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26/04/2019
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Cuba, Varela, Martí y Dagoberto

Introducción

La asignatura pendiente de todo cubano de buena voluntad, no importa donde resida, se llama Cuba. La tenemos en el cuerpo, en la sangre, pero sobre todo en el alma. Resido en los EE.UU. país con una democracia muy sólida, y donde trabajando y luchando duro, se puede alcanzar aquello con lo que hemos soñado. Los cubanos, sin embargo, seguimos soñando con nuestra patria, tan cercana y tan lejana a la vez. No sale de nuestras mentes, nos duele, porque sigue enseñoreada por los que la han tratado como su finca particular desde hace más de 50 años. Podríamos hacerla a un segundo lugar, y vivir nuestras vidas en el país que generosamente nos ha acogido, pero no podemos, seguimos sin lograr el sueño de lograr la libertad de Cuba. 

Últimamente he escrito bastante sobre el pensamiento socialcristiano. Considero que jugará un papel importantísimo en la reconstrucción de nuestra patria. Junto a todas las opciones democráticas será vital para nuestro futuro. Creo además que tenemos mucho que aportar,  porque además de nuestras valoraciones en los campos económico y social, aspiramos también a devolver a nuestra patria, los valores ciudadanos sobre los que se fundaba el alma nacional, y que han sido destruidos por el marxismo-leninismo tropical. El pueblo cubano, vivía en una sociedad sustentada por valores, en los que no importaba si se era creyente, agnóstico o ateo, la cordialidad, el espíritu cívico y la fraternidad sin importar hacia donde se inclinara su pensamiento, prevalecían, y eso hay que rescatarlo. Hoy en Cuba, personalidades de la altura de Dagoberto Valdés junto a otros grandes cubanos, preparan la Educación Moral y Cívica, para formar al cubano, desde lo pequeño, desde el poco a poco que va penetrando en unos y otros, desde el presente, para forjar el futuro.

Aunque el tema socioeconómico es fundamental, los valores sobre los que se cimienta una sociedad son de primer orden para lograr la calidad de vida de los ciudadanos, por lo que trabajar para alcanzar estructuras productivas que hagan crecer la riqueza nacional, tienen que estar acompañadas de valores democráticos, de libertad, de equidad y de justicia, pero también de un condimento moral, que valore como es debido, la paz, el amor, y el espíritu de convivencia entre todos por igual.

Nuestras luchas por la independencia, nos dieron los próceres que plantaron la semilla para lograrlo, sin embargo la historia nos jugó una mala pasada, y hoy Cuba no sólo está en ruinas al ver sus calles, sus viviendas, su infraestructura, sus campos llenos de marabú, no sólo, sino que el sometimiento logrado por la dictadura ha postrado al pueblo por más de cinco décadas, y no sólo la represión refinada ha logrado la no-rebelión del mismo, sino, que robar y vivir en doble moral son lo cotidiano para subsistir. Muchos ciudadanos desde dentro luchan por sanar el daño antropológico causado por la mal llamada ¨revolución¨. Innumerables compatriotas, como yo en su momento, vieron la única solución en la emigración. Desde lejos también queremos contribuir, pues repito, Cuba nos duele, y vive permanentemente acicateando nuestras voluntades.

Felix Varela y José Martí

Por los discípulos puede juzgarse la labor de un hombre, y Felix Varela forjó a muchísimos de los grandes hombres que dieron lugar a nuestra nacionalidad, José de la Luz y Caballero y José Antonio Saco, entre ellos. Su servicio a la nación  y a la causa de la libertad, a través de los valores que vivió y logró formar son inconmensurables.

Nació el 20 de noviembre de 1788, y debido al fallecimiento de su madre cuando sólo tenía tres años, fue llevado por su abuelo materno a San Agustín de la Florida en 1791, donde comenzó sus estudios. Por tradición familiar debía haber sido un militar de carrera, pero su vocación fue el sacerdocio.

Regresa a Cuba en 1801, y en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio conoce al padre Agustín Caballero, uno de sus grandes preceptores. En 1807, siendo todavía seminarista es autorizado a dar clases de latín, su primera experiencia profesoral. Con ello encuentra su segunda gran vocación, el magisterio. El 21 de diciembre de 1812 el Obispo Espada lo ordena sacerdote en la Catedral de la Habana.

Diputado a las Cortes Españolas, representando a Cuba, parte para España en 1821, sin saber que nunca más regresaría a su patria.  Ante la caída del experimento constitucionalista español, llega a Nueva York en diciembre de 1823, para refugiarse  en los EE.UU. Allí expone que a Cuba no le quedaba otro camino que la independencia, comenzando así a desarrollarse el pensamiento independentista cubano de la mano de este insigne y a la vez humilde sacerdote, ¨el que nos enseñó a pensar¨, de acuerdo a José de la Luz y Caballero. Inmediatamente procedió el Padre Varela a trasladarse a Filadelfia. Allí le visita José Antonio Saco que ha dejado a Luz y Caballero explicando la cátedra de Filosofía, y quien en la lección inaugural tuvo a orgullo declararse discípulo de Varela. Sacerdote y patriota ejemplar, muere, muy pobre, en San Agustín, Florida, el 25 de Febrero de 1853. Sus obras principales fueron: Filosofía Ecléctica para el  uso de la Juventud Estudiosa; Lecciones de Filosofía; Miscelánea Filosófica, y sobre todo, Cartas a Elpidio-sobre la Impiedad, la Superstición y el Fanatismo en sus relaciones con la Sociedad.

Lo que más me interesa señalar aquí fue su relación con José Martí, nuestro Apóstol de la Independencia, y como estos dos hombres admirables, sin haberse conocido, pues Martí nació el 28 de enero de 1853, sólo unos días antes de la muerte de Varela, están unidos en cuanto a la formación de la nacionalidad cubana. Quiero aquí recalcar, que la nacionalidad cubana, nace signada con los valores heredados del Padre Varela y sus discípulos más destacados, y de Martí, quien desde posiciones liberales, creía y vivía de acuerdo a los valores del espíritu, elevado junto a su humanismo, a niveles de exaltación.

Con Martí hay que ir a Dos Ríos, donde se inmola por la libertad de Cuba, el 19 de mayo de 1895, acto que de acuerdo a Vicente Echerri en ¨Ese Hombre que es Cuba¨, hay que ver y entender su caída ¨como un deliberado acto de inmolación —aunque no haya sido totalmente consciente— en que el hombre público, el poeta, el líder revolucionario convergen puntualmente en un momento y lugar que es, a un tiempo, de entrega y de realización supremas, a partir del cual el sujeto y el objeto de una misma existencia se hacen indistinguibles¨. Ese acto supremo de inmolación, nos refleja, el idealismo extraordinario de un hombre, que da su vida, con la convicción de que la libertad de su patria llegaría para todos, que él jamás sería un obstáculo, sino un símbolo de los valores ciudadanos y republicanos sobre los que se construiría.

El idealismo y la espiritualidad de Martí se concretan de una manera muy especial, en una anécdota acaecida durante su estancia en México. Martí llegó a México en febrero de 1875, el país estaba gobernado entonces por uno de los más importantes colaboradores de Benito Juárez, Lerdo de Tejada. Liberalismo era en ese entonces, en el país azteca, además, sinónimo de materialismo. Martí era un liberal diferente, para él, de formación romántica, lo espiritual era lo más importante. Siendo redactor de la Revista Universal, es fiel a sus ideales más profundos, de un lado, la libertad, la democracia, la educación pública, del otro, su fidelidad a los valores del espíritu. No era fácil para él sostener ese equilibrio dentro del importante medio liberal, lo que enseguida le trajo adversarios importantes. Tomo el siguiente relato de la obra de Guillermo de Zéndegui, ¨Ámbito de Martí¨:

El poeta que durante la Semana Santa, en éxtasis de inconfesado misticismo, había compuesto para la Revista Univesal aquellos versos que podría firmar Sor Juana Inés de la Cruz:

Espíritu a soñar. ¡Soñando crece

la eternidad en tí, Dios en la altura!

Es el mismo hombre que, sin reparar en las críticas de sus colegas, y a riesgo de defraudar a aquella juventud alardosa de incredulidades y cientificismo, sube por primera vez a la tribuna del conferencista, para defender en polémica, nada menos que la causa del espíritu, contra el ataque del materialismo.

Gustavo Baz, su oponente, cáustico, hábil y dialéctico, trata de llevar al joven idealista al plano de las conclusiones empíricas; para él, solo tienen valor y eficacia las pruebas de laboratorio y las experiencias indubitables de la realidad, y precisa a Martí para que defina con argumentos científicos la existencia del espíritu. La respuesta es concluyente: “Lo demuestro con mi inconformidad en la vida, con mi necesidad de algo mejor, con la imposibilidad de lograrlo aquí. Lo abstracto se demuestra con lo abstracto. Yo tengo un espíritu inmortal, porque lo siento, porque lo creo, porque lo quiero”.

Una y mil veces en el curso de su vida, dio Martí la respuesta a esa disyuntiva y, al cabo, rubricó con el supremo sacrificio la afirmación de su fe¨.

Termino mi argumento sobre la relación de Varela y Martí en la formación de nuestra nacionalidad con estas palabras tomadas del análisis realizado por Eduardo Lolo en ¨Félix Varela, José Martí, Nueva York y la nacionalidad cubana¨… Yentre éstas cabe apuntar el haber tenido de modelo a José de la Luz y Caballero, quien a su vez había recibido la influencia directa de Félix Varela, dos pilares fundamentales en la formación de la nacionalidad cubana…. En ese sentido, la labor de Martí no sería inicio o invención, sino culminación del esfuerzo que había echado a andar, entre otros, el padre Félix Varela. El presbítero que falleciera a poco de nacer el poeta, sobreviviría en su obra y en el contacto con José de la Luz y, gracias a éste, con Rafael María de Mendive. En consecuencia, Martí sí recibiría ‘directamente’ la influencia valeriana en su infancia y adolescencia gracias al carácter transitivo de las relaciones magisteriales. Pareciera que Varela hizo mucho más que esperar, para morir, por el nacimiento de un niño de españoles en un humilde barrio de La Habana….Desde puntos de vista diferentes (católico uno, krausista(1) y masón el otro), tanto el uno como el otro rechazaban todo tipo de fanatismo, el cual, según Varela, era el paso inicial para hacer a un pueblo esclavo….Ambos, en fin, nos enseñaron a pensar y a sentir como cubanos; que es decir, a vivir y a morir –donde quiera que nos encontremos– con una isla y su tiempo adoloridos en medio de la frente, que es la quintaesencia del ser cubano.

Probablemente la muerte de los más importantes próceres de nuestra independencia, truncó en parte el sueño que nos legaran Varela y Martí, pero aún así, y a pesar de las luchas intestinas en los primeros 56 años de república, cargados al comienzo con la enmienda Platt, períodos como las dictaduras de Machado y Batista y otras lacras, la nación era cordial, los cubanos eran hermanos, las familias vivían el respeto,  poco a poco el progreso iba llegando a la  mayoría de los hogares, y nadie vivía con el afán de abandonar el país como solución. Todo lo contrario, Cuba era un país de inmigrantes.

El establecimiento de cualquier régimen totalitario, llámese comunismo, nazismo o fascismo, trae consigo una carga extraordinaria de odio, las familias se dividen, primos, hermanos, amigos, dejan de serlo por estar en distintas orillas del pensamiento. Para los ¨revolucionarios¨ los que no lo son dejan de ser personas para convertirse en ¨gusanos¨, para el estado, los ciudadanos dejan de serlo para ser o ¨revolucionarios¨ o ¨enemigos del pueblo¨. Esto se ha repetido históricamente, régimen totalitario por régimen totalitario. Hoy día, hasta los aprendices de totalitarismo, como los chavistas en Venezuela, se refieren a los que piensan diferente, como ¨fascistas¨, ¨pitiyanquis¨, etc, etc, etc. En Cuba durante más de medio siglo, la ciudadanía ha estado bombardeada por la propaganda oficial, que junto a la represión más dura, la política ¨educativa¨ del estado, el igualitarismo destructivo (todo lo contrario a la equidad constructiva), y una política económica que ha llevado al país a la ruina, han hecho un daño incomparable a la nación, y con ello a lo más importante, a los hombres y mujeres que la pueblan, este daño hay que restaurarlo, sanarlo, y devolverle a Cuba y a su pueblo, el lugar que se merecen en el concierto de las naciones libres del mundo.

Con todos y para el bien de todos

Para Cuba que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella. Estas palabras, con las que nuestro Apóstol comienza su discurso ¨Con todos y para el bien de todos¨, en Tampa, el 26 de noviembre de 1891, pareciera que se dirigiera a la Cuba de hoy, que sufre, por la dictadura de 55 años, que ha destruido al país, y desde donde no cesa de fluir una constante emigración, buscando, lo que no se puede encontrar en nuestra patria, libertad y prosperidad. Es por ello que hoy también desde la emigración, en medio de la diversidad de un exilio, que sin embargo tiene como denominador común su amor a Cuba, el pensamiento socialcristiano tiene mucho que aportar al cambio en nuestra nación. Desde el mismo y considerando su peculiaridad, que lo separa de la izquierda y de la derecha, desde el centro, es a su vez lo que permite dialogar con todos y crear puentes para la unidad, no sólo de amplios sectores del exilio, sino también al interior de la Isla, para luchar por ese destino mejor que se merece nuestra patria.

La Democracia Cristiana cubana, desde el exilio, se congratula de haber dado lugar a un partido genuinamente democrático, que desde sus raíces cristianas, básicamente desde la Doctrina Social y el Humanismo cristianos, está abierto a todos, y ha dado muestras de su democracia interna, con la alternancia de sus líderes, y con un sentido profundo de la honradez. No es un partido sectario ni confesional, caben en el mismo, los católicos, los protestantes, los cristianos ortodoxos, los que profesan otra fe, y también aquellos, que siendo agnósticos, reconocen la importancia de la ética, y una base profundamente espiritual para refundar la nación cubana.

Dignidad Plena del Hombre

Continua Martí definiendo lo que para él era central para el futuro de Cuba: Porque si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que yo prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

La Doctrina Social Cristiana, tiene como base una serie de principios que la definen. El primero de ellos es la dignidad plena del hombre: Una sociedad justa puede ser realizada solamente en el respeto de la dignidad trascendente de la persona humana. Ésta representa el fin último de la sociedad, que está a ella ordenada: « El orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario ». El respeto de la dignidad humana no puede absolutamente prescindir de la obediencia al principio de « considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente ». Es preciso que todos los programas sociales, científicos y culturales, estén presididos por la conciencia del primado de cada ser humano(2).

El ser humano tiene dignidad y valor inherentes, solo por su condición básica de ser humano. El valor de los seres humanos difiere del que poseen los objetos que usamos. Las cosas tienen un valor de intercambio, son reemplazables. Los seres humanos, en cambio, tienen valor ilimitado puesto que, como sujetos dotados de identidad y capaces de elegir, son únicos e irreemplazables.

Dado que los seres humanos son libres, deben ser tratados como fines, y no únicamente como meros medios. En otras palabras: los hombres no deben ser utilizados y tratados como objetos. Las cosas pueden manipularse y usarse, pero la capacidad de elegir propia de un ser humano debe ser respetada.

Vemos la coincidencia de este principio con la doctrina martiana. La Cuba del futuro, debe respetarlo, promoverlo, identificarlo y hacerlo realidad en cada cubano. Por más de medio siglo, nuestra patria ha vivido como no quería Martí, bajo ¨la mayordomía espantada y la hacienda sangrienta¨ de los Castro. Una verdadera democracia  tiene que surgir de este horror, con el consenso, del pueblo cubano, en libertad y con el culto de la dignidad plena del hombre como principio.

Dagoberto Valdés Hernández

Nació en Pinar del Río, Cuba, el 4 de agosto de 1955. Es ingeniero agrónomo de profesión, educador de vocación y líder católico de alma. Desde su provincia de Pinar del Río, como intelectual católico, dirigió la revista Vitraly actualmente dirige la revista digital Convivencia. En 1974, al terminar sus estudios medios, quiso estudiar Sociología pero le fue negado por ser católico. En ese tiempo en Cubalos creyentes solo podían estudiar carreras científicas o técnicas(3). Dagoberto representa mejor que nadie el pensamiento socialcristiano en nuestra patria y es el líder innato en el movimiento de recuperación del alma nacional a través de la reconstrucción de la sociedad civil.

Dagoberto ha realizado una labor extraordinaria en referencia a la Doctrina Social de la Iglesia.  Fue fundador y Presidente de la Comisión Católica para la Cultura de la Diócesis de Pinar del Ríopor 20 años; miembro de la presidencia del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) en 1986;  organizador, conferencista y principal inspirador de las Semanas Sociales Católicas de Cuba desde 1991 hasta 2005; participó en la preparación de la visita del Papa Juan Pablo IIa Cubay recibió de sus manos, durante la Misa en la Plaza José Martí, junto con otros 19 laicos prominentes de toda Cuba, una Biblia como reconocimiento a su trabajo en el Centro de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) y como director de la revista Vitral; fue nombrado por el Papa Juan Pablo IImiembro pleno del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, de la Santa Sede(1999-2005). Podríamos continuar, pero lo más importante en este trabajo es reconocer la relación de Dagoberto con el pensamiento de Varela y Martí, y su influencia en la formación de la naciente sociedad civil cubana, como representante del pensamiento socialcristiano.

En la primera Semana Social de la Arquidiócesis de Miami en octubre de 2010, nos ofreció desde Cuba, una conferencia magistral sobre El Compromiso de los Laicos en la Sociedad, en la que se destacó el énfasis que desde el principio hasta el fin realizó, respecto al desarrollo de la sociedad civil como camino para el desarrollo de la democracia en el futuro de Cuba. Resumiendo este concepto al que dedicó buena parte de su conferencia, nos planteó: ¨Cuba ha experimentado en el último siglo 3 modelos de relaciones sociales: a) El colonialismo: primacía de otra nación. b) El capitalismo: primacía del Mercado. c) El socialismo real: primacía del Estado. Lo novedoso para el futuro de Cuba sería: el protagonismo y la primacía de una sociedad civil independiente de la hegemonía del Estado y del Mercado y reguladora de ambos.  

Pudo hacerse presente en la 3ra Semana Social de Miami, celebrada en febrero del año en curso, en la que ofreció la conferencia, ¨Misión e Importancia de la Sociedad Civil en el futuro de Cuba según la Enseñanza Social de la Iglesia¨, centrada en el principio de la primacía de la persona humana sobre todas las estructuras de la sociedad, y de la que extraigo lo siguiente:

Pero fijémonos, no se trata de un principio abstracto, o de una filosofía sin compromiso. Eso no sería cristianismo. La primacía de la persona humana es la base, el acicate y la urgencia del Evangelio de Jesús que nos compromete a todos los cristianos, pastores y fieles laicos, a ser defensores de la dignidad de cada persona, a la protección y promoción de todos sus Derechos Humanos y Deberes Cívicos; nos compromete a:

- Anunciar la inviolabilidad sagrada de cada uno y de todos los ciudadanos de este mundo, que por ser cada uno de ellos “imago dei”, tienen la inalienable primacía sobre la economía, la política, la sociedad civil, sobre todas las instituciones laicas y religiosas, incluido el Estado y el Mercado.

- Y adenunciar y defender lo que cada persona debe ser y hacer, vivir y convivir como centro, sujeto y fin de la sociedad.

Más adelante, Dagoberto nos muestra al Personalismo con una dimensión comunitaria, como nueva filosofía inspiradora: Si de verdad Cuba quiere cambiar hacia delante, hacia algo verdaderamente nuevo, sin escape al pasado, creo que debemos aplicar a la situación social y al contexto histórico-cultural de Cuba las filosofías personalistas y comunitarias, es decir, los humanismos integrales inspirados en los valores cristianos del Occidente. Pensadores cubanos de la segunda mitad del siglo XX deben ser tenidos en cuenta, sobre todo, desde Varela y Martí hasta nuestros días para iluminar un porvenir de la nación cubana en el que la persona humana no sea nunca más aplastada por el Estado totalitario, ni la comunidad sea alienada y atomizada por un individualismo mercantilista. Urge, pues, que los pensadores de dentro y fuera de la Isla, y toda persona interesada en el asunto, reflexionen, elaboren y propongan una escuela filosófica personalista y comunitaria para el futuro de Cuba (Cf. “Libertad y Responsabilidad. III Semana Social Católica. Santiago de Cuba”, 22-25 de mayo de 1997).

Hago desde aquí un llamado al estudio de esta conferencia, si soñamos con un futuro para Cuba, como también lo soñaron Varela y Martí y que hoy hombres como Dagoberto tratan de construir a través de la primacía de la sociedad civil, teniendo como centro a la persona humana. Tomo este otro fragmento como referencia:

Una nueva antropología: un humanismo de inspiración cristiana. Dentro de la escuela filosófica es necesario, quiero decir, urgente e inaplazable, delinear los rasgos fundamentales de una nueva antropología. Habida cuenta de que el fracaso fundamental y global del socialismo real que hemos vivido es el fracaso antropológico. El hombre nuevo vino a ser la no-persona. Los signos de ese fracaso son, entre otros: el vacío existencial que ha provocado uno de los más altos índices de suicidio en el continente; el desgarramiento ético de la manipulación totalitaria ha conducido a la anomia más raigal; la pérdida de la responsabilidad personal y la dejación o abdicación de la libertad interior, no ya solo de las libertades civiles y políticas, económicas y sociales.

Los humanismos inmanentistas de antes y de ahora, cuya médula materialista solo cambió de un materialismo existencial con rostro (o máscara) trascendente antes de 1959, a un materialismo sin rostro y sin trascendencia en las últimas cuatro décadas, no fueron capaces de erguir un hombre nuevo e integral, ni siquiera de satisfacer sus profundas aspiraciones éticas y espirituales. Solo lograron construir un espectro humano en franca “fuga mundi”. Entonces, podemos decir, es mi convicción personal, que Cuba, escarmentada de ambos modelos antropológicos, es el mejor vivero para incubar un nuevo humanismo autónomo y trascendente, de inspiración cristiana, pero no confesional y respetuoso de todo credo y filosofía pacifista, para que pueda servir a todos los cubanos, un humanismo integral y socializador. Autores como Jacques Maritain, Paul Ricour, Marciano Vidal, Adela Cortina y otros, no deberían faltar a esta cita generadora de una nueva oportunidad para el humanismo en Cuba.

Sin duda, que Cuba podrá renacer de la barbarie totalitaria, los cubanos seremos capaces de construir una sociedad democrática, participativa, con plenas libertades para todos y centrada en la dignidad plena del ser humano. Los cristianos tenemos un deber ineludible, contribuir desde nuestra identidad a reconstruir el alma nacional. Dagoberto y muchos otros desde el interior de nuestra patria, han dado el paso al frente y lo están realizando, con un gran esfuerzo, a pesar de la represión y la carencia de derechos. El exilio cubano también está inmerso en esta tarea y sobre todo en la de apoyar a todos los grupos de la naciente sociedad civil en la Isla. Como decía al principio,  el alma nacional está en juego, no bastaría reconstruir la economía y la infraestructura sino se sana a la nación del daño antropológico causado por las cinco décadas de totalitarismo. Todos los cubanos son necesarios en esta tarea, en Cuba y en la diáspora, no importa si son de derecha o de izquierda. Desde el centro, los que predicamos un humanismo de inspiración cristiana tenemos la responsabilidad de unirlos a todos. Es hora de trabajar arduamente para que este sueño se haga realidad.

Notas:

(1) (Tomado de Wikipedia). El krausismo es una doctrinaque defiende la tolerancia académica y la libertad de cátedrafrente al dogmatismo. Debe su nombre al pensador postkantianoalemán Karl Christian Friedrich Krause(1781-1832). El krausismo se funda en una conciliación entre el teísmoy el panteísmo, según la cual Dios, sin ser el mundo ni estar fuera de él, lo contiene en sí y de él trasciende. Dicha concepción se denomina Panenteísmo. El panenteísmo (palabra derivada del griego πᾶν(pân) = todo; ἐν(en) = en; y θεός(theós) = dios) es un concepto filosófico y teológico que indica que Dioses a la vez inmanente y trascendente al Universo o, en otras palabras, que Dios engloba el Universo pero no se limita a él, diferenciándose así del panteísmo, que afirma la misma identidad entre Dios y el Universo, y del pandeísmoque afirma que Dios deja de ser trascendente cuando crea el Universo y se funde en el mismo. El Dios del panenteísmo es el creador y la energía vital del universo, así como la fuente de la ley natural, por lo que es trascendente e inmanente.

(2) Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

(3)- Wikipedia