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12/11/2019
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Columnistas invitados/Guest columnists

La historia de un Viejo Amor y la Escuela de Salamanca

Hace mas de 40 años, en una tarde soleada de Septiembre yo me enamore ... de mi primera clase de Economía.  Esa tarde de otoño donde encontré un nuevo amor, como casi todos los amores inolvidables, llegó inesperada y sin buscarse.  Miremos hacia atrás a algunos de los acontecimientos que nos que llevaron a ese encuentro ilícito.

Había llegado a los Estados Unidos unos 10 años antes y, como la gran mayoría del exiliado cubano del aquel entonces, la tristeza de saber que no podía volver a la patria, la penuria, los esfuerzos para sacar de Cuba a la familia que quedaba atrás ­mi padre, hermana y esposo a los que el régimen castrista les había negado el permiso de salida­ mantener a mi madre española que no hablaba inglés y a un sobrino niño con padres ausentes, se convirtió en la única razón de mi existencia sin mucho tiempo para enamoramientos.  La educación universitaria también pasó a ser una lejana necesidad que tal vez “algún día” pudiera considerarse.

En Cuba trabajé varios meses como secretaria, de donde fui sacada a punta de metralleta por un miliciano, juzgada, clasificada contrarrevolucionaria y expulsada del trabajo en una mañana clara de Enero de 1961.  Mi hermana me esperaba en las escalinatas habiendo recibido momentos antes el mismo tratamiento.  Al llegar exiliada -(no emigrada) de Cuba-, mi inglés era unos pasitos más avanzados que aquel famoso “Tom is a boy, Mary is a girl, look at the picture in the lesson five”.  Esa corta experiencia de trabajo en Cuba junto a ese poquito de inglés me dio la oportunidad de aplicar para una posición de secretaria en una empresa en Nueva York unos meses después de llegar al exilio.  Solo que, surprise!!! resultó que mi aritmética de Baldor era mejor que mi inglés, y Voila! en vez de secretaria me ofrecieron un puesto de Statistical Analyst en su maravillosa oficina de Park Avenue.

WOW, impressive!

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Cuba: Tiempos difíciles

El comportamiento de la economía en los dos primeros meses de 2012 confirma que este año será extremadamente difícil para el cubano corriente en todos los sentidos. En primer lugar se refuerza la tendencia existente en 2011 hacia el desabastecimiento de alimentos, la subida de sus precios y el empeoramiento de servicios básicos, como el transporte.

A la falta de productos, como el huevo, en el mercado libre, presente desde finales de 2011, se han agregado la de otros artículos fundamentales en la dieta del cubano, como la papa, la carne de cerdo e incluso hasta el café vendido en moneda convertible, en ocasiones complicado de encontrar. En plena cosecha del tomate es difícil conseguir una libra (460 gramos) a menos de 5 pesos, el limón de buena calidad a 20 pesos la libra, un plátano vianda de 3 a 4 pesos y un mamey, fruta en vías de desaparición, puede ofertarse hasta en 30 pesos. Son precios sin relación alguna con las pensiones y salarios medios mensuales de 255 y 458 pesos cubanos, respectivamente, existentes al cierre de 2011 (1 peso convertible = 24 pesos cubanos).

Paralelamente, a pesar de la propaganda sobre la creación de una nueva organización empresarial para gestionar la industria azucarera (AZCUBA), y las noticias de que este año sí estaban disponibles los recursos para realizar la zafra, oficialmente se ha reconocido que al comenzar marzo, se encuentra nuevamente atrasada, lo que podría complicarse aún más si la temporada de lluvias empezara con normalidad a finales de abril o se adelantara como sucede en ocasiones. Esto ocurre en momentos cuando la cotización del azúcar en los mercados internacionales se mantiene en un fabuloso rango de alrededor 25 centavos US/libra.

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El Tíbet, un estado independiente hasta la invasión china en 1950

[Segmento del artículo titulado “El despertar de los chinos”, publicado en Anatomía de la Historia]

Durante centurias el Tíbet había logrado mantener su independencia aunque, como tantas otras naciones del mundo, no faltaron recelos en las relaciones con sus vecinos y el país tampoco fue ajeno a las influencias externas e incluso a las invasiones. Con China, por ejemplo, el Tíbet llegó a formalizar entre los años 821 y 823 un tratado fronterizo y de paz.

En el siglo XIII el Imperio mongol invadió China y el Tíbet, aunque en este último territorio el emperador ocupante acabó nombrando regente a un destacado monje, a cambio de bendiciones y enseñanzas religiosas. El modelo –similar en ciertos aspectos a un protectorado– se basaba en la relación monje-benefactor (chö-yön) y su mayor peculiaridad consistía, precisamente, en mantener la relación de igualdad entre las autoridades mongolas y las tibetanas. Aunque en la actualidad el gobierno chino considera dicho pacto como una relación de vasallaje, la realidad es que las autoridades del Tíbet gozaron en esa época de unas ventajas que no tuvieron por entonces los chinos en su propio territorio, también invadido por los mongoles. De hecho, la relación entre los mongoles y los tibetanos continúa siendo cercana y amistosa, facilitada por las afinidades raciales, culturales y religiosas entre ambos pueblos.

Las autoridades del Tíbet también entablaron relaciones con la dinastía china Ming (1368-1644). Gobernando este linaje en China, nació en el Tíbet Sonam Gyatso (1543-1588), tercer Dalái Lama, aunque el primero en ser reconocido en vida como tal.  El mismo tratamiento se confirió a título póstumo a las dos supuestas reencarnaciones anteriores a Gyatso, todas ellas y sus sucesoras consideradas por los budistas tibetanos emanaciones del Buda de la Compasión (las palabras  dalái y lama significan, respectivamente, ‘océano’ y ‘maestro espiritual’; pero a veces, cuando ambos vocablos van juntos, se traducen libremente como ‘Océano de Sabiduría’).

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Fernando Ravsberg y el cadalso

He leído con atención el artículo de Fernando Ravsberg, corresponsal de la BBC en La Habana, sobre la convocatoria por el Gobierno cubano a una nueva conferencia (llamada) de la Nación y la Emigración.

A diferencia de otras piezas de este agudo comentarista de la realidad nacional, creo que es un artículo, para decirlo con una sola palabra, renqueante. Y es que el arte del periodismo es difícil de ejercer cuando hay que satisfacer un público demasiado variado: los jefes corporativos de una gran cadena de noticias, los poco sofisticados funcionarios del aparato ideológico partidista, los lectores ansiosos por que le digan algo diferente, y nuestra propia historia, que siempre agrega nostalgias. Es muy difícil querer satisfacer a todos al mismo tiempo sin sacrificar el buen tino en el intento. Y este artículo lo demuestra.

Voy a comenzar resaltando su gran acierto: demostrar el efecto deplorable que puede tener una presentación argumental que organiza todo en dos bandos —buenos y malos, duros y blandos, colaboracionistas y confrontacionistas— y de la que obtiene dos caricaturas de un escenario político muy complejo. En una de ellas, amparado en un manto de beatitud, ubica a Carlos Saladrigas. Y en el opuesto, en el lado negativo de la historia, me ubica a mí, a partir de una lectura muy particular de mi artículo ¿Reunión de la emigración y la nación).

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Saltar del corralón castrista a la Globalización

El campo de concentración de Auschwitz tenía su propia lógica.  En su diseño todo encajaba.  Los cautivos que no morían a la llegada sólo duraban un promedio de seis meses.  Se aprovechaban todas sus pertenencias, reciclándolas entre la población aria del Tercer Reich.  Además, les extraían las piezas dentales de oro y se recuperaban las prótesis.  Con la grasa humana se hacía jabón.  Algunas pieles tatuadas terminaban en pantallas de lámparas y como petacas para tabaco.  Los cabellos eran utilizados en la fabricación de zapatillas especiales para las tripulaciones de los submarinos.  Las cenizas de los crematorios resultaban abundante abono… En fin, todo era productivo, racional… hasta que los tanques de guerra aliados abrieron aquella realidad al mundo exterior.

Una pertinaz visión esquemática, también con su propia “lógica” sobre el futuro próximo de Cuba, ha sentado sus reales tanto en ingenuos como defensores de la actual dictadura militar desgastada en el poder.  Hasta lo que da la vista, toda valoración crítica a los asuntos nacionales marcha casi siempre a la saga y en la estela de las intentonas del régimen por hacer sobrevivir, y no cambiar, el sistema imperante en la isla.

Se concede demasiado crédito a un régimen totalitario que, de por si mismo, es un absurdo.  De un sistema dictatorial como el que rige el destino de la nación cubana resulta disparatado esperar sensatez.  Así se aceptan las premisas de lo irrazonable. Si la junta militar gobernante amaga en una u otra dirección se le ensalza o se le critica, mas ambos criterios aceptan la “lógica” de los acontecimientos.  Denominadas “actualizaciones” por el oficialismo, “reformas” por los optimistas y "pasos insuficientes" por adversarios, se llega al extremo de valorar esas medidas como promovidas por una sincera y pragmática voluntad de transformación.  Y hasta cuentan con un persistente optimismo alucinado y solidario de analistas y de diversa prensa que otorga virtudes de progreso a lo que no es otra cosa que un desmontaje totalitario de la responsabilidad, con el cínico objetivo de la brutal y más que aburrida perpetuación de los Castro en el poder.

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