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15/08/2020
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Columnistas invitados/Guest columnists

Curas metidos en política

“Vengan benditos de mi Padre porque tuve hambre y me dieron de comer…”, dice el Maestro en la parábola del “Juicio Final”. Jesús rara vez regaña y menos maldice, pero aquí nos habla de maldición e infierno para los que dejan que el otro se muera de hambre, de sed y de enfermedad o se pudra en la cárcel. Ese es el juicio de Dios sobre las personas y también sobre las políticas. A los malditos contrapone los “benditos de mi Padre” porque me dieron de comer, me brindaron agua en la sed, me acompañaron en la enfermedad… Es la línea divisoria entre la buena persona y la mala, entre buen gobierno y malo. Lo demás es hipocresía religiosa.

Los responsables de la situación política, económica, y social reciben la alabanza de Dios solo si logran estructuras, instituciones y conductas para que los hambrientos tengan acceso a la comida y a su producción; los enfermos, a la salud, y los injustamente presos, a la libertad. Jesús dice que esa negación de la vida del prójimo trae el infierno; lo que está a la vista en Venezuela. Para salir del hambre y de la pobreza se requieren modificaciones profundas y coherentes en todo el aparato productivo y en la acción de millones de personas; cosa que es imposible sin un cambio de política y un gobierno democrático nuevo que convoque a todo el país. Lo mismo se diga sobre las políticas para que las medicinas, los médicos y las instituciones públicas de salud traigan vida. Los buenos sentimientos de caridad quedan mutilados si no hay políticas coherentes e inteligentes en todas estas áreas; en política cuentan los resultados, no bastan las buenas intenciones. 

Algunos curas se precipitaron a celebrar el actual régimen como el advenimiento del Reino de Dios y ahora nos sorprenden pidiendo que los obispos y los curas sean ciegos y mudos ante sus secuelas de muerte. La Iglesia no puede callar cuando se trata de defender la vida digna, aunque la acusen de meterse en política. Los grandes profetas de Israel fueron asesinados porque con la verdad de Dios denunciaban a quienes vendían “al pobre por un par de sandalias” y usaban el poder para oprimir y explotar. El profeta Jesús fue ejecutado por el poder de su tiempo, acusado de meterse en política. 

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Socialismo, el opio de los intelectuales

Karl Marx caracterizó la religión como “el opio de los pueblos”. Pero una mejor descripción del efecto alucinógeno es el rechazo de los intelectualoides a reconocer los crímenes y fracasos del socialismo.

 Los hechos son incuestionables. El libro negro del comunismo ofrece un estimado conservador de 100 millones de personas inocentes asesinadas por los socialistas marxistas en el siglo 20. Los autores investigaron la China del “Gran Timonel”, la Corea de Kim Il Sung, el Vietnam bajo “Tío Ho”, Cuba con Castro, Etiopía con Mengistu, Angola bajo Neto y Afganistán con Najibullah. También documentan crímenes contra la cultura nacional y universal, desde la destrucción por Stalin de cientos de iglesias en Moscú, o Ceausescu desmoliendo el corazón histórico de Bucarest, hasta la devastación en gran escala de la cultura china por los Guardias Rojos de Mao.

 Todo para implementar teorías económicas de planificación centralizada que han demostrado ser muy inferiores a las capacidades de generación de riquezas de las economías de libre mercado y que llevan, según el título del libro de F. A. Hayek, al inevitable "Camino de servidumbre".

 Además, a pesar de los horrorosos crímenes de la historia comunista, los intelectualoides continúan defendiendo en círculos académicos y sociales al socialismo marxista como la forma más moral de gobierno, y condenan al capitalismo como nefasto. Y no es que las atrocidades de la práctica comunista fueran la excepción de la regla o el resultado de alguna implementación errónea de la teoría socialista. Las monstruosidades son fundamentales en la moral marxista.

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La Deuda

A finales de los años 70, siendo Director General de Banco Ganadero y Agrícola en mi estado, Sonora, con frecuencia viajaba a la ciudad de Mexico y siempre tenía la gran oportunidad de compartir con un hombre sabio, maestro, y gran banquero, Rubén Aguilar, en aquella época Director General de Banamex. Navegábamos la administración de López Portillo y la fiebre del petróleo que provocaba ilusiones, endeudamiento masivo, y el presidente arengándonos: “Debemos prepararnos para manejar la abundancia”.

En una ocasión, en la sobremesa de una comida, Rubén muy serio me dice: “No me gusta la tendencia de un mundo que cada día se sumerge más en un profundo mar de deuda. Creo que estamos cayendo en el abuso e irresponsabilidad. No se está creando suficiente capital para sostener el crecimiento explosivo de esa deuda. A veces pienso que, si se pudiera hacer un experimento y congelar el tiempo, pasar luego a liquidar todos los activos de los bancos, no sería suficiente para pagar sus pasivos”.  

Esa conversación la teníamos, antes de la aparición del hombre que provocara la revolución de la deuda y de los mercados financieros, Mike Milken. Antes de la emergencia de la ingeniería financiera, de los bonos chatarra, las compras apalancadas, la toma de empresas por asalto, fondos de inversión a base de endeudamiento y, sobre todo, de los expansivos gobiernos demandando crédito para soportar su gigantismo, las grandes pérdidas generadas por sus empresas estatales, sus guerras y, en especial, su corrupción. En los años 80 seriamos testigos de operaciones como la toma por asalto de Nabisco, por $24 billones de dólares, totalmente financiada con deuda.

Días después me encontraba en el lobby del hotel Hyatt en Los Ángeles, cuando llama mi atención un numeroso grupo de hombres elegantemente vestidos, en la antesala de uno de los salones VIP del hotel. 

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La equivalencia moral en política exterior, cuando no es neutral ni imparcial

Cuando Elie Wiesel fue galardonado con el Nobel de la Paz en 1986, el Comité del Nobel lo llamó “mensajero de la humanidad”. Nacido en Rumanía, el escritor judío americano, profesor, activista político y sobreviviente del Holocausto dedicó su vida a hablar en defensa de las víctimas de la opresión, recordándonos que “puede haber tiempos cuando no tenemos poder para prevenir la injusticia, pero nunca debe haber tiempos en que seamos incapaces de protestar. Debemos tomar posición. La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima. El silencio alienta al torturador, nunca al torturado”

Esas lecciones se perdieron en la medida que la administración Obama adoptó consistentemente una política exterior de equivalencia moral rehusando destacar la naturaleza totalitaria de regímenes como los de Irán y Cuba, que sistemáticamente violan derechos humanos, eliminan brutalmente la oposición política, y conspiran contra los intereses de Estados Unidos y la nación judía.

El régimen cubano continúa siendo un aliado antiamericano de Irán. En las últimas tres décadas ha apoyado la política exterior de los ayatolas en el Medio Oriente y el mundo, particularmente contra Israel.

Una política de equivalencia moral sugiere que no existe diferencia moral entre las acciones o tácticas de cualquier parte en un conflicto.

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Presente y futuro de la Educación en Cuba

La educación en Cuba avanzó de forma notable: acceso universal y gratuito con efectos positivos en los sectores de menor ingreso, afrocubanos, mujeres y rurales.

Pero adolecía de ideologización, criterio único, exclusión al nivel superior de personas religiosas o contrarias a la ideología oficial, y confiscación de toda la educación privada.

Actualmente la educación está afectada por otros tres factores:

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