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19/06/2019
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Democracia y Equidad

Introducción: Cuba Hoy

Fui a Cuba recientemente a visitar a mi padre anciano, no hice más que llegar a mi pueblo, y comencé a percibir un sentimiento doble que se fue acrecentando en la medida que pasaron los días, y que se mantiene fresco en mi memoria. En primer lugar, el cariño que me rodeó desde el primer momento, por parte de todos mis familiares, amigos, conocidos o no, vecinos o no, miembros de la comunidad católica, y de otras comunidades cristianas, inclusive personas que se autotitulan revolucionarios, conociendo que soy un exiliado, sin importar raza ni sexo. Al mismo tiempo, el otro sentimiento, el que me provocó ver a mi querida ciudad, como si hubiese sido bombardeada, las calles destruidas, muchas de ellas en las que caminar se hace difícil, y que por supuesto ya no admiten vehículos de motor, techos caídos, solares llenos de hierba a la altura de una persona, casas sin pintura y casi sin repello, carencia de agua, y hasta apagones, en fin, el desastre de una infraestructura que necesita ser reconstruida de inmediato, sin embargo ni se sueña con ello. Lo peor es el sentimiento generalizado, de que la única solución es irse del país.

En las últimas dos décadas, desde la caída del comunismo en Europa, y la pérdida de la extraordinaria ayuda material con que la Unión Soviética sostenía al régimen cubano, la vida de los cubanos se ha hecho cada vez más difícil, pues ya no sólo es un problema de ¨cómo cocinar o qué comer¨, o de ¨cómo nos movemos si no hay transporte¨ sino que la infraestructura se está cayendo a pedazos. He hablado con muchas personas cuya experiencia es similar o peor, en otros pueblos o ciudades del país, ya que lo poco que se hace, es dirigido sólo a ciudades específicas, o a los lugares turísticos, con el menoscabo de todo un país. Iba con la idea de que las reformas emprendidas por el gobierno, eran más profundas, y me equivoqué, el mercado negro sigue siendo el elemento conductor de la economía y el gobierno lo sabe, pero no hace nada por erradicarlo, pues le conviene, ya que representa el balance para que la gente sobreviva, sin la necesidad de profundizar en las reformas. Eso demuestra gran miopía política de parte de los dirigentes del gobierno, en su afán de mantenerse en el poder a toda costa, pues un país que no avanza, retrocede. Hay que reconocer como la reforma más importante emprendida en estos últimos años, la eliminación de la tarjeta blanca o el permiso de salida que se imponía a los cubanos, y eso hay que aplaudirlo, pero faltan tantas y tantas reformas, que no se han hecho, por no tener la voluntad de hacerlas, que a este ritmo, cada vez más, nuestra querida patria seguirá retrocediendo, hasta un día.

Aunque la única y verdadera solución para los destinos de Cuba, es la democratización del país, con la consiguiente apertura económica, que permita solucionar los graves problemas sociales, económicos y políticos, que comiencen a sanar el grave daño antropológico y cultural causado al pueblo cubano, si al menos, se profundizaran las reformas económicas, el cambio que vendrá, podría realizarse sin violencias, y daría lugar a una evolución hacia la libertad y la democracia, a través del diálogo y no de la confrontación.

En su artículo ¨La vida no es un ensayo¨, publicado por Palabra Nueva, publicación de la Arquidiócesis de la Habana, en el número de noviembre de 2013, Orlando Márquez hace un análisis de lo imperativo que es llevar a cabo las reformas sin más demoras, explica en diez importantes razones el por qué de sus planteamientos, para terminar, su artículo con estas palabras, sin duda, irrefutables: ¨Esa libertad y dignidad han de prevalecer en el tiempo que vivimos en este mundo y la vida no es un ensayo, tenemos la oportunidad de vivirla una sola vez, y ese tiempo es sagrado¨.

¿Democracia Liberal o Democracia Popular?

He escrito recientemente dos artículos en los que el tema de la democracia y los problemas sociales han sido la gran motivación, ya que me siento acicateado permanentemente por los problemas que encaramos los latinoamericanos con nuestras democracias imperfectas y la enorme inequidad social con su concomitante pobreza y miseria, hoy contaminadas con el virus del ¨Socialismo del Siglo XXI¨; también por el fenómeno de la creciente desigualdad desplegada en nuestras democracias occidentales a partir de la gran crisis económica de 2008 y su relativismo moral; además por el fenómeno persistente de la dictadura cubana, que no termina, no se reforma verdaderamente, y mantiene al pueblo cubano en un permanente estado de indefensión y postración. Sus títulos, ¨Vigencia del Pensamiento Socialcristiano¨, y ¨Democracia, Capitalismo Radical y Capitalismo Social¨. La tesis principal de los mismos es que los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, como la dignidad plena del hombre, la solidaridad, y el bien común, para citar sólo algunos, tienen una vigencia fundamental en la lucha por el establecimiento de sociedades verdaderamente democráticas y al mismo tiempo, con niveles de igualdad y participación que determinen valores morales que las sustenten. También me siento acicateado por mi condición de laico cristiano, cubano y ciudadano norteamericano. Me preocupa muchísimo que nuestro laicado no se decida a ser ¨sal de la tierra¨, y que como decía Mons. Wenski en la clausura de la 3ra Semana Social Católica de Miami, el pasado mes de febrero, la doctrina social cristiana ni siquiera se conozca, ¨pareciera ser un secreto muy bien guardado¨.

En ¨Vigencia del Pensamiento Socialcristiano¨, refiriéndome al Humanismo Integral de Maritain, repetía las palabras del Prof. Francisco Muller en su conferencia sobre el Humanismo Integral de la 2da Semana Social Católica de Miami, «En resumen, pues, se pudiera decir que la tarea ingente que plantea el Humanismo Integral es, precisamente, integrar o reintegrar, reparando, todas aquellas brechas, separaciones, dualismos y divisiones en que la humanidad cayó tras cinco siglos del cese de la cristiandad medieval que la precipitó no solo en la “muerte de Dios” sino, sobre todo, en la “muerte del hombre”. La integración a lograr es, pues, la de la gracia con la libertad; la gracia y la naturaleza; la fe y la razón; el alma y el cuerpo; la persona y el individuo; la unidad en amistad cívica con el pluralismo democrático; la colaboración solidaria entre el capital y el trabajo; el orden temporal con el orden espiritual, en fin… el Cielo con la tierra».

En el mismo artículo me refería al Personalismo de Mounier, y cómo nos habla de la persona humana, «Podríamos esperar que el Personalismo comenzara por definir la persona. Pero sólo se definen los objetos exteriores al hombre y lo que se puede colocar bajo su mirada.
Porque la persona no es un objeto: más aún, ella es lo que en cada hombre no puede ser tratado como objeto. [.. .] No existen las piedras, los árboles, los animales y las personas, que serían unos árboles móviles o unos animales más astutos. La persona no es el más maravilloso objeto del mundo, un objeto que pudiéramos conocer desde afuera como los demás. Ella es la única realidad que conocemos y hacemos al mismo tiempo desde adentro. Presente en todas partes, no se da en ningún sitio
». Con ello nos describe esa distancia que desde el centro nos pone frente al individualismo liberal y al colectivismo marxista como superación de ambos extremos.

En ¨Democracia, Capitalismo Radical y Capitalismo Social¨ proponía que para analizar cualquier modelo de sociedad, lo hiciéramos aceptando el modelo democrático de convivencia, ya que estaría fuera de todo contexto un análisis que partiera de soluciones dictatoriales, sean éstas, dictaduras autoritarias o totalitarias. Y al hacer el análisis, llegaba a la conclusión, que el único modelo verdaderamente democrático, históricamente puesto en práctica es el que hemos llamado ¨Democracia Liberal¨, dentro de un estado de derecho, en el que se respeta el pluripartidismo, la separación de poderes, la libertad, y decía: no hay otro que haya podido edificarse sobre principios tan sólidos en la práctica de la convivencia ciudadana, pues las llamadas Democracias Populares, de los países del Socialismo Real, han sido realmente, dictaduras, en las que todos estos principios han sido aplastados en nombre de un igualitarismo engendrador de pobreza material y espiritual por un partido único. En los tiempos del ¨socialismo real¨, en otras palabras, de la dictadura comunista que comenzó con la Revolución Bolchevique en 1917, y que se fue extendiendo como una hiedra por toda la Europa Oriental, Asia, África, y la isla de Cuba, se les llamó Democracias Populares a estos regímenes; inclusive adoptaban nombres como, República Democrática Alemana. Aun hoy quedan ejemplos, la Corea comunista, estado estalinista, quizás uno de los regímenes más brutales desde la dictadura Nazi en Alemania, y del régimen de Stalin en la Unión Soviética, se autodenomina, República Popular Democrática de Corea.

En años recientes sin embargo, la corrupción, y la desigualdad, han ido corroyendo a muchas sociedades sustentadas en principios democráticas, con el consiguiente desprestigio de la clase política, y la pérdida de confianza de buena parte de la ciudadanía en dichos principios y en la misma democracia como valor cívico fundamental, para la convivencia y el respeto de la dignidad humana, dando lugar con ello en nuestra América Latina, a engendros de ¨democracia¨, cuyo caso más palpable es el del régimen venezolano, donde el pueblo y más específicamente el estudiantado, se ha lanzado a las calles para recuperar todos los valores perdidos y luchar por un futuro mejor en su propia patria.

La Desigualdad

El programa Pueblo de Dios, que transmite la Televisión Española cada domingo y que es dedicado a la acción social de la Iglesia en Asia, África, América Latina y en la misma Europa, nos hace testigos de la profunda desigualdad y pobreza existente en el mundo y en nuestro caso en América Latina. En ellos podemos constatar la existencia de la extrema pobreza, del hambre, de la desnutrición, de la falta de acceso a la educación, en fin, de la pobreza y de la desigualdad. Podremos llamar sociedades genuinamente democráticas a las existentes en América Latina, cuando se eliminen la desnutrición endémica, la falta de acceso a cuidados médicos y a la educación de amplias capas de la población.

La ¨revolución cubana¨ que triunfó con un amplio apoyo popular y que generó una gran fe en un futuro democrático para la nación cubana, casi de inmediato traicionó los valores que la habían gestado,  al construir una nueva dictadura, brutal y totalitaria. A pesar del enorme costo económico, social y cultural que ha traído a la nación cubana, la dictadura se enfocó en procurar ¨consenso social¨ a través de la eliminación de la desigualdad. Es la realidad y merece ser estudiada, porque, el ciudadano de a pie, el pueblo en general, las ¨masas¨ como eran llamadas por el régimen, a pesar de carecer de las libertades que disfrutamos en los países democráticos, no se rebelaban no sólo por el nivel de represión, y la destrucción de la sociedad civil, sino porque el régimen había logrado una ¨igualdad en la pobreza¨, pero al fin y al cabo ¨igualdad¨. Sólo una minoría de vanguardia cuestionaba al sistema. Dentro de esta minoría, puedo decirlo con orgullo se encontraba el laicado cubano más comprometido con la Iglesia, y sus pastores. Podríamos tener muchos argumentos para refutar esa realidad, como que nunca hubo una prensa independiente para informar verazmente, y que la gente estuviera informada de la realidad, cierto. La represión permanente a través de métodos científicos de propaganda, y adoctrinamiento, impedían una toma de conciencia de la realidad, cierto también. Así podríamos seguir adicionando otros elementos del estado totalitario que provocan la indefensión total de la población, pero no es ahí a donde quiero llegar; en los tiempos soviéticos, la igualdad lograda, con servicios de salud al alcance de todos, y la educación universal y gratuita desde pre-escolar hasta la universidad, daban una sensación de ¨igualdad en la pobreza¨ pero que como alcanzaba a todo el mundo, sostenía, a pesar de las carencias económicas y la falta de libertad, el consenso social.

Todo cambió al desmoronarse el imperio soviético, la economía que se sostenía artificialmente, cayó en picada, y con ello la calidad de los servicios que llegaban a todos, salud y educación cayeron  también en picada, y el pueblo como que despertó del letargo. Lo acabamos de analizar en la introducción, en el que como testigo pude palpar lo que es Cuba hoy. En el fondo, el caso cubano se repite hoy en varios países de América Latina, sobre todo en Venezuela, donde vemos el carácter represivo de un régimen, que a pesar de contar con una riqueza petrolera enorme, ha conducido a Venezuela a la peor crisis económica en su historia, si la hacemos relativa al valor de los precios del crudo en los años de la dictadura chavista-madurista. Siguen sin embargo hablando y engañando a muchos con los ¨logros¨ en la lucha contra la desigualdad. En realidad, a los gobernantes venezolanos, como a los cubanos, no les interesa sacar al pueblo de la pobreza, sino llevarlos a una ¨igualdad en la pobreza¨, porque como expresara recientemente el ministro de educación del régimen de Nicolás Maduro, ¨no los sacaremos de la pobreza para que no se vuelvan escuálidos¨.

El fenómeno de la desigualdad, sin embargo, debe ser estudiado en profundidad, porque si queremos construir sociedades verdaderamente democráticas, tienen que ser bajo el principio de la libertad y la equidad.

La Economía Social de Mercado vista por un Sociólogo

En su trabajo ¨La Economía Social de Mercado vista por un Sociólogo¨ en la inauguración de la 3ra Semana Social Católica de Miami, el Dr. Nelson Amaro, Sociólogo y Director del Doctorado de Desarrollo Sostenible de la Universidad Galileo de Guatemala, nos presenta magistralmente la visión cristiana del desarrollo, en libertad,  igualdad y solidaridad.

El profesor Amaro, inspirado en el Personalismo de Mounier, lo interpreta en su propia percepción ¨para crear una estructura social asentada sobre la primacía de la persona humana¨ y lograr una sociedad que sea una comunidad de personas. La dignidad humana deriva de su verdad, que es la racionalidad que disfruta el ser humano como ser privilegiado dentro de la creación. El ser humano es racional, libre y dotado de conciencia… De aquí se deriva el principio de la perfectibilidad constante de la sociedad y de la nación en la búsqueda incesante del ¨bien común¨.

Ha habido tratados enteros entre la aparente oposición que existe entre libertad e igualdad. El profesor Amaro nos presenta entonces su tesis de que ¨la solidaridad viene a resolver esas contradicciones. De la solidaridad se deriva la necesidad de la participación… Como consecuencia de la orientación constante hacia estos valores, los espacios para el ser humano se amplían pero ninguno de ellos tiene por sí solo una primacía a no ser aquel dado por la dignidad humana. Los valores tienen que estar orientados por la justicia entendida clásicamente como ¨dar a cada uno lo suyo¨ y todo ello supeditado a la Paz que puede ser definida, en términos de Benito Juárez, como ¨…el respeto al derecho ajeno¨. De aquí, se colige que no puede haber paz sin justicia ni justicia sin la constante renovación de la estructura social propiciando mayor libertad, igualdad y solidaridad¨.

Después de un extenso análisis de los perfiles ideológicos del desarrollo, llega a la conclusión de que una ideología ¨integral¨ es la que está más de acuerdo con una visión personalista, y por ende cristiana del desarrollo. Hay que definir políticas públicas que liberen las trabas para la generación de riqueza, y con ello lograr un desarrollo económico acelerado, al mismo tiempo que se esfuerzan por disminuir al máximo la desigualdad a través de una amplia participación de la  ciudadanía.

 Nos plantea entonces una serie de objetivos para lograr este desarrollo integral. Los resumo en los puntos siguientes:

-Es necesario colocar el tema de la pobreza como una realidad que es una responsabilidad de todos, incluyendo al Gobierno y a la Sociedad Civil, llevarlo a los foros internacionales y a las prácticas del comercio internacional.

-Es necesario establecer consensos respecto al modelo que se quiere y la estrategia sectorial para maximizar la competitividad con los recursos que se tienen… Para algunos estas ventajas pueden ser la agricultura no tradicional o la explotación de la madera, para otros, la tecnología digital de punta, o inclusive la maquila en la que se respete la dignidad humana.

-El estado debe convertirse en un facilitador para que las inversiones se canalicen en forma rápida… Sin descuidar las variables macroeconómicas, vigilándose la inflación y las tasas de interés. Se debe dejar atrás la prioridad de los equilibrios financieros para poner énfasis en el crecimiento económico.

-Hasta aquí estamos en presencia de una ideología ¨economicista¨. Estas medidas deben acompañarse de una política de pleno empleo. La concepción ¨integral¨ implica empleo productivo y salarios justos. El estado debe convertirse en un facilitador y un coordinador eficiente de estas aperturas, con políticas sociales encaminadas a la solución de los problemas de nutrición, educación, salud, vivienda y seguridad social.

Democracia y Equidad

Este análisis nos ha llevado ineludiblemente a dos conclusiones. La sociedad que proponemos para Cuba y para toda nuestra región debe estar basada en dos valores fundamentales: la democracia y la equidad, ambas se complementan, y una sin la otra pierde en gran medida su verdadero significado. Vamos a tratar de explicarlo.

¿Podríamos concebir una democracia sin equidad? Muchos expertos actualmente nos hablan de un liberalismo en el que el mercado sin restricciones y la libertad económica son los principios máximos, en otras palabras, el mercado como rector sin cortapisas. Se nos afirma que a partir del efecto del ¨derrame¨ como fruto del crecimiento se gana la lucha contra la desigualdad. Esa es una verdad a medias, y la realidad es que sin una acción decidida del estado y la sociedad civil, la desigualdad crece exponencialmente.

¿Podríamos concebir la equidad sin democracia? Lo que ha ofrecido el modelo comunista no es realmente equidad, las sociedades comunistas llevan a un igualitarismo en la pobreza o en la miseria. Es el caso de Cuba hoy y  Corea del Norte. Es el totalitarismo que no cree en la libertad, sólo en la represión. Si en la sociedad en que el mercado manda en exclusiva, el hombre se convierte sólo en individuo, en la sociedad colectivista, será un miembro más de la colmena o del rebaño.

Democracia y Equidad, implican una sociedad en la que la persona es el centro, y a través de la solidaridad construyen el bien común, para el bienestar de cada persona, dándole sentido a la comunidad de personas en que viven.

El Fondo Monetario Internacional, ha elaborado recientemente varios estudios y documentos sobre política fiscal y desigualdad del ingreso, de un artículo fundamentado en los mismos, del Boletín del FMI del 13 de marzo último, de nombre, ¨Concepción sólida de las políticas: La manera eficiente de reducir la desigualdad¨, tomamos lo siguiente:

  • La desigualdad va en aumento en muchas regiones del mundo
  • Las políticas fiscales pueden ayudar a los países a reducir la desigualdad
  • Se pueden diseñar políticas redistributivas teniendo en mente la eficiencia

Para respaldar un crecimiento económico sostenible, la redistribución del ingreso debe basarse en instrumentos fiscales que permitan alcanzar los objetivos de distribución con el menor costo posible en términos de eficiencia económica…. La creciente desigualdad observada en los últimos años ha agudizado la presión para usar la política fiscal como herramienta de redistribución del ingreso…. En el mundo entero, los países han recurrido a distintos tipos de políticas redistributivas para hacer frente a la desigualdad. De acuerdo con el estudio elaborado por el personal técnico del FMI, las economías avanzadas, en promedio, han logrado reducir la desigualdad en aproximadamente una tercera parte, gracias a una combinación de transferencias sociales (por ejemplo, seguro de desempleo y prestaciones de jubilación) e impuestos redistributivos (por ejemplo, impuestos progresivos sobre la renta). Otras prestaciones, como el gasto público en salud, educación y vivienda, ayudan a reducir aún más la desigualdad…. Del lado impositivo, algunos países podrían plantearse la posibilidad de imprimir más progresividad al régimen de tributación de la renta. Por ejemplo, en las economías con una tasa plana quizás haya margen para que la tributación de los estratos más altos sea más progresiva. Algunas economías avanzadas también podrían plantearse eximir a los asalariados con baja remuneración del impuesto sobre la renta o de los aportes sociales…. Del lado del gasto, los gobiernos podrían proponerse mejorar el acceso a la enseñanza y los servicios de atención de la salud. Según el estudio del FMI, mejorar el acceso de las familias de bajo ingreso a la educación constituye una herramienta eficiente para promover la igualdad de oportunidades y, a largo plazo, también puede reducir la desigualdad del ingreso…. Con el mismo ánimo, ampliar el acceso de los pobres a los servicios de atención de la salud en las economías en desarrollo también puede contribuir a promover la igualdad de oportunidades de manera eficiente. En las economías avanzadas, mantener el acceso de los pobres a los servicios de salud durante períodos de restricción del gasto público es también congruente con una redistribución eficiente…. Estas políticas pueden beneficiar a todas las partes interesadas y, a la vez, mejorar tanto la igualdad como la eficiencia.

Estas consideraciones avalan nuestra tesis de una visión cristiana del desarrollo en que Democracia e Igualdad son como dos caras de una misma moneda, dos objetivos prioritarios a cumplir en cualquier proyecto social y económico, dos elementos que se complementan para el logro de la libertad y la solidaridad de las grandes mayorías, como decía el Prof. Nelson Amaro,  el desarrollo integral.

De una parte, la democracia liberal, constituida en la práctica por el modelo de democracia representativa y participativa desarrollada históricamente por los países democráticos de Occidente, donde coexisten la libertad en sus distintas manifestaciones, libertad de palabra, de practicar la religión o no, de reunión, de asociación, de prensa, de formación de instituciones independientes a los partidos políticos, o a los gobiernos, como universidades, ONGs, fundaciones, ¨think-tanks¨, etc.

De otra parte, un modelo económico, cuyo fundamento sea la propiedad privada, pero en que el estado realiza a través de la fiscalidad, un control regulatorio que permite lograr cada vez cuotas más altas de equidad,  para eliminar escalonadamente ese desequilibrio social, o desigualdad, que no sólo da lugar a la injusticia, sino que separa a los hombres. El acceso al trabajo, a la educación, a la salud, a salarios justos, a seguridad social, a jubilación para los ancianos, son metas, por las que hay que luchar. Como reafirma el FMI, estas políticas pueden beneficiar a todas las partes interesadas y, a la vez, mejorar tanto la igualdad como la eficiencia.

El pensamiento socialcristiano, con la dignidad de la persona humana, en el centro de cualquier proyecto de desarrollo, desencadena, la solidaridad y la búsqueda del bien común, el que a través de la subsidiaridad, da el lugar que pertenece a las sociedades menores e intermedias y sólo cuando éstas no pueden lograr el objetivo planteado, entonces el estado juega su papel.

Digamos con Francisco  “Así como el mandamiento de 'no matar' pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana. Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar”.

Al mismo tiempo, digamos NO a toda forma de dictadura, porque las dictaduras no son ni de derecha ni de izquierda, como la dictadura cubana, que ha mantenido en total sometimiento a todo un pueblo por medio siglo, con el control totalitario de vidas y propiedades, destruyendo su base productiva, arruinando al país y a su gente, con una receta, que no importa si el que la aplica tiene los más grandes recursos naturales y financieros, como nos demuestra el caso venezolano, siempre conduce al país en cuestión a ¨caerse en pedazos¨.

Democracia y equidad, dos realidades totalmente alcanzables cuando luchamos por ellas.