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Análisis Científico de la Encíclica "Laudato Si"

Ciclo de Conferencias de la
IV Semana Social Católica
7 de febrero de 2016
St. Raymond Church, Miami, FL

            Se me ha encomendado, al principio de esta IV Semana Social, organizada por la iglesia de St. John the Apostle y los Caballeros Católicos, presentar un “análisis científico” de la formidable encíclica Laudato Si, del Papa Francisco. No fui yo quien escogió el título de “análisis científico” y en cierto sentido me asusta dicho título, porque el Papa Francisco repite un quasi-estribillo a lo largo de la Encíclica al efecto de que,  dice él, “todo está relacionado”, frase que repite nueve veces. Y ese “todo” del que el Santo Padre habla, es muy difícil de analizar científicamente. Por definición metodológica el “análisis científico” tiende a separar una cosa de la otra, lo que en inglés se llama el “piecemeal approach” perdiéndose así la visión integral del todo. Por eso es que las soluciones técnicas y científicas, nos va a decir también el Papa, a la larga nunca podrán ser soluciones definitivas. Porque no ven “la realidad misma de lo que tienen delante”(#106). Y sin embargo el Papa va a emplear y citar numerosos datos científicos y técnicos en la Encíclica, sobre todo en la primera parte, datos que él  antepone a las ideas más filosóficas y teológicas de la Carta. Y justifica esta anteposición, dice él en el #17, para no caer en lo abstracto de reflexiones filosóficas y teológicas repetidas en el aire, como quien dice.  Quiere hablar “a partir de una confrontación con el contexto actual”, o dicho en lenguaje coloquial al estilo del Papa, quiere “poner los pies en la tierra”. De aquí que su primera exposición sea “brevemente considerar lo que le está pasando a nuestra casa común”. Y ello lo va a hacer, desde luego usando los términos de la contaminación y el cambio climático, del calentamiento global, de los gases de invernadero, el anhídrido carbónico y el metano, la acidificación del suelo, los residuos tóxicos y radioactivos, etc., etc.

            Es aquí, en la explicación de estos términos técnicos y de los procesos que con ellos se describen ya sea por ocurrencia natural o por la intervención del hombre, en lo que me concentraré sobre todo al principio de esta exposición. Pero después no podré resistir la tentación de referirme también a ciertos aspectos filosóficos de la Encíclica que, sin invadir el terreno del enfoque teológico que nos dará el Dr. Sixto García después, le preparará, como quien dice, el camino a su presentación.  Y es que no se puede saltar de lo científico a lo teológico sin pasar por la filosofía, y muy especialmente en este caso por la “filosofía de la naturaleza”. El propio Papa dice en el #63 que “la Iglesia Católica está abierta al diálogo con el pensamiento filosófico, y eso le permite producir diversas síntesis entre la fe y la razón”.

            Pues bien comencemos con los detalles científicos

Explicación de algunos aspectos científicos contenidos en la encíclica Laudato Si y respuesta a ciertas objeciones que se le hacen.

El Papa describe los problemas ambientales desde los números 17 al 60, que es prácticamente todo el primer capítulo de LS. Poniendo “el parche antes de que salga el grano” voy a citar las palabras que el Papa pone al final de su descripción, justo en el #61. Ahí dice: que “sobre muchas cuestiones concretas la Iglesia no tiene por qué proponer una palabra definitiva y entiende que debe escuchar y promover el debate honesto entre los científicos, respetando la diversidad de opiniones” O sea, nada de lo que ha dicho anteriormente entre esos números 17 al 60 es “dogma de Fe”, por favor. Para nada el Papa pretende “pontificar” en cuestiones técnico-científicas, en un campo donde los propios científicos a veces tampoco se atreven a “pontificar”. Asi lo dice en el #188, o sea mucho después, porque dice “hay discusiones sobre cuestiones relacionadas con el ambiente donde es difícil alcanzar consensos”.  Habiendo mencionado estas palabras, a modo de cautela, o de “disclaimer”como dirían en inglés, veamos el primer punto que es quizás uno de los más controversiales:

El calentamiento global y el cambio climático.

Aun antes de tocar este punto, cosa que hará  en el #23, el Papa recorre en los números 20, 21 y 22 otros problemas ambientales menos cuestionables, más evidentes, como la contaminación de la atmósfera, por el humo de las industrias y del transporte, la acidificación del suelo y del agua, la contaminación debida a los fertilizantes, fungicidas, insecticidas, los millones de toneladas de residuos por año de origen domiciliario (léase basura), los residuos clínicos, industriales, algunos altamente tóxicos y hasta radioactivos.

            Este último, el Papa no lo dice, para mí es un tremendo dolor de cabeza, pues los residuos de plantas nucleares suelen tener una duración, o vida media, de miles de millones de años. Después que cumplen su función de calentamiento en los reactores, en el que se gasta solo el 5% del uranio purificado, en EEUU hay que enterrar el 95% restante, primero bajo agua y después bajo tierra hasta que pasen esos millones de años. O sea hasta siempre. Curiosamente en Europa los residuos nucleares se pueden reciclar, pero en EEUU no, por temor a que se usen para fabricar bombas de Plutonio, en los llamados “breeder reactors”.

            Otros ejemplos de contaminación, que el Papa solo menciona genéricamente, son el caso de los insecticidas, que han acabado con muchas abejas y el de la extracción del oro con cianuro que ha contaminado aguas y matado peces. Me explico.

Las abejas.

Resulta que la EPA, the Environmental Protection Act, a pesar de su función esencial de proteger el ambiente, aprobó en 2003 el uso de un pesticida, el Clotianidin, para proteger de ciertas plagas al maíz y la canola. Después en 2006 aprobaron el Sulfoxaflor para proteger las frutas, los vegetales, la soya y la cebada. Pero ¿qué pasó? que dichos pesticidas empezaron a matar a las abejas, de tal modo que desde el 2006 al presente y solo en EEUU se han perdido 10 millones de colmenas.  Esto desde luego, ha arruinado a muchos pequeños apicultores, que vivían de la venta de la miel que estos maravillosos insectos producen. Se calcula en $2 billones de pesos la pérdida. Pero esto no es todo: como recordarán las abejas no solo fabrican miel sino que polinizan las flores, o sea que al libar el néctar de las flores arrastran el polen en su cuerpo y lo pasan de los órganos masculinos a los femeninos de la flor. Eliminadas las abejas se elimina también la polinización y por tanto, decae el rendimiento de los frutos vegetales. Así disminuye el número de especies, y disminuye también la alimentación de los animales herbívoros que necesitan esas especies. En fin se reduce la biodiversidad. Es una reacción en cadena de calamidades una tras otra, porque, como dice el Papa, “todo está relacionado”, y porque la tecnociencia, al no ver ese todo relacionado trata de solucionar el problema de solo una parte (eliminar plagas) para después crear otro problema más grave, la matanza de abejas.

             El grupo Greenpeace en España, consciente de todos estos problemas, estima que el 84% de 264 cultivos distintos dependen de la polinización por abejas, lo cual importa un valor económico de 265,000 millones de euros en todo el mundo. Greenpeace se opone radicalmente, por tanto, al uso de pesticidas en la agricultura.

            Pero satánicamente, no puedo usar otra palabra, hay compañías que quieren “sobre-explotar” las abejas, alterando el ciclo natural de los enjambres y maltratando a las abejas para que rindan más. Por ejemplo, les cortan las alas a la reina; reducen la ventilación de la colmena para que las abejas estresadas por el calor produzcan más; incluso usan manipulación genética, y hasta excitantes sintéticos. Aquí está ciertamente el clamor de la tierra herida, de que habla el Papa en el #49.

El cianuro, el agua potable y los peces.

            Hace poco, en mi programa de Ciencia y Fe que se transmite por Radio Paz todos los miércoles a las 8:30 am, después de la “sono-Biblia”, Jorge Díaz, el productor, y yo hablábamos del problema del cianuro en la extracción del oro en las minas. El estaba consternado de pensar que el Cianuro, que produce un gas venenoso cuando se acidifica, se usara para tal proceso. Y yo le dije: “Jorge, cuando hay dinero por el medio, todo se puede” Por ejemplo, hay compañías mineras que van a un país extranjero, extraen el metal precioso, desgracian el ambiente y se van. Y es el gobierno del país, es decir los contribuyentes, los que tienen que pagar los daños o sufrir las consecuencias. Un caso típico fue el que ocurrió en Idaho, EEUU, en que una compañía canadiense, la Hecla Mining Company, contaminó, en 1997, las aguas superficiales y hasta las subterráneas, cosa que dañó los acuíferos del lugar, impidiendo el suministro de agua potable a la población.  En muchos casos estas compañías se declaran en bancarrota y es el gobierno estatal el que tiene que reparar los daños.

¿Por qué usan el cianuro?

            Bueno, el proceso consiste en pulverizar la roca o ganga que tiene el oro, haciéndole huecos con taladros, y dinamitándolas. Esto se puede hacer en minas hasta de un kilómetro de profundidad, pero incluso en algunos lugares ya lo están haciendo a cielo abierto. Después las hacen polvo en grandes molinos y lo mezclan todo con una solución al 0.01% de agua con cianuro, lejía, bórax, etc. Estos últimos ingredientes son alcalinos, y se usan para evitar precisamente que el ácido cianhídrico, o sea el gas venenoso, se pueda desprender  Se forma así un complejo metálico de oro con oxígeno y cianuro. Esa mezcla se calienta a una temperatura de 1600 grados centígrados, lo que hace que todas las sustancias extrañas que no son oro se separan del oro que al enfriarse en unos moldes forma unos lingotes pesados. La mezcla se lleva a grandes tanques de agua, donde el oro se separa por gravedad. Y finalmente todo se lava con miles de galones de agua que se vierten fuera de la mina o en diques especiales. El problema está en que esos diques o se pueden salir o incluso pueden colapsarse, vertiendo así toda el agua con cianuro a la tierra o incluso a los ríos. En varios países ha ocurrido este tipo de accidente.  Por ejemplo en EEUU han ocurrido en Colorado, Nevada, Dakota del Sur y Carolina del Sur. Y fuera de EEUU en España, Sudáfrica, la Guyana y Nueva Guinea.  Millones de peces han muerto, alterándose así la cadena alimentaria, como dice el Papa en el #24.

    Quizás el accidente más grande de este tipo fue el que ocurrió en el año 2000 en Rumanía, en un lugar llamado Baia Mare, donde el dique roto lanzó más de 100,000 metros cúbicos de lodos con metales pesados y aguas residuales con una concentración de 126 miligramos de cianuro por litro, que es 700 veces más de lo establecido por los códigos reguladores. La contaminación llegó por las aguas del rio Danubio hasta Serbia y Bulgaria, dejando a dos millones de personas sin agua potable.

            Jorge me decía, muy atinadamente que el agua que se usaba para el lavado en la minería, que llega a varios millones de litros por año en todo el mundo, compite con el agua que se necesita para la agricultura, y no solo para la agricultura, le digo yo,  sino que también compite con el simple consumo del agua potable que se necesita para que todos los hombres y mujeres del planeta puedan sobrevivir. Esta es la gran preocupación que el Papa manifiesta en los números 27 al 31 de LS sobre la “Cuestión del Agua” como él la llama.

            El Papa vuelve a reiterar aquí el problema endémico del consumismo, con el hábito de “gastar y tirar”, que rebasa, dice él,  “ciertos límites máximos de explotación del planeta, sin que hayamos resulto el problema de la pobreza”.  Ven ustedes como en esta línea, del #27, el Papa no puede hablar solamente de los problemas físicos y técnicos sin traer siempre a colación el daño que los abusos causan a los más pobres. Y establece un principio de moral social: “el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas”. No es mi culpa que tenga que referirme aquí a ese derecho universal, consecuencia del destino universal de todos los bienes creados del que Sixto García nos hablará después. Es que el Papa Francisco habla siempre relacionándolo todo con todo. Con respecto a las abejas nos habló del clamor de la tierra herida. Ahora con respecto al agua vital nos habla del clamor de los pobres.  Ambos clamores, obviamente estan relacionados, porque… todo está relacionado con todo.

            Pero me quiero detener un momento para considerar una crítica que el señor Steven Mosher hace de Laudato Si, en un artículo titulado “Do the Pope and I live in the same planet?” Crítica que nos hiere porque Mosher es un buen católico presidente del Population Research Institute, que se opone al control de la población. Dice Mosher que Laudato Si es un “bochorno”, un “embarrasment desde el punto de vista científico. Ataca, en concreto, al Papa cuando dice en el #29 que “Un problema particularmente serio es el de la calidad del agua disponible para los pobres…”  Y Mosher deja ahí la cita. Se asesora entonces Mosher del MMG (Millenium Development Goal) en cuyo reporte de 2014 dice que “El acceso a una mejor fuente agua potable se hizo realidad para 2.3 billones de personas” en los últimos 20 años, y que la ONU se regocija de que su meta de “reducir a la mitad las personas que no tienen acceso a una mejor agua potable se logró en 2010, cinco años antes de lo planeado.”

            Y le respondo a Mosher preguntándole: si 2.3 billones de persona son la mitad de los beneficiados, ¿Qué pasa con los otros 2.3 billones? ¿Tendrán que seguir bebiendo agua podrida? ¿Tendrán que seguir caminando millas y millas para llenar un cubo de agua potable? ¿Tendrán que seguir muriendo de las enfermedades “que provoca muchas muertes todos los días” como dice el Papa en la cita que Mosher citó solo a medias? Mas aún, me tomé el trabajo de consultar con el citado reporte del MMG y, efectivamente, leo lo que escribió Mosher. Pero también leo cosas que Mosher ignoró:

            “Forests are a safety net for the poor, but they continue to disappear at an alarming rate.” Y también leo que:

            “Between 1990 and 2012, global emissions of carbon dioxide increased by over 50 percent.”

            Como vemos, la crítica de Mosher parece ser el resultado de un prejuicio anti-Papa, tildándolo de que “no está entrenado en ciencias naturales” y que los asesores que usó son “alarmistas que no estarán contentos hasta que volvamos a la edad de las cavernas”

            Lo que sí es alarmante es que esta actitud crítica de un Católico la hemos visto muy generalizada entre otros católicos, compañeros nuestros inclusive, y que tildan al Papa de izquierdista, comunista, anti-capitalista, Obamista, y varios “istas” más.

            Y uno de los puntos en que quieren ver este izquierdismo político del Papa es precisamente en la cuestión del calentamiento global. Todos los políticos demócratas en EEUU dicen que dicho calentamiento, (que nadie puede negar, porque es un dato científico), es antropogénico, es decir, causado por el hombre desde la Revolución Industrial. Los Republicanos en cambio, niegan sistemáticamente que el hombre sea la causa. ¿Qué debemos pensar en todo esto?

 El debate sobre el calentamiento global

Al plantearnos esta cuestión hoy día, Febrero de 2016 tenemos una ventaja que no la teníamos antes, en el 2015, y es que ya en Diciembre pasado se celebró la Cumbre sobre el Clima en Paris, donde finalmente las 195 naciones del mundo se pusieron de acuerdo. Nadie duda que ha habido históricamente un aumento de temperatura de cerca de un grado centígrado en los últimos dos siglos del planeta. Tampoco se duda de que la causa se debe a la emisión de gases de invernadero, principalmente del anhídrido carbónico, el CO2, debido a la actividad humana, a partir sobre todo de la Revolución Industrial, por concepto de la locomoción (automóviles, aviones) y de los procesos industriales. En menor cuantía también los países pobres han contribuído al aumento del CO2 al quemar maderas y bosques para cocinar.  Con respecto al futuro la Cumbre de Paris decidió que cada nación tome las medidas necesarias para limitar el aumento global de temperatura en el siglo 21 a no más de 1.5 grados Centígrados.

Pero en ciencia nunca se puede decir que hemos llegado a la verdad absoluta. Las conclusiones de hoy pueden ser refutadas por los experimentos del mañana, sobre todo en un tópico tan complejo como es el clima global donde, pudiéramos decir entran todos los factores de la naturaleza inanimada (la tierra, el sol, la Luna, el cosmos etc), más los factores de la naturaleza animada, (plantas y animales, bacterias y microbios), y por supuesto la acción civilizadora del animal racional que es el ser humano.  No habría tiempo aquí de presentar todas las facetas y opiniones y teorías y modelos sobre el cambio climático . El Papa mismo en el #23 menciona otros posibles factores que pueden influir en el clima global además de la actividad humana.

Menciona los volcanes que sabemos que emiten gas carbónico en sus erupciones. Menciona las variaciones de la órbita y del eje de la Tierra, y hasta el ciclo solar de 11 años. Pero en definitiva opta por lo que la mayoría (un 97%) de los científicos del mundo piensan.

Parte filosófica

Aligerando, pues, el paso, vamos a los aspectos filosóficos que les anuncié al principio y brincando todo el capítulo dos, que es más bien teológico, aterrizo en el Capítulo 3 que trata de la Raíz Humana de las crisis ecológica, o sea las causas del problema.

#101  “Hay un modo de entender la vida y la acción humana”, comienza diciendo el Papa, “que se ha desviado y que contradice la realidad hasta dañarla”.  Al leer esto me pregunto, ¿de qué desviación habla el Papa aquí?  Pudiéramos adivinar que está hablando del pecado, o sea de la desviación moral que ignora a Dios. Pero aunque esto puede ser verdad, a considerar en otras partes de la encíclica, de momento el Papa va por otro camino en su pensamiento, un camino que se me antoja que es el de la filosofía de la naturaleza de Aristóteles y Sto. Tomás de Aquino aunque él no lo dice. Veamos

#102 y 103 En estos párrafos el Papa hace un impresionante elogio de la ciencia y la tecnología, enumerando los inmensos avances que hemos heredado en los últimos dos siglos y que por ser conocidos de todos nosotros no tengo que enumerarlos aquí. El problema viene en el #104 que leo íntegramente.

#104 “Pero no podemos ignorar”, dice el Papa, “que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido nos dan un tremendo poder. Mejor dicho, dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero. Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien, sobre todo si se considera el modo como lo está haciendo. Basta recordar las bombas atómicas lanzadas en pleno siglo XX, como el gran despliegue tecnológico ostentado por el nazismo, por el comunismo y por otros regímenes totalitarios al servicio de la matanza de millones de personas, sin olvidar que hoy la guerra posee un instrumental cada vez más mortífero. ¿En manos de quiénes está y puede llegar a estar tanto poder? Es tremendamente riesgoso que resida en una pequeña parte de la humanidad.”

            Como vemos, la palabra clave aquí es el poder y el poder mal usado. El Papa corrobora esta idea citando al sacerdote italiano alemán, Romano Guardini  que desmiente “que todo incremento del poder constituya sin más un progreso de seguridad, de utilidad, de bienestar, de energía vital”,”como si la realidad, el bien y la verdad” agrega el Papa, ”brotaran espontáneamente del mismo poder tecnológico y económico”.

Lo que ocurre es todo lo contrario digo yo. Porque recuerdo la famosa frase de Lord Acton:      “El poder corrompe. Y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Esta frase la leí por primera vez hace 50 años en un libro de un filósofo católico americano Vincent Edward Smith. Comenzaba diciendo: “Where men do not live by love, they will die by power” (…..) Porque el poder inspira miedo, y el miedo es lo contrario del amor. Por eso una bomba atómica en manos de un San Francisco de Asís, dice Smith, causaría menos miedo que una simple pistola en manos de un bandolero. Porque el poder sin control moral es totalmente impredecible, indiferente, puede hacer cualquier cosa, y de ahí el miedo que inspira. Presagiando las palabras del Papa Smith había dicho: Nunca como antes el hombre ha tenido tanto poder como ahora. Y nunca su amor ha sido tan raquítico como ahora.  El hombre moderno, sigue diciendo Smith quiere controlarlo todo, menos a sí mismo.   Y el Papa dice en el #105 que el hombre “está desnudo y expuesto frente a su propio poder, que sigue creciendo, sin tener los elementos para controlarlo…[porque] le falta una ética sólida, una cultura y una espiritualidad que realmente lo limiten y lo contengan en una lúcida abnegación”.

Pero hay más todavía. Viene la Sección II del 3er capítulo titulada:

                        GLOBALIZACIÓN DEL PARADIGMA TECNOCRÁTICO.

 Al pasar a ella, en el #106 el Papa dice:

#106 El problema fundamental es otro más profundo todavía: el modo como la humanidad de hecho ha asumido la tecnología y su desarrollo junto con un paradigma homogéneo y unidimensional. En él se destaca un concepto del sujeto que progresivamente, en el proceso lógico-racional, abarca y así posee al objeto que se halla afuera. Ese sujeto se despliega en el establecimiento del método científico con su experimentación, que ya es explícitamente técnica de posesión, dominio y transformación. Es como si el sujeto se hallara frente a lo informe totalmente disponible para su manipulación   …[Por tanto] “ahora lo que interesa es extraer todo lo posible de las cosas por la imposición de la mano humana, que tiende a ignorar u olvidar la realidad misma de lo que tiene delante”…. “De aquí se pasa  fácilmente a la idea de un crecimiento infinito o ilimitado, que ha entusiasmado tanto a economistas, financistas y tecnólogos. Supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a “estrujarlo” hasta el límite y más allá del límite. Es el presupuesto falso de que ‘existe una cantidad ilimitada de energía y de recursos utilizables, que su regeneración inmediata es posible y que los efectos negativos de las manipulaciones de la naturaleza pueden ser fácilmente absorbidos’”

No se imaginan la cantidad de filosofía de la naturaleza que el Papa ha empaquetado en esos párrafos del 101 al 106. Lo que pasa es que no usa los conceptos tradicionales de “materia” y “forma” que son la base de esa filosofía. Permítanme intentar una explicación que parecerá dogmática, por la brevedad que el tiempo me impone.

Los seres naturales no son puramente materia. Tienen también, y sobre todo, eso que se llama “forma, que en el hombre es el alma racional, y en los animales y plantas es el principio vital, verdaderas almas animales y vegetales. Por eso un animal se llama así, del latín ánima, alma. El paradigma materialista, típico de la ciencia moderna, que empezó con Newton, solo ve materia en las cosas, cuya característica es ser puramente potencial, algo informe, una especie de nada, un quasi-nada como diría San Agustín cuando leyó en la Biblia que la tierra, al principio estaba “informe y vacía”. Por eso Newton saca la ley de la inercia: la piedra no se mueve por sí sola, a menos que alguien de afuera le de un puntapié. Todo es pura exterioridad. Esto contrasta con la filosofía natural de Sto tomás y Aristóteles en que todos los seres naturales, tienen un principio de acción interno, desde adentro, tendiendo a un fin que las perfecciona, y las hacen ser lo que son, cada vez más. Pero, el científico y el técnico ven solo lo inercial, es decir, lo indiferente, lo puramente potencial, donde radica precisamente el poder de la materia, (por ejemplo en la dinamita, o en el vapor de agua, o en los electrones, o en las bombas atómicas). Y esta materia prima es siempre amorfa, informe de por sí. De ahí las palabras del Papa de que el sujeto, es decir el científico o el técnico , se hallan frente a lo informe totalmente disponible para su manipulación. Esa es la pura materia informe de las cosas. Y eso es lo que busca el técnico para explotarla. Para eso tiene que ignorar u olvidar, como dice el Papa, “la realidad misma de lo que tiene delante”.

            Jacques Maritain,ese gran filósofo católico del siglo 20, uno de los pocos tomistas que se ha preocupado por la Filosofía de la Naturaleza, también utiliza el concepto de materia como una potencia puramente pasiva, carente de suyo de toda forma y como buscando voluptuosamente cualquier forma. De ahí viene, dice él, el mito del progreso necesario, que no es mas que la promiscuidad de la materia en adoptar cualquier forma y siempre una forma nueva. O sea, cambiar por cambiar, sin un verdadero progreso interno que perfeccione la “forma” de los seres. Se cree equivocadamente que lo nuevo, simplemente por ser nuevo tiene que ser mejor que lo viejo. He ahí el mito, muy popular en el siglo 19. De ahí sale el mito de que “existe una cantidad de energía y de recursos utilizables”, como dijo el Papa anteriormente, mito que ya criticó en el #60 y que dice en el #78 que hay que “terminar con el mito moderno del progreso material sin límites”.

            Finalmente, el Papa ve que el problema profundo está en que, no solo los técnicos y científicos, hayan adoptado un paradigma tecnocrático de una sola dimensión (la material) y homogéneo, o sea apabullando la diferencia de los seres y de la naturaleza, sino que este paradigma se ha globalizado hasta tal punto que “condiciona las vidas de las personas y el funcionamiento de la sociedad.” O sea, todos quieren seguir y aplicar la ”metodología y los objetivos de la tecnociencia”.  Esto es lo que se ha llamado cientificismo, aunque el Papa no usa este vocablo. Fue el filósofo Smith mencionado anteriormente, el que me quitó la venda de los ojos y me hizo comprender el peligro del cientificismo. Pretender usar el método científico en todos los campos humanos, dice él, es destruir la humanidad. ¿Cómo el método de los palitos y las piedras va a servir para entender al hombre? ¿Cómo el método que ha sido tan eficaz en desintegrar el átomo va a servir para integrar la sociedad? Locura de las locuras. Y sin embargo esa es la historia de occidente en los últimos dos siglos: Marx quiso llevar el método científico a la economía y la historia y ya vemos lo que pasó; Freud lo llevó a la psicología y ya vemos como destruyó el amor igualándolo al sexo; Comte lo llevó a la sociología y terminó en la locura de una ciencia convertida en religión, Dewey a la educación americana, y ya vemos como fracasa la sociedad, la moral y hasta la misma educación. Muy gráficamente dice Smith que criticar el cientificismo no es criticar la ciencia. Al contrario, es protegerla de múltiples abusos. Un martillo es bueno para martillar clavos, no para martillarse las manos.  Science yes; scientism no, le digo yo constantemente a mis alumnos.

            Y lo mismo podemos decir de la tecnología: tecnología sí; tecnologismo no. La causa profunda de esta idolatría, desde luego, es la del pecado original: querer ser como dioses. Redefinirlo todo: redefinir la familia, el sexo, la procreación, la realidad física, y bajo el demiurgo que es la tecnociencia matematizada prometer a la humanidad un progreso cada vez más glorioso, llegando al “homonovus”, al hombre nuevo que solo Cristo puede darnos.

            Pero bueno, me estoy metiendo ya en aguas teológicas y puede ser que, si no doy pie, me ahogue. Creo que es hora de que el teólogo nos hable.

** Profesor de Astronomía y Física en la Universidad Internacional de la Florida