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24/04/2019
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La Economía Social de Mercado vista por un Sociólogo

“Quiero que la primera ley de la República
sea el respeto a la dignidad plena del hombre”

José Martí

El análisis presente se sitúa en un punto intermedio entre la identificación de valores universales y la rebelde realidad de los países en desarrollo, que luchan por níveles que se adecúen en mayor grado a la dignidad de la persona humana. Tanto Jacques Maritain como Enmanuel Mounier, eran pensadores y actores  que situaban  todo su quehacer sobre la base de esa primacía. Sus preocupaciones alrededor del mundo polarizado de la “Guerra Fría”, van actualizando cada vez más sus intuiciones básicas. Por eso, al encontrarse con Maritain o Mounier se tiene la impresión de encontrar viejos amigos. No osbstante, las premisas de ese pensamiento va incorporando otros autores como  Buber, Wojtyla, von Hildebrand, Marcel, Guardini, Julián Marías y otros. No obstante, la elaboración presente se concentrará más en los aportes e inspiración de Jacques Maritain (2002).  No debemos olvidar, sin embargo que las referencias de estos autores se deben a valores universales. Por ello, la frase ilustrativa de José Martí en el título de esta reflexión.

Nuestra preferencia por Maritain se basa en ese equilibrio no neutral sino activo, equidistante de las “tentaciones totalitarias”, pero al mismo tiempo es intransigente con la falta de libertad, la injusticia y las carencias de  solidaridad humana. Se trata de una verdadera orientación que va más allá de tiempos y lugares. Por esa razón la obra de Maritain  ha trascendido más allá de su  muerte. Esta corriente la podemos llamar “personalista”, la cual se centra en la dignidad de la persona humana. La Asociación Española de Personalismo la define así: “El personalismo considera la noción de persona como la categoría filosófica esencial y estima que su dignidad es un valor absoluto y los derechos humanos son principios irrenunciables del orden social y político.”

Finalmente, no puede olvidarse que estamos en un mundo en que se anuncia el “fin de las ideologías” y el triunfo del neoliberalismo por una parte y la emergencia de los fundamentalismos por la otra que pese a crisis continuas frecuentemente presentan las mismas medicinas que contribuyeron al descalabro financiero o a la caída del “Muro de Berlín”. Por esa razón, de nuevo, cuando se lee a los exponentes de la corriente personalista, aparece esta influencia básica. Otra vez este discurso nos aparta de las polarizaciones estériles. El centro de su pensamiento: la primacía de la persona humana, impide otra vez, la dilución de sus contenidos en objetivos extraños o paraísos ficticios en la tierra o en el cielo, por loadas que estas ideas aparezcan. 

El propósito de este trabajo es  destacar los principales enfoques doctrinales respecto al mercado como tal. Luego se enfocarán las contribuciones a las orientaciones de la economía social de mercado vista por un sociólogo. Nos referiremos a la desigualdad del desarrollo como elemento clave que resume en la actualidad los distintos enfoques y divergencias respecto a las leyes de la oferta y la demanda. Seguidamente se tocará el tema de las etapas históricas del desarrollo a nivel global, en el periodo  que va desde 1960 hasta la actualidad. De aquí se desprenderán los perfiles de gobierno aceptables y perversos respecto a los valores de libertad, igualdad, solidaridad, justicia y paz en base al respecto a la dignidad humana. Por último se derivarán las principales conclusiones de lo anterior.

“Visiones contrapuestas de la realidad social”

Veamos estas aproximaciones atendiendo a las principales corrientes de pensamiento y cómo se definen los valores de libertad, igualdad  y solidaridad en este contexto. Estos valores son universales y deben ser los orientadores de toda la actividad humana en la búsqueda  de una sociedad distinta que busca la perfección. Si bien, la Economía Social de Mercado tiene su elaboración y concreción en la Alemania de la post-guerra, ella se nutre antes, durante y después…de una visión cristiana y no rechaza en forma absoluta las operaciones del mercado. Por otro lado, incluso cuando se refiere a acontecimientos que parecen lejanos de esta visión, como la revolución francesa, cuando enuncia los valores de libertad, igualdad y fraternidad como máximas aspiraciones humanas.  Esta tendencia, sin lugar a dudas, influencia a pensadores como Maritain, Mounier y otros. El problema, sin embargo, consistirá en cómo basar uno u otro en una ética que prestigie la persona humana en la forma que decía Martí al soñar la nueva República de Cuba: “Yo quiero que la primera ley de la República sea el respeto a la dignidad plena del hombre”. 

El Liberalismo  y Neoliberalismo. Se trata de una visión que declara al mercado como el principio máximo y despliega sus actividades procurando lo siguiente: 1. que la libertad económica tenga primacía; el mercado  manda. 2. la igualdad se resuelve porque los frutos de la iniciativa individual producirá nun “efecto derrame” que atenderá la igualdad gracias a la oferta y la demanda; y 3.  la solidaridad tomará la alternativa voluntaria en base a donaciones y la acción caritativa. la pobreza se explica por rasgos congénitos (en la que se incluye la pereza) o por factores culturales. no tienen que ver con el mercado.

El Socialismo Extremo y el Comunismo. 1. La libertad no es importante. La liberación de las necesidades es lo que da libertad. el mercado no asigna según las necesidades, sino para crear riqueza en base a explotación. 2.  La igualdad: es  el prncipal objetivo y el estado aquí es el máximo nivelador. sin embargo , su logro es gradual. 3. La solidaridad tiene como trama principal que este nexo transcurre alrededor del partido y de las organizaciones sociales afiliadas y los trabajadores.

La Doctrina Social de la Iglesia, la Economía de Mercado y la Visión Personalista. Respecto a las tres valores fundamentales reseñados arriba la posición es la siguiente: LIBERTAD: La “Rerum Novarum” (1891) hace una crítica a los excesos del mercado y llama a una “justicia salarial”, el derecho de asociación de los obreros es parte de su “derecho natural”. Juan Pablo Segundo en “Centesimus Annus(1991) rechaza una libertad sujeta a la supremacía del mercado. El mercado debe estar ordenado por la ética y debe existir un “control público” de los excesos. IGUALDAD: Está regulada por la justicia y la paz.  Una prueba de la significación de este pensamiento es la afirmación que “El Respeto al Derecho Ajeno es la Paz” (Juárez, 1867).  Citamos a un fundador de la nación mexicana al igual que a Martí como una prueba que este pensamiento rebasa las fronteras de una determina religión y se conecta con valores universales que rebasan los límites de las religiones, ideologías y políticas. SOLIDARIDAD: Alimenta la Economía de Mercado llamando a la participación en la realización del “bien común”. Lo contrario, “la marginalidad” que es esa ausencia es atacada. El estado es subsidiario de esa participación. Mientras más sociedad  mejor ya que frente al individualismo absoluto o al estado monopolista, el progreso debe venir “desde abajo” no “desde arriba” mediante la imposición.

“Visión desde la Sociología y la Doctrina de una Economía Social de Mercado”

El Gráfico 1 expone una visión apretada de los juicios de valor que utilizaremos para el análisis de la situación de los dilemas que enfrenta hoy la persona humana. Este gráfico se basa en el “personalismo” y es una interpretación libre de de mi propia percepción. Por tanto se inspira pero no es un fiel retrato del pensamiento de Mounier. Se ve en este Gráfico  al ser humano como constructor de la realidad que le ha tocado vivir y al mismo tiempo, creando una estructura social asentada sobre la primacía de la persona humana que es el principio que orienta toda otra afirmación.

Vemos en este Gráfico 1 también el compromiso de construir la historia y de lograr una sociedad que sea una comunidad de personas que es el fin de la acción sobre la estructura social y puede decirse también de la historia del mundo conocido. La dignidad humana deriva de su verdad que es la racionalidad que disfruta el ser humano como ser privilegiado dentro de la creación. El ser humano es racional, libre y dotado de conciencia. La conciencia no significa más que la capacidad de tomar posición frente a lo realizado y de este modo cada vez hacerlo mejor. De aquí se deriva el principio de la perfectibilidad constante de la sociedad y de la noción de la  búsqueda incesante del “bien común”. La culminación de este pensamiento es la “Nueva Cristiandad” (Maritain, 2001).

Los valores supremos para crear una comunidad de personas parten de la medida en que podamos ampliar la libertad, la igualdad y la solidaridad en las estructuras sociales donde estamos involucrados. Esta es otra forma de referirse al clamor universal de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad.  La merma de un valor a favor del otro crea distorsiones en los procesos reales. Ha habido tratados enteros entre la aparente oposición que existe entre libertad e igualdad. De hecho es el principal tema de Bergson que fue una gran influencia de Maritain en sus inicios (Bergson, 1999). La solidaridad viene a resolver esas contradicciones. De la solidaridad se deriva la necesidad de la participación. El ciudadano apático no puede intervenir decisivamente en la historia, más bien se aparta. Por otro lado, el ciudadano fanático, intenso en su participación pero sin tener la luz de la solidaridad, puede llevar a decapitar cabezas indiscriminadamente y a transformaciones que son nuevas trampas y perversiones.

Como consecuencia de la orientación constante hacia estos valores, los espacios para el ser humano se amplían pero ninguno de ellos tiene por sí sólo una primacía a no ser aquel dado por la dignidad humana. Los valores tienen que estar orientados por la Justicia entendida clásicamente como “dar a cada uno lo suyo” y todo ello supeditado a la Paz que puede ser definida, en términos de Benito Juárez, como “…el respeto al derecho ajeno”.  De aquí, se colige que no puede haber paz sin justicia ni justicia sin la constante renovación de la estructura social propiciando mayor libertad, igualdad y solidaridad. Asimismo, de nada vale la consecución de estos valores si no están al servicio de la persona humana y su mayor dignidad. Estos valores pertenecen a la humanidad y en la era de la globalización lo mismo pueden ser suscritos por un budista que por un cristiano.

“Patrones de la realidad que han orientado el desarrollo y el combate a la pobreza desde los sesentas en el mundo”

Ya lo decía Pablo VI: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz” (Populorum Progressio,1967),  En este escenario es que se debaten principalmente los valores reseñados en el Gráfico 1. El mundo ha presenciado sucesivas aproximaciones respecto al tema del desarrollo. Pudieran definirse las diferentes fases apuntando a la actitud principal que informó este quehacer desde los años sesentas. Antes de esa fecha, si bien existían preocupaciones parciales acerca de este tema, no tenían una dimensión global ni contaban con el consenso que se observó a partir de esa fecha. Esto no quiere decir que hubiera ayudas bilaterales importantes como por ejemplo el Plan Marshall después de la Segunda Guerra Mundial que ayudó a Europa a proseguir su marcha interrumpida. En América Latina el llamado Punto IV de la administración de Truman en USA, es otro ejemplo.

Pero estos programas no tenían una visión global del proceso: o terminaban cuando cumplía su propósito o su escala era reducida y marginal. En otras elaboraciones he  distinguido 3 fases del desarrollo y de su aproximación a la pobreza: la fase optimista, la pesimista y la actual que se proyecta al Siglo XXI, que pudiéramos llamar la realista.[4] Ahora extenderemos este análisis a la forma en que fue encarada la pobreza en cada una de estas fases desde los años sesentas.

La Fase Optimista. Abarca toda la década llamada por Naciones Unidas, “La Primera Década de Desarrollo”. Está llena de eventos cruciales que tuvieron un carácter global, casi siempre contestatario o poniendo en duda el orden establecido. El movimiento “hippie” en USA, la revolución cubana, el movimiento de mayo en Francia, la independencia de los países africanos, la recuperación económica de Japón, cambios poco ortodoxos en Europa Oriental , la promesa de apoyar a los países en desarrollo con el 0.7% del Producto Nacional Bruto por parte de los países más avanzados, el Concilio Ecuménico Vaticano II y la coincidencia de tres personalidades reformistas a escala mundial, Nikita Kruschev, Juan XXIII y John Kennedy para mencionar sólo los más significativos. Todo hacía presagiar un futuro mejor independientemente de las aproximaciones ideológicas aunque ello transcurría dentro de los parámetros de la “Guerra Fría”.

Esta actitud “optimista” fue recogida por los llamados téoricos de la modernización: Walt Rostow y Talcott Parsons en Harvard; Daniel Lerner en MIT; y Gino Germani en Argentina, eran quizás los más representativos.[5] Siguiendo el “clima” de la época, el desarrollo parecía estar al doblar de la esquina. Rostow ejemplifica mejor este pensamiento. Bastaba un “gran impulso” desde la “sociedad tradicional” para instaurar en sucesivas etapas “La Era del Alto Consumo en Masa”, donde las preocupaciones materiales iban cediendo su puesto a otras preferencias distintas, como por ejemplo tener niños.  El proceso de desarrollo como apuntaron algunos críticos, parecía ser un avión que despegaba en un vuelo sostenido para aterrizar en la tierra de la abundación y la pobreza se convertía en algo arquelógico.

Las políticas sociales surgían siguiendo fielmente la anterior imagen. Las dimensiones económicas eran la principal preocupación y las sociales de manera gradual irían resolviéndose entre ellas la pobreza. El efecto “derrame” (“trickling down”) por el cual los más ricos  eventualmente incorporarían a los pobres. Las elevadas tasas de inversión sostenidas asignadas a estrategias sectoriales competitivas producto de oportunidades propicias en los mercados era el mecanismo para pasar de una fase a otra. El desarrollo social recibiría el “efecto derrame” que abatiría la pobreza, el desempleo y la marginación social. Lo  anterior no quiere decir que se desdeñara la planificación pero la misma se orientaba en forma indicativa con intervenciones sólo en áreas sensitivas para la seguridad del estado como en las comunicaciones o en recursos básicos o en el transporte. En esta fase prácticamente había una ecuación entre desarrollo económico y eliminación de la pobreza, pero no existían ni estudios ni políticas focalizadas hacia los pobres. Las variables económicas ocupaban la primacía por esa razón.

La Fase Pesimista. Abarca la “Segunda y Tercera Década del Desarrollo” que cubre los 70s y 80s del Siglo XX. Esta última fue denominada como la “Década Perdida”, porque tal parecía que los progresos alcanzados durante los sesentas se revirtieron. En el mundo entero, los autoritarismos militares parecían imponerse. Sucesivos golpes de estado desterraron la democracia de casi toda América Latina y África. Asia, por su parte, en un franco proceso de crecimiento económico, sus gobiernos eran conducidos en su mayoría por regímenes autoritarios. Las promesas de los países desarrollados de mayor peso, nunca llegaron a dar las proporciones prometidas de su riqueza generada a los países en desarrollo. Estados Unidos por ejemplo, pasa de poco más del 4% de su PIB a alrededor del 2% y menos durante este periodo. Las incertidumbres económicas también hicieron presa de este país.

La subida de los precios del petróleo amenazó con paralizar a los países industrializados. Los ingresos súbitos adquiridos por los países productores de petróleo, se canalizaron hacia la banca occidental, abaratando el interés del acceso a préstamos. Esta oferta monetaria era ofrecida a los páises en desarrollo y América Latina por ocupar un sitio intermedio entre los más ricos y los más pobres, fue el área donde la deuda externa comenzó a alimentarse en cantidades que parecían y todavía lucen impagables. Las tasas de crecimiento económico per cápita se tornan negativas e incapaces de superar las de crecimiento de población.

Un tema que aparecía velado en la década de los sesentas, el deterioro del medio ambiente comienza a hacerse el centro de las preocupaciones. Ya no se trataba de cómo lograr más desarrollo para mitigar al final final la pobreza. El foco ahora era las consecuencias nefastas para el planeta y las futuras generaciones de los excesos del desarrrollo. El análisis pasaba ahora a priorizar el divorcio entre la explotación de los recursos de la naturaleza y el deterioro que significaban la dilapidación de recursos no renovables, la contaminación del ambiente por los procesamientos industriales y hasta el peligro que significaba para la alimentación y la vida misma, las consecuencias no previstas del desarrollo.

Las elaboraciones intelectuales más destacadas de esta etapa fueron la “Teoría de la Dependencia y el llamado “Club de Roma”. La primera anunciaba que la aspiración de llegar a los niveles de los países desarrollados era una quimera ya que esa situación era perpetuada por esos mismos países. La segunda predecía que si las actuales tendencias continuaban el planeta tierra tenía un promedio de vida de 100 años.[6] En este contexto, los pobres fueron olvidados. A lo más al final de la segunda década comenzó a hablarse del “alivio” de la pobreza como contrapartida a las políticas recomendadas de shock para poner en orden las economías de los países en desarrollo. A finales de los 80s el discurso se hizo más vigoroso cuando se hacía referencia al “rostro humano” de la pobreza, pero en realidad poco se hizo para identificar, focalizar, invertir e incorporar deliberadamente a los pobres. Esta es la razón y no otra, por la que no se encuentran registros estadísticos adecuados de esta realidad y cuando se quiere obtener información los investigadores hacen esfuerzos extraordinarios para poder hacer comparables los datos.

Insitucionalmente hay cambios muy serios en la manera que los organismos internacionales y la ayuda bilateral encara los problemas derivados de los setentas y ochentas. Se nota principalmente la beligerancia de las instituciones financieras. En los albores de la creación del Sistema de Naciones Unidas y de la institucionalización de la ayuda bilateral a los países en desarrollo, se concebía a las instituciones de Breton Woods, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, como encargados del área financiera, mientras que a Naciones Unidas y sus agencias especializadas como cuidadoras de las áreas técnicas.

De esta manera, la educación era el campo de UNESCO, la salud de la OMS, el trabajo de la OIT, etc. En la actualidad, las instituciones financieras de Breton Woods hacen ambas funciones. Toman cuidado de las dimensiones financieros y también de la parte técnica. Como consecuencia el antiguo sistema se ha resquebrajado y ha perdido en gran parte su razón de ser. Como decía un viejo funcionario del Sistema de Naciones Unidas: “Es muy difícil vender sólo consejos, cuando los bancos dan consejos y además dan la plata”. Esta nueva situación ha debilitado los lazos multilaterales y ha colocado a los países en desarrollo en una situación más dependiente. No obstante, también este ángulo ha traido innovaciones en la forma de combatir la pobreza.

En nuestros países, cuando se quería saber que pensaba el gobierno sobre el desarrollo, el paso obligado era a través de la oficina de planificación, en algunos países era y es un ministerio, en otros es una secretaría. En la actualidad, para tomar verdaderamente el pulso de desarrollo de un país, más vale visitar Finanzas y el Banco Central. Ellos son los que marcan la pauta, para bien o para mal, del desarrollo de nuestros países. Por esa razón, el poder de la oficinas de planificación que en el pasado constituía un sistema y que todo ministerio se apoyaba en una oficina tal, prácticamente ha desaparecido. Muchas oficinas de planificación de los ministerios se han convertido en elaboradores de presupuesto y las oficinas generales, en sintetizadores de la obra del gobierno orientado por los ministerios de finanzas y las bancas centrales. Esto se aplica a toda América Latina y el Caribe desde la Patagonia hasta el Río Grande.

Las tendencias de la pobreza en la fase pesimista en América Central no pueden apreciarse adecuadamente si no se examina el contexto en que esas tendencias tuvieron lugar. Con la excepción de Costa Rica y Panamá, tanto el Salvador como Guatemala, y Nicaragua experimentaron serias convulsiones políticas y guerras civiles generalizadas por largo tiempo que obligaron a fuertes desplazamientos de población y a pérdidas significativas de población ya sea por migración o por haber sido víctimas de los enfrentamientos armados.

Además, la mayoría de los países, siguiendo un patrón mundial, se vieron obligados a fuertes recortes del gasto social como consecuencia de las contracciones de las inversiones, la devaluación monetaria como resultado de la inflación y la declinación de la paridad con el dólar, los altos porcentajes que significaban el servicio de la deuda externa, las asignaciones presupuestarias que daban prioridad a los gastos militares y  las políticas de ajuste estructural. Como si ello fuera poco, los desastres naturales como el Huracán Mitch que asoló regiones enteras de Nicaragua, Honduras y oriente de Guatemala, jugaron un papel destructor que también incidieron súbitamente en los volúmenes de pobreza.[7]

La Fase Realista. Comienza a perfilarse en la “Cuarta Década del Desarrollo” en los años 90s. El análisis de esta realidad reproduce para el observador una dialéctica que va de la etapa de tesis, representada por la visión optimista, a una fase de antitesis, configurada en la óptica pesimista, hasta llegar a la fase realista en que puede desprenderse una síntesis de los acercamientos anteriores. El concepto de “Desarrollo Sostenible” viene a ser la conjugación de las oposiciones anteriores entre desarrollo y medio ambiente. La prescripción en este caso es  que se puede explotar los recursos naturales y el futuro de las siguientes generaciones, pero tomando en cuenta sus límites ecológicos e incorporando de manera explícita esta dimensión, a las categorías de desarrollo.

A mi entender, estamos plenamente en esta fase en este momento y las oposiciones generadas en los últimos 30 años están en lucha, ya sea por prevalecer o por permanecer definitivamente. Si bien, el discurso ha evolucionado hacia el desarrollo sostenible, la vigencia de las instituciones financieras continúa con  mayor fuerza que nunca Este es un dilema para la futura construcción de la historia.

Con respecto a la pobreza, una tensión principal surge similar a la anterior. En la fase optimista se pensaba que eventualmente los frutos del desarrollo se filtrarían hacia abajo y que la pobreza gradualmente desaparecería. Una y otra vez, con pocas excepciones, los análisis muestran que por el contrario más bien las desigualdades tienden a aumentar y que si bien pueden apuntarse progresos en determinadas regiones como China, India y Chile, la pobreza tiende a presentar progresos muy lentos y en cuanto a la pobreza extrema hay una tendencia a perpetuarse indefinidamente.

Una tendencia positiva que puede anotarse es que por primera vez, los pobres han entrado en los futuros planes de desarrollo y las llamadas estrategias para la reducción de la pobreza que pueden observarse desde Mozambique hasta América Central, llaman a un tratamiento más riguroso de esta temática. No obstante, estas modalidades entran con mayor seriedad en los países que caen en la categoría clasificada por el Banco Mundial como altamente endeudados. Las presiones externas han requerido que estos países pongan todos los programas del sector público en función de metas de reducción de la pobreza. En otros países, aunque existan tales estrategias y haya documentos escritos sobre el tema, la urgencia no se siente con el apremio que puede observarse en Honduras o Nicaragua que después de los desastres del Huracán Mitch fueron clasificados como países altamente endeudados. Como consecuencia de ello, Nicaragua y Honduras han tenido importantes condonaciones de su deuda y también se nota en sus planes de reducción de la pobreza un acercamiento sistemático y una búsqueda de resultados tangibles.

La aprobación de las Metas del Milenio en donde se plantea la erradicación de la mitad de la pobreza extrema para el año 2015, es un ejemplo que hace pensar que por primera vez, se ha tomado conciencia de dirigir esfuerzos focalizados hacia esta población y al mismo tiempo, existe la apertura para hacer un seguimiento de estos resultados y de realizar las transformaciones macrosocioeconómicas, para cumplir con estas metas.[8] No obstante, no siempre las declaraciones líricas que se hacen en los foros internacionales se traducen en medidas concretas en los países en donde este problema se confunde con otras prioridades de los gobiernos de turno. Esta reflexión nos debe llevar entonces al análisis de las tendencias ideológicas que informan las decisiones de los gobiernos, cuando enfrentan la pobreza. Esto se hace particularmente importante porque gran parte de la sociedad civil también se ve arrastrada por estas orientaciones.

“Tendencias ideológicas en relación a la erradicación de la pobreza”

En una elaboración anterior, hice una distinción basada en tipos ideales respecto a las orientaciones de los diferentes gobiernos en relación al desarrollo. En esta oportunidad extenderemos el análisis, para cubrir el impacto que estas orientaciones tienen en la pobreza.[9] El Cuadro 3 tiene una vinculación directa con el Gráfico 1, donde se expone que los valores fundamentales de la estructura social giran alrededor de la libertad, la igualdad y la solidaridad.

Cuadro3: Perfiles Ideológicos de Desarrollo de Acuerdo a Objetivos

Priorizados por los Gobiernos

   Tipo de Gobierno

Crecimiento

Económico

Distribución de la riqueza

Participación

Ciudadana

 

   Economicista

 

 

+

 

-

 

-

 

   Balanceado

 

 

+

 

+

 

-

 

   Integral

 

 

+

 

+

 

+

 

   Paternalista

 

 

-

 

+

 

-

 

   Radical

 

 

-

 

+

 

+

 

   Ascético

 

 

+

 

-

 

+

 

   Patético

 

 

-

 

-

 

+

 

   Imposible

 

 

-

 

-

 

-

 

El crecimiento económico esta íntimamente relacionado con el valor de garantías para ejercer la libertad y es una condición indispensable para la la creación de riquezas materiales; el tema de la distribución de la riqueza generada por ese crecimiento, toca el tema de la igualdad que está intimamente vinculada con la justicia; y por último la participación ciudadana, está estrechamente relacionada con la solidaridad como valor primario. Estos objetivos priorizados no agotan los valores señalados, pero lógicamente tienen una íntima conexión. Al mismo tiempo son probablemente los objetivos más buscados por todos los gobiernos orientados a la búsqueda del desarrollo. Los signos (+ )y (-) denotan énfasis y señalan que a estas categorías algunos gobiernos le dan mayor prioridad a determinadas dimensiones que a otras.

Desde un principio daremos importancia a 3 perfiles ideológicos bajo la denominación de tipos de gobiernos “economicista”, “balanceado” e “integral”. Los otros 5 tipos, el “paternalista”, “radical”, “ascético”, “patético” e “imposible”, o son gobiernos que enfrentan crisis temporales o los acontecimientos históricos han declarado obsoletos sus enfoques o caen dentro de una categoría de imposibilidad lógica.[10]

Hemos puesto en primer lugar el gobierno “economicista” porque es probablemente el modelo más difundido. Este enfoque prestigia sobre todo el crecimiento económico por encima de las demas dimensiones, la distribución y la participación. La influencia “neoliberal” se orienta en este sentido y el discurso de los organizaciones financieras internacionales en la actualidad también. Todas las prescripciones sintetizadas en el llamado “Consenso de Washington” prescriben esta receta. Se trata esencialmente de poner “la casa en orden” con medidas de equilibrio financiero que atajen el gasto del estado, transparenten los precios, contengan la inflación, mantengan estable la paridad con el dólar como moneda internacional, propicien la inversión y use las tasas de intereses como una palanca de la estabilidad económica.

Con respecto a la pobreza, este tipo de gobierno en una primera etapa omitió la consecuencia para esta población de súbitos “shocks” o “ajustes estructurales” que se administraban al sistema económico y que súbitamente hacía caer a muchas familias debajo de la línea de la pobreza, al generar desempleo, cortes abruptos del ingreso, la caída del gasto social y el aumento de la informalidad. En una segunda fase, esta preocupación cobra relevancia y se comienza a hablar de cómo mitigar la pobreza cuando se adoptan medidas de ajuste estructural. Finalmente, en la siguiente fase que describiremos, se establecen estrategias de reducción de la pobreza con metas concretas y financiamientos asignados. No obstante, el peso de la primera etapa constituye una carga sobre este afán de colocar la pobreza entre las prioridades del gobierno.

En el fondo, la pobreza, a pesar de las declaraciones públicas no ocupa una prioridad relevante. Los que defienden estos modelos con una alta influencia neoliberal y globalizadora afirman que la persistencia de la pobreza se debe a las vulnerabilidades de los países que compiten en este nuevo mundo interconectado. En síntesis, estas fallas se deben a la falta de educación, a la escasa innovación tecnológica y a la lentitud en promover las reformas institucionales llamadas de segunda generación que tienen que ver con la certeza jurídica para facilitar la inversión, una banca central independiente, las reformas fiscal y de seguridad social, la descentralización, etc.[11] Otros añaden a esta lista de vulnerabilidades la corrupción y la falta de acceso a capitales de inversión.

Esencialmente, esa situación tiene su raíz en una falta de competitividad y adaptación a los nuevos retos que plantea un mercado global.  Países que han emprendido estas reformas (como Chile) se alega que han sido capaces de reducir a la mitad la pobreza que existe significativamente. Al final, las prioridades no están en un ataque frontal a la pobreza, sino en alterar el contexto que la rodea para así mediante un crecimiento económico sano, incorporar a las poblaciones pobres a la riqueza a través del “derrame” que se producirá como resultado de estas medidas. Hasta tanto éstas no se tomen, habrá que esperar progresos significativos en esta dimensión. Lo prioritario, es crear este clima propicio, para que las consecuencias de una economía sana y en franco crecimiento llegue a los pobres.

La ideología del gobierno “balanceado” implica compatibilizar el crecimiento económico con una distribución igualitaria de los beneficios. La más reciente incorporación de países asiáticos a niveles comparables con los más desarrollados, presentan estas características. La participación aquí es sacrificada pero ello ha sido compensado con un gobierno autoritario que descansa sobre un consenso de la población bastante generalizado. Este consenso muchas veces surge de la misma fábrica cultural como es el caso japonés. El respeto a las jerarquías y su gregarismo, aparte de la cohesión social generada por la derrota en la II Guerra Mundial, proveen una orientación compatible con los objetivos de crecimiento e igualdad.  En este caso, la movilización de obreros agrupados en sindicatos, las organizaciones campesinas y los intelectuales, pierden su importancia como factores de cambio. No obstante, en Corea estas fuerzas se han dejado sentir pero más como contestarios de la marcha del país que como una fuerza integrada a los cambios extraordinarios que se han operado ahí en los últimos años.

Dentro de prioridades de crecimiento e igualdad con desmedro de la participación no se observan las disparidades de ingreso que el gobierno “economicista” impone. Cuando en los setentas comenzaron a surgir encuestas de distribución de ingreso a nivel de muchos países de latitudes diferentes, la sorpresa fue observar que muchos de los países asiáticos presentan distribuciones de ingreso más igualitarias que los pocos países socialistas que permitieron estas investigaciones. Ello estaba a contrapelo de su ideología legitimizadora que proclamaba un mundo igualitario sólo justificado por las diferencias en habilidades. El capitalismo asiático presentaba niveles mayores en esta dimensión que las experiencias conocidas del socialismo prosoviético.

La consecuencia de esta aproximación es un círculo virtuoso para la pobreza. Estas sociedades presentan los índices de desempleo más bajos y la pobreza no constituye un problema. Siguiendo el ejemplo de Japón, los “tigres asiáticos” irrumpen a pasos acelerados en la cadena del crecimiento económico con economías principalmente orientadas hacia la exportación de productos manufacturados y nuevas tecnologías de punta. Muchos de ellos partían de niveles más bajos que los de América Latina y para principios del nuevo siglo, habían sobrepasado con creces la mayoría de los indicadores de desarrollo de los países de nuestro continente. Más recientemente China e India se han incorporado a este modelo.

La influencia de este modelo decretó la muerte del desarrollo basado en la “sustitución de importaciones” y marca la pauta para nuevos objetivos de desarrollo dentro de la globalización  en la mayoría de los países de nuestro continente con mayor o menor éxito. El problema para los países latinoamericanos es que estas nuevas recetas caen en un contexto donde gran parte del sindicalismo estaba organizado; las elites intelectuales han tenido una tradición contestaria de muchos años dentro de un contexto de  polarización entre “los que tienen y no tienen”; el estado no tiene los consensos necesarios ni el concurso de elites empresariales similares a Asia para poder hacer marchar el país en las direcciones deseadas; ni tampoco existen en América Latina y el Caribe las condiciones internacionales que hicieron propicio este ascenso.

El gobierno que se orienta por una ideología “integral” es a nuestro entender aquella que se conforma más a una visión personalista del desarrollo y de combate a la pobreza. Se trata de definir las políticas públicas que puedan liberar de trabas la generación de riqueza, dando primacía a un crecimiento económico acelerado pero velando por las desigualdades y con la más amplia participación ciudadana. Con crecimientos sostenidos del 2% no se va a ninguna parte en este mundo. Esta ideología implica asumir la competitividad en un mundo globalizado con todas las consecuencias que ello tiene y trabajar sin descanso para lograr los consensos que puedan materializar esta perspectiva.

Estos consensos implican generar la participación y solidaridad suficiente para llevar adelante estos objetivos. Un examen superficial de la medida en que esta ideología se ha materializado, encuentra ecos en las fórmulas lanzadas por CEPAL para América Latina cuando nos habla de “crecimiento con equidad”. Las políticas sostenidas dentro de un marco democrático de Chile, hacen ver un éxito en la transición de una visión “economicista” a una “integral”. Las medidas implementadas por Lula en Brazil, aunque ha transcurrido poco tiempo, parecen ir en la misma dirección.

“Pivotes para la ideología integral: una reingeniería necesaria”

Los análisis anteriores pueden encontrar una indiferencia por parte de los que toman las decisiones políticas. “Es más fácil la crítica cuando se miran los toros desde la barrera” pudiera ser el comentario que selle esta actitud. Por ello, a la luz de la contrastación de los valores universales que dan primacía a la persona humana, con realidades concretas, vamos a exponer las medidas necesarias de corto plazo que deben constituirse en pivotes para proyectar los objetivos de desarrollo que den primacía al combate a la pobreza. No entraremos a los detalles de estas medidas. Tan sólo expondremos el curso de acción principal y sus implicaciones para los objetivos que se persiguen. El concepto que mejor se aplica a estas sugerencias es la adopción de una “reingeniería” del tratamiento de este tema en nuestras sociedades.

·         Es necesario colocar el tema de la pobreza como una realidad que es una responsabilidad de todos. Hay que sacar el tema de los documentos internacionales y de la tecnocracia en forma exclusiva y colocarlo además en el Congreso y la Sociedad Civil.[12] Una estrategia de coaliciones para atajar y hacer retroceder los factores que perpetúan y amplían la pobreza. Los medios de comunicación son imprescindibles para mantener vivo ese interés.

·         La monitoría y evaluación de estos procesos debe descansar en buenas fuentes de información con líneas basales, seguimientos periódicos y organismos que tomen decisiones sobre los resultados. Asimismo, medidas correctivas deben ser tomadas después de los reportes entregados.

·         Es necesario salir a los foros internacionales y establecer frentes de combate a la pobreza en las prácticas del comercio internacional y en estimular la solidaridad de aquellos países sensibles a este problema. El tema de los subsidios agrícolas que dificultan el acceso de estos productos a los mercados de los países desarrollados y las prácticas transparentes respecto a los precios internacionales de los productos de exportación de los países en desarrollo, necesariamente deben ocupar la atención de los que toman las decisiones. El caso del café en Guatemala y otros países de América Latina y el Caribe, es un ejemplo evidente de las consecuencias de las alteraciones de los mercados internacionales en los patrones de pobreza de estos países.

·         Conforme con la lógica que no basta el énfasis en la distribución y la participación es necesario establecer consensos respecto al modelo de desarrollo que se quiere y la estrategia sectorial para maximizar la competitividad con los recursos que se tienen. Se debe partir de las deficiencias y logros obtenidos para de aquí hacer las correcciones adecuadas y abrir nuevas avenidas que lancen a los países por las sendas de un combate a la pobreza creciente. Para algunos estas ventajas pueden ser la agricultura no tradicional o la explotación de la madera. Para otros, la tecnología digital de punta. Para algunos más pudiera ser la maquila en gran escala compatible con el respeto a la dignidad humana.

·         El estado debe convertirse en un facilitador para que estas inversiones se canalicen en forma pronta y debe convertirse en un puente para encadenar los diversos procesos productivos y comerciales hasta conseguir los valores agregados necesarios que hagan una diferencia en la forma de generar riqueza.

·         Se debe dejar atrás la prioridad de los equilibrios financieros para poner el énfasis en el crecimiento económico. Ello no quiere decir que se deje de vigilar la inflación ni las tasas de interés que es también un flagelo para la población pobre. Ni tampoco que se descuiden las variables macroeconómicas. Se trata de gradualmente liberar el uso del dinero para que pueda canalizarse en forma libre hacia las actividades productivas como objetivo primordial.

·         Si hicieramos sólo lo anterior estaríamos dentro de una ideología “economicista”. Las anteriores medidas tienen que estar acompañadas con una política de empleo pleno. He llegado a países a preguntar sobre este tema y la respuesta ha sido: “aquí no hay política de empleo. La que existe implícitamente es la de crecimiento económico”. De esta manera el estado no asume la responsabilidad de las consecuencias del crecimiento económico ni tampoco de su necesidad de equilibrios financieros. Dentro de una concepción “integral”, el empleo productivo que genere los salarios justos debe ser la prueba máxima de éxito de estas medidas.

En los últimos años, hemos observado que la población pobre masivamente ha acudido a estrategias creativas para enfrentar los cambios macroeconómicos que le han afectado. El crecimiento de la economía informal, la incorporación al trabajo asalariado de la mujer, el “voto con los pies” de grandes contingentes de población ya sea para residir en las capitales o en las grandes urbes de los países en desarrollo, la búsqueda y consolidación de redes de solidaridad para la supervivencia económica entre los migrantes del exterior y las familias y comunidades que quedan en los países de origen, han sido respuestas de los pobres a la situación que han tenido que enfrentar.

El tema subyacente a todas estas conductas es el empleo. Un porcentaje significativo de nuestra población que rebasa la línea de la pobreza pero que mantiene a muchas poblaciones en situaciones de riesgo y vulnerabilidad, sencillamente se ha inventado un empleo porque el sistema no genera el número ni la calidad suficiente para su supervivencia. El estado y la sociedad civil deben tener una respuesta frente a esta situación. El empleo es el lazo entre el crecimiento y la distribución de la riqueza. El secreto de los resultados de distribución del ingreso en los países asiáticos, fue que el proceso de crecimiento económico hizo escasa la mano de obra. Ello repercutió, siguiendo las reglas del mercado, en una oferta salarial mayor. Este círculo virtuoso posibilitó la atención de las necesidades básicas de la población más pobre cuyos niveles de manera creciente rebasaron la línea de la pobreza.

·         El estado en este contexto debe convertirse en un facilitador y un coordinador eficiente de estas aperturas. Estos cambios e innovaciones deben ir acompañadas de una reingeniería de la política social que englobe nutrición, educación, salud, vivienda, seguridad social y comunicaciones atendiendo también dimensiones transversales  respecto a la niñez, el género y etnicidad y los fondos sociales. Los gabinetes sociales pueden ser los llamados a vertebrar todos estos esfuerzos en una sola dirección.

La característica principal de esta política en la actualidad es su fraccionamiento y dispersión, asolada por una caridad mal entendida, el sectorialismo, el “clientelismo” político y la concepción economicista que ve lo social como un gasto en vez de una inversión.  Todo ello repercute en una dilapidación en mitad de la escasez. La respuesta es una coordinación efectiva y una focalización mayor de los recursos procurando un aumento en la eficiencia y calidad del gasto; un aprovechamiento de los recursos naturales o estratégicos en poder del estado cuyos excedentes pueden ser utilizados en esta dirección; el establecimiento de estrategias de reducción de la pobreza con ataduras a condonaciones de la deuda; y la elaboración de paquetes fiscales consensuados. Todo ello iría en apoyo del financiamiento de los programas de combate a la pobreza.

“Conclusiones”

Este análisis hizo una incursión en los valores universales que deben orientar la acción dentro de una concepción personalista que de primacía a la persona humana y que además proyecte la construcción de un orden social dentro del desorden imperante. Nuestra acción se ve justificada cuando con nuestro proceder incidimos en la estructura social ampliando la libertad, la igualdad y la solidaridad en una forma creciente cada vez más perfectible. El equilibrio de estos valores que deben marchar en armonía nos va a llevar a una sociedad justa y en paz. El cumplimiento de estos valores va a verificar si efectivamente estamos construyendo una sociedad a la luz de la visión personalista.

El tema del desarrollo y la pobreza es clave para enfrentar esto dilemas. En todo caso las tendencias históricas indican que son muy pocos los países llamados a superar las “Metas del Milenio” que prescriben reducir a la mitad la pobreza extrema para el año 2015. Sólo Honduras y Panamá pudieran superar esas metas en el área centroamericana. Otra conclusión que se desprende de estos resultados es que si se quiere hacer una diferencia significativa en esta área, es necesario trabajar en políticas que aminoren la desigualdad existente respecto a la distribución del ingreso.

El tema del desarrollo y  la pobreza ha sido tratado de manera distinta desde los años sesentas. En la fase “optimista” se estableció una ecuación que conforme existían progresos de desarrollo, se produciría un efecto “derrame” que lograría incorporar a los pobres gradualmente a un mayor nivel de vida. En la fase “pesimista”, inicialmente hubo un olvido de los sectores pobres y muchas políticas implementadas en esta etapa de crisis económica del petróleo, mayor conciencia del medio ambiente, inflaciones incontrolables, devaluaciones y deuda externa acumulada, generaron mayores niveles de pobreza. No obstante, en los últimos años de esta fase, comienza a hablarse del alivio de la pobreza y su mitigación, siguiendo a las políticas de “ajuste estructural”.

En la fase que llamamos “realista”, se ata el combate a la pobreza con condonaciones importantes de la deuda externa, para países que se clasifican como “altamente endeudados”. Ello da lugar a planes articulados alrededor de “estrategias de reducción de la pobreza”, lo que constituye un progreso respecto al pasado. Al mismo tiempo, las fuentes de información se mejoran y ello da base para metas específicas en plazos determinados, asignando para ello recursos presupuestados. Esta práctica se generaliza a muchos países que no entran en la clasificación de páises altamente endeudados del Banco Mundial. Los resultados de estas aproximaciones todavía son recientes para poder evaluarlas pero puede afirmarse que sus logros son mixtos. Todavía sus alcances parecieran girar alrededor de las organizaciones internacionales y la tecnocracia de los países en vías de desarrollo. El producto en muchas ocasiones son investigaciones valiosas y planes que se engavetan y carecen de seguimientos y no constituyen prioridades para los gobiernos de turno.

A la luz del contraste de los valores personalistas enunciados en la primera parte, se examinaron tipos de gobierno según tendencias ideológicas imperantes en el ataque a la pobreza. Se prestigió para este análisis variables directamente relacionadas a los valores de libertad, igualdad y solidaridad y que son largamente acariciados por los gobiernos. Por ello, se analizó el crecimiento económico, la distribución de la riqueza y la participación ciudadana de acuerdo a los énfasis que a una o más dimensiones, los gobiernos dan. Se distinguieron 8 tipos: economicista, balanceado, integral, paternalista, radical, ascético, patético e imposible, pero se entró a considerar los 3 primeros por ser los más actualizados a la realidad que vivimos.

El “economicista” continúa en la creencia que la pobreza se extinguiría en base a un “derrame” producto de un crecimiento económico sostenido. Esta tendencia prevalece hasta hoy día y pone énfasis en las reformas necesarias para que los países en desarrollo, reformen su quehacer para adaptarse a un mundo competitivo que exige mayores niveles educativos, innovaciones tecnológicas y una reforma institucional del estado seria. La tendencia “balanceada” pone el énfasis en mayor grado en crecimiento económico pero también en distribución de la riqueza, asemejándose a los modelos seguidos por los países asiáticos después de la Segunda Guerra Mundial. Japón y los “Tigres Asiáticos” son el ejemplo a seguir con economías exportadoras como motores del crecimiento y demanda masiva de mano de obra que mejoró los ingresos y de paso sacó de la pobreza a millones de personas. No obstante estos países, no necesitaron la dimensión participativa.

La tendencia “integral” más ajustada a la realidad latinoamericana y a la visión personalista procura la armonía de estas 3 variables, sin descuidar ninguna. Comprende que es necesario desatar las fuerzas que inducen a un crecimiento económico acelerado que supere las tasas de crecimiento mediocres que caracterizan a los países latinoamericanos. No obstante, cree que ello debe hacerse velando por canales de distribución de la riqueza generada adecuados dentro del consenso mayor posible con todos los grupos y sectores que componen la sociedad civil de nuestros países.

Por último, se hace un perfil de las políticas que tienen que hacer una diferencia respecto a la actual situación para verdaderamente proyectar el problema de la pobreza como una prioridad. Estas políticas pasan por colocar el tema de la pobreza sobre los hombros de todos, incluyendo el Congreso, la sociedad civil y los medios de comunicación de masas. Abandonar las políticas económicas que han convertido el objetivo de estabilidad económica que es un medio en un fin en sí mismo y poner éstas al servicio del crecimiento económico. Ello debe hacerse gradualmente sin provocar distorsiones que alteren las variables macroeconómicas que pudieran incidir negativamente en los niveles de pobreza.

Desde esta perspectiva a la vez que se promueven y facilitan las fuerzas del crecimiento económico, se debe articular una política de empleo capaz de hacer escasa la mano de obra y repercutir en los niveles salariales de los pobres. Ello al mismo tiempo debe ir acompañado de una “reingeniería” de la política social, a favor de un curso de acción articulado que ponga todos los esfuerzos del estado en esta dirección. Sólo adoptando estas políticas puede decirse entonces que estamos en el camino de erradicar definitivamente el flagelo de la pobreza y alcanzar un desarrollo integral basado en la dignidad humana. Al final la visión personalista nos dice que el desarrollo y la eliminación de la pobreza no es un problema de falta de infraestructuras, o déficits de educación o salud o seguridad social. Los objetivos de desarrollo y la erradicación de la pobreza, sólo se lograran cuando creemos un ser humano capaz de soñar una sociedad diferente, libre del hambre, la ignorancia y la enfermedad en donde impere la libertad, igualdad y solidaridad humana basadas en la dignidad plena del hombre. A través de contrastar estos valores con el “desorden establecido”, llegaremos al ideal de una nueva Cristiandad basada en el bien común donde impere en forma permanente  la paz y la justicia.

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2004    Perry, Guillermo, Economista Jefe del Banco Mundial para América Latina,  en     entrevista dada al periodista Andrés        Oppenheimer el 27 de septiembre de 2004,    exhibida en el Canal 39 Guatevisión de Guatemala.


[1]Los términos políticos de este pensamiento fueron definidos en Jacques Maritain (2002). El Hombre y el Estado. Trad. de Juan Miguel Palacios. 2da. Ed. Madrid, España: Ediciones Encuentro y por el mismo autor (2001). Humanismo integral. Trad. de Alfredo Mendízabal. Prólogo de Juan Manuel Burgos. Humanismo integral. Madrid, España.

[2]Asociación Española de Personalismo, AEP, recuperado en www.personalismo.org en su página central.

[3]Henri Louis Bergson fue el primer gran maestro de Maritain Ver Henri Bergson, Las Dos Fuentes de la Moral y la Religión (Madrid: Tecnos, 1999).

[4]Ver Nelson Amaro, “El Contraste entre los Compromisos de las Cumbres Sociales y Países Selectos”, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas –DESA/Universidad del Valle de Guatemala, Seminario Sub-regional de Capacitación. Los Acuerdos de la Cumbre Social. Implementación y Seguimiento Post Ginebra 2000. Informe de Actividades del 30 de Noviembre al 8 de  Diciembre 2000. (Ciudad Guatemala, DESA-UVG, 2001)

[5]W.W. Rostow, Las Etapas del Crecimiento Económico (México: FCE, 1965); Daniel Lerner, The Passing of Tradicional to Modern Societies ( N.Y.; Free Press 1961); y Gino Germani, Política y Sociedad en una Época de Transición (Buenos Aires; Editorial Paidós, 1962).

[6]Ver diferentes versiones de la teoría en Fernando Hennrique Cardoso, “Dependency and Development in Latin America”, Sociology of Developing Societies, Varios Autores, (London: Mc Millan Press, 1983) y respecto al Club de Roma el resumen preparado por Donella H. Meadows, Dennnis L. Meadows, Jorgen Randrsf y William W. Behrens III, Los Límites del Crecimiento (México: FCE, 1972).

[7]Se estima que terremotos, huracanas y otros cataclismos menores han causado daños a la economía del istmo centroamericano por valor de casi 16 mil millones en la década del 80, lo que equivaldría al 35% del actual PIB centroamericana y equivaldría a 1.3% del PIB anual subregional durante ese periodo. Ver Consejo de Integración Social, CIS, Informe Subregional sobre la Infancia. Istmo Centroamericano. Versión on line www.sicanet.org.sv según se indica en la página principal,  p.5.

[8]Se cuenta en la actualidad con investigaciones de las actitudes de los pobres expresadas por ellos mismos, lo cual era impensable en la etapa anterior. Ver Miguel von Hoegen y Danilo Palma Ramós, Los Pobres Explican la Pobreza: el Caso de Guatemala, (Guatemala: Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, IDIES, 1995 y 1999).

[9]Ver Nelson Amaro, Descentralización y Participación Popular en Guatemala (Guatemala: Serviprensa-INCEP, 1990), 46-52.

[10]Para justificar esta afirmación basta aquí mencionar ejemplos que valen más que explicaciones. Gobiernos paternalistas ocuparon la atención antes del descongelamiento de la “Guerra Fría”. Pueden caber aquí todos los experimentos frustrados socialistas incluyendo la Unión Soviética y Europa Oriental. A pesar que tiene mayores énfasis participativos muchos regímenes en Africa que han desaparecido también pudieran clasificarse dentro de este tipo. Cuba pudiera situarse también en esta dimensión aunque tiene características más populistas. No obstante se acerca más al gobierno “radical” en la etapa de 1968 a 1970 cuando se puso énfasis en los “estímulos morales”  bajo la influencia del Comandante Ernesto Guevara. El regimen del Pol Pot en Kampuchea o China durante el “Gran Salto Adelante” pudieran situarse dentro del tipo “radical”. El ascético recuerda a Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial cuando Churchill prometía “sangre, sudor y lágrimas”. El “patético” es aquella ideología que pone énfasis sólo en la distribución sin tener prácticamente nada que repartir. Recuerda a Bangladesh que visité en los años ochentas y que es uno de los países más pobres del mundo pero altamente participativo con una tradición colonial del “self government” inglés. El gobierno imposible no puede teneer casos. Sería improbable que un gobierno tal pudiera mantenerse en el poder sin demostrar ningún resultado en estas categorías.

[11]Esta fue precisamente la explicación dada por el Economista Jefe para América Latina del Banco Mundial Guillermo Perry en entrevista dada al periodista Andrés Oppenheimer el 27 de septiembre de 2004, exhibida en el Canal 39 Guatevisión de Guatemala.

[12]Aquí coincidimos con la apreciación de Julian May que dice: “La preocupación recae en que los requerimientos para la elaboración de políticas no toman en consideración los procesos políticos reales, a través de los cuales se desarrolla la misma y traduce en programas y proyectos que serán presupuestados y que eventualmente serán implementados”. Julian May, “Desmantelando la Máquina Anti-Política”, Reflexiones Teóricas sobre la Pobreza, Programa Multidisciplinario sobre Estudios de Pobreza,  Oscar López, Coord., edición a cargo de Marcel Arévalo y traducción al español Ileana Monterroso, serie  Textos Básicos No. 2 (Guatemala, FLACSO/ASDI, 2004) 25.