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19/01/2021
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Mariela Castro ha recibido decenas de miles de dólares de millonario estadounidense que ha dado al régimen otros 68 millones en 15 años

La hija de Raúl Castro recibió procedente de EEUU cerca de 100 mil dólares en 2010 para la labor del Cenesex. No obstante, según altos jerarcas del régimen y su voceros, quienes se oponen a la "revolución" y su sistema unipartidista y totalitario son mercenarios que reciben dinero de Estados Unidos y pretenden la restauración capitalista en Cuba.

La Habana, Dic. 13 (DP.net).– Es evidente el doble rasero de los regímenes totalitarios donde "ellos" no pueden hacer lo que hacemos "nosotros". Desde las últimas semanas de 2020, el oficialismo cubano ha emprendido una campaña mediática contra activistas, artistas, periodistas independientes y todos aquellos cubanos que, ya sea desde la isla o fuera de ella, han alzado su voz y protagonizado acciones de manifestación y protesta contra las arbitrariedades y la naturaleza dictatorial del régimen.

Una de las que más ha arremetido contra quienes se manifiesten o pronuncien a favor de más derechos y libertades en Cuba, sean opositores declarados o no, es precisamente Mariela Castro, uno de los rostros más visibles de la segunda generación del clan o dinastía que ha regido el presente y destino de Cuba durante los últimos 62 años.

Además, artículos, posts en redes sociales, editoriales sesgados y supuestas demostraciones y análisis de voceros como Humberto López en la emisión estelar del noticiero se suceden unos a otros en la inquisición mediática oficialista, esa que no da derecho de réplica ni margen para que los atacados o presuntos culpables y “malos” puedan defenderse y esgrimir sus motivos, razones o argumentos.

Esta arremetida se orienta contra el "Movimiento San Isidro" (por el nombre de un barrio de la Habana Vieja), una iniciativa compuesta por artistas, activistas, periodistas, intelectuales y todo aquel que se sienta parte del fenómeno de lo independiente, unidos para promover, proteger y defender la plena libertad de expresión, asociación, creación y difusión del arte y la cultura en Cuba, empoderando a la sociedad hacia un futuro con valores democráticos. Se han recogido firmas, establecido alianzas y acuerdos con otros grupos para el alcance de los objetivos compartidos.

Las protestas y actividades de este Movimiento han surgido como respuesta al Decreto 349, promulgado por el Gobierno cubano en 2018, que establece sanciones y penaliza la libertad de creación, expresión, elección del trabajo y la difusión en el campo del arte y la cultura, siendo estos controlados directamente por el Ministerio de Cultura, específicamente por la figura de un inspector cultural, todo lo cual constituye una violación de los Derechos Culturales.

El sentido cívico y político del arte como expresión, ha marcado la historia de la Isla, conformándose una disidencia liderada por artistas e intelectuales, quienes a lo largo de 60 años han sufrido encarcelamientos, exilio y exclusión, a causa de una política cultural que se inicia con la sentencia pronunciada por Fidel en 1971: “Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”, frase que instaura la censura y produjo el llamado Quinquenio Gris, la Parametración y los decretos 226, así como el más reciente 349.

Los miembros del Movimiento San Isidro (MSI) llevan más de dos años siendo víctimas de acciones represivas del régimen de los Castro, represión que en las ultimas semana se ha intensificado a raíz de la protesta pacífica que protagonizaran algunos de ellos en la sede del movimiento, exigiendo la libertad del rapero Denis Solís.

Este 13 de diciembre el diario oficialista Trabajadores publicó, bajo el titilar "La cara culta de San Isidro", un artículo que se suma a la ola de difamación que por estos días llevan a cabo los medios de comunicación y propaganda del régimen contra los miembros del MSI y los otros que participaron en la protesta.

Lo primero que salta a la vista del título "La cara culta de San Isidro", es que el discurso oficialista considera que en la barriada habanera de San Isidro hay una cara inculta, y no hay que leer más para imaginarse a quién, por omisión, está haciendo referencia.