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11/04/2021
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Columnistas invitados/Guest columnists

Marx, guerra fría y economía de mercado

Esta semana puse un tuit en el cual señalaba que el “problema de Nicaragua no es derecha-izquierda, sino dictadura-democracia. Argumentar eso -decía- es complicidad con Ortega. Fin de “Guerra Fría” condujo a universalizar economía de mercado, con gobiernos dictatoriales como Nicaragua y otros, y gobiernos democráticos”.

Ese tuit respondía a quienes se oponen a la unidad de la oposición a Ortega, argumentando, casi con igual vehemencia y categóricamente, que la oposición a la dictadura es como los problemas entre izquierda y derecha. 

Desde mediados del siglo XIX diversos pensadores cuestionaron aspectos de la economía de mercado, o la totalidad de la misma, como hizo entre otros Carlos Marx. Haciéndose cargo de la situación social de la clase trabajadora bajo el capitalismo, en 1891 el Papa León XIII emitió la primera Encíclica social, Rerum Novarum (“De las cosas nuevas” o “De los cambios políticos”), desencadenando el compromiso social de los católicos. Posteriores encíclicas, entre ellas Mater et Magistra de Juan XXIII y Centesimus Annus de Juan Pablo II, completarían el compromiso socioeconómico y democrático, hasta el Papa Francisco y sus diversos pronunciamientos y encíclicas, incluyendo temas  como el medio ambiente. Algo semejante ha ocurrido entre las denominaciones evangélicas y los no creyentes.

Con el fin de la Guerra Fría, en la cual compitieron capitalismo y comunismo, se universalizó la economía de mercado, con escasísimas excepciones. A partir de esa universalización de la economía de mercado, solamente caben dos formaciones políticas: por un lado, regímenes autoritarios, incluyendo dictaduras represivas, con mayor o menor presencia estatal, como China y otros países, entre ellos Nicaragua. Y, por otro lado, regímenes democráticos, también con mayor o menor presencia estatal, desde los países nórdicos hasta Costa Rica y Chile.

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La agricultura bien atada

Con la Tarea Ordenamiento, puede sobrevenir la quiebra de las ineficientes cooperativas cubanas, simultáneamente a la extinción de los pocos campesinos que quedan.

 

Ceballos, el exitoso polo exportador en Ciego de Ávila, y  La Sierpe, donde radica la empresa agroindustrial de granos Sur del Jíbaro, una de las mayores productoras de arroz de Cuba al menos hasta el inicio de la Tarea Ordenamiento, ahora peligran y se acercan a la quiebra por el alza de los precios y el fortalecimiento del sistema de Acopio, según evidencian informaciones publicadas en los medios oficiales. 

Las reuniones de José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del Partido Comunista de Cuba; Marino Murillo, jefe de la Comisión de Implementación y Desarrollo de los Lineamientos, y otras autoridades nacionales con agricultores comenzaron en Pinar del Río y Artemisa el 22 de febrero y trataron los disgustos y la desmotivación para labrar la tierra en las difíciles condiciones actuales. 

Los subsidios se mantienen en cuatro renglones considerados estratégicos (arroz, maíz para alimentación animal, tomate de industria y café robusta) para que el valor final no sobrepase el fijado de forma minorista. Los precios del arroz de cáscara húmeda, el frijol negro, el ganado porcino en pie, la papa y los huevos de gallinas continuarán fijados a nivel central, mientras los demás serán determinados por los gobiernos locales, según anunció oficialmente.

La brusca subida de los precios centralizados y descentralizados impuso algunas correcciones que, no obstante, no han satisfecho los reclamos de los campesinos, según se evidencia en los criterios coincidentes en todo el país, aparecidos en las depuradas publicaciones de los medios nacionales.  

La producción de arroz aún no es rentable, debido a los altos costos del agua, la electricidad y la aviación, se quejan los campesinos. La siembra de la gramínea se había incrementado con asesoría de Viet Nam y China con el objetivo de cubrir el 22% del consumo nacional, pero la inexistencia de fertilizantes y plaguicidas provocó la caída de la producción del alimento básico de los cubanos.

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Una cuestión de identidad.

Los gatos no vuelan. Saltan bien, son envidiablemente elásticos, pero no pueden volar. Y el por qué es muy sencillo: su identidad lo impide.

Algo parecido sucede en el ser humano con la verdad: una vez que aparece, se impone. Se puede ser corto de mente y no ver la verdad; se puede estar equivocado y no entender la verdad; pero cuando la verdad se ve y se entiende, se impone a la razón. Podemos negarla, amordazarla, silenciarla, intentar desesperadamente que responda a nuestros intereses y no a la realidad, pero una y otra vez nos clavará su mirada y nos dirá: “¡Mientes!”.

Entre el sometimiento y la rebeldía.

La verdad puede ser sometida a muchas cosas: a intereses políticos, ideológicos, religiosos…, a intereses personales, a los propios miedos, pero siempre, una y otra vez, se negará a ser esclava, y desde el fondo más sagrado de nuestra conciencia, se rebelará y se resistirá a ser maniatada.

Y es que la verdad tiene vida propia, porque habita en la conciencia, ese prodigio que puede ser ensombrecido, manipulado, engañado…, pero que, como los árboles, renace, una y otra vez y, como la aurora, tarde o temprano, rompe las tinieblas con una luz imparable.

Una cuestión de elección.

Desde nuestra identidad, la verdad se impone. Desde nuestra decisión, podemos negarla, pero pagando precios muy altos.

Uno de los precios es la renuncia a la libertad. Si miento, por la razón que sea, me convierto en un esclavo, y el esclavo vive con miedo, porque sabe que el más mínimo desliz le costará todo.

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¡PATRIA, VIDA Y LIBERTAD!

Confieso que hay días en que me pregunto cómo podemos vivir los cubanos en medio de tanta arbitrariedad, incertidumbre y violencia. Para los creyentes nos queda el recurso de apelar a la fe, que nos revela a Dios hecho hombre y clavado en la cruz para redimir a toda la humanidad. A su imagen y semejanza deberíamos vivir esta pasión por Cuba, que duele hasta el tuétano y se torna oscura en la medida que un puñado de hombres ejercen de Pilatos, nos conducen hasta el calvario de la vida en la miseria, la zozobra y el odio.

En los últimos días se ha incorporado a la retórica oficial una campaña contra el lanzamiento de la canción “Patria y Vida” compuesta e interpretada por varios cantautores cubanos de la Isla y de la Diáspora. El video, que no tardó en volverse viral en las redes sociales, ha sido mal acogido por el gobierno de Cuba, que ha respondido con sendos artículos en el diario oficial del Partido Comunista, Granma, tuits en las cuentas oficiales del presidente y otros funcionarios, reportajes en el noticiero nacional de la televisión y, desgraciadamente, actos de repudio de los más espeluznantes de los últimos tiempos.

Si la Revolución es invencible, y está más fuerte que nunca, ¿qué hace un país respondiendo oficialmente, por todas las vías posibles de su monopolio comunicacional, ante una canción de unos artistas independientes? Si los medios oficiales como Cubadebate, califican con los argumentos más despectivos posibles a cada uno de los cantantes del video, estamos ante un censura oficial, o es obra de un editor por cuenta propia, que toma la justicia por su cuenta? Si la canción no ataca a personas, sino que habla de “un sistema que no funciona ni para nosotros mismos”, y todo el contenido producido por el gobierno es lesivo para la reputación de los cantantes, ¿quién incurre una vez más en actitudes poco éticas?

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Crimen sin castigo

Y aunque nos moleste admitirlo, hay que reconocer una verdad: ¡El autor intelectual de la masacre se salió con la suya! ¡Aunque fuese al costo de cuatro vidas cubanas inocentes!

A menudo resulta curioso el origen de las fechas históricas. El día en que se proclamó la independencia de nuestro vecino México, por ejemplo, fue determinado por el descubrimiento de la conspiración. Al saber que el secreto era ya conocido por los colonialistas, el líder militar patriota, Ignacio Allende, comentó: “¡Tenemos que huir!”. Un cura, don Miguel Hidalgo, replicó: “¡Lo que tenemos que hacer es alzarnos!”. Fue de ese modo que el 16 de septiembre, Grito de Dolores, devino símbolo de la independencia mexicana.

Según cuenta la historia, en Cuba la fecha del 24 de febrero fue escogida por tratarse de un domingo de carnaval. El jolgorio popular constituiría un buen pretexto para el movimiento de grupos de jinetes por poblados y caminos. Esto, a su vez, serviría para enmascarar desplazamientos que, en realidad, tenían carácter bélico, pero aparentaban ser pacíficas actividades fiesteras.

Sin embargo, una vez que la data entra en la historia, no resulta raro que admiradores y descendientes la escojan para la realización de nuevos acontecimientos, destinados a coincidir, en día y mes, con el otro, más importante, que les sirve de antecedente.

El pasado martes, la Televisión Cubana hizo un recuento de sucesos de la historia cubana que, no por casualidad, han tenido lugar un 24 de febrero: En 1899 entra en La Habana el generalísimo Máximo Gómez al frente del Ejército Libertador; en 1905 es develada en el Parque Central capitalino la icónica estatua de José Martí; en la segunda década del Siglo XX (no recuerdo el año) llegan de los restos del Apóstol al cementerio de Santa Ifigenia, en la segunda ciudad de la Isla.

El portal oficialista Cubahora hace un repaso similar, pero, fiel a su orientación castrista, se empeña en mezclar sucesos significativos, como los señalados en el párrafo precedente, con otros que carecen de verdadera trascendencia histórica. Así, por ejemplo, menciona la publicación, el 24 de febrero de 1957, en el diario The New York Times, de la entrevista de Herbert Matthews a Fidel Castro.

Pero por supuesto que ni del Noticiero Estelar ni de Cubahora cabía esperar que rememoraran los sucesos que tuvieron lugar en nuestra Patria y en sus mares adyacentes ese mismo día, pero del año 1996. ¡Ha pasado ya un cuarto de siglo! ¿Quién lo diría!

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