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22/11/2019
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Columnistas invitados/Guest columnists

Los Derechos Humanos en la encrucijada

 He aquí una visión de los derechos humanos, no en cuanto a su significación propia, sino a las consecuencias derivadas de los profundos desacuerdos existentes a su respecto.

Y, tal vez, la mejor manera de internarnos en tales complejidades sea detenernos brevemente en el contexto en que se discutió la Declaración Universal de los Derechos del Humanos entre 1947 y 1948 en la UNESCO, el Organismo para la Educación, la Ciencia y la Cultura en la entonces recién formada Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Allí quedó claro desde el primer momento que, si bien se concordaba en la existencia de derechos humanos fundamentales y en la necesidad de reconocerlos formalmente, semejante propósito no era posible en vista de los desacuerdos irreconciliables sobre su naturaleza teórica y, especialmente, sobre su significación política; y tanto fue así que, en definitiva, los derechos humanos fueron reconocidos en una simple ‘declaración’ sin eficacia jurídica internacional, es decir, sin el carácter de un tratado internacional obligatorio suscrito por todas la Naciones, cuya única virtud ha sido una fuerza moral no siempre aceptada ni bien entendida.

La idea central que hizo posible tal acuerdo, propuesta por el filósofo francés Jacques Maritain, fue la búsqueda de un entendimiento práctico en el que pudieran coincidir las diversas perspectivas teóricas, incluidas las más violentamente opuestas.

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EL PLAN B DE CUBAZUELA EN BOLIVIA

Desde La Habana y Caracas necesitan desatar una campaña de desinformación internacional para vender a Evo Morales como legítimo presidente todavía.

Cubazuela ha puesto en marcha su Plan B: caotizar Bolivia para vender internacionalmente la narrativa de que ha sido víctima de un golpe militar por parte de una derecha racista, a la que ahora el pueblo resiste heroicamente.

Se busca repetir la puesta en escena aplicada a Honduras, cuando el presidente José Manuel Zelaya intentó dar un golpe de Estado mediante plebiscito, contra la Constitución que impedía su reelección. El resultado del pretendido plebiscito estaba ya fraudulentamente cocinado a su favor con La Habana y Venezuela, que le hicieron llegar en un avión las boletas falsas para que fuesen introducidas en las urnas y así aprobar la enmienda constitucional. ¿La razón? No era que Zelaya fuese el paladín de las necesidades de los humildes —aunque un oportuno colchón de petrodólares chavistas le permitió presentarse como tal—, sino la necesidad de Cubazuela de tener gobiernos aliados en Centroamérica para sus propias rutas de narcotráfico "antiimperialista".

El plan B en Honduras fue intenso y similar al que ahora aplican a Bolivia: consolidar en medios políticos y de prensa internacionales la imagen de que los golpistas eran quienes habían destituido al presidente, aislar al nuevo gobierno, crear la imagen de que el único presidente legítimo era Zelaya en el exilio, y así evitar que se reconociera a los supuestos golpistas.

Como guinda al pastel, se dieron a la tarea de obtener —y lograron— que la OEA aplicara las sanciones más fuertes que contempla la Carta Democrática Interamericana y se suspendiera toda ayuda financiera internacional del Banco Interamericano de Desarrollo a esa empobrecida nación. Demoró meses derrotar la estrategia tejida entonces entre Fidel, Chávez y Zelaya, antes de que Honduras pudiera normalizar sus relaciones económicas y políticas con el exterior.

Para repetir la aplicación del Plan B en Bolivia —esperan que con mejor suerte—, necesitan crear artificialmente en el país andino una estética de golpe de Estado para exportación: imágenes de caos, ingobernabilidad, civiles oponiéndose al nuevo gobierno, que a su vez son reprimidos con violencia por militares y la policía. No menos importante es poder contar con un presidente que, aunque se haya visto obligado a exiliarse, siga siéndolo técnicamente.

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REPÚBLICA DOMINICANA: UNA POLITICA EN EXTREMO COSTOSA

¿Cuánto cuesta en términos económicos el ejercicio político en el país?

¿Cuánto le cuesta al Estado?

¿Cuánto a los candidatos a puestos electivos?

Como dicen que para muestra basta un botón, tomemos como punto de partida los gastos de campaña para los precandidatos a la presidencia en los dos principales partidos nacionales: el PLD de gobierno y el PRM cabeza principal de la oposición.

En la parcela morada donde compitieron Gonzalo Castillo y Leonel Fernández, el primero declaró un gasto de 418 millones 400 mil pesos, de los cuales 394 millones 700 mil habrían provenido de aportes particulares.

Por su parte el ex presidente declaró haber gastado 293 millones de pesos, 149 de los cuales fueron el producto de rifa-profondos. 

En el caso del PMR, Luis Abinader admitió haber gastado 114 millones 400 mil pesos suma casi tres veces superior  a la de su contendor el ex presidente Hipólito Mejía, al que se le fueron en la campaña 40 millones 700 mil pesos, de los cuales 10 millones 300 mil salieron de su propio bolsillo.

En total, tan solo en las Primarias, el monto total gastado por los cuatro, fue de 866 millones 500 mil pesos. 

Se trata de una verdadera fortuna, pero que seguramente vendrá muy a menos con el gasto que requerirá ahora la campaña de aquí a las elecciones de mayo, compitiendo por la Presidencia de la República.  Una cantidad que no sería aventurado adelantar podría fácilmente triplicar lo gastado en las Primarias.  Y esto descontando que no haya una segunda vuelta en cuyo caso puede darse por seguro que los finalistas se lanzarían de lleno a buscar una cantidad mucho mayor de recursos.

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MEDIO EVO

Lo sucedido recientemente en Bolivia es parte de la tragedia política de América Latina, que refleja las tareas no resueltas de nuestra historia, al considerarse el presidente de un país con el poder ilimitado de saltarse a la torera la constitución nacional, evadir la institucionalidad que tanto ha costado edificar en nuestro continente, y burlarse del pueblo que lo eligió en dos ocasiones como primer mandatario.

La llegada de Evo al poder significó a la nación del Altiplano una nueva ruta, por primera vez llegaba un indígena al poder perteneciente a una de las etnias más arraigadas en la región, la aymara, convirtiéndose en un argumento recurrente sus orígenes para mantenerse eternamente en el poder, mediante la justificación de la opresión por siglos de  conquista y colonización, luego por el militarismo gobernante en el siglo XX y la explotación de las élites neoliberales hasta principios del siglo XXI.

En resumen se presentó ante el mundo como el redentor del agobiado pueblo, cuya historia verdadera preñada de injusticias, violaciones y atropellos había que rescatarla de las garras del imperio y sus secuaces, a cambio de apropiarse del estado plurinacional boliviano, para ponerlo al servicio del castrismo y sus secuaces del chavismo.

En verdad su gestión significó la promoción de políticas sociales, de crecimiento económico sostenido registrado en promedio de 4.5% anual, con salario mínimo de 300 dólares mensuales y una deuda externa que compromete el 9% del PIB, resultados que finalmente no disminuyeron la desigualdad y la pobreza significativamente. Aun así estos son datos sorprendentes frente a los casos de Argentina o Venezuela, cuya economía es la vergüenza del continente, al decrecer el PIB hasta - 65% y representar la deuda externa el 70% del PIB, con salarios de 10 dólares mensuales

¿Qué pasó entonces ante estos registros que denotan una relativa estabilidad económica?. Que luego de 14 años de gestión la mayoría de la población exigió cambios, votó en contra de un tercer mandato de Evo Morales mediante referéndum en 2016, éste lo desconoció y caprichosamente insistió en el fallido intento de octubre 2019, que lo llevó al impasse político y a la pérdida del poder.

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EL VERDADERO Y ÚNICO CULPABLE

¿Quién es culpable de lo ocurrido en Bolivia?

¿Acaso las masas, sobre todo jóvenes,  desbordadas en las calles protestando contra una elección a todas luces fraudulenta, y por consiguiente, ilegítima?

¿El pueblo reaccionando indignado frente a un intento de dictadura encubierta bajo el manto de una adulterada elección democrática?

¿La Policía  y las Fuerzas Armadas que se negaron a reprimir a los manifestantes?

¿No fue acaso el propio Evo Morales, cegado por la ambición de continuar en un cargo del que anteriormente había confesado estar enamorado  y que pretendía hacerlo vitalicio, violando previamente un referéndum convocado por el mismo donde el pueblo había rechazado sus pretensiones, resultado que luego desconoció contando con la complicidad de jueces cómplices y sumisos, la Constitución que le prohibía de manera terminante presentarse como candidato a la presidencia por nueva vez, y finalmente apelando al tortuoso recurso de tratar de violentar el resultado adverso de las urnas con el más grosero intento de fraude?

Pocas veces en la historia electoral del Continente una elección había dado tan palpables demostraciones de resultar amañada concitando el inmediato repudio popular.  La verificación llevada a cabo por los técnicos de la OEA fue la confirmación concluyente  de la vergonzosa manipulación del proceso.

Llama la atención la forma adulterada en que algunos gobiernos están enfocando la renuncia de Evo Morales, donde al condenar lo que califican de “golpe de estado y ruptura de la institucionalidad democrática”, evaden hacer mención en lo absoluto a la cuota de responsabilidad que corresponde al mandatario, a sus reiteradas violaciones anteriores a esa misma institucionalidad frente a las cuales jamás alzaron su voz ni mostraron el menor signo de rechazo, y al vergonzoso intento de mantenerse en el poder por vía del fraude.  Esos polvos que levantó el propio Morales han traído los lodos que lo han sepultado.

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