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20/06/2018

Stephen Hawling vs La Humildad de Dios

Stephen Hawking.
El 14 de marzo de 2018 fallece Stephen Hawking en Cambridge, Inglaterra, a los 76 años. Había nacido en Oxford, el 8 de enero de 1942. Astrofísico, físico teórico, cosmólogo y divulgador científico inglés, fue sin duda una de las personalidades científicas más importantes del siglo XX y del XXI, no sólo por el alcance de sus investigaciones, sino también por presentar su visión del Universo al público en general con sus publicaciones, y por tantas y tantas expresiones que la popularizaron.
Sus trabajos más importantes consistieron en aportar, junto con Roger Penrose, teoremas respecto a las singularidades espaciotemporales en el marco de la relatividad general y la predicción teórica de que los agujeros negros emitirían radiación, lo que se conoce hoy en día como radiación de Hawking (o a veces radiación Bekenstein-Hawking). Una de las características principales de su personalidad fue su contribución al debate científico, a veces discutiendo públicamente con otros científicos. El caso más conocido fue su participación en la discusión sobre la conservación de la información en los agujeros negros.
Fue titular de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge (cátedra que ocupara Isaac Newton) y miembro de la Real Sociedad de Londres, de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. A principios de 1963 le diagnosticaron una enfermedad neuronal motora: esclerosis lateral amiotrófica. Junto a su brillante condición científica, su delicada condición física hace que se le haya admirado aún mucho más. Hawking trabajó en las leyes básicas que gobiernan el universo y escribió diversos libros de alto nivel científico, además de llevar su visión al público en general a través de tres libros de divulgación científica: su éxito de ventas Historia del Tiempo: del Big Bang a los agujeros negros (1988); en 2001, El universo en una cáscara de nuez, y en 2005, Brevísima historia del tiempo.
Ya en 2010, el científico aseguró en su libro El gran diseño, que la física moderna descarta a Dios como creador del universo, tal como en el pasado lo hizo el darwinismo, que echó por tierra las ideas de Dios como creador de los seres vivos. Según extractos de su libro The Grand Design, Hawking dice que una nueva serie de teorías torna superfluo pensar en la existencia de un creador del Universo, que Dios no creó el Universo y que el big bang fue la consecuencia inevitable de las leyes de la física. En 2010 aparecieron unas expresiones suyas al respecto: Dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo y se creó de la nada. La creación espontánea es la razón de que haya algo en lugar de nada, es la razón por la que existe el Universo, de que existamos. No es necesario invocar a Dios como el que encendió la mecha y creó el Universo.
Y en 2014, en una entrevista realizada por el diario El Mundo, aclaró su postura con respecto a la religión y despejó cualquier duda sobre su ateísmo. Fue claro en señalar que era ateo y consideraba incompatibles ciencia y religión: En el pasado, antes de que entendiéramos la ciencia, era lógico creer que Dios creó el Universo. Pero ahora la ciencia ofrece una explicación más convincente. Lo que quise decir cuando dije que conoceríamos “la mente de Dios” era que comprenderíamos todo lo que Dios sería capaz de comprender si acaso existiera. Pero no hay ningún Dios. Soy ateo. La religión cree en los milagros, pero estos no son compatibles con la ciencia.
En 2011 tuve el atrevimiento de ofrecer una conferencia titulada Dios Creador vs El Gran Diseño de Stephen Hawking, digo atrevimiento, porque no soy un científico, sino sólo un ingeniero en telecomunicaciones especializado en comunicaciones por satélite, campo en el que he trabajado durante los últimos 45 años, y que han servido para aumentar mi pasión por estos temas, leyendo todo lo que he podido al respecto, para sacar mis propias conclusiones como creyente y cristiano. La muerte de Hawking y el gran despliegue periodístico al respecto, en muchos de los casos hablando de sus criterios sobre Dios, un Dios que para él no existe, me hicieron de nuevo repensar la conferencia anterior y actualizarla, con nuevas ideas sobre ese umbral relativo a la Ciencia y a la Fe.
El Big Bang o la Expansión del Universo.
Por mi historia personal de hombre de fe, en medio del ambiente hostil que me tocó vivir en la Cuba oficialmente atea, en la que los creyentes éramos “no confiables” solamente por nuestras convicciones religiosas, no importando para nada la rectitud de la conducta en la vida, sino el hecho de no seguir al pie de la letra el dogmatismo del estado comunista que nos discriminaba, y al mismo tiempo por mi condición de estudiante de ingeniería en telecomunicaciones en un tiempo en el que a través del estudio de las ciencias y del marxismo leninismo se nos educaba en la convicción de la no creencia en Dios, utilizando teorías como la de la evolución o la de la existencia eterna del Universo, traté siempre de buscar mi verdad, ya que mis convicciones estaban siendo permanentemente atacadas por la hostilidad reinante, y en la que en medio de una difícil soledad, me encontraba muchas veces preguntándome a mí mismo, ¿qué es la verdad? Ese peregrinar me llevaba y me lleva todavía permanentemente a apasionarme por las cuestiones fronterizas entre ciencia, filosofía y fe, y con ello a buscar, leer y escribir sobre esta frontera, en la que al final del camino hay una convergencia plena, pues no puede haber contradicción entre el Creador y su Obra.
En la disputa permanente entre los cristianos acerca de las contradicciones de una visión estática del mundo en la que muchos creyentes se atrincheran en los textos bíblicos como si fueran verdades científicas y no verdades de fe, muchas veces pasan desapercibidas las personalidades de hombres de la iglesia cuya obra científica abre perspectivas de alcance incalculable para el creyente. Uno de ellos es el P. Georges Lemaitre. El y muchos otros, nos permiten desde la perspectiva del creyente abrirnos sin ningún temor a esa frontera que para muchos ha parecido siempre irreconciliable de la Ciencia y la Fe.
Georges Lemaitre fue un sacerdote y astrofísico, nacido en Charleroi, Bélgica, en 1894. Estudió ingeniería civil en la Universidad de Lovaina, y posteriormente física y matemáticas, obteniendo su doctorado en 1920, año en que ingresó en el Seminario. Fue ordenado sacerdote en 1923. Después de trabajar con Eddington en Cambridge y con Shapley en Massachussets, regresó a Lovaina como profesor. De manera independiente el físico ruso Alexander Friedman y Lemaitre resolvieron las ecuaciones de Einstein, de donde Lemaitre planteó que el Universo estaba en expansión y eso demostraba el por qué del corrimiento hacia el rojo de la luz de las nebulosas espirales, tal y como habían observado Slipher y Wirtz. En 1931 propuso la idea de que el universo se originó en la explosión de un átomo primigenio. Todos estos planteamientos fueron objeto de una gran controversia científica en la que participó, oponiéndose inclusive a Einstein, quien como sus contemporáneos, creía que el Universo era estático e inalterable, por lo que al descubrir lo que sus ecuaciones predecían, las “corrigió”, introduciendo una “constante cosmológica”, para anular la expansión y restablecer la estabilidad, lo que consideró años más tarde, como el mayor error científico que cometiera en su vida.
En los años siguientes, el P. Lemaitre desarrolló la teoría y participó en la controversia científica y religiosa sobre el origen del universo. Según su estimación, el universo tiene entre 10 y 20 mil millones de años.
Una de las cuestiones consideradas como fundamentales en las investigaciones científicas es dar respuesta al origen del Universo y así ser capaces de definir el de dónde procedemos. Hoy día sabemos que el Universo está en expansión, las galaxias se separan, ya que el espacio entre ellas se dilata. Por lo que hace millones de años se encontraban más cerca unas de otras. De aquí que los científicos calculen que hace alrededor de 15,000 millones de años, toda la materia y la energía del Universo, estaba concentrada en un punto matemático (tal y como lo había planteado Lemaitre), cuya explosión y expansión creó el Universo actual. A ello llamamos el Big Bang.
La imagen que hoy tenemos del Universo es la de algo en expansión. Cúmulos de galaxias se van separando entre sí a medida que el espacio entre ellas se expande o dilata; ello no puede sino significar que hace mucho tiempo esas galaxias se hallaban más cercanas unas de otras. La conclusión a que se llega es que en un determinado momento, que puede calcularse grosso modo en 15000 millones de años, toda la materia y la energía del Universo se concentraba en un punto matemático desde el cual estalló y se expandió para crear el Universo tal y como lo conocemos actualmente. A ese estallido se le ha dado el nombre de Big Bang. Hasta comienzos de los años 20, los científicos pensaban que el Universo era constante e inmutable. La Teoría General de la Relatividad, de Einstein, era la fuente de toda esta teoría, como se determinaba de los trabajos de Friedman y Lemaitre, que en un inicio no fueron aceptados por el mismo Einstein como vimos anteriormente.
Pero no fue hasta los años 60 que el Big Bang pasó de ser un concepto abstracto. En 1964, Penzias y Wilson, descubrieron la prueba “tangible” del Big Bang. Utilizando una antena de radio y un sistema de amplificación muy sensible, investigaron el tenue rumor radiofónico de la Vía Láctea y detectaron una débil pero uniforme señal de 3K que provenía de todos los puntos del espacio. ¿De dónde venía esa señal? Peebles, de la Universidad de Princeton, dio con la respuesta. Esa débil radiación de fondo de 3K debía de ser el eco del Big Bang mismo, el último vestigio de la bola de fuego de que nació el Universo. Penzias y Wilson obtuvieron en 1978 el Premio Nobel por su descubrimiento.
Como podemos observar, ya los científicos hablan de CREACION, además, ese punto matemático de volumen cero con tanta energía que explotó para convertirse en el Universo que hoy conocemos, ¿habría existido eternamente (para darle a la materia la propiedad de Dios). Y es que científicamente hablando no podemos explicar el instante T=0, pero sí el instante 10-43 de segundo después del Big Bang. El instante T=0 queda sólo en las “manos de Dios”.
Yo lo veo con gran claridad y me atrevo a traspasar la frontera, pero cuando hacemos un poquito de historia vemos la grandeza científica y la valentía de Lemaitre que sin apartarse una pizca de su quehacer científico, tuvo que luchar arduamente para que se reconocieran sus conclusiones.
Lemaître nunca explotó la ciencia en beneficio de la religión en una entrevista que concedió al New York Times decía: "Yo me interesaba por la verdad desde el punto de vista de la salvación y desde el punto de vista de la certeza científica. Me parecía que los dos caminos conducen a la verdad, y decidí seguir ambos. Nada en mi vida profesional, ni en lo que he encontrado en la ciencia y en la religión, me ha inducido jamás a cambiar de opinión".
El P. Lemaitre murió en Lovaina el 20 de junio de 1966 poco después del descubrimiento de la radiación de fondo de microondas cósmicas, descubrimiento éste que comprobaba la teoría del Big Bang.
La pregunta sobre ¿qué había antes del Big Bang? se volvió más acuciante. Ahora bien, se trata de una pregunta absurda por definición, por la sencilla razón de que la Teoría del Big Bang lo que precisamente afirma es que tanto el espacio como el tiempo, se crearon en el mismo momento de la gran explosión, o lo que es lo mismo: espacio y tiempo nacieron con el Universo, son propiedades suyas y, por lo tanto, no pueden existir al margen de él. Por consiguiente, no tiene sentido preguntar qué había antes del tiempo, puesto que la pregunta, formulada de esta forma, implica la afirmación de la existencia del tiempo antes de que el tiempo existiera, lo que resulta contradictorio.
También podríamos preguntarnos ¿qué es lo que sucedió para que se produjera el Big Bang? La pregunta también es científicamente absurda. Todo lo que sea preguntar por las condiciones anteriores a t=0 carece de sentido, desde el punto de vista de los métodos de investigación de la ciencia positiva, tanto en su rama experimental como en su vertiente puramente teórica. Es más, los científicos afirman que ni siquiera podemos preguntarnos ¿cómo fueron los primeros instantes de la existencia del Universo?, entendiendo por “primeros instantes” el tiempo transcurrido entre t=0 y t=10-43 segundos. Esto se debe a una razón muy simple, nuestros conocimientos científicos acerca de la realidad material sólo son válidos a partir de un instante superior a t=10-43 segundos (el denominado Tiempo de Planck) posterior a la gran explosión. Se puede hacer alguna incursión especulativa, pero todavía resulta un ámbito de investigación que supera nuestras capacidades actuales; porque en esta etapa de la historia del Universo la temperatura, la densidad y la presión son tan altas que las leyes de la física se derrumban perdiendo su significado. ¿En el futuro podremos disponer de elementos teóricos que nos permitan saber con certeza algo de esta época? Tal vez. Pero también podría tratarse de un horizonte definitivamente infranqueable, un límite físico absoluto del conocimiento humano.
Podríamos seguir adentrándonos en estas complejidades, pero no es posible por la dimensión de esta conferencia, estamos en este punto en la misma frontera de la ciencia y la filosofía, y si se quiere de la religión. De acuerdo a John Gribbin(1): No podemos retornar al instante mismo de la creación, cuando el Universo era infinitamente denso e infinitamente energético y ocupaba un punto matemático con volumen cero. Pero los teóricos pueden acercarse bastante a él. Según ellos, su comprensión del Big Bang ha llegado a un punto en que pueden explicar cómo un objeto diminuto, un Universo que contenía toda la energía de nuestro mundo acumulada en el volumen de un protón, estalló hasta convertirse en el Universo que hoy conocemos. Pero no puede llegarse al instante T=0. Ese instante está sólo en las manos de Dios, y…ya salimos del campo de la ciencia para entrar en el de la filosofía y la teología.
La Auto-Creación del Universo.
Una de las teorías vigentes, la llamada del Estado Estacionario, desde los años 40 del siglo pasado, no aceptaba el Big Bang, y por lo tanto no habría un comienzo en el tiempo, ya que de hecho, el Big Bang daba lugar a pensar en la existencia de un Creador, porque, quién habría creado el átomo primigenio, que explotó en t = 0 sino Dios. A partir de la década de los ochenta, y sin abandonar totalmente el ámbito de las motivaciones ideológicas, algunos científicos, entre los que destaca Stephen Hawking, propusieron la noción de Auto-creación del Universo. Éste habría tenido un comienzo en el tiempo (con lo que se descartaría la teoría del Estado Estacionario), pero no estaría sometido a un continuo flujo y reflujo de ciclos de expansión y contracción (rechazándose así la teoría del Big Crunch). Sin embargo, no cabría pensar en ningún Creador, ya que el Universo se habría creado a sí mismo.
El Gran Diseño.
El último libro de Stephen Hawking, escrito en colaboración con el físico norteamericano Leonard Modlinow, “El Gran Diseño”, ya había desencadenado grandes polémicas incluso antes de aparecer, por su afirmación de que “no hace falta un Dios para la creación del Universo”. El biólogo Richard Dawkings, no creyente, declaraba al Times de Londres que “el darwinismo expulsó a Dios de la biología, pero en la física persistió la incertidumbre; ahora, sin embargo, Hawking le ha asestado el golpe de gracia”. En el bando de los creyentes, el astrofísico y teólogo David Wilkinson, afirmaba “el Dios en el que creen los cristianos es un Dios íntimamente involucrado a todo momento de la historia del universo y no sólo a sus comienzos”. En respuesta a las críticas por su libro, Hawking ha manifestado que «Uno no puede probar que Dios no existe, pero la ciencia hace a Dios innecesario». En otras palabras, pone a la “ciencia” como eje del pensamiento humano, no dejando nada para el pensamiento filosófico y religioso. Se olvida Hawking de que la ciencia, no podrá responder plenamente todas las inquietudes del alma humana, y de que Ciencia, Filosofía y Religión, son tres campos de la realidad humana que se complementan entre sí.
“El Gran Diseño” nos vislumbra desde su primer capítulo, las hipótesis de sus autores: “Cada uno de nosotros existe durante un tiempo muy breve, y en dicho intervalo, tan solo explora una parte diminuta del conjunto del Universo. Pero los humanos somos una especie marcada por la curiosidad. Nos preguntamos, buscamos respuestas… ¿De dónde viene todo lo que nos rodea? ¿Necesitó el Universo un Creador?...”
“Tradicionalmente estas son cuestiones para la filosofía. Pero la filosofía ha muerto. La filosofía no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, especialmente de la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda de conocimiento…”
“… aunque la descripción (de la física clásica) es suficientemente satisfactoria para los propósitos cotidianos, se descubrió en la década de 1920 que esta imagen “clásica” no podía describir el comportamiento aparentemente extraño observado a escalas atómica y subatómica de la existencia. Fue necesario adoptar en su lugar, un marco diferente, denominado física cuántica.”
“En la historia de la ciencia hemos ido descubriendo una serie de teorías o modelos cada vez mejores…Resulta natural preguntarse si esta serie llegará finalmente a un punto definitivo, una teoría última del Universo… o si por el contrario, continuaremos descubriendo teorías cada vez mejores, pero nunca una teoría definitiva que ya no pueda ser mejorada. Por el momento, carecemos de respuesta a esta pregunta, pero conocemos una candidata a teoría última de todo, si realmente existe tal teoría, denominada teoría M… único modelo que posee todas las propiedades que creemos debería poseer la teoría final... Describiremos como la teoría M puede ofrecer respuestas a la pregunta de la creación. Según las predicciones de la teoría M, nuestro Universo no es único, sino que muchísimos otros universos fueron creados de la nada. Su creación sin embargo, no requiere la intervención de ningún Dios, o Ser Sobrenatural, sino que dicha multitud de universos surge naturalmente de la ley física: son una predicción científica… Sólo unos pocos de ellos permitirían la existencia de criaturas como nosotros…”
De éste resumen podemos vislumbrar ya grandes hipótesis: la muerte de la filosofía; la no necesidad de un creador para la creación del Universo; la existencia de múltiples universos y no de un solo Universo; la existencia de criaturas como nosotros, donde se dieran las condiciones.
La muerte de la Filosofía.
El traductor de “El Gran Diseño” al español, el catedrático de Física de la Materia Condensada, David Jou, de la Universidad Autónoma de Barcelona, para quien esta obra de Hawking es apasionante, discrepa de muchos de sus puntos de vista y entre ellos respecto a la muerte de la filosofía. De acuerdo con Jou, desde el punto de vista metafísico, en la visión de Hawking, en vez de creerse en la existencia de Dios, habría que creer en “dimensiones ocultas, partículas todavía no observadas, universos no observables y teorías matemáticas muy complejas aún no corroboradas experimentalmente, y que a su vez serán superadas por teorías futuras…,” por lo que el hombre y la sociedad, en vez de necesitar creer menos, tendría ahora que “creer en más cosas”. Es como hablar de una nueva metafísica, sin embargo Hawking nos habla de la muerte de la filosofía.
De acuerdo al destacado físico y filósofo español Francisco J. Soler Ruiz, miembro del grupo de investigación de Filosofía de la Física de la Universidad de Bremen y profesor de dicha Universidad, que ha estudiado y escrito profusamente sobre el pensamiento de Hawking, en un artículo titulado “El universo de Stephen Hawking y el lugar del Creador”, Soler Ruiz nos dice: “Y lo cierto es que, en los últimos tiempos, estamos asistiendo una y otra vez al mismo fenómeno, posiblemente debido a la difusión del materialismo ateo en los ambientes universitarios de nuestro cada vez más viejo continente. Da igual que se trate de cosmología o de neurología; de ingeniería genética o de física de partículas. Los nuevos avances se nos presentan siempre envueltos en una lectura sesgada, fuertemente interpretados desde una perspectiva materialista.” “… A saber: que no es la ciencia la que se enfrenta a la fe en Dios. No. El problema no es la ciencia. El problema es que los materialistas intentan vendernos como ciencia lo que no es sino su pobre lectura de la misma. Una lectura que oscurece y vela el hecho de la creación, y despoja a la naturaleza de las huellas de sentido que ciertamente contiene. La despoja a ella, y nos despoja a nosotros.”
Santiago Collado González, físico y doctor en filosofía, profesor de Filosofía de la Naturaleza y subdirector del Grupo de Investigación Ciencia, Razón y Fe de la Universidad de Navarra en su artículo “Hawking y Dios: la física da de sí lo que da” nos aclara lo siguiente: “Hay dimensiones del mundo físico y de lo que es propiamente humano que exigen, de una manera muy clara, una racionalidad ampliada que podríamos llamar filosófica. Pretender explicar la realidad de la libertad, del amor, del deber, etc., con base a interacciones materiales sería como volver, aunque con un aparato matemático muy sofisticado, a mantener tesis semejantes a las de los materialistas griegos como Demócrito, Leucipo o algo más tarde Epicuro y Lucrecio. De hecho, incluso dentro de la Física, la legítima pretensión de explicar todos los fenómenos físicos mediante un conjunto de leyes fundamentales es muy discutida. No es pacíficamente aceptado, por ejemplo, que la termodinámica sea reductible a la mecánica estadística: la noción de entropía presenta una dificultad para conseguirlo. Sorprende que un científico como Hawking, con méritos reconocidos, incurra en semejantes confusiones”.
Multiversos, la existencia de criaturas como nosotros y la no necesidad de un Creador
Podemos decir que la afirmación central de “El Gran Diseño” es que a través de la mecánica cuántica y de la teoría de la relatividad podemos comprender cómo podrían haberse formado universos de la nada. Hay que aclarar aquí, que este concepto, de “la nada”, está reñido con el concepto metafísico. La nada metafísica no puede relacionarse con la experimentación científica, es un concepto totalmente filosófico. La autocreación del universo, a partir de la nada absoluta, no es científicamente analizable, ni físicamente experimentable. Cae totalmente fuera del campo de la ciencia. Esa frontera de la ciencia y la religión que es extraordinariamente apasionante, nos permite a los creyentes decir, a partir del “átomo primigenio” que originó el Big Bang, “que como científicamente hablando, no podemos explicar el instante T = 0, pero sí el instante 10-43 de segundo después del Big Bang, el instante T=0, queda sólo en las manos de Dios”, pero ello es una afirmación plenamente teológica, que cae dentro del campo de la fe, pero nunca en el de la ciencia. Ya vemos a Hawking, sin embargo, afirmando que, “dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo y se creó de la nada. La creación espontánea es la razón de que haya algo en lugar de nada, es la razón por la que existe el Universo, de que existamos. No es necesario invocar a Dios como el que encendió la mecha y creó el Universo”. Pero esta “nada” no es en realidad la nada absoluta, no es un vacío absoluto, es “algo”. Como nos dice Stephen M. Barr, profesor de física de la Universidad de Delaware, en su artículo, “La tesis de Hawking no explica la creación a partir de la nada” aparecido en First Things (10 de septiembre de 2010): Lo que Hawking sostiene en su libro es la posibilidad de que en un sistema de universos ya existente pudiera pasarse de un “estado de no universo” a un estado con uno o más universos. “¿Sería esto una creación en el sentido de los teólogos?, se pregunta Barr (…) La respuesta es no”, porque no comienza de la nada. “El ‘estado de no-universo’ en estos escenarios especulativos no es ‘nada’, sino algo muy definido: es un particular estado cuántico entre muchos, de un complicado sistema regido por leyes (…), tiene propiedades específicas y potencialidades definidas matemáticamente”. Realmente, aquí Hawking nos confunde, permeando dos conceptos, uno científico con uno filosófico, que en realidad tienen sentidos totalmente diferentes, que manejados como un mismo concepto, tiene como fin dar valor a su hipótesis.
De acuerdo con Hawking, Fluctuaciones topológicas de la gravedad cuántica, habrían originado el Universo. Sin causa alguna, habrían dado lugar a estructuras espacio-temporales, creadas a partir de la nada cuántica. A partir del espacio-tiempo vacío se producirían partículas materiales mediante fluctuaciones del vacío cuántico; finalmente, el Universo se crearía a partir de esas partículas de acuerdo con las leyes físicas que producirían el Big-Bang, por lo que nos afirma “que no hace falta un Dios”. Además nos afirma también que no sólo se creó nuestro universo, sino muchos universos, o multiversos, la mayoría de los cuales serían microscópicos y con una duración del orden de los microsegundos. Nos lo explica a partir de la Teoría M y nos dice que las leyes físicas que producen los universos, no necesitan de un Dios externo que “prenda la mecha” a las ecuaciones para que las soluciones matemáticas adquieran existencia.
En su magnífico artículo “Cosmología actual, Filosofía y Religión”, el profesor Carlos Alberto Marmelada Sebastián nos aclara de manera muy precisa el argumento de “¿qué surgió primero, la materia o las leyes que dieron lugar a la materia?”. Nos dice el profesor Marmelada: “Parafraseando a Stephen Hawking, podríamos decir que “Expulsar al Creador” ha sido una de las prioridades esenciales de los defensores de las teorías de la “Auto-creación”. Ahora bien, si se quiere ser racionalmente riguroso (por lo que los prejuicios ideológicos deberán ser dejados de banda) nos encontraremos con el hecho de que incluso aceptando la hipótesis de que el Universo se autocreara no queda excluida la posibilidad de hacer referencia a un Creador, dicho de otro modo: no resulta irracional afirmar su existencia. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que el Universo tiene el origen, sea cual sea éste, y la estructura que tiene gracias a que existen unas leyes físicas que le hacen ser como es. Pues bien, si el Universo se crea a sí mismo lo hará porque unas determinadas leyes físicas le hacen originarse de este modo. Ahora bien ¿cuál es el origen de esas leyes físicas? Ellas no pueden ni: a) originarse con el Universo, puesto que han de serle, de alguna manera, anteriores para poder originarle, ni b) originarse a sí mismas, ya que nada puede ser causa-efecto de sí mismo. Así, pues, incluso aceptando la hipótesis de que el Universo se hubiera creado a sí mismo, no resultaría irracional la aceptación de la existencia de un Creador”. Diríamos en buen español, Dios creó las leyes, y por lo tanto y lo repito, volvemos al campo de la filosofía, pues hay un límite para la ciencia, que sólo puede satisfacerse a través del pensamiento filosófico, y que para el creyente, no atrincherado en ningún fundamentalismo, que estudia la ciencia, que logra escalar las cátedras universitarias, que reconoce el gran valor científico de un Stephen Hawking, al mismo tiempo a través de su fe, satisface todo aquello en lo que la ciencia se queda “corta”, dando respuesta a las grandes inquietudes del Hombre.


La Teoría M.
En el Gran Diseño, Hawking y Mlodinov explican a través de la Teoría M, que de la misma manera que la Tierra es solo uno de los planetas de sistema solar, lo mismo que nuestra Vía Láctea es sólo una de las muchas galaxias existentes, lo mismo podría aplicarse a nuestro universo: puede ser uno de un gran número de universos. Aunque esta conferencia no pretende adentrarse en el mundo de la física, es necesaria una ligera explicación de la Teoría M, para tener al menos, una noción de lo que se está hablando.
La Teoría M es la candidata a convertirse en la Teoría Final de la física, unificando a las cuatro fuerzas o interacciones fundamentales de la naturaleza: interacción nuclear fuerte, interacción nuclear débil, interacción electromagnética e interacción gravitatoria. La física moderna se ha concentrado en la unificación de estas fuerzas, y hasta ahora la interacción débil y la electromagnética se han podido unificar en la interacción electrodébil. La unificación de la interacción fuerte con la electrodébil conformaría la teoría de la unificación. Una teoría total involucraría esta interacción electronuclear con la gravedad. Propuesta por el Dr. Edward Witten en 1995, esta teoría combina las cinco diferentes teorías de cuerdas (junto con el intento previamente abandonado de unificar la Relatividad General y la Mecánica Cuántica llamado supergravedad once-dimensional) en una única teoría. La teoría-M ha sido objeto de un escepticismo creciente, puesto que muchos físicos afirman que se han sobrestimado muchas de las fortalezas de la teoría de cuerdas, mientras que se han subestimado sus debilidades. Uno de los argumentos cuestiona el poder de predicción de la teoría, apuntando que la misma no ha producido ninguna predicción que se haya verificado experimentalmente. Otra versión de este argumento es la que dice que la teoría de cuerdas no está todavía bien definida. Sus proponentes responden que estos argumentos son tan sólo un signo de que la teoría de cuerdas no está todavía totalmente desarrollada. Otro argumento en contra es que no conserva algunas de las propiedades de la Relatividad General. De acuerdo con su creador, Ed Witten, la "M" en la teoría-M "significa magia, misterio o membrana (este último término por el que originalmente nació la M) de acuerdo con el gusto de cada cual". Otros dan significado a la M como "Matriz", o "Madre de todas las cuerdas"
Nuestra Existencia y la Humildad de Dios.
Finalmente, el Gran Diseño afirma que según las predicciones de la teoría M, nuestro Universo no es único, sino que muchísimos otros universos fueron creados de la nada. Su creación sin embargo, no requiere la intervención de ningún Dios, o Ser Sobrenatural, sino que dicha multitud de universos surge naturalmente de la ley física: son una predicción científica. Sólo unos pocos de ellos permitirían la existencia de criaturas como nosotros: "El hecho de que nuestro Universo parezca milagrosamente ajustado en sus leyes físicas, para que pueda haber vida, no sería una demostración concluyente de que el Universo ha sido creado por Dios con la intención de que la vida exista, sino que sería resultado del azar''. Además de afirmar que las leyes de la naturaleza (que son necesarias para que las formas de vida puedan existir en algunos universos) aparecen por pura casualidad, afirma que se rigen por el principio antrópico y como este principio anuncia que ¨El mundo es necesariamente como es porque hay seres humanos que se preguntan por qué es así¨ y ya Hawking en Historia del Tiempo lo había aplicado al origen y formación del universo diciendo: "vemos el universo en la forma que es porque nosotros existimos".
He traído el análisis de dos grandes especialistas, lo que nos permite vislumbrar un enfoque totalmente diferente, a partir de la génesis del mundo y de la humanidad.
Veamos que nos dice primero, el gran científico y sacerdote católico Pierre Teilhard de Chardin en “El Porvenir del Hombre” acerca del azar y sus consecuencias. “Sí, a pesar de su enormidad y de su esplendor, las estrellas no llegan a impulsar la génesis de la materia mucho más allá de la serie de los átomos, en cambio, sobre los muy oscuros planetas y sólo sobre ellos, tiene probabilidades de proseguirse la misteriosa ascensión del mundo hacia los altos complejos. Por imperceptible y accidental que sea el lugar que ocupan en la historia de los cuerpos siderales, los planetas son al cabo nada menos que los puntos vitales del Universo. Porque por ellos pasa ahora el eje, sobre ellos se concentra ahora el esfuerzo de una evolución que se dirige principalmente hacia la fabricación de las moléculas grandes”.
“Confieso que nos quedamos anonadados ante la extrañeza y la improbabilidad de que haya astros semejantes al que nos sostiene. Pero, ¿no nos muestra la experiencia cotidiana que, en todos los órdenes y en todos los niveles las cosas no se logran en la naturaleza más que a costa de un derroche y de un azar loco? Una reunión de azares escandalosamente frágil preside regularmente el nacimiento de los seres más preciosos y de los más esenciales. Inclinémonos ante esta ley universal, en la que, tan extrañamente para nuestras mentes, se mezcla y se confunde con la finalidad, el juego de los grandes números”.
Todo esto implica un nuevo concepto de la idea de la Evolución y por lo tanto de esta historia del Universo que ha dado lugar desde el nacimiento de lo inanimado, a la vida y finalmente al hombre. Pero dejemos que sea el Profesor Claude Cuenot, en su libro “Teilhard de Chardin” quien nos presente de una manera muy clara este concepto: Así pues, hoy en día, la materia, la vida, el hombre, todo forma un bloque solidario. No existen movimientos separados los unos de los otros, sólo se da un gran movimiento complejo, que interesa al universo entero; en una palabra, existe una cosmogénesis, una génesis del mundo… Uno se maravilla de que esta idea tan sencilla encuentre aun dificultades para abrirse camino, y que todavía haya quienes se obstinen tan extraordinariamente en no comprender la evolución, en convertirla en una pequeña hipótesis local, apta para explicar la sucesión de las especies y limitándola incluso al concepto de transformismo, que reducen aun a sus formas más antiguas, como el darwinismo, por ejemplo. Esto es sencillamente negarse a abrir los ojos ante la situación real: ya no podemos ver el mundo sino como un sistema en vías de organización. La evolución ya no es una hipótesis, es la condición misma de todo pensamiento, la categoría fundamental que permite la captación de lo real”.
Parecería que tanto Teilhard como el Dr. Cuenot se adelantaran al pronóstico de Hawking pero de manera inversa, para ellos, el azar forma parte de este juego extraordinario, que a su vez, forma parte de ese concepto amplio de la evolución, en el que la Cosmogénesis desemboca en una Antropogénesis, en la que el Hombre no habría podido faltar, idea primordial para que la mano de Dios haya actuado de la manera en que lo hizo, y con la belleza que lo hizo.
Los cristianos podemos hoy afirmar que hombres de la talla de los sacerdotes jesuitas, Pierre Teilhard de Chardin y de Georges Lemaitre nos han dado la certeza científica que necesitábamos para compatibilizar la ciencia y la fe.
La obra científica y llena de poesía de Teilhard cuando nos habla del origen del hombre nos dice: "Cuando por primera vez, en un ser viviente, el instinto se descubrió en su propio espejo, fue el mundo entero el que dio un paso. Y el hombre entro sin ruido."

Josef Vital Kopp, en su obra Origen y Futuro del Hombre, inspirada en el pensamiento de Teilhard de Chardin, a propósito de la aparición del hombre sobre la Tierra, nos dice: “De una vez, hace cosa de un millón de años, se presenta el momento más preñado de consecuencias para nuestro planeta. Se verifica un gran salto, un salto que sobrepuja todo lo mensurable, un salto no sólo a una esfera superior, sino a un orden verdaderamente nuevo. Como una flecha, el hombre se dispara del complejo de los seres dotados de manos y cerebro. Helo ahí de repente. Enciende fuego, se labra armas con las piedras, entierra a los suyos. Él no sólo mira alrededor, sino también dentro de sí. Sólo él sabe que sabe. El hombre es un alguien, una personalidad, con individualidad y libertad. El hombre es obra de la naturaleza entera. La tierra entera, forcejeando hacia delante, ha trabajado en ella y con miras a ella. Es el resultado de un esfuerzo total de la vida. Por eso el hombre no es sólo una nueva rama en el árbol de la vida. No es un añadido casual, que como cualquier otra especie animal hubiera podido faltar. El hombre es la cima a la que tiende desde el principio todo el tantear de esta Tierra. El hombre es por consiguiente la flor de la evolución, a la que se tendía desde un principio y que se preparó lenta y consecuentemente durante miles de millones de años”.

¿Estamos acaso los cristianos en una posición defensiva y de retroceso ante la ciencia? Por supuesto que no, los cristianos no estamos a la defensiva y de retroceso ante la ciencia. Los cristianos podemos hoy afirmar que hombres de la talla de los sacerdotes jesuitas, Pierre Teilhard de Chardin y de Georges Lemaitre nos han dado la certeza científica que necesitábamos para compatibilizar la ciencia y la fe. Hoy día, un cristiano puede ser un firme defensor de la ciencia, y al mismo tiempo ser un firme defensor de su fe, como lo fueron Teilhard y Lemaitre. Podemos pues leer, y encontrar la extraordinaria belleza del Poema de la Creación, tal y como lo expone el Génesis en la Biblia, encontrar su profundo espíritu religioso, con nuestro Dios, Creador y Padre a la vez, que ha dado al hombre en herencia ese poderoso legado de Crear y llegar hasta lo que parece imposible. Debemos pues ser cristianos con gran espíritu de apertura, jamás debemos atrincherarnos en un bunker ideológico. No hay incompatibilidad entre la ciencia y la fe, entre la evolución y el sentido religioso de los relatos bíblicos.
Como vimos al inicio de este trabajo, el padre Lemaitre, quien al resolver las ecuaciones de Einstein, planteó que el Universo estaba en expansión y eso demostraba el corrimiento hacia el rojo de las nebulosas espirales, proponiendo más tarde la idea de que el Universo se originó en la explosión de un átomo primigenio, dando lugar con ello a la teoría del Big Bang, hoy universalmente aceptada, sobre el inicio y formación del Universo, nos dio las herramientas, para junto a la Evolución como fenómeno cósmico, tal y como nos lo presenta el P. Teilhard, poder ver en nuestra Tierra y en nuestro Universo, la mano de Dios creando y dándonos el potencial de la responsabilidad que tenemos ante ello.
La Humildad de Dios. Para los cristianos, más allá de la ciencia, la obra del creador se nos da en la persona de Jesucristo, quien nos lo definió como Padre y Amor, y ahí está en esencia, la grandeza de nuestro Dios, que más allá de todas sus características poderosas, es sencillamente el Padre Misericordioso, que nos permite hacer camino al andar con la certeza, de que como hijos privilegiados, tenemos a un Padre que nunca falla, pues con su Amor infinito siempre está con nosotros, y sólo de nosotros y por nuestra libertad depende de si lo aceptamos o no.
Es por ello que para llegar a Dios, los cristianos tenemos a Cristo, y por ello tenemos que conocerlo más día a día. Contamos con la Biblia y con la tradición de 2000 años de la Iglesia para ello. Pero sobre todas las cosas tenemos ese don divino que llamamos la Fe. La Fe es un don de Dios, aceptado o no por el hombre, en función de su libertad, y de su sensibilidad mística. Ejemplo de ello lo tenemos en las sociedades totalitarias, como Cuba, donde la fe de los cristianos fue perseguida por muchísimos años, pero estos la siguieron manifestando a pesar de la discriminación y opresión a que eran sometidos, y hoy vemos a tantos y tantos, que habiendo sido criados en hogares totalmente indiferentes a la fe cristiana, se convierten, inclusive, surgen las vocaciones, ordenándose como sacerdotes, o hecho los votos de monjitas, yo conozco a muchos de ellos.
En una homilía de Mons. Jaime, antes de ser cardenal, en honor de una monjita canadiense (la madre Gisela), que después de muchos años de permanecer en Cuba, se retiraba a Canadá, a pasar sus últimos años de vida, Jaime definió a través de su ejemplo, lo que era la fe, la fe desinteresada en la entrega a los demás, la fe del misionero que sale de su patria, donde pudiera contar con múltiples privilegios de vida, a otros lugares, donde la pobreza o la opresión (como en el caso de Cuba), serían su batallar del día a día, sólo por amor a Dios (nunca por fanatismo), a través de Jesucristo, en todos aquellos necesitados de compasión, ternura, apoyo, y un incontable etc.
Termino, con algunos párrafos de un artículo que publiqué en 2012 y que titulé La Humildad de Dios.
Mi condición de cristiano me ha hecho reflexionar muchas veces acerca de la humildad de Dios. De pequeño cuando mis maestros me presentaban a Dios, siempre me daban una imagen de poder: el Todopoderoso. En nuestro Credo lo reafirmamos día a día, “creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra, de todo lo Visible y lo Invisible”, sin embargo la forma en que Él ha actuado y actúa en todo momento, a través de lo que nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo, es la del Padre amoroso y sencillo, con una humildad extraordinaria aun como Creador.
El Mesías no nació en un palacio opulento lleno de tesoros, nació en el lugar más humilde, en la forma más humilde. En nuestros países, ya sea en hospitales, clínicas o aun en las casas, asistidas por comadronas, no podríamos ni imaginarnos como la Virgen tuvo a su Hijo, en un pesebre, sólo con la ayuda de José, en la temporada de invierno, en Belén, con las posadas llenas de gentes venidas para el censo, y ellos en la soledad del pesebre. Así nació nuestro Salvador. Después, chirriquitico, sus padres lo llevaron al exilio, cuánto pasarían allí, no lo sabemos, pero debemos imaginarnos que debió ser muy duro. Al regreso, en Nazaret, vivieron una vida muy humilde y sencilla, la del trabajador manual y su familia.
Cuando Jesús nos habla en las parábolas del Reino, lo compara a un grano de mostaza, a la levadura, etc., siempre es algo muy simple, pequeño, pero con una gran energía, que se expande y llena, capaz de alcanzarnos a todos para crecer.
Veamos la naturaleza: de una pequeña semilla, nacen los árboles frondosos. De una pequeña semilla nacen los mamíferos, inclusive el ser humano; la unión del óvulo con el espermatozoide, es la semillita, que da lugar a ese ser que lo cuestiona todo, cuya inteligencia lo ha llevado al cosmos, cuyo arte ha desarrollado obras maravillosas. Qué fuerza, qué energía, la de esa semillita.
Cuando pensamos en las grandes catedrales y edificios, comenzaron por una primera piedra, pero detrás de ella había un proyecto, un diseño, que lo había calculado todo, hasta la conclusión de la obra. Y así podríamos continuar, ejemplo tras ejemplo. Así también es la obra de Dios, con la gran diferencia de que lo ha hecho todo con tanta humildad, que permite al hombre en su libertad, cuestionar su existencia constantemente. El mundo de hoy, contempla tanta diversidad de formas en su pluralidad, y hay tantas que nos alejan de Dios, que no tenemos más remedio, que decir una vez más: el Señor no se comporta como un Rey todopoderoso al estilo de las monarquías absolutistas, o de un dictador o un tirano, como los que pululan por el mundo, especialmente los de las dictaduras totalitarias, que se convierten en verdaderos mayorales, dirigiendo como marionetas a su manada, NO, se comporta con la humildad del Padre amoroso que nos mostró Jesús, a pesar de su poder. ¡Qué maravilla! Él es Padre. Él es Amor…… Esa Obra de Amor tiene su clímax en la Cruz que nos dio la Resurrección, pero en la práctica ese clímax se manifiesta en la perpetuidad de la presencia del Dios hecho Hombre entre nosotros en la Comunión. Fíjense que sencillez, fíjense que humildad. Se quiso quedar entre nosotros. ¿Acaso lo merecemos? Y lo hizo de la forma más simple, en los alimentos más cotidianos y sencillos de su tiempo, el pan y el vino, es como si dijéramos hoy, el pan y el agua. Es algo extraordinario, pues no se quedó en los más finos y costosos manjares, sino en los que estuvieran al alcance de todos. En Juan 6, Jesús nos dice: “Yo soy el Pan de Vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed”. Y agrega un poco más adelante, “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo les voy a dar, es mi carne por la vida del mundo”. “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día”. Nadie lo entendía, la multitud murmuraba, ¿ese no es el hijo de José? Decían. ¿Cómo nos puede dar de comer su carne y beber de su sangre? Está loco. ¿Será la locura de Dios?, o ese Amor extraordinario, que en su humildad, quiso humillarse, hasta lo más sencillo, el pan y el vino, convertidos en su Cuerpo y en su Sangre, para que viviendo en nosotros, pudiésemos vencer todas las dificultades de la vida, e ir adelante siempre con la Esperanza de que seremos capaces de vivir su Amor y construir el Reino. Para mí, es el milagro más extraordinario de Dios, viene a nosotros, como el más pequeño, nos deja insultarlo si queremos, podemos mofarnos de Él, pero Él siempre está ahí, para darnos su Amor, como siempre, escondido y humilde, para que podamos aceptarlo o no en total libertad. Se lo dejo a su criterio.

Por último les presento este fragmento de un artículo de Fernando Sols, catedrático de Física de la Materia Condensada, de la Universidad Complutense de Madrid publicado en www.catolicos-on-line.org el 6 de septiembre de 2010, titulado “Dios a la Luz de la Ciencia”, nos dice Sols, “los cristianos no deben temer la investigación científica cuando ésta se realiza e interpreta correctamente. Nos lo recuerda la constitución pastoral Gaudium et Spes (Vaticano II): La investigación metódica en todos los campos del saber y conforme a las normas morales, nunca será realmente contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen origen en un mismo Dios”.
NOTAS.
Importante.- Para terminar quisiera decir lo siguiente, como católico, me siento profundamente dichoso del papel y significado internacional de la Academia Pontificia de las Ciencias. La Academia es un órgano independiente dentro de la Santa Sede y disfruta de libertad de investigación. Está bajo la protección directa del Papa, pero organiza sus propias actividades de manera autónoma para la promoción de los avances de la matemática, de la física y de las ciencias naturales, y los relacionados con el estudio de las cuestiones epistemológicas. Sus deliberaciones y los estudios a que se dedica, al igual que la composición de sus académicos, no están influidas por factores de un grupo nacional, políticas o de carácter religioso. Por esta razón, la Academia es una valiosa fuente de información científica objetiva que se pone a disposición de la Santa Sede y de la comunidad científica internacional. No sólo muchísimos premios Nobel han formado parte de la misma: Rutherford, Marconi, Alexis Carrel, Max Planck, Niels Bohr y muchos más, sino que Stephen Hawking, fue miembro vitalicio de la misma.
(1) John R. Gribbin (born 19 March 1946) is a British science writer, an astrophysicist, and a visiting fellow in astronomy at the University of Sussex. His writings include quantum physics, human evolution, climate change, global warming, the origins of the universe, and biographies of famous scientists.
Bibliografía:
El Gran Diseño - Stephen Hawking y Leonard Modlinow
Hawking y Dios: la física da de sí lo que da – Santiago Collado González
El Universo de Stephen Hawking y el Lugar del Creador – Francisco J. Soler Gil
Cosmología actual, Filosofía y Religión – Carlos Alberto Marmelada Sebastian
Dios a la Luz de la Ciencia – Fernando Sols
¿Necesita el Universo de un Dios? – Amaya Quincoces
La tesis de Hawking no explica la creación a partir de la nada - Stephen M. Barr
El Porvenir del Hombre – Pierre Teilhard de Chardin
Teilhard de Chardin – Claude Cuenot
Georges Lemaitre, el padre del “big bang” - Mariano Artigas, Aceprensa, 7/junio/1995.
El Big Bang - John Gribbin, El Correo de la Unesco, Septiembre 1984.
Origen y Futuro del Hombre - Josef Vital Kopp
Wikipedia