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22/08/2019
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Misión e Importancia de la Sociedad Civil en el futuro de Cuba según la enseñanza social de la Iglesia

Ponencia para la III Semana Social Católica de Miami
Salón Padre Félix Varela. Ermita de la Caridad.
Sábado 8 de febrero de 2014.

I.INTRODUCCIÓN

En primer lugar, deseo agradecer a los organizadores de la III Semana Social Católica de Miami la fraterna invitación a participar en este importante evento para el futuro de la Iglesia y de la nación cubana que, siendo una e indivisible, peregrina en la Isla y en la Diáspora en espera del día.

En segundo lugar, deseo inclinarme respetuoso y orante, ante tantos cubanos y cubanas que han sufrido, y hasta entregado sus vidas, sin desfallecer en “la esperanza que no defrauda”. Todos sin excluir a nadie. Sus vidas y sus testimonios son ofrenda permanente ante el altar de Dios y de la Patria por la libertad, el progreso y la felicidad de Cuba. En esta Ermita, en este Salón Padre Félix Varela, no puedo dejar de mencionar a uno de esos símbolos que nos animan a seguir, sin desfallecer, trabajando por Cuba: Mons. Agustín Román, obispo.

En la I Semana Social Católica de Miami pude participar con una ponencia que reflexionaba sobre “La Misión de los laicos católicos en la sociedad”. Ahora, me han propuesto un tema muy relacionado con aquel primero, pero cualitativamente más comprometido y visionario: “Misión e importancia de la sociedad civil en el futuro de Cuba”.

Es un tema al que le he dedicado la mayor parte de mis estudios. Y hace ahora 20 años que, inspirados en este tema, fundamos el Centro de Formación Cívica y Religiosa en la Diócesis de Pinar del Río y su revista Vitral. El proyecto Convivencia se considera heredero y continuador de aquel proyecto laical. Damos gracias a Dios y a la querida Iglesia cubana por habernos formado y animado en esta temática y en la acción que de ella deriva. A partir de esta experiencia es que me atrevo a vislumbrar la importancia y la misión de la sociedad civil en el presente y el futuro de Cuba, visto desde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Además, y como honor inmerecido, los organizadores me han permitido compartir esta jornada de clausura de la III Semana Social, con dos personas excepcionales, cubanos raigales, cristianos fervorosos y comprometidos. Vengo como aprendiz de cubano y de cristiano a compartir esta mesa con el Padre Santiago Matheu sacerdote, amigo y ejemplo; y con quien considero el mejor economista vivo de Cuba: el profesor y amigo Carmelo Mesa Lago.

II.    LA PRIMACÍA DE LA PERSONA HUMANA SOBRE TODAS LAS ESTRUCTURAS DE LA SOCIEDAD

Todo el corpus de las enseñanzas sociales de la Iglesia católica gira sobre un eje “genético” (sensu stricto), es decir, a partir del Génesis bíblico. Por tanto, es a partir de este principio personalista cristiano que se edifica, y se debe edificar, toda la estructura de la sociedad civil, según la DSI.Así lo dice claramente el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia(CDSI) en cuya redacción tuve el honor de participar como miembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz:

“Toda la vida social es expresión de su inconfundible protagonista: la persona humana. De esta conciencia, la Iglesia ha sabido hacerse intérprete autorizada, en múltiples ocasiones y de diversas maneras, reconociendo y afirmando la centralidad de la persona humana en todos los ámbitos y manifestaciones de la sociabilidad: «La sociedad humana es, por tanto objeto de la enseñanza social de la Iglesia desde el momento que ella no se encuentra ni fuera ni sobre los hombres socialmente unidos, sino que existe exclusivamente por ellos y, por consiguiente, para ellos».Este importante reconocimiento se expresa en la afirmación de que «lejos de ser un objeto y un elemento puramente pasivo de la vida social», el hombre «es, por el contrario, y debe ser y permanecer, su sujeto, su fundamento y su fin».”…“El hombre, comprendido en su realidad histórica concreta, representa el corazón y el alma de la enseñanza social católica. Toda la doctrina social se desarrolla, en efecto, a partir del principio que afirma la inviolable dignidad de la persona humana” (CDSI No. 106-107).

a.     Compromiso cristiano de anunciar la primacía de la persona y denunciar todo lo que la viola

Pero fijémonos, no se trata de un principio abstracto, o de una filosofía sin compromiso. Eso no sería cristianismo. La primacía de la persona humana es la base, el acicate y la urgencia del Evangelio de Jesús que nos compromete a todos los cristianos, pastores y fieles laicos, a ser defensores de la dignidad de cada persona, a la protección y promoción de todos sus Derechos Humanos y Deberes Cívicos; nos compromete a:

-anunciar la inviolabilidad sagrada de cada uno y de todos los ciudadanos de este mundo, que por ser cada uno de ellos “imago dei”, tienen la inalienable primacía sobre la economía, la política, la sociedad civil, sobre todas las instituciones laicas y religiosas, incluido el Estado y el Mercado.

- y adenunciar y defender lo que cada persona debe ser y hacer, vivir y convivir como centro, sujeto y fin de la sociedad:

“Mediante las múltiples expresiones de esta conciencia, la Iglesia ha buscado, ante todo, tutelar la dignidad humana frente a todo intento de proponer imágenes reductivas y distorsionadas; y además, ha denunciado repetidamente sus muchas violaciones. La historia demuestra que en la trama de las relaciones sociales emergen algunas de las más amplias capacidades de elevación del hombre, pero también allí se anidan los más execrables atropellos de su dignidad.”…“El mensaje fundamental de la Sagrada Escritura anuncia que la persona humana es criatura de Dios (cf. Sal 139,14-18)y especifica el elemento que la caracteriza y la distingue en su ser a imagen de Dios: «Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó» (Gn 1,27).(CDSI No. 107-108).

b.    El “pecado personal y estructural” contra la dignidad de la persona y los Derechos Humanos

Reconocidas estas bases doctrinales, se hace evidente para todos los cristianos que el tema de la persona humana, su dignidad inviolable, sus derechos inalienables y sus deberes cívicos, no es un tema opcional, o adicional, o marginal, en nuestra vida cristiana. Es un deber, un compromiso y un mandamiento esencial de Jesús para sus discípulos (Mt 25). Desconocer, disimular, negociar, posponer o “descafeinar” este deber primario de la defensa de los Derechos de la persona humana, es una grave omisión moral, lo que es en el lenguaje religioso, un pecado capital. Y de este pecado personal y capital se originan lo que la DSI llama “estructuras de pecado”. Es decir, estructuras sociales de injusticia, de opresión de la persona, de violación de su dignidad y sus derechos por parte de mecanismos, dinámicas y organizaciones sociales, políticas o económicas que van contra la naturaleza humana y su dignidad primigenia. Así lo enseña la Iglesia:

Las consecuencias del pecado alimentan las estructuras de pecado. Estas tienen su raíz en el pecado personal y, por tanto, están siempre relacionadas con actos concretos de las personas, que las originan, las consolidan y las hacen difíciles de eliminar. Es así como se fortalecen, se difunden, se convierten en fuente de otros pecados y condicionan la conducta de los hombres.Se trata de condicionamientos y obstáculos, que duran mucho más que las acciones realizadas en el breve arco de la vida de un individuo y que interfieren también en el proceso del desarrollo de los pueblos, cuyo retraso y lentitud han de ser juzgados también bajo este aspecto. Las acciones y las posturas opuestas a la voluntad de Dios y al bien del prójimo y las estructuras que estas generan, parecen ser hoy sobre todo dos: «el afán de ganancia exclusiva, por una parte; y por otra, la sed de poder, con el propósito de imponer a los demás la propia voluntad. A cada una de estas actitudes podría añadirse, para caracterizarlas aún mejor, la expresión: “a cualquier precio”» (CDSI No.119).

III.  LA PRIMACÍA DE LA SOCIEDAD CIVIL SOBRE LA COMUNIDAD POLÍTICA, SEGÚN LA DSI

Alrededor del principio básico y central del personalismo cristiano, se debe tejer y desarrollar el segundo principio de la DSI, inseparable y complementario del primero: el principio de la socialidad. De este segundo pilar se deduce la visión antropológica integral e inspiradora de nuestro compromiso en y con la sociedad contemporánea: el personalismo comunitario.

Este personalismo comunitario que ha tenido como “padres” a Jacques Maritain, Enmanuel Mounier, Martin Buber y otros pensadores cristianos del siglo XX, es una respuesta a los dos excesos o pecados estructurales de la pasada centuria cuyos estertores aún subsisten en pocos países en lo que va de siglo XXI: se trata de los llamados totalitarismos “de izquierda y de derecha” (Cf. Hannah Arendt). O lo que suena mejor y más claro: el fascismo y el comunismo.

Muy esquemáticamente esta escuela de pensamiento del personalismo comunitario, propone lo siguiente:

-ante el individualismo del “sálvese el que pueda”, se propone a la comunidad civil como hogar de socialización.

-ante el colectivismo despersonalizante, se propone una antropología personalista y personalizadora.

- ante la opresión del hombre por el Estado o el Mercado, se propone la primacía de la sociedad civil sobre la comunidad política y sobre los mecanismos económicos globales.

Nuestra ponencia, precisamente, desea aplicar estos principios generales de la DSI a la misión de la sociedad civil en el presente y el futuro de Cuba. Queda claro que aplicar estas propuestas postula unas transformaciones sociales, políticas y económicas que, incluso, todavía están por alcanzar en la mayoría de los países del mundo.

Debemos también tener en cuenta que el “paraíso terrenal” no existe, ni existirá en este mundo, por lo que no deseamos que se entiendan estas visiones de futuro como una utopía perfecta, totalizante y globalizadora que está muy lejos de esas otras utopías imperfectas, inspiradoras, limitadas, convocantes y graduales que animan a seguir trabajando por un desarrollo humano integral y por una sociedad mejor basada en la convivencia fraterna.

 

La primacía de la sociedad civil sobre la comunidad política y sobre el Mercado, así expresado y expuesto, es un fruto reciente de la reflexión permanente de la DSI. Fui personalmente testigo de los debates que este capítulo provocó en el Pontificio Consejo Justicia y Paz y la riqueza y potencialidades que aún quedan en la maduración de este tema. No obstante, dando un paso valiente y coherente con el Evangelio de Cristo, el CDSI lo expresa así:

La comunidad política se constituye para servir a la sociedad civil, de la cual deriva. La Iglesia ha contribuido a establecer la distinción entre comunidad política y sociedad civil, sobre todo con su visión del hombre, entendido como ser autónomo, relacional, abierto a la Trascendencia: esta visión contrasta tanto con las ideologías políticas de carácter individualista, cuanto con las totalitarias que tienden a absorber la sociedad civil en la esfera del Estado” (CDSI No. 417).

a.     Importancia de la diferenciación estructural entre comunidad política y sociedad civil

Para el presente y el futuro de la democracia en Cuba y de su prosperidad, es de suma importancia hacer esta diferenciación que durante más de medio siglo ha sido confundida, entrampada y desenhebrada. El Estado totalitario siempre tiene como primera “tarea” de dominio público el destejer, deshilachar, la red de redes de la sociedad civil y esta tarea va acompañada de la absorción de los restos de la sociedad civil independiente por parte de las estructuras políticas partidistas. Lo que la sabiduría popular llama elocuentemente “meternos a todos en un mismo saco”.

Luego de construir esos “consolidados” para colectivizar la subjetividad y la libertad de iniciativa de los emprendedores, el Estado totalitario construye, por decreto, desde arriba y sin lazos naturales, sino ideológicos o gregarios, unas organizaciones de masas -nunca mejor dicho- que son, como su nombre lo indica, fábricas de masificación, homogenización antropológica y genocidio cultural. Son las correas de transmisión de la maquinaria de control y movilización propagandística o voluntarista.

Por tanto, no es de menor importancia, diferenciar los conceptos de sociedad civil y comunidad política. Tampoco deja de ser esencial diferenciar sus roles en el entramado de la Nación y evitar la confusión de organización, métodos y fines entre ambos entes sociales: lo político partidista y lo civilista. Y definir, claramente, en la teoría y en la práctica cotidiana de la construcción de una sociedad democrática, la escala de valores y funciones: la comunidad política debe estar al servicio de la sociedad civil y no al revés, como ocurre en las sociedades totalitarias. He aquí dos definiciones aportadas por la DSI:

b.    Concepto de sociedad civil

“La sociedad civil es un conjunto de relaciones y de recursos, culturales y asociativos, relativamente autónomos del ámbito político y del económico: «El fin establecido para la sociedad civil alcanza a todos, en cuanto persigue el bien común, del cual es justo que participen todos y cada uno según la proporción debida». Se caracteriza por su capacidad de iniciativa, orientada a favorecer una convivencia social más libre y justa, en la que los diversos grupos de ciudadanos se asocian y se movilizan para elaborar y expresar sus orientaciones, para hacer frente a sus necesidades fundamentales y para defender sus legítimos intereses” (CDSI No. 417).

c.     Comunidad política concebida como el conjunto de formaciones políticas partidistas que se alternan en el poder

“Los partidos políticos tienen la tarea de favorecer una amplia participación y el acceso de todos a las responsabilidades públicas. Los partidos están llamados a interpretar las aspiraciones de la sociedad civil orientándolas al bien común, ofreciendo a los ciudadanos la posibilidad efectiva de concurrir a la formación de las opciones políticas. Los partidos deben ser democráticos en su estructura interna, capaces de síntesis política y con visión de futuro” (CDSI No. 413).

Ambos, sociedad civil y comunidad política, cooperan y se controlan mutuamente en un sistema democrático al servicio de la persona humana y del bien común.

d.     El primado de la sociedad civil

Así lo expresa el CDSI, haciendo avanzar mucho el cuerpo doctrinal cristiano:

“La comunidad política y la sociedad civil, aun cuando estén recíprocamente vinculadas y sean interdependientes, no son iguales en la jerarquía de los fines. La comunidad política está esencialmente al servicio de la sociedad civil y, en último análisis, de las personas y de los grupos que la componen.La sociedad civil, por tanto, no puede considerarse un mero apéndice o una variable de la comunidad política: al contrario, ella tiene la preeminencia, ya que es precisamente la sociedad civil la que justifica la existencia de la comunidad política” (CDSI No. 418).

e.    El sistema de la democracia

Los elementos estructurales antes mencionados y que son la sustentación teórica de la importancia de la sociedad civil no pueden considerarse por separado, ni como fundamentos estancos. Se trata de la arquitectura social que diseña una dinámica de vida, un estilo de convivencia, en el hogar común llamado democracia. La democracia no es un fin en sí misma sino un medio para convivir de forma digna y próspera. Democracia es la dinámica social del Estado de Derecho y de la sociedad civil. Es el modus operandi de la Casa-Cuba que queremos diseñar y construir. Sabiendo de antemano que este estilo de vida que llamamos democracia no es perfecto, ni mucho menos. Cuenta con ciudadanos educados para la libertad y la responsabilidad, pero también cuenta con ciudadanos analfabetos éticos y cívicos que no han aprendido o no quieren aprender a vivir con esta dinámica de participación. Ya lo decía Winston Churchill, con su afilado humor: “La democracia es el peor de los sistema políticos… con excepción de todos los demás.”

Teniendo esto en cuenta, no debemos crear expectativas utópicas sino desmitificar todos los sistemas conocidos y por conocer, auténtica vacunación contra la anarquía y el irrespeto a las instituciones que, valga decirlo, aún imperfectas, son absolutamente indispensables para vivir en sociedad.Pero las vacunas que están bien dosificadas no matan al que pretenden inmunizar, sino lo fortalecen en salud. Sin instituciones no hay país. Ni gobernabilidad, ni gobernanza.

Dicho esto debemos articular esos fundamentos en un sistema orgánico llamado democracia:

-          Primero, poner en lo más profundo de sus cimientos la primacía y dignidad inalienable de la persona humana.

-          Segundo, levantar las columnas de la sociedad civil y sus organizaciones; del Estado y sus instituciones y del Mercado y sus instituciones.

-          Tercero, ordenar la estructura de la Nación según una escala de valores personalista y comunitaria: la primacía de la sociedad civil sobre la comunidad política, el Estado.

-          Cuarto, establecer la primacía de la persona y de la sociedad civil sobre el Mercado.

Este ejercicio de ingeniería social, sin manipulaciones autoritarias, injusticias sociales, ni exclusiones partidistas, es una delicada tarea de todos y no de unos cuantos “iluminados” mesiánicos. La DSI valora y estimula la construcción del edificio democrático de forma plural, participativa e incluyente. Así lo explicitaba diáfanamente Juan Pablo II en su Magisterio originado en su experiencia personal y citado por el CDSI:

“Un juicio explícito y articulado sobre la democracia está contenido en la encíclica «Centesimus annus»: «La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica. Por esto mismo, no puede favorecer la formación de grupos dirigentes restringidos que, por intereses particulares o por motivos ideológicos, usurpan el poder del Estado. Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de Derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Requiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas concretas, mediante la educación y la formación en los verdaderos ideales, así como de la “subjetividad” de la sociedad mediante la creación de estructuras de participación y de corresponsabilidad” (CDSI No. 406).

IV.  LA SOCIEDAD CIVIL EN LA CARTA PASTORAL “LA ESPERANZA NO DEFRAUDA”

Por primera vez, de forma explícita y extensa, el Magisterio de los Obispos de Cuba toca el tema de la sociedad civil. Ya lo había hecho cinco veces durante sus cinco días de visita el Papa Juan Pablo II y luego el Papa Benedicto XVI. El cuerpo doctrinal de la Iglesia cubana se enriquece con estos párrafos que me permito citar textualmente por la importancia y vigencia que considero que tienen para el presente y el futuro de Cuba. “La esperanza no defrauda” es una Carta Pastoral, lo que le concede a sus enseñanzas el más alto nivel doctrinal. El primer párrafo que deseo citar es el número 19:

a.     El Estado participativo debe sustituir definitivamente al Estado paternalista

19. “El Estado participativo debe sustituir definitivamente al Estado paternalista. No se debe temer al desarrollo de una autonomía social fuerte y responsable, potenciada desde la base y de acuerdo con las normas de la convivencia civilizada, capaz de desarrollar un trabajo fraterno, según los grupos de interés y las necesidades específicas que unen y animan a diversos grupos humanos en la búsqueda de soluciones propias, sin necesidad de esperar las respuestas y soluciones desde arriba. Esto es lo que la Doctrina Social de la Iglesia llama principio de subsidiaridad y es, en sí mismo, uno de los fundamentos de una sociedad abierta y solidaria.”

Están muy claros, la opción, la propuesta y el proceder:

La opción: la Iglesia cubana opta por cambiar las estructuras y la dinámica de un Estado paternalista y sustituirlo, cito “definitivamente” por un estado participativo.

La propuesta: el desarrollo de una autonomía social fuerte y responsable. Autonomía con relación clara al Estado.

El proceder: Desde la base, según normas de convivencia cívica, con trabajo fraterno, según los intereses y necesidades de grupos diversos, buscando soluciones por cuenta propia, sin esperar soluciones de arriba.

Más claro ni el agua. Esta enseñanza no tiene precedente en el Magisterio de la Iglesia cubana. Todavía no hemos difundido y estudiado estas valientes propuestas concretas. Se nos diluyen en el lenguaje eclesial, no las hemos tomado en serio aún. Y lo que más temo es que nos pase como con otros documentos y eventos, somos muy buenos preparándolos, organizándolos y viviendo los eventos, pero lentos, y a veces, incoherentes en llevarlos a la práctica. Asignatura pendiente de la Iglesia en Cuba. Un día estos Obispos podrían decir lo que me dijo un laico eminente, amigo mío, que está aquí presente, cuando le pregunté qué me aconsejaba decir al Papa Juan Pablo II al ser yo nombrado del Pontificio Consejo Justicia y Paz en 1999 a un año de la visita papal a Cuba. Al preguntarle a Eduardo Mesa en medio de una reunión de Justicia y Paz de Cuba, ¿qué crees que le debo decir al Papa en palabras breves y claras cuando nos reciba en audiencia a los miembros del Consejo a un año de su transcendental visita? A lo que más rápido de lo que lo digo ahora, él me contestó: “Dago dile: ¡Santidad, por Usted no ha quedado!”

Nunca he podido olvidar este sabio consejo que seguí al pie de la letra y mi amigo nunca lo supo. No quisiera que pasara lo mismo con estas y otras enseñanzas de la Iglesia en Cuba. Sinceramente y con todo respeto a los colegas de la prensa en cualquier parte del mundo: con frecuencia, solo destacamos cuando vemos fallos u omisiones. Pocas veces leo balances más equilibrados. No digo complacientes o acríticos, digo equilibrados. Este párrafo de la Carta Pastoral “La esperanza no defrauda” es solo un ejemplo.

b.    Lograr una sociedad civil vigorosa que será siempre un bien necesario

Otro de los aportes novedosos de la última Carta Pastoral de los Obispos cubanos está en el epígrafe 30 que se refiere a la sociedad civil por su nombre:

30. “En “El amor todo lo espera” indicábamos que “más que medidas coyunturales de emergencia, se hace imprescindible un proyecto económico de contornos definidos, capaz de inspirar y movilizar las energías de todo el pueblo. Las aspiraciones de superación personal deben ser alentadas para lograr así una sociedad civil vigorosa que será siempre un bien necesario para todo país que aspire a una sana prosperidad social y económica, sostenida por sólidos pilares morales y espirituales. Solo un contexto humano personalizado puede presentar los valores y desarrollar las virtudes que tanto reclama y necesita nuestra sociedad.”

Los pastores van a la raíz de la falta de valores y virtudes en la sociedad cubana y postulan estos cinco puntos interrelacionados y muy concretos que constituyen todo un plan de acción que vaya haciendo realidad las opciones, propuestas y dinámicas esbozadas en el párrafo 19 y puede ser una clara inspiración para los laicos cristianos y para todo hombre y mujer de buena voluntad:

-          superar las medidas coyunturales

-          la necesidad de un proyecto económico definido

-          lograr una sociedad civil vigorosa

-          una sana prosperidad social y económica

-          con sólidos pilares morales y espirituales.

c.     Las esperanzas de un futuro mejor incluyen también un nuevo orden político

En el párrafo 31 la Iglesia en Cuballegaa una de las más audaces solicitaciones de su reciente Carta. Se trata de que los Obispos cubanos consideran, y cito: “imprescindible” un nuevo orden político. Me permito leer este trascendental párrafo que ha pasado sin penas ni glorias hasta hoy, pero que sin alharacas debemos hacer nuestro los laicos católicos y todos los que deseen este nuevo orden político en Cuba:

31. Como ha venido ocurriendo en el aspecto económico, creemos imprescindible en nuestra realidad cubana una actualización o puesta al día de la legislación nacional en el orden político. Desde hace algún tiempo han surgido incipientes espacios de debate y discusión en diferentes instancias y ambientes, en ocasiones creados por los mismos ciudadanos: intelectuales, jóvenes y otros que, desde la base, han expresado de distintos modos su visión de los cambios necesarios en Cuba con opiniones y propuestas serias y diversas.

Además de pedir un cambio en la legislación política los Obispos reconocen, también por primera vez, de forma explícita, en el último medio siglo, el surgimiento de incipientes espacios de debate y discusión en ocasiones creados por los mismos ciudadanos. Esta es, en mi opinión, uno de los elogios más autorizados y serios que se han hecho públicos en décadas con relación a la sociedad civil en Cuba. Y vuelven los Obispos a especificar la autonomía, que ha sido desde abajo y que las propuestas son “serias y diversas”.

Honestamente, y con todo respeto a los que discrepen: Creo que solo estos tres párrafos marcan un hito en la historia nacional y eclesial de Cuba. Y no solo estos, sino que invito a estudiar detenidamente una sustanciosa carta que debemos difundir, asumir y llevar a la práctica. Este es un reto y una tarea del laicado católico cubano, dentro y fuera de la Isla.

V.    MISIÓN DE LA SOCIEDAD CIVIL EN EL PRESENTE Y EN EL FUTURO DE CUBA

La tarea es imponente y laboriosa.Considero que ninguna persona, grupo, movimiento o partido, aislado o excluyente, podría llevar a cabo estos tres cambios estructurales que la necesidad y la evidencia han puesto, al fin, en el magisterio autorizado del episcopado católico de la Isla: tejer una sociedad civil vigorosa (No. 19), un nuevo proyecto económico definido (No. 30) y un nuevo orden político (No. 31). Destaco, por último, el orden en que han sido solicitados, considero que no es casual, sino coherente con la primacía de la sociedad civil y con la visión de Estado democrático de la DSI. Hasta el orden de prioridad sugieren los pastores según el espíritu del magisterio universal.

Como nadie puede hacerlo por sí solo, ni la Iglesia, ni ninguna de las demás formaciones cívicas y políticas es que consideramos la razón que da título y alma a esta ponencia: Misión e importancia de la sociedad civil en el futuro de Cuba. Es una tarea para todo el orgánico tejido de la sociedad civil que incluye iglesias, movimientos cívicos, partidos políticos, periodistas independientes, grupos de jóvenes, intelectuales, artistas, blogueros, asociaciones fraternales, y cuantos entretejen sus vidas en el empeño común.

a.     Misión de la sociedad civil

Comenzamos este aterrizaje gradual destacando algunas de las responsabilidades de la sociedad civil en el presente y el futuro de Cuba. No significa que todas las organizaciones y grupos tengan que asumir todos los servicios que a continuación enumeramos. Pero creo que cada organismo social debe preguntarse si puede y debe optar por alguno de ellos o incluso por todos a su nivel y a su tamaño. Creo en la fuerza de lo pequeño.

Cada grupo o institución de la sociedad civil puede cumplir una o varias de estas misiones:

1.       EDUCADORA para reconstruir a la persona humana y sus relaciones sociales.

2.       CANTERA DE CIUDADANOS para ejercer la soberanía que les toca por derecho.

3.       ESCUELA DE PARTICIPACIÓN para una democracia más eficaz.

4.       FUENTE DE PROGRESO en el aspecto económico y del desarrollo humano integral.

5.       FACTOR DE PRESIÓN para controlar al mercado y al Estado.

6.       RED DE SOLIDARIDAD para promover y asistir a los más vulnerables.

7.       ESCUDO DE PROTECCIÓN para ciudadanos indefensos y para grupos minoritarios.

8.       VÍA DE ACCESO a los demás sectores de la sociedad.

b.    Influencia de la sociedad civil en los demás sectores sociales en el futuro de Cuba

Además de las funciones anteriores, desearía proponer también este flujo de personas y trabajos que parten de la escuela-cantera de la sociedad civil y alimenta a los demás sectores que conforman la vida de la Nación. Es una nueva dinámica que no va de los puestos políticos a la sociedad civil, de arriba abajo, verticalista y elitista, sino un flujo de protagonistas, proyectos, propuestas y visiones, empoderadas en el seno de la sociedad civil, educadora, plural y democrática. Considero que uno de los fallos estructurales de la historia de Cuba fue invertir este flujo, verticalizar esta dinámica y no ensanchar su horizontalidad, su inclusión y su diversidad. Todavía hoy algunos proyectos conciben los cambios en Cuba de forma excluyente, sectaria o caudillista. Son rezagos coloniales y culturales. Venga ya el cambio de mentalidad y la inversión de la visión dinámica de una sociedad moderna y participativa. Mientras más ancho sea nuestro protagonismo menos peligro habrá de nuevos autoritarismos. A más sociedad civil madura y empoderada menos mesianismos populistas. Aprendamos los cubanos, de una vez, estas lecciones de la historia.He aquí esos flujos empoderadores y horizontalistas:

1. Desde la sociedad civil al mundo de la política

Podemos decir que la República de Cuba puede y debe entrar en una etapa verdaderamente nueva, porque desde una sociedad civil autónoma, ética-personalizada, articulada en sentido comunitario, participativa y corresponsable, en la que se equilibren creativamente la solidaridad y la subsidiaridad, se puede acceder mejor al mundo de la política; porque los ciudadanos estarán mejor entrenados en la participación democrática y los líderes lo estarán mejor en los límites y el mutuo control de los poderes públicos, así como en el carácter de servicio de ese poder político.

2. Desde la sociedad civil al mundo de la economía

Desde ese protagonismo de la sociedad civil se podrá acceder mejor al mundo de una economía de mercado con cierta regulación del Estado y cierta presión de la misma sociedad civil que fomente la justicia social,porque la iniciativa creadora y productiva se habrá entrenado en el seno de las organizaciones concretas yporque el sentido de comunidad, aprendido en esas organizaciones, permitirá abrir las meras reglas delmercado a una sensibilidad ética de solidaridad y subsidiaridad. Sin mercantilismos deshumanizantes, nipragmatismos amorales.

3. Desde la sociedad civil al mundo de la cultura

La reconstrucción de una sociedad civil, plural y tolerante, permitirá a la nueva República acceder al mundode la cultura desde la diversidad asumida y promovida como una riqueza cívica. El diálogo interétnico, la creación libre y el arte sin fronteras serán los verdaderos cimientos de la identidad nacional que no separapeta ni en estrechos nacionalismos, ni en disolución acrítica en culturas hegemónicas.

4. Desde la sociedad civil al mundo de la trascendencia, la religiosidad y las iglesias

Una República nueva que priorice un protagonismo adulto de la sociedad civil contribuirá a la promociónde la subjetividad, del alma de las naciones y, por ende, fomentará la dimensión trascendente de las personas, de las religiones y las iglesias, que además podrán tener un espacio real para “profesar la fe enámbitos públicos reconocidos”, para que las Iglesias “puedan estimular las iniciativas que configuranuna nueva sociedad”y puedan ejercer la caridad y el profetismo, servicios de verdad y promoción humana.

Las Iglesias aportarían, a su vez, un ingrediente de purificación y renovación de la misma sociedadcivil de la que la Iglesia forma parte y a la que está llamada a servir como fermento en la masa, comogeneradora de espacios de participación, como articuladora de redes de solidaridades y servicios, como redde redes, ella misma.

5. Desde la sociedad civil al mundo de las relaciones internacionales

Incluso, el mundo de las relaciones internacionales,en una República nueva, encontraría en unasociedad civil autónoma, abierta y solidaria, no solo un modelo a seguir en esos vínculos del servicioexterior, sino y sobre todo, caminos y lazos, puentes y apoyos para unas relaciones con el mundodiversificadas, plurales, fraternales y que vayan más allá de la diplomacia tradicional de las relacionesinterestatales, para llegar a ser verdaderos vínculos de comunicación y solidaridad entre los pueblos y atodos los niveles de la sociedad civil. Se puede considerar esta como una nueva diplomacia.

VI.  UNA VISIÓN PARA EL FUTURO DE CUBA

Fíjense, por favor, que no digo “la” visión para el futuro de Cuba. Sería negarme y negar todo lo que aquí se ha dicho. Digo “una” porque tampoco me parece ético, provocar y no proponer. Así que con todo respeto a la necesaria y rica diversidad de propuestas, expongo estas otras.

Mirar al futuro y un prever la refundación de Cuba: es urgente y necesita de todos.Junto con otros cubanos y cubanas, deseamos lanzar una mirada al futuro; sobre todo, pensar y pre-sentirel futuro, para re-fundar la nación sobre las únicas bases que pueden recuperar y reconstruir la Cuba desiempre: el proyecto de nación de Varela y Martí.

Tenemos la certeza de que ese otear hacia delante nos permitirá también mirar hacia el pasado, paraaprender de la historia, para arraigarnos en lo mejor del humus nacional, para tratar de no repetir losmismos errores.Es muy urgente, ponerse a pensar en el futuro de Cuba, en el futuro inmediato y en el mediato:

-          Pensar, escribir, diseñar, proyectar, concretar, pasar de lo académico a pequeñas obras que vayanaplicando la reflexión seria y acumulada.

-          Pasar de la reflexión a los proyectos, sin dejar de madurarla reflexión, porque si no el caos o la arbitrariedad más egoísta y mercantil, o el oportunismo deturno, ocuparán el lugar que deje vacío el pensamiento más cercano a las tradiciones patrias y a lajusticia social.

-          De igual modo, creemos que esa mirada hacia delante nos permite vivir el presente con mayor serenidad,sin amarguras ni nostalgias, sino con creativa esperanza.

-          Y creemos, por fin, que esa esperanza, para convertirse en fuerza mística de nuestra vida, pasa por laefectiva reconstrucción del tejido de la sociedad civil.

Desearía exponer brevemente aquí mis opiniones personales sobre ese devenir:

Después de los totalitarismos de izquierda y de derecha del siglo XX (cf. Hannah Arendt) desde el fascismo hasta el estalinismo, y después de la primera apertura que tendrá que tener lugar en Cuba ineludiblemente, deberíamos pensar y debatir, prepararnos para tener, ya desde ahora, una “visión”, es decir proyectos perspectivos a corto y mediano plazo, sin descuidar a los de más largo plazo que siempre enderezan el rumbo.

En este sentido me gustaría solo mencionar algunas de esas “visiones” que vislumbro y deseo para Cuba:

1. Una nueva filosofía inspiradora: el personalismo con una dimensión comunitaria

Todo cambio político, todo proceso social debe llevar, si quiere ser humano y justo, filosofías de fondo. Sin la base filosófica, los cambios son anarquía y voluntarismo, veleta sin rumbo ni torre. Dos escuelas filosóficas de una misma raíz racionalista marcaron el siglo XX: por un lado el liberalismo salvaje que puso la filosofía de la libertad sin límites y del mercado como centro de los procesos y por encima de la misma persona humana. Por otro lado, la filosofía marxista en su variante leninista que puso al Estado sobre todas las cosas y sobre la persona humana.

Si de verdad Cuba quiere cambiar hacia delante, hacia algo verdaderamente nuevo, sin escape al pasado, creo que debemos aplicar a la situación social y al contexto histórico-cultural de Cuba las filosofías personalistas y comunitarias, es decir, los humanismos integrales inspirados en los valores cristianos del Occidente. Pensadores cubanos de la segunda mitad del siglo XX deben ser tenidos en cuenta, sobre todo, desde Varela y Martí hasta nuestros días para iluminar un porvenir de la nación cubana en el que la persona humana no sea nunca más aplastada por el Estado totalitario, ni la comunidad sea alienada y atomizada por un individualismo mercantilista.

Urge, pues, que los pensadores de dentro y fuera de la Isla, y toda persona interesada en el asunto, reflexionen, elaboren y propongan una escuela filosófica personalista y comunitaria para el futuro de Cuba (Cf. “Libertad y Responsabilidad. III Semana Social Católica. Santiago de Cuba”, 22-25 de mayo de 1997).

2. Una nueva antropología: un humanismo de inspiración cristiana

Dentro de la escuela filosófica es necesario, quiero decir, urgente e inaplazable, delinear los rasgos fundamentales de una nueva antropología. Habida cuenta de que el fracaso fundamental y global del socialismo real que hemos vivido es el fracaso antropológico. El hombre nuevo vino a ser la no-persona. Los signos de ese fracaso son, entre otros: el vacío existencial que ha provocado uno de los más altos índices de suicidio en el continente; el desgarramiento ético de la manipulación totalitaria ha conducido a la anomia más raigal; la pérdida de la responsabilidad personal y la dejación o abdicación de la libertad interior, no ya solo de las libertades civiles y políticas, económicas y sociales.

Los humanismos inmanentistas de antes y de ahora, cuya médula materialista solo cambió de un materialismo existencial con rostro (o máscara) trascendente antes de 1959, a un materialismo sin rostro y sin trascendencia en las últimas cuatro décadas, no fueron capaces de erguir un hombre nuevo e integral, ni siquiera de satisfacer sus profundas aspiraciones éticas y espirituales. Solo lograron construir un espectro humano en franca “fuga mundi”. Entonces, podemos decir, es mi convicción personal, que Cuba, escarmentada de ambos modelos antropológicos, es el mejor vivero para incubar un nuevo humanismo autónomo y trascendente, de inspiración cristiana, pero no confesional y respetuoso de todo credo y filosofía pacifista, para que pueda servir a todos los cubanos, un humanismo integral y socializador. Autores como Jacques Maritain, Paul Ricour, Marciano Vidal, Adela Cortina y otros, no deberían faltar a esta cita generadora de una nueva oportunidad para el humanismo en Cuba. (Cf. “Un proyecto de humanismo renovado para Cuba. Memoria de la I Semana Social Católica de Cuba”, La Habana, 1991).

3. Una nueva pedagogía: un empoderamiento para la libertad y para la participación desde Varela, Luz y Martí

Las dos creaciones anteriores y los años de educación paternalista y manipuladora, ideologizante, propios de la era totalitaria, hacen también urgente la necesidad de una nueva escuela pedagógica cubana. Cuando decimos “nueva”, tanto en este acápite como en los demás, nos referimos a una novedad anclada en las raíces de nuestra nacionalidad, cultura e historia, cuyos gérmenes fundacionales del siglo XIX aún están por desarrollar, como decía el filósofo Medardo Vitier. Se trata de la novedad de la re-fundación, de lo nuevo venido de la raíz de los orígenes. No hay novedad absolutamente nueva en este mundo. Pues bien, una nueva visión pedagógica debe tener como rasgos fundamentales:

-            un proceso de cambios hacia delante en la dignificación y empoderamiento del ser humano hasta que, él mismo, pueda descubrir y cultivar su total dignidad y su carácter trascendente;

-            un proceso de cambios hacia la eticidad de la persona y de las dinámicas sociales en las que la persona vive, de modo que pueda asumir un proyecto de vida y cooperar en un proyecto social en que la dignidad, los derechos y el carácter trascendente de la persona humana sean respetados y promovidos;

-            y un proceso de cambios hacia arriba, en los objetivos y metas de la inculturación de las personas, de los grupos sociales y de los mismos procesos pedagógicos, de modo que las diferentes culturas no se vean absorbidas y desmanteladas por los procesos de globalización o de genocidio cultural, sino que esas culturas puedan trascenderse, abrirse, al intercambio con las demás, a su propia purificación y fecundación plenificante para el desarrollo, como toda realidad viva.

De este modo, la nueva visión educativa tendría tres dimensiones íntimamente relacionadas y complementarias, aplicables a todos los objetivos y métodos del proceso pedagógico. Este nuevo proyecto educativo ya fue reflexionado por educadores en los espacios del Centro de Formación Cívica y Religiosa de Pinar del Río, en el Instituto Pérez Serantes de Santiago de Cuba y en las Escuelas de Verano organizadas por la CONCUR (Confederación de Religiosos de Cuba) para educadores de toda la Isla.

4. Una nueva visión política: la sociedad civil, nuevo nombre de la democracia participativa

No basta para re-fundar la República, de esos parámetros generales de la filosofía, la antropología y la pedagogía, es necesario también, “bajar” en el sentido de la política, o si se desea, subir al difícil arte de alcanzar la convivencia social en su más alto grado. Si Cuba desea realmente avanzar hacia algo nuevo, la política no puede volver a ser lo que fue: ni politiquería corrupta de “mamengues” y clientela electoral populista, ni politiquería excluyente de un solo partido. Cuba puede tener el chance, la puerta abierta y la coyuntura, como ningún otro país del continente para edificar una democracia política con el protagonismo de la sociedad civil y no solo con la participación de los partidos tradicionales. Los partidos y movimientos políticos son indispensables para la democracia, pero sin la participación política de la sociedad civil ya sabemos dónde va a parar la democracia. Ejercer la soberanía de cada ciudadano desde el mundo de la política, a través de la representatividad de los partidos ya está experimentada; ejercer la soberanía desde el mundo de la empresa y de la economía también está ya experimentado; falta por experimentar a nivel de Nación el ejercicio de la soberanía desde la entera sociedad civil y no solo desde alguna de sus aristas. Por eso me atrevería a decir que la sociedad civil es el nuevo nombre de la democracia participativa. (Cf.“Cuba: Hacia una nueva República desde la sociedad civil”. Santiago de Cuba, 28 de abril de 2002).

Una propuesta concreta para dar cuerpo a esta visión sería organizar un itinerario de reflexión para buscar una visión de la sociedad civil de acuerdo con una ética de inspiración humanista y comunitaria.

5. Una nueva visión jurídica: Nueva Constitución de la República inspiradas en la Constitución de 1940 y los Pactos de Derechos Humanos

Casi todos aceptan la necesidad de una nueva Asamblea Constituyente para fijar el marco institucional y político de Cuba. Se debate mucho sobre si es necesario volver a la Constitución de 1940, o actualizarla, o redactar una totalmente nueva inspirada en los nuevos aportes del Derecho y en las Constituciones de Europa y otros países más adelantados en esta materia.

Cuba debería recoger lo mejor de su historia constituyentista democrática, especialmente las Cartas Magnas de 1901 y 1940, pero también debería, dada su experiencia de totalitarismo de este medio siglo, introducir novedosos mecanismos constitucionales que cierren definitivamente la puerta a los autoritarismos, los caudillismos, los populismos y esa visión arcaica de la primacía del Estado o del Mercado sobre la persona y la sociedad.

Un nuevo texto constitucional debería consagrar en la Ley de Leyes, por lo menos, estas concepciones y sistemas:

-          La primacía de la persona humana como sujeto, centro y fin de todas las instituciones sociales.

-          La primacía de la sociedad civil sobre el Estado y el Mercado.

-          El ejercicio real y eficaz de la soberanía ciudadana.

-          La consagración constitucional de todos los derechos refrendados en los Pactos Internacionales de Derechos Humanos.

-          Un sistema educacional liberador, empoderador y de gran calado en la educación ética y cívica.

-          Un sistema económico abierto, eficiente, subsidiario y solidario.

-          Un sistema de Medios de Comunicación Social (MCS) libre, horizontal y ético.

-          Una relaciones internacionales multilaterales que incluyan el intercambio con Estados y sociedades civiles.

Una propuesta concreta para dar cuerpo a esta visión sería organizar un itinerario de reflexión para diseñar un marco jurídico que esté inspirado en una ética personalista.

6. Una nueva visión económica: desde la economía social de mercado

Siguiendo en el itinerario de la visión futura sobre Cuba, se hace cada vez más evidente de que los modelos económicos aplicados a nuestra realidad se debaten entre dos pares dialécticos: libertad económica y justicia social. Me permito citar una breve frase del magisterio de Juan Pablo II en Cuba, diciendo que estas enseñanzas mantienen toda su vigencia y han adquirido seis años después una urgencia inusitada. Dice el Papa en la Plaza José Martí: “Para muchos de los sistemas políticos y económicos hoy vigentes el mayor desafío sigue siendo el conjugar libertad y justicia social, libertad y solidaridad, sin que ninguna quede relegada a un plano inferior” (enero de 1998).

Esos pares dialécticos pudieran ser resueltos pasando al diseño de una economía social de mercado con cierta y consensuada regulación estatal que salvaguarde las conquistas sociales tradicionales y devuelva a la maltrecha o casi inexistente economía cubana su dinámica propia, su eficacia y su eficiencia. No hay que olvidar que Cuba tenía el tercer lugar en el nivel de vida de los países latinoamericanos en el año 1959, pero también debemos recordar la Encuesta realizada por la ACU (Agrupación Católica Universitaria) en la que se reflejaba la situación de las clases desfavorecidas, especialmente el campesinado cubano. Este ejercicio cívico de la ACU no podrá tildarse de sospechoso ni tendencioso.

Para no regresar a eso, ni quedarse momificado en una economía centralizada, estatizada y sometida al poder político, es necesario ir abriendo poco a poco, con orden, gradualidad y amplia participación de la sociedad civil primero al mundo de la pequeña y mediana empresa (PYMES), el mundo de la grandes empresas después, el mundo de las finanzas y el comercio internacional, hasta que todo el mecanismo se ponga en marcha y se puedan ir ajustando y ampliando, cada vez más, sus esferas de participación e intercambio con otros países, bloques y organismos internacionales. Así pasamos al próximo y último círculo concéntrico que, como vemos, parte de lo filosófico-personal y comunitario (como ciudadanos y como nación) y termina en las relaciones a nivel global y comunitario internacional. (Cf. Cuba: Hacia un desarrollo humano integral”. Aula Fray Bartolomé de las Casas, Convento de los Padres Dominicos. La Habana, 27 de abril de 1995).

Una propuesta concreta para dar cuerpo a esta visión sería organizar un itinerario de reflexión para buscar proyectos y propuestas que sean respetuosas de una ética económica de inspiración humanista.

7. Una nueva visión de los Medios de Comunicación Social (MCS): las Nuevas Tecnologías (NT) y una ética personalista de los Medios

Los Medios de Comunicación Social (MCS) son sin duda un poder para que toda sociedad sea moderna y abierta. Las nuevas tecnologías, que ya no son tan nuevas, han globalizado el empoderamiento ciudadano y son un contundente instrumento en manos de la sociedad civil independiente, dándole visibilidad, voz y protagonismo en las profundas transformaciones que vive el mundo.

Sin embargo, si deseamos algo nuevo para el futuro de Cuba, también en los MCS y las NT debe asumirse una ética personalista que conceda a la dignidad de la persona humana la primacía y el respeto irrestricto que merece.

Nada en los MCS ni en las NT debe ir contra la dignidad y los derechos de todos los seres humanos. El respeto a su privacidad, su familia, sus hijos, su presunción de inocencia, su derecho a la réplica igual e inmediata, y todos los demás derechos consagrados en los Pactos Internacionales deben regir y orientar la libertad de expresión y de prensa que es un derecho de la democracia pero que no puede, ni debe ir contra las libertades y los derechos de cada ciudadano.

Una propuesta concreta para dar cuerpo a esta visión sería organizar un itinerario de reflexión para buscar una ética de los MCS y las NT que sea aceptada por las mayorías y sean respetuosas de las minorías.

8. Una nueva visión de las relaciones internacionales: la interdependencia, la solidaridad, la justicia y la paz

“La independencia de los Estados no se puede concebir si no es en la interdependencia”(Juan Pablo II. Discurso al Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede. Enero de 2003).

Este concepto del Papa no niega el de independencia sino que lo amplía, lo ensancha, le da plenitud a la libertad y a los derechos de unos, con la indispensable y necesaria relación con la libertad y los derechos de los demás. Es, en resumen, la dinámica entre libertad y responsabilidad, es la articulación entre libertad y solidaridad. Creo que debe llegar el momento en el que Cuba cambie su política exterior. Cambiar no significa ser ingenuos ante los designios hegemónicos de los centros de poder. Es no tener esa dinámica de acción-reacción que parece una adicción mutua. Es no centrar nuestra actitud en la confrontación sino en la relación entre iguales en dignidad y derechos. Lo contrario es desgastante y desvía la atención de los cubanos hacia lo que verdaderamente es nuestro principal desafío y tarea: hacer de Cuba un país abierto, próspero, solidario, justo, pacífico y fraterno. Y esto no se puede lograr, en este mundo en el que vivimos, atrincherados, como si estuviéramos en permanente estado de peligro. 

En el mundo de hoy, salvaguardar la independencia nacional debe significar hacerse fuerte en la relación, no en el combate. Ya hemos visto que los combates y las guerras son un fracaso donde todos son perdedores. Quien se aísla, pierde. Quien entra en la dinámica de la confrontación o se deja arrastrar por ella, pierde. Un país que se atrinchera, pierde. Pierde todo y no solo su independencia, porque en el mundo de hoy independencia sin interdependencia es callejón sin salida.

Cuba tiene un alma con valores cristianos, occidentales, es decir, una cultura con vocación universal. Que la insularidad no nos condicione, sino que nos apremie a buscar apertura al mundo y relaciones fraternales y mutuamente beneficiosas con todo el mundo. Por este camino iremos hacia adelante y hacia arriba, para bien de todos los cubanos, iremos hacia la integración regional; iremos hacia la participación en un mundo cada vez más interdependiente.

Con relación al papel de los gobiernos, el discurso del Papa Benedicto XVI en la ONU deja clara la posición de la Iglesia y de la Santa Sede, por lo tanto de la DSI, sobre “el deber de los Estados de cuidar a sus ciudadanos”. Dice textualmente:

“El reconocimiento de la unidad de la familia humana y la atención a la dignidad innata de cada hombre y mujer adquiere hoy un nuevo énfasis con el principio de la responsabilidad de proteger. Este principio ha sido definido solo recientemente, pero ya estaba implícitamente presente en los orígenes de las Naciones Unidas y ahora se ha convertido cada vez más en una característica de la actividad de la Organización. Todo Estado tiene el deber primario de proteger a la propia población de violaciones graves y continuas de los derechos humanos, como también de las consecuencias de las crisis humanitarias, ya sean provocadas por la naturaleza o por el hombre. Si los Estados no son capaces de garantizar esta protección, la comunidad internacional ha de intervenir con los medios jurídicos previstos por la Carta de las Naciones Unidas y por otros instrumentos internacionales.La acción de la comunidad internacional y de sus instituciones, dando por sentado el respeto de los principios que están a la base del orden internacional, no tiene por qué ser interpretada nunca como una imposición injustificada y una limitación de soberanía. Al contrario, es la indiferencia o la falta de intervención lo que causa un daño real. Lo que se necesita es una búsqueda más profunda de los medios para prevenir y controlar los conflictos, explorando cualquier vía diplomática posible y prestando atención y estímulo también a las más tenues señales de diálogo o deseo de reconciliación. El principio de la “responsabilidad de proteger” fue considerado por el antiguo ius gentium como el fundamento de toda actuación de los gobernadores hacia los gobernados: en tiempos en que se estaba desarrollando el concepto de Estados nacionales soberanos, el fraile dominico Francisco de Vitoria, calificado con razón como precursor de la idea de las Naciones Unidas, describió dicha responsabilidad como un aspecto de la razón natural compartida por todas las Naciones, y como el resultado de un orden internacional cuya tarea era regular las relaciones entre los pueblos.”

Una propuesta concreta para dar cuerpo a esta visión sería organizar un itinerario de reflexión para buscar una ética de las relaciones internacionales con una diplomacia que dé primacía a la dignidad de la persona humana y a sus derechos inalienables.

VII.              CONCLUSIONES

Mirar lo que está pasando en Cuba e intentar vislumbrar su horizonte es ya una tarea ardua y riesgosa, pero ineludible y honrosa. Todavía más difícil es intentar sugerir, adelantar lo sucesivo, provocar el porvenir, es decir convocar a lo que vendrá, lo que es lo mismo que llamar al futuro por su nombre, esperar atentos a que nos responda y disponernos a dialogar con él, aportándole lo que tengamos en el pensamiento, el corazón y las manos, ya desde ahora. Duro y apasionante. Pudiera parecer solo labor de profetas y próceres. Pero, ¿acaso no lo somos, en alguna medida todos, cuando nos mostramos disponibles y generosos ante el clamor de los que sufren el dolor del alma de la nación que espera?

Hay ya varios puntos comunes en la oposición y la disidencia dentro de Cuba, creo que por primera vez en muchas décadas, y creo que en amplios sectores fuera de ella. Se pudieran resumir en estos tres consensos que pueden servir de base para la búsqueda de otros necesarios:

Primer consenso: Debe haber un cambio. Cambio sustancial. Cambio de estructuras y pensamiento hacia las raíces de Varela y Martí.

Segundo consenso: Ese cambio debe ser pacífico. Creo que por primera vez en toda la historia de Cuba, se produce una coincidencia en la oposición de que la vía violenta ha sido abandonada, que las revoluciones armadas no han producido lo esperado. Y que los métodos pacíficos y civilizados del diálogo y la negociación son los únicos aceptables éticamente. Este consenso es totalmente inédito en nuestra historia.

Tercer consenso: Que ese cambio pacífico debe serprotagonizado por los cubanos de dentro, con el apoyo y la participación de todos, en cualquier lugar que estén. Somos una única Nación que formamos la Isla y la Diáspora.

Sobre la base de estos tres pilares podríamos buscar todo lo más que nos una y todo lo que nos impulse a alcanzar tal consenso mínimo. Las “visiones” sugeridas, con todo respeto a la diversidad, pueden sonar a “utopías”. A las ya superadas utopías globales o “terminadas”, perfectamente delineadas y “totales”. Nada de eso. Hay otro tipo de utopías, imperfectas, sugerentes, plurales, inacabadas y nada hegemónicas, que son utopías-convocantes, no masificadoras. Horizontes que nos halan hacia delante y hacia arriba, pero con plena conciencia, libertad y consentimiento.

Si así fueran, estoy convencido, que entre esas utopías que nos convocan y la realidad que vivimos hoy, están los pequeños pasos que mantienen viva nuestra esperanza. Demos esos pasos, creyendo firmemente en la fuerza de lo pequeño y el futuro responderá a la convocación que le adelantamos.

Muchas gracias.

Dagoberto Valdés Hernández

Pinar del Río, Cuba. 28 de enero de 2014

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