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03/04/2020
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Columnistas invitados/Guest columnists

El coronavirus socava el precipicio

El nuevo coronavirus ha llegado a una Cuba inmersa en la profunda crisis económica gestada durante los 61 años de Revolución

LA HABANA, Cuba. – La magnitud y la duración de la epidemia son aún imprevisibles, pero sí resultan seguros la agudización de la carencia de liquidez y el acceso a créditos, el deterioro mayor de la base productiva y la depauperación de la ya precaria calidad de vida. Los cubanos no pueden salir a la calle y los dirigentes aparecen en la televisión con nasobuco.

La COVID-19 llegó el 11 de marzo a una Cuba inmersa en la profunda crisis económica gestada durante los 61 años de Revolución. Las complicaciones fortuitas eran imposibles de prever: ahora solo se podrán superar con cambios sustanciales y con la liberación de la capacidad creadora de todos los cubanos, sin la imposición ideológica ni de las fuerzas represivas.

El abordaje de algún transporte y las colas con fricción corporal para comprar papel sanitario, detergente, productos cárnicos, puré de tomate y leche en polvo parecen demenciales, como si los cubanos no tuvieran en cuenta el peligro de contagio, enfermedad o muerte que entraña el nuevo coronavirus.

La mayoría de las personas no tienen otra opción, porque la esporádica oferta y sus escasos ingresos les impidieron garantizar las reservas necesarias para subsistir en el fondo del precipicio económico donde ya estaban. Las autoridades lo llaman “falta de percepción de riesgo”, pero tal cosa no existiría si la población no estuviera sometida al mayor desabastecimiento de productos esenciales desde 2018.

La ansiedad generada por la amenaza del COVID-19 a la salud se acrecentará en el transcurso de los días, cuando la población tendrá que permanecer en sus hogares ―donde casi siempre conviven varias generaciones― sin alimentos y medicinas suficientes. Niños, jóvenes y adultos difícilmente lograrán compartir la tele, el ordenador (si tuvieran), el desayuno, el almuerzo, la comida (sin meriendas por medio), sobrellevar los comentarios, y tratar respetuosamente a los ancianos, que propiciaron la vida, la vivienda y la crianza de los hijos.

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Notes on the Present Covid-19 Crisis

1. So far as I can discover, opposition parties in the European countries (and elsewhere) are cooperating with the leadership of the party in power by acquiescing in its policies for dealing with the coronavirus pandemic. In fact, the Conservative government of Great Britain is considering inviting representatives of the Labour Party (excluding Jeremy Corbyn) to participate in a national government, though for a limited time only. (A period of four months has been suggested.)

The exception to this pattern is the US Democratic Party, which twice blocked passage of the Trump Administration’s emergency rescue bill costing $1.6 trillion in the Senate by larding it with liberal pork, including increased fuel emissions standards for airlines, Kennedy Center for the Performing ArtsKennedy Center for the Performing Artsexpansion of wind and solar tax credits, other items lifted from the Green New Deal and $25 million for the Kennedy Center as part of a $100 million arts funding. Finally, Democrats and Republicans were able to reach an agreement early Thursday at midnight approving a larger stimulus package costing up to $2 trillion after some of these marginal allotments were added. This Party's obstructive strategy is inspired by Rahm Emmanuel’s maxim about never letting a good crisis go to waste. In this instance, the Democracy is probably overreaching itself. In which case, it may soon discover that the crisis it didn’t allow to go to waste was its own.

2. Le Figaro, the best conservative daily I know of, recently published an interesting feature the newspaper has continued to run for the past several days now. Unfortunately, Figaro doesn’t publish an edition in English, or any other language; its consistently superb contents are available exclusively to people who know French, which is too bad. 

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Duda despejada

Al ser reelegido Luis Almagro como Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), quedó despejada una de las dudas atribuidas a Ortega en cuanto a las decisiones sobre la solución a la crisis nicaragüense. Si es que hubiese esa duda, porque  los nicaragüenses estamos acostumbrados a sus cambios de actitudes, dependiendo de las presiones que reciba dentro y fuera de Nicaragua.

Recordemos brevemente su cambiante actitud ante Almagro. Después de la violencia y las irregularidades en las fraudulentas elecciones de 2011, y frente a la criticidad al respecto de las misiones de observación electoral de la OEA y Unión Europea, y cuando venían las elecciones de 2016, en el Congreso del Frente Sandinista que le proclamó candidato (por cierto, no ha habido otro), Ortega despotricó contra las misiones de observación electoral, a quienes llamó de sinvergüenza para arriba. Poco después, en la Asamblea General de la OEA que se realizaba en República Dominicana, su embajador en la OEA, y actual canciller, pidió la renuncia de Almagro porque “él mismo con su comportamiento ilegal, irrespetuoso y prepotente se ha autodescalificado y expulsado del cargo ocupado en la Organización de Estados Americanos”. Entonces era por la criticidad de Almagro frente al gobierno de Maduro en Venezuela.

Pero cuando en septiembre de ese mismo año fue aprobada en primera instancia la Nica Act, el mismo embajador de Ortega buscó a Almagro para, finalmente, pocos días después suscribir apresuradamente un acuerdo para fortalecer el sistema electoral, que anticipaba el que se firmó pocos meses después, previa visita de Almagro a finales de 2016. Y Ortega, en las elecciones municipales de noviembre de 2017, volvió a permitir observación electoral, con el mismo Consejo Electoral y mañas, y, claro, su gobierno ganó el 90% de las alcaldías, confirmando así el régimen de partido único, del cual había advertido la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), en junio de 2016.

La otra duda que se atribuye a Ortega, son las elecciones en los Estados Unidos de noviembre próximo. Según esa duda, dependerá de los resultados de esas elecciones para, haya o no renovado el Convenio con la OEA, y según cómo pinte el Presidente elegido en las elecciones de Estados Unidos, ceder o no en las elecciones de 2021algunas de las condiciones para que sean efectivamente democráticas, se adelanten o no esas elecciones.

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"NO SE TRATA SÓLO DE MIGRANTES"

“La injusticia los obliga a atravesar desiertos y mares, transformados en cementerios. La injusticia los fuerza a sufrir abusos indecibles, esclavitudes de todo tipo y torturas en campos de detención inhumanos. La injusticia les niega lugares donde podrían tener esperanza de una vida digna y les hace encontrar muros de indiferencia”. Santo Padre Francisco

Hoy en día vivimos en un mundo donde existe una “globalización de la indiferencia”, que no cesa de poner en peligro a la humanidad. Donde vemos que las injusticias y discriminaciones se suceden, donde son los más desfavorecidos quienes realmente sufren más las consecuencias de esta “indiferencia”.

Cientos de miles de mujeres, hombre y en particular niños, son hoy en día parte de una migración que el Papa Francisco la calificó en el 2017 “como una crisis humanitaria” donde miles de personas se veían “forzadas a huir de sus países en busca de una vida mejor”. Desde una perspectiva cristiana, mientras no sea superada esta “indiferencia” y no se logre alcanzar un verdadero desarrollo integral y sustentable, en los países de donde los migrantes huyen, que les facilite a los pueblos vivir y trabajar con dignidad, las migraciones no tendrán fin.

Para el Papa Francisco hace falta “promover el desarrollo humano integral” en los países donde los migrantes no puedan vivir con dignidad. Afirmando que: “La promoción humana de los migrantes y de sus familias comienza en las comunidades de origen, allí donde debe ser garantizado, junto al derecho de poder emigrar, también el derecho de no deber emigrar, es decir, de encontrar en la patria las condiciones que permitan una digna realización de la existencia”.

Sin embargo, hoy en día, en muchos de los países de América Latina y el Caribe, se está muy lejos de que exista un compromiso responsable de “promover el desarrollo humano integral”. Empeorándose la situación en algunos de Centro América, América del Sur y el Caribe, dada la no existencia de un verdadero “Estado de Derecho” que garantice los derechos fundamentales de la persona humana. Obligando así a que los seres humanos escapen de sus propias realidades en la búsqueda de poder vivir y trabajar con dignidad.

Si bien es verdad de que algunas personas emigran en la búsqueda de nuevas oportunidades económicas y nuevos horizontes, es verdad también que muchas “otras lo hacen para escapar de los conflictos armados, la pobreza, la inseguridad alimentaria, la persecución, el terrorismo o las violaciones y abusos de los derechos humanos” , así como también desastres naturales.

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ALGO HUELE A PODRIDO EN NICARAGUA

Mientras en todo el mundo los países intentan frenar el tránsito de personas, cierran sus fronteras, imponen la distancia social y el aislamiento domiciliar, en Nicaragua el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, con una política que supera los anales más oscuros del realismo mágico latinoamericano, pareciera empeñado en darle la bienvenida a la epidemia abriéndole todas las puertas.

En Nicaragua las autoridades declaran que no se cerrarán fronteras, ni se pondrá en efecto una cuarentena. Más aún, el sábado 14 de marzo, la primera dama, poder vengativo e implacable del país, Rosario Murillo, que es además la vicepresidenta de su marido el presidente, ordenó concentraciones en las principales ciudades y pueblos del territorio nacional. Convocadas como marchas de solidaridad con los pueblos afectados por el virus, la señora bautizó la concentración de sus partidarios y funcionarios estatales, como “El amor en tiempos del COVID 19”, una siniestra referencia literaria a la gran novela de Gabriel García Márquez. Incomprensible y rayano en la locura, resultó el espectáculo de la gente marchando aglomerada, al lado de carrozas decoradas con grandes afiches de ella y su esposo, donde personal de salud hacía la pantomima de atender en el hospital a un ciudadano que hacía las veces de enfermo postrado en una camilla. Detrás de esa escena de feria, chicas vestidas de enfermeras se contoneaban bailando con rótulos que mostraban los pasos para lavarse las manos, en un suelo pleno de globos rosas y verdes.

Desde abril de 2018 tras la rebelión popular que demandaba la renuncia de Ortega, los nicaragüenses hemos aprendido que la dictadura es capaz de rebasar una y otra vez nuestra capacidad de espantado asombro. En su mesiánica cruzada por recuperar el poder amenazado, el régimen arremetió contra su pueblo con todo el poder de su aparato represivo. Trescientas y tantas muertes más tarde, vivimos amenazados, vigilados y asediados. La policía y los antimotines son omnipresentes. No hay leyes que nos protejan. Secuestran y encarcelan personas a diario sin argumentos ni orden judicial, se acosa a familias opositoras; la dictadura decreta duelo por la muerte del poeta Ernesto Cardenal y luego manda partidarios fanatizados a impedir la solemnidad de su misa fúnebre. En las montañas, campesinos opositores aparecen asesinados por la espalda cada semana. Golpean periodistas con saña y han confiscado los medios más importantes. Sin embargo, con voz de santa agraviada, la señora Murillo, en su diaria alocución de medio día, afirma su amor a Dios, a la paz y predica el odio contra los grupúsculos “satánicos” que osaron desafiar el paraíso que ella cultivaba para su pueblo.

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