Manila. El 25 de mayo Cervera envió el siguiente telegrama a Madrid:  

 

“Santiago de Cuba 25 de mayo de 1898.Almirante Pascual de Cervera y Topete

 El Almirante (Cervera) al Ministro (Auñón):

Estamos bloqueados; califiqué de desastrosa

nuestra venida para los intereses patria.

Hechos empiezan darme razón…”

 

 

 

El almirante Cervera siempre se había opuesto al envío de tropas y soldados para salvar el colonialismo español en Cuba. Así lo expresaría en una carta dirigida el 28 de febrero de 1898 al ministro de Marina Segismundo Bermejo, en la que expresó su malestar por la pérdida inútil de vidas y materia bélico en la guerra que se libraba en Cuba. En esa Carta Cervera escribió:

(...) por defender una isla que fue nuestra y que ya no nos pertenece, porque aun cuando no la perdiéramos de derecho con la guerra la tenemos perdida de hecho y con ella toda nuestra riqueza y una enorme cifra de hombres jóvenes, víctimas del clima y de las balas defendiendo un ideal que ya sólo es romántico. (10)

El 7 de junio la escuadra norteamericana bombardeó Santiago de Cuba causando bajas entre los defensores y civiles y dañando seriamente el crucero español Reina Mercedes. El propósito de este ataque fue el de atraer a la flota española a una batalla en mar abierto, pero sin que los españoles entonces mordieran el cebo.

Ante este fallido intento, la US Navy pretendió bloquear la salida de la bahía hundiendo el buque a vapor Merrimac cargado de explosivos para cerrar el canal de entrada a la bahía. Este esfuerzo también resultaría fallido pues el Merrimac fue hundido por las defensas costeras española sin que se lograra el objetivo perseguido. Sus ocho tripulantes, todos voluntarios, fueron tomados prisioneros por los españoles y recibieron la Medalla de Honor del Congreso.

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LA GUERRA HISPANO-CUBANA-AMERICANA (1895-1898) (primera parte)

“DOY LA BIENVENIDA A CUALQUIER GUERRA, PUES CREO QUE EL PAIS NECESITA UNA.” -Teodoro Roosevelt -

El pasado 15 de febrero se cumplieron 122 años de un hecho que sirvió de excusa para que los Estados Unidos, basándose en una interpretación actualizada de la doctrina expansionista del destino manifiesto, le declarara la guerra a España, iniciando así su expansión fuera de sus fronteras continentales, sobre todo en dirección hacia el Océano Pacifico Oriental. Ese día, a las 21:40 horas en las tranquilas aguas de la Bahía de La Habana, el acorazado norteamericano de segunda clase USS Maine fue destruido por una explosión que causaría la pérdida de 266 oficiales, marineros e infantes de marina de su dotación, lo que representaba dos tercios de los 392 hombres que conformaban la tripulación del acorazado.

Este desastre naval, el más costoso en vidas humanas para la marina norteamericana hasta que se produjo el hundimiento del USS Arizona el 7 de diciembre de 1941 en Pearl Harbor, Hawái, sería la causa inmediata para que el 25 de abril de1898 el Congreso de los Estados Unidos declarara formalmente el estado de guerra con España, retroactivo al 21 de abril de ese año, fecha a partir de cuándo la US Navy había iniciado el bloqueo naval a la ciudad de La Habana. Esta interdicción naval de los Estados Unidos se repetiría 64 años después cuando el presidente John F. Kennedy ordenó el bloqueo (cuarentena) naval a Cuba el 22 de octubre de 1962, como respuesta al emplazamiento de misiles balísticos soviéticos en la Isla.

La guerra que siguió a la voladura del USS Maine fue conocida como la Guerra Hispano - Cubano - Americana (1) y tanUSS Maine  in Havana Harbor, Cuba, shortly before the explosion that would sink her. source http://www.navsource.org/archives/01/maine.htm Photo taken 1898. solo duraría diez semanas. Con la excepción del enfrentamiento en la Colina de San Juan - batalla que le dio fama a Teodoro Roosevelt y a sus Rough Riders - la lucha entre España y los Estados Unidos se escenificó fundamentalmente en el mar, lo que llevó a la destrucción de las flotas de ultramar españolas en la Batalla Naval de Santiago y en la Batalla Naval de Cavite en Manila. El buque insignia de la Escuadra Asiática de la Marina norteamericana, el crucero protegido USS Olympia (2), comandado por el comodoro Thomas Dewey, es la única unidad naval participante en la guerra con España que todavía se encuentra a flote y en la actualidad es un museo naval ubicado en el Rio Delaware, en Filadelfia, el cual tuve la oportunidad de visitar en 1963 durante mis años de estudio en los Estados Unidos.

La Guerra con España concluiría con el Tratado de Paris firmado en diciembre de 1898 (3), mediante el cual Estados Unidos asumió el control sobre la isla de Cuba y la propiedad de Puerto Rico en el Caribe y de las Islas Filipinas y Guam en el Océano Pacifico, mediante una indemnización a España de $20.000.000. En términos geopolíticos esto significó el fin de España como imperio y la emergencia de los Estados Unidos como novel potencia ultramarina, lo que llevaría cuatro décadas más tarde a la guerra con el Imperio del Japones luchada entre 1941 y 1945.

ENTRADA DE LOS ESTADOS UNIDOS EN LA GUERRA DE CUBA

Abril 21 de 1898 - agosto 12 de 1898

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¿A quién creer, a Ortega, o a su gobierno?

El equívoco del título de este artículo es a propósito. En el gobierno de Nicaragua nada se mueve sin la voluntad de Ortega, pero en un insólito desdoblamiento, ese gobierno ha presentado un Libro Blanco para explicar, con fines de exportación, sus políticas frente a la pandemia.

Ortega mismo, hace exactamente un mes, en la víspera del feriado del primero de mayo, y mientras cancaneaba entre diversas estadísticas, dijo lo siguiente: “…los que han estado con ese discurso, son los mismos que quisieron hundir al País en Abril del año 2018, y que siempre se aprovechan si hay un incendio como el de Indio Maíz; ahora se aprovechan de la Epidemia… y son los del discursito ese”. (Tomado textualmente, con negritas, puntuación y mayúsculas, del oficialista El 19 Digital). Y dos meses antes, el 28 de febrero, la hasta entonces Ministra de Salud de Ortega, había afirmado que “Nicaragua no ha establecido, ni establecerá, ningún tipo de Cuarentena”.

Lo que ha trascendido internacionalmente, y sin duda cala en los gobiernos de los diversos países, es el hecho que mientras todos los países enfrentaban la pandemia, en Nicaragua se promovían aglomeraciones de gente y no se cerraban las escuelas, colegios y universidades públicas, y se negaba la existencia de la enfermedad, o se atribuía a casos importados. El famoso Libro Blanco, frente a la avalancha informativa sobre lo que ha ocurrido en Nicaragua, es tan inútil que ni siquiera ocupará alguna estantería, sin leerse.

En todos los países, frente a la pandemia, hay tensión entre salud y economía. Pero el caso de Nicaragua es diferente: a Ortega no le importa ni la salud de la población, ni la economía del país. Lo único que le interesa es mantenerse en el poder, y por eso, frente al reclamo nacional e internacional para que se adopten medidas sanitarias, compara a la pandemia con las protestas pacíficas de abril del 2018, que fueron masacradas.

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