Menu
29/03/2020
A+ A A-

El impostor Evo Morales: De la Pachamama al narco-estado

El Impostor Evo MoralesEl Impostor Evo Moralespor Nicolás Márquez
Buenos Aires, Septiembre 2012
[ Pida su ejemplar escribiendo a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ]

Lejos del espejismo romántico que proyectaba años atrás el discurso del "primer presidente indígena de América", en los últimos tiempos la figura de Evo Morales es cada vez más controversial y alejada de los intereses indígenas, lo cual provoca la crítica a nivel internacional y el malestar de su pueblo.

Basta con recordar recientes reportajes como los escritos por Douglas Farah o Duda Teixeira (Veja), en los que se pusieron de relieve la judicialización contra opositores en el régimen evista y los presuntos vínculos de altos funcionarios con el narcotráfico.

Ahora una nueva obra del ensayista argentino NICOLÁS MÁRQUEZ encara la figura de EVO MORALES, el Presidente de Bolivia, con estilo de denuncia hecha con gran rigor investigativo y la reunión de una importante cantidad de documentación que respalda sus planteamientos, y en la que virtualmente desnuda al gobernante boliviano, mostrando las verdaderas intenciones de su Gobierno, cada vez más totalitario.

Es decir, MORALES, al igual que CHÁVEZ en Venezuela, ORTEGA en Nicaragua y lo que en su momento armó FIDEL CASTRO en Cuba, tiene su propia agenda de dictador.

"El impostor Evo Morales: de la Pachamama al Narco-Estado" intenta responder a preguntas como: ¿Qué hay detrás de tan repentina invocación amerindia en el país hermano? ¿Un súbito rescate de la ´coca sagrada' o un artificio propagandístico funcional al narcotráfico? ¿Se pretende rescatar una "tradición ancestral" o financiar una solapada revolución comunista con dinero ilegal? ¿Es Evo Morales el indio redentor de una causa postergada o el mestizo impostor de una estafa consumada?.

 

Apañado por el denominado "progresismo trasnacional", Morales supo escenificar en su país una colorida y exitosa campaña "originaria", consistente en remplazar la figura del guerrillero guevarista por la del cocalero como figura rural incomprendida y maltratada, reemplazando la proclama marxista por la indigenista y permutando el acento moscovita por el caraqueño. ¿Cómo se financia esta imaginativa mutación ambiental?, ¿acaso sustituyendo los rublos de la KGB por los narco-dólares de la cocaína?. Estas son algunas de las interrogantes que analiza Nicolás Márquez en esta obra.

 

El fragmento que sigue de la Introducción de Alberto Benegas Lynch aclara que:

"Así como durante gran parte del Siglo XX fueron los marxistas quienes abrazaron el determinismo histórico -entendiendo esto último como la certeza de que el marxismo se impondría en el mundo por el peso de los acontecimientos de manera inexorable-, tras la sonora implosión de la Unión Soviética, al quedar desairados todos estos vaticinios que prometían la instauración del socialismo de manera definitiva, no fueron pocos los que a partir de la debacle moscovita incurrieron también en una suerte de determinismo pero en sentido contrario. Es decir, muchos sostuvieron que la democracia capitalista sobrevendría de manera contundente y sin contrastes, anticipando incluso "el fin de la historia" parafraseando al célebre libro de Francis Fukuyama publicado en 1992 y el cual marcó una época.

Pero la historia siempre demuestra ser un argumento sin final. Pocos años después de su cataclismo la izquierda, muy lejos de extinguirse pudo hoy, en lo que a Latinoamérica concierne, recomponerse notablemente y el mapa de la región nos muestra una importante expansión de este neocomunismo que a diferencias del que prevaleció en el Siglo pasado, ya no tiene su Estado Mayor en Moscú sino en la Habana y Caracas. Este renovado marxismo si bien en esencia es el mismo de siempre, en su apariencia, discursos e instrumentos políticos presenta muchas particularidades y características que constituyen claramente una novedad y que lo diferencian de la versión que conocimos en los tiempos de la Guerra Fría.

Efectivamente, el neocomunismo actual (lo que el dictador venezolano Hugo Chávez denomina "socialismo del siglo XXI"), al contrario de su antecesor, tiene la característica de legitimar su poder político a través del sufragio. Luego, esta nueva versión de socialismo utiliza la democracia para imponer precisamente un sistema ajeno a la democracia, valiéndose de los votos para construir un despotismo y concentrar los poderes en la persona del caudillo "elegido", adecuando y desfigurando luego la estructura institucional republicana de poder y acomodándola a imagen y semejanza de las necesidades del novel tirano."

[ Texto completo de la Introducción ]