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18/02/2020
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Columnistas invitados/Guest columnists

Señales, no soluciones

“Que no los traten como moneda de cambio”, dijo en televisión un familiar de los presos excarcelados. Lo mismo se puede decir de la autorización a La Prensa para que liberen el papel retenido por razones políticas, y la readmisión en la Universidad Nacional Agraria, de los estudiantes expulsados.

¿A qué se refiere la familia de un excarcelado, al decir que no sea moneda de cambio? Al hecho hiriente y doloroso, de apresar, violar la libertad de expresión, y conculcar la autonomía universitaria, para después excarcelar, autorizar y readmitir, como favor.

Preparando el capítulo de un libro que estaremos finalizando muy pronto, entre varios autores, sobre la crisis y las opciones de salida a la misma, he revisado con algún detalle las informaciones y análisis que antecedieron al estallido, hace casi dos años. El 4 de junio de 2016, año electoral, Ortega concluyó el proceso de “privatización” del FSLN, en un supuesto Congreso de esa organización: ese día, sin discusión y debate, se aprobaron cuatro resoluciones. Entre ellas, la candidatura de Ortega para su cuarta presidencia, y dicho sea de paso es el único candidato presidencial que esa organización ha tenido en su historia.

Las otras resoluciones, eran la autorización para que Ortega decidiera la candidatura a la Vicepresidencia y seleccionara a los candidatos a diputados. Obvio, seleccionó a su esposa, y con ella las candidaturas a la diputación. Y por si fuese poco, en su discurso de aceptación de la candidatura dijo que ya no habría observadores internacionales, a quienes llamó sinvergüenzas, y diez días después su Embajador ante la OEA, y actual Canciller, pidió la destitución de Almagro.

También concluyó el proceso de “privatización” de las elecciones nacionales. En cuestión de pocas semanas, la Corte Suprema de Justicia y Consejo Supremo Electoral despojaron a la oposición de toda personería jurídica, y cancelaron las diputaciones que Ortega le había reconocido, siempre como “favor”, a la Alianza PLI (Partido Liberal Independiente) en las elecciones de 2011.

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El costo humano del Castrismo

En Cuba se fusiló, se masacró en sitios inimaginables, no solo en campamentos militares o lugares previamente designados para tan macabra acción. Las ejecuciones tuvieron lugar en patios de escuelas, en curvas de carreteras, en parques, farallones de las sierras, en cementerios y patios de viviendas, en esa gestión fueron alumnos aventajados del nazismo y del estalinismo, los engendradores del totalitarismo cubano.

Matar para el régimen castrista fue una especie de acto de purificación porque la muerte de los otros le afianzaba en el poder, en consecuencia, cuando el pueblo cubano pueda acceder sin restricciones al conocimiento pleno de los trágicos sucesos con los que la dictadura dinástica de los hermanos Castro ha marcado al país,  de seguro quedara profundamente conmovido ante el costo humano a la nación del experimento revolucionario.

Conmoción que tendrá que sumar a las ya acumuladas  precarias condiciones de vida que padece, a la destrucción material del país y a los constantes  fracasos de todos los proyectos gubernamentales, a pesar del gran esfuerzo realizado por el sector de la población que creyó fervientemente en las promesas del Caudillo.

No pocos “compañeros” participaron en las depredaciones de la dictadura, pero son escasos los que tienen una visión integral del pasado sangriento,  ya que el control ejercido sobre la información ha sido muy estricto  a la vez que ha estado fundamentado sistemáticamente en una campaña de intimidación de la que se requiere mucha entereza para sustraerse.

Esa puede ser una de las causas por las que más de un victimario cree ciegamente que los abusos fueron aislados y los crímenes inexistentes, tal y como muchos respetables ciudadanos alemanes negaron frenéticamente  el Holocausto.

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REPÚBLICA DOMINICANA: USO DE LAS REDES SOCIALES

Dicho desde este espacio en mas de una oportunidad, las redes sociales constituyen el más amplio y acabado exponente de la libertad de expresión puesta al alcance de todos los ciudadanos para que puedan emitir sus opiniones sobre los temas que más directamente le atañen, suscribir críticas y hacer propuestas.

Ha sido a través de las redes que hechos punibles, tanto acciones delictivas como abusos de autoridad, incluyendo el testimonio visual e irrebatible de las tan abusadas y frecuentes “ejecuciones extrajudiciales”, que no encuentran  justificación ni siquiera en los casos en que la hoja de vida de las víctimas muestra un amplio listado delictivo.  Son hechos que, de no haberse puesto al descubierto por usuarios alertados, habrían pasado inadvertidos y arropados de impunidad.

Pero no siempre ocurre así.  Lamentablemente resulta muy tenue y fácil de trasponer la línea que separa la libertad del libertinaje.  Esta es la otra cara, la fea y negativa, de las redes sociales, cuando elementos desaprensivos, alienados mentales en unos casos, enajenados morales las más de las veces hacen uso irresponsable de tan importante herramienta de ejercicio democrático.

Es cuando se usa la misma para insultar, calumniar, manchar reputaciones, lanzar acusaciones a vuelo sin la menor prueba de aval, sembrar discordia, mentir sin el menor recato, servir intereses espurios, convertirse en bocinas y cajas de resonancia contratadas y pagadas de campañas difamatorias.   Pero además, para difundir las llamadas “fake news”, las noticias falsas.

El riesgo que estas entrañan, que tal como resalta Adriano Miguel Tejada, en su Antes Meridiano de este día en Diario Libre, pudiera llegar al punto de generar consecuencias catastróficas, al censurar con sobrada razón el hecho de que elementos desaprensivos, en forma culpablemente irresponsable, estén difundiendo la falsa versión de que en el país hay casos de coronavirus que son ocultados al público por las autoridades sanitarias.

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Confidencial: Gioconda Belli - ¿La golondrina hizo el verano?

Hago una referencia al dicho: “una golondrina no hace verano” para expresar mi valoración de mi incorporación a la Alianza Cívica. Yo era una más, pensé. En estos días, sin embargo, me ha sorprendido percatarme de que sí puede ser que una golondrina afecte más de lo que pensaba, a juzgar por la caudalosa reacción pro y contra en las redes sociales.

Las redes sociales son, sin duda, un espacio relativamente novedoso que permite que quienes no cuentan con un medio de difusión puedan difundir sus ideas e inquietudes. Como persona que actúa en público, ya sea como escritora o como política, no estoy exenta del debate de ideas como cualquier ciudadano o de que se me contradiga. Así funciona la democracia. Y es una suerte que tengamos, al menos en esos espacios, la libertad de expresarnos.

Pero también siento que las mismas redes son un arma de doble filo. He visto acusaciones que pueden entrar dentro del terreno de la posverdad, acusaciones falsas, extractos de entrevistas donde se sacan de contexto frases para probar lo que quien viera la entrevista completa entendería de una manera muy diferente. Se ha atacado mi honestidad, mi sexualidad, mi pasado, y quienes así lo han hecho, han tenido poco interés por un presente que dura ya treinta años, en que he rectificado y hecho críticas y he escrito libros y dado entrevistas sobre la problemática y errores de la revolución sandinista y el producto que quedó de ella por desgracia, y que es la dictadura Ortega Murillo que sufrimos hoy.

Soy lo que soy y he sido. Me hago responsable de mis errores y mis aciertos.

Ciertamente que entiendo el resentimiento contra el sandinismo. Como ha dicho Edgard Tijerino, somos una generación que falló en conducir a Nicaragua a la libertad que se había ganado a sangre y fuego después de la dictadura somocista. Llegamos al triunfo con conceptos de izquierda equivocados. Viniendo de 45 años de dictadura, era fácil descartar la democracia para quienes no pensaban como nosotros y decir que construíamos una democracia “popular” para ese pueblo al que le estaba negada, no sólo la democracia, sino la libertad y los derechos humanos. Error muy común en las izquierdas, desafortunadamente, y que ha dado dictaduras iguales o peores a las que se quería descartar. Cuba y Venezuela nos acompañan en esa desgracia.

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¿Habrá aprendido la humanidad las dimensiones del holocausto?

Europa, el viejo continente, cuna de la civilización occidental, cuyo legado se ha desparramado durante milenios a todos los rincones del planeta, al punto de que en el siglo XXI ha perfeccionado el acuerdo de integración cualitativa de mayor desarrollo universal plasmado en la Unión Europea; ha sido igualmente, a lo largo de centurias y específicamente en el siglo XX, un territorio de extrema crueldad como ninguna otra civilización conoció, escenario de innumerables masacres en las que perdieran la vida cifras cercanas al centenar de millones de seres humanos a causa de la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Uno se pregunta: ¿habrá conciencia de lo sucedido en el holocausto? ¿Fue suficiente el horror sufrido por el pueblo judío con más de 6.000.000 de seres humanos exterminados? Cuando el Ejército Rojo entró en enero de 1945 a la fábrica de la muerte llamada Auschwitz, conoció las cifras letales: 1.200.000 personas habían sido asesinadas, de las cuales 90% era judía y de los 200.000 niños que ingresaron a ese campo, solo sobrevivieron para contarlo 230.

Ante esa carnicería el género humano fue capaz de sobrevivir en diferentes circunstancias y resultados, además de lograrse el objetivo general de derrotar al nazismo. En el Occidente europeo se operó la reconstrucción de la vida política y económica a partir del Plan Marshall y la restauración de la democracia como sistema político; entre tanto, en el Este una sombra tenebrosa se extendió desde 1945 hasta 1989 con la imposición de dictaduras tenebrosas al amparo de la URSS, barridas ese año con la caída del Muro de Berlín. Esa fue la razón por la que Polonia actualmente rechazó los bombos y platillos de Putin, al señalar justamente el primer ministro polaco: «Sí, es verdad, nos liberaron; pero luego nos ocuparon».

Otro resultado que debemos destacar sobre el Holocausto fue la capacidad de sobrevivencia del pueblo judío. A pesar de estar diezmado logró constituir el Estado de Israel bajo resolución de las Naciones Unidas en 1949, cuya tarea pendiente por resolver es la integración del pueblo palestino en una sola nación, tal como fue propuesto en los Acuerdos de Oslo en 1993, firmados por Yasser Arafat, líder de la OLP, e Isaac Rabin, primer ministro israelí y recientemente por Donald Trump en su Plan Visión de Paz propuesto a Israel y Palestina.

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