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20/10/2021
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Columnistas invitados/Guest columnists

SENDERO LUMINOSO Y EL MAOISMO EN AMERICA LATINA

La muerte de Abimael Guzmán alias Camarada Gonzalo cierra un capítulo y abre otro en la historia del Perú, como uno de los episodios más tenebrosos del terrorismo en América Latina, cuyos resultados funestos derivaron en la muerte de más de 70.000 personas y de una cantidad similar de desaparecidos. Así también se debe agregar que en ese genocidio el movimiento Sendero Luminoso actuó conjuntamente con el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) dirigido por Víctor Polay quien se mantiene aún en prisión en el Perú.

En sus delirios criminales Guzmán, otrora profesor de filosofía en la Universidad San Cristóbal de Huamanga, pretendió convertir a Perú en una réplica de la Revolución Cultural (1960), que promovida por Mao Tse Dong conllevó al exterminio de más de 30 millones de campesinos en la China Comunista.

El maoísmo se extendió a nivel global y específicamente en América Latina a partir de la división del movimiento comunista mundial, que conllevó bajo la orientación china a conformar partidos comunistas marxistas leninistas (PCML), para diferenciarlos de los partidos comunistas controlados por la órbita soviética. A decir de Mao, la URSS fue calificada como socialimperialismo y junto a los imperialismos capitalistas como tigres de papel.

En el caso del Perú fue el país de América Latina donde el maoísmo tuvo mayor arraigo, quizás por los vientos del Océano Pacifico y por el misticismo incaico, devino en terreno fértil para cultivar leyendas del género épico maoísta, adjudicándole al cavernario de Arequipa, el rango de cuarta espada del comunismo universal junto a Marx, Stalin y Mao.

Con ese bagaje teórico distorsionado el “camarada Gonzalo” desató una orgía del terror desde mediados de la década del 70 hasta finales del siglo XX, cuando derrotado militarmente por el presidente Alberto Fujimori, terminó en 1992 en las mazmorras de la prisión del Callao hasta su reciente fallecimiento en septiembre 2021.

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Entre sueños y pesadillas.

Mis abismos internos son complicados. Hay allí mucha luz, una luz que se entrelaza no sólo con la bondad que me habita sino también con el deseo profundo de que esa bondad luminosa se expanda, se desborde en miradas, sonrisas, palabras, escuchas, gestos solidarios…, y alcance así la vida de otros cual abundante bendición. Y desde mi esfuerzo presente, miro al infinito y sueño, sueño con el contagio de la luz y del bien, sueño con una tierra de miradas limpias, manos que levantan y brazos que sostienen y abrazan.

Pero en mis abismos no todo es luz, en mis profundidades hay también oscuridad, hecha de amarguras, heridas y decepciones; tinieblas alimentadas por frustraciones, rencores y odios, y por el miedo; mucha de mi oscuridad nace de mis miedos. Y descubro que no sólo tengo sueños sino, también, pesadillas.

Y me ocurre algo curioso. Cuando miro mis sueños, los siento míos, y me enorgullezco de que algo tan hermoso sea propio. Pero no ocurre así con mis pesadillas. De mis pesadillas me avergüenzo, y las rechazo, y el modo de rechazarlas es culpar a otros de mis oscuridades. No me atrevo a decirme que soy responsable de mis miedos, de mis frustraciones, de mis cóleras profundas, y por eso, desde el mar de mis amarguras, miro a los demás como culpables, y siento que mis pesadillas se alinean en posición de combate, dispuestas a cabalgar mis monstruos interiores, creyéndome que si se convierten en las pesadillas de otros yo me sentiré liberado y en paz.

Para desgracia de mis justificaciones, mis luces luchan con mis tinieblas, y en medio del fragor de mis rabias ciegas, son capaces de elevar su voz para decirme que, lo que me digo, yo sé que no es verdad, que no son los demás los culpables, que no se arreglarán las cosas proyectando mis violencias, y que en el fondo, tengo miedo, tengo mucho miedo a levantar la cabeza, encarar las órdenes de mis temores y decirles: “No”.

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Castro y Maradona, al vertedero.

El totalitarismo castrista le ha hecho creer a los cubanos que Fidel Castro, la Revolución y como derivado, Cuba, han estado siempre en el foco de la atención mundial y que la admiración que generan es ilimitada. El castrismo, contradictoriamente, siempre incentivó el tradicional chauvinismo de los cubanos, los venezolanos dirían, “de creerse la última Pepsi Cola del desierto”, y su contraparte el internacionalismo.

La propaganda oficial, única existente, condujo a la mayoría de la población a conceptuar que ese éxtasis universal de parte de personalidades públicas a favor de la experiencia cubana era gratuito, desconociendo que en gran medida era consecuencia de un entramado de beneficios mutuos estructurado en base a entidades como el ICAP, Instituto de Amistad con los Pueblos, que conferían a sus elegidos, talentosos o no, reconocimientos y bendiciones oficiales como el permiso de salida del país otorgado por Fidel Castro a una menor, por ser amante de Diego Maradona.

De la influencia y capacidad de seducción y coerción de estas entidades gubernamentales castristas, no debemos olvidar el Premio Casa de Las Américas que compraba simpatías con premios y estancias interminables en playas como las de Varadero, así como del propio Fidel Castro, he escrito en más de una ocasión y creo prudente repetir una anécdota que he contado con anterioridad que viví en la Venezuela que destruyeron Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Mis amigos Balvino y Marta Navarro, dos cubanos particularmente solidarios que me recibieron a mi llegada a Valencia conocían a un dirigente deportivo venezolano en la disciplina de Arco y Flecha, este personaje que viajaría a Cuba para los Juegos Centroamericanos pidió reunirse con nosotros y nos habló de su disposición de llevar clandestinamente a Cuba cualquier cosa que contrariara al régimen, lo que hizo, y de traernos lo que le solicitáramos.

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Democracia latinoamericana y hondureña: comparación en tiempo de elecciones

El miércoles 6 de octubre, 2021 se dio a conocer por la Corporación Latinobarómetro los resultados correspondientes a la encuesta de 2020, publicado con el título de Informe 2021 (se puede conseguir la información en www.latinobarometro.org).

Se trata de una de las principales herramientas para conocer la posición de los ciudadanos de los países de América Latina sobre la democracia y otros temas políticos relevantes. En esta ocasión la encuesta se aplicó en 18 países, Honduras incluida, con posterioridad a la primera ola de la COVID-19.

El estudio tiene el mérito de haberse aplicado desde 1995 en adelante de manera sistemática. El período coexiste con una de las etapas más largas de estabilidad democrática en la región, si bien no ha estado exenta de problemas ni de regresiones autoritarias (Nicaragua) o pervivencia de algunas dictaduras (Venezuela y Cuba).

¿Qué nos muestra esta última encuesta? Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, resume así sus resultados: “la democracia en América Latina se mantiene sorprendentemente en el mismo nivel que en 2018, que fue el peor año para las democracias de la región, según nuestra encuesta. Por otro lado, la pandemia no tuvo efectos negativos sobre esta materia, lo cual es bastante llamativo considerando los efectos que tuvo en Latinoamérica la situación sanitaria”.

Es imposible en un artículo como éste se pueda comentar todo el Informe, por lo que haré dos entregas, sin agotar todo el Informe. En ésta primera, analizaré los resultados de la confianza que gozan en la sociedad hondureña y en la región latinoamericana 9 de las más importantes instituciones públicas y entidades privadas de su sistema democrático, que son: La iglesia, las fuerzas armadas, la policía, la institución electoral, el gobierno, el poder judicial, el congreso, los partidos políticos, y en general, la confianza en las instituciones.

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De un “Partido de Poder” a las Cuatro Caras del Partido Comunista Cubano (PCC)

Prof. Jorge I. Domínguez Cualquier pensamiento acerca de un futuro partidario de Cuba debe examinar su Partido Comunista (est. 1965). La contienda por la oposición en Cuba ha estado notablemente limitada durante medio siglo. El político cubano más eficaz desde la oposición, capaz de reunir miles de firmas en una petición para una reforma política, Oswaldo Payá, murió en 1902. Ningún otro político cubano, partido, u organización política de la oposición ha sido capaz de movilizar a más de unos pocos cientos de adherentes. Levitsky, Loxton y Van Dyke (2016) indagan sobre el proceso de formación de un partido bajo un gobierno autoritario. Sin embargo, el régimen autoritario de Cuba – a diferencia del de Brasil de los sesenta hasta los ochenta o el de México durante setenta décadas – ha hecho que la construcción de un partido de oposición sea insegura e imposible.

Con ausencia de impugnación significativa, es probable que el Partido Comunista, bajo su propio nombre o uno diferente, sea un futuro “partido de poder” como en Rusia y China: donde la ideología puede debilitarse, las políticas y el nombre del partido pueden cambiar, pero los líderes del antiguo Partido Comunista se aferran al poder. Vladimir Putin en Rusia ejemplifica bien el establecimiento de tal partido. El Partido Comunista Ruso, como tal, está en la oposición a Putin, pero muchas de sus antiguas élites, exmiembros del otrora gobernante Partido Comunista – Putin entre ellos – se han unido en un nuevo “partido de poder”, sin importar los cambios en su nombre (Colton, 2007). Uno de los recursos políticos de Putin ha sido la restauración del orgullo de nación y del papel de Rusia en el mundo. La ideología por lo demás importa poco y sus políticas son pragmáticas. El Partido Comunista Chino es otro “partido de poder”, que ha cambiado políticas económicas dramáticamente y con éxito, transitando hacia un régimen político que ha traído prosperidad a muchos mediante su adopción de muchas características de la economía de mercado. Ha ganado apoyo nacionalista, ha obtenido un lugar destacado en la política y la economía mundial, y no ha dudado en reprimir a la oposición o a la sociedad civil (Friedman, 2008). China se caracteriza por su régimen político aún autoritario, aunque ya económicamente transformado. El régimen político en Rusia es más abierto, pero todavía es un régimen político semi autoritario con muchos menos logros económicos. En ambos casos, un “partido de poder” gobierna, y las expectativas electorales de la oposición son débiles.

El PCC ya se parece a un partido de poder, manteniendo unidas varias tendencias que promueven, o resisten a, cambios de políticas orientadas al mercado, buscan o repelen una reconciliación con los Estados Unidos, y acogen o evitan la liberalización de reglas sociales y políticas hacia los homosexuales. Como el Partido Comunista Chino contemporáneo, y el presidente Putin, los comunistas cubanos están orgullosos de haber desafiado a Estados Unidos y haber sostenido la soberanía cubana a pesar de la adversidad, haber jugado un papel mundial descomunal, haber sobrevivido al colapso de la Unión Soviética y los regímenes comunistas de Europa centro - oriental, haber construido un sentimiento de orgullo por ser cubano, y haber construido los medios para la cohesión social mediante variadas políticas sociales, incluyendo la reducción de las brechas Art.5 de la Constitución Cubanaraciales señaladas anteriormente. La Constitución de Cuba (Artículo 5) describe al PCC como la “vanguardia organizada de la nación cubana”. En 2013, Raúl Castro anunció que renunciaría como presidente de Cuba en 2018 y designó a Miguel Díaz Canel (nacido en 1960) como su primer vicepresidente y sucesor. Por lo tanto, el futuro a corto plazo más probable para el partido, todavía tratando de evitar una elección libremente competitiva, es su consolidación como un partido de poder desideologizado, promulgando nuevas reformas de mercado en búsqueda de prosperidad, y sosteniendo algunas iniciativas de liberalización política para apaciguar conflictos.

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