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19/07/2019
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La Economía Social de Mercado (ESM) vista por un jurista cubano [ Primera Parte ]

Índice del artículo

I-                ANTECEDENTES Y CONTORNOS DEFINITORIOS.

“La economía social de mercado es un orden de competencia. La política en la economía social de mercado es política de ordenamiento, abre a las empresas espacios de libertad que fomentan el rendimiento y crea una amplia oferta de bienes y servicios para la población. Posibilita a cada persona involucrarse con responsabilidad propia en el mercado. Presupone un Estado capaz de actuar, que garantiza las condiciones de competencia. Forman parte de ellas la libertad profesional y contractual, la protección ante barreras de mercado y la protección ante el abuso de poder por empresas que dominan el mercado y facilita la transparencia del mercado.En la economía social de mercado la protección de la propiedad privada es la condición para que ésta sea útil para el bien común de las personas y así corresponder a su función social.”[2]

El hombre se desenvuelve en la comunidad. Quien se desliga de sus obligaciones ante su prójimo, no hace libre su vida, sino mezquina y solitaria. (…). El derecho garantiza la libertad protegiendo la dignidad personal del hombre. Norma la convivencia ordenada y pacífica de los hombres. Son admisibles las restricciones a la libertad en cuanto sean precisas para la preservación de la libertad. La realización de la libertad requiere de justicia social. Las condiciones bajo las cuales vive el hombre no deben obstaculizar la libertad. Cualquier persona debe tener la oportunidad de una vida auto determinada. Hay que respetar y proteger el rendimiento y la propiedad. Se han de garantizar los fundamentos materiales de la libertad.[3]

La expresión y contenido de la Economía Social de Mercado (soziale Marktwirtschaft) [4] es una racional y creativa fórmula alemana, que nace como slogan político en las primeras elecciones democráticas de la Alemania Occidental de postguerra (1949), integrándose a los esfuerzos de toda la sociedad por superar un reciente pasado nacionalsocialista, y empeñados en la reconstrucción de un país destruido y todavía ocupado por las fuerzas aliadas y vencedoras de la II Guerra Mundial. El programa de Ahlen, de 1947, todavía defendió un llamado "socialismo cristiano"; dos años más tarde, en el programa de Düsseldorf para las primeras elecciones federales, se propagó el slogan de la "economía social de mercado".La Alemania de postguerra – una vez desnazificada la estructura estatal y sus instituciones – quería identificar su propio camino y para ello, según la experiencia y conocimientos acumulados, debía alejarse tanto de los excesos planificadores del camino económico socialista, caracterizado por la más plena intervención estatal en todas las esferas de la sociedad, así como alejarse de los errores propios del liberalismo económico dadoel carácter disolvente de la autonomía del mercado, asentada en un Estado de Derecho.

De modo que lograr la síntesis de productividad y eficiencia económica, con pacificación social y responsabilidad individual dentro de reglas de juego y normas jurídicas estables y previsibles, fue la meta propuesta. Y para lo cual, los líderes y dirigentes alemanes de la Unión Demócrata Cristiana, [5]contaban con tres herramientas fundamentales:

(1) La síntesis del análisis crítico del pensamiento social, acumulado hasta la fecha [6][7].

(2) La experiencia histórica sociológica de la conformación de la nacionalidad del pueblo alemán [8][9][10].

(3) La Doctrina Social de la Iglesia y el pensamiento cristiano [11], expuesto en las Encíclicas papales.

La ESM tiene un antecedente intelectual y programático directo en el período de entreguerras [12], desarrollado en la Escuela de Friburgo por un grupo interdisciplinario de intelectuales alemanes, más conocido en la doctrina por el término ordoliberales.  La teorización de la ‘economía social de mercado’ como modelo sociopolítico, se ejecutó como parte de un ‘programa ejecutivo de gobierno demócrata cristiana’ en el cual quedó inserto los estudios de Alfred Müller–Armack, en especial en su obra Dirección Económica y Economía de Mercado, publicada en el año 1946. La economía social de mercado encontró sustancial sustento, además de la obra de Müller–Armack, en los integrantes de la escuela de Friburgo de Economía y Derecho, en especial: Walter Eucken reconocido como el padre intelectual del ordoliberalismo, Leonhard Miksch, Franz Böhm, Wilhelm Röpke, Alexander Rüstow y LudwigErhard, este último como representante de la escuela de Múnich y uno de sus principales promotores en los planos político y publicitario.

Un estudio de las biografías de los principales exponentes del ordoliberalismo[13], permite establecer una línea académica, que partiendo de Schumacker y de Franz Oppenheimer nos lleva a la dirección de las tesis de doctorado de Walter Eucken y Ludwig Erhard, respectivamente. Así mismo, existe una relación directa intelectual entre Oppenheimer y Wilhelm Röpke, y entre Schumacker, Werner Sombart y Max Weber; y de estos dos últimos a los trabajos de Alfred Müller–Armack. Toda esta relación biográfica de las experiencias personales que determina sobre las identidades individuales de los diversos autores, pone en evidencia la relación consanguínea de filiación intelectual entre el ordoliberalismo germano y la economía social de mercado como modelo económico y social de la postguerra. Y demuestra que a pesar de que existe una convergencia natural en sus postulados, los orígenes de la economía social de mercado no se circunscriben sólo a la Escuela de Derecho y Economía de Friburgo[14].

La tarea del Estado ordoliberal es, por tanto, la producción de un marco jurídico institucional regulador–framework– que permita desarrollar el principio de la competencia económica como mecanismo funcional a la ‘construcción y sostenibilidad’ de un proyecto de sociedad productivista e ‘inclusiva’, que incorpore el más amplio acceso de la masa de consumidores, tanto al mercado como a la información económica relevante, a partir de la definición de normas jurídicas que garanticen la mayor transparencia en el funcionamiento de los agentes económicos y la aplicación de las ‘reglas de la catalaxia’[15] al mecanismo de juego de precios del mercado. En esencia, el Estado ordoliberal que asume la ‘economía social de mercado’ como fórmula de transición, sería un estado económico cataláctico, pero con fines generales constructivamente ordenados. [16]

Adicionalmente, el Estado ordoliberal como institución fuerte, debe velar por la estabilidad financiera macroeconómica y garantizar el funcionamiento del mecanismo de formación de los precios, al mismo tiempo que promover la coordinación y la coherencia que debe regir entre la cooperación de las fuerzas sociales productivas y el principio de la competencia económica, equilibrio que debe regir sobre el sistema productivo en general. El cumplimiento de la legalidad y el mantenimiento del orden social, como expresiones del derecho público según el interés general y el bien común de la sociedad, deben conciliarse funcionalmente con el ideal del ejercicio de las libertades individuales, la esfera de la autonomía individual y la defensa de la propiedad privada, como manifestaciones del derecho privado contractual y su corolario de justicia conmutativa al interno de la sociedad, en tanto y en cuanto, sea funcional al ‘ordine propietario’[17]. En términos de Foucault se trataría del diseño de un ‘consenso permanente’ con capacidad para que la economía produzca signos políticos que permitan el funcionamiento y la justificación del Estado: “La economía produce legitimidad para su Estado que es su garante. (…). La economía es creadora de derecho público. (…). Génesis, genealogía permanente del Estado a partir de la institución económica.”[18]

El objetivo de la acción normativa del Estado ordoliberal no es una regulación radical, completa y exhaustiva de los comportamientos individuales, sino una acción conformativa post racionalista liberal [19]que se manifiesta de manera progresiva, evolutiva y sutil, capaz de filtrar ‘objetivamente’ los comportamientos subjetivos individuales para solucionar progresivamente las deficiencias de funcionamiento del mercado, que son prioritariamente centrales, en particular, a partir de la funcionalización de la libertad económica orientada, oportunamente, a la resocialización de la economía, y con ello, evitar ‘i fallimenti del mercato’ [20]. La justificación teórica y moral de tal instrumentalización de las libertades individuales, radica en el convencimiento ordoliberal de que el mercado es la vía más eficiente en la redistribución de las riquezas al interno de la sociedad, de modo que una aproximación desde el Análisis económico del derecho [21], considera que interactuando sobre el sistema jurídico institucional de la sociedad se modelan los comportamientos individuales para conformar un agregado social que se comporte racionalmente.

En palabras del mentor del modelo de la ‘economía social de mercado’ encargado en una primera etapa de su implementación como Ministro de economía y luego directamente como Canciller federal, Ludwig Erhard, lo expuso a través de una fórmula muy sencilla: “La libertad debe conjugarse con el orden. (...) un orden sin libertad lleva a la coacción y una libertad sin orden amenaza con degenerarse rápidamente y convertirse en un caos[22].” En la cultura alemana, el orden y la libertad se han conjugado, en los últimos 150 años, en proporciones particulares.

Referirnos a la ESM implica necesariamente mencionar al primer Canciller Federal alemán de posguerra, el Canciller y Presidente de la CDU, Konrad Adenauer– desde el año 1949hasta su renuncia en el año 1963, año en el cual  fue sustituido por Ludwig Erhardal frente de la Cancillería federal, hasta el año 1966 –. He implica de igual modo y acto seguido, mencionar la fundación política homónima Konrad Adenauer Stiftung, estrechamente vinculada a la política exterior de la República Federal Alemana como vehículo portador de un soft power, altamente eficaz y comprometido con su labor de difusión del modelo de gestión social alemán, que se presenta como contribución de reforma jurídica, económica, política y social al inestable orden capitalista global.[23]