| El Desafío de la Democracia |
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![]() Asamblea legislativa nacional de Japón (©AP/WWP) |
Hoy día, la mayoría de los estados son democráticos y sus cifras van en aumento. En efecto, tras la Segunda Guerra Mundial y sobre todo en los últimos treinta años el movimiento hacia la democracia ha sido, sin duda, asombroso. En 1950 había aproximadamente 20 democracias entre los 80 estados soberanos del mundo. En 1974 se podía denominar democráticos a unos 40 países entre los 150 países del mundo. Desde entonces, gracias en buena parte a la caída del Muro de Berlín, la disolución pacífica de la Unión Soviética y el fin del enfrentamiento entre Oriente y Occidente con la victoria de Estados Unidos en la Guerra Fría, la democracia se ha propagado por Europa Oriental, Asia, América del Sur y África. El número total de democracias se ha triplicado en los últimos 30 años. Según Freedom House, existen hoy alrededor de 120 democracias, o sea, las dos terceras partes de los 193 estados del mundo.
La única región donde no se ha puesto en evidencia un movimiento más serio o sostenido hacia el cambio democrático es en el Oriente Medio musulmán. Pero en 2005 han tenido lugar una serie de acontecimientos favorables. Las elecciones nacionales y la convención constitucional en Iraq, la expulsión de fuerzas armadas sirias del Líbano y la demanda del pueblo para el autogobierno, la decisión del presidente egipcio Hosni Mubarak de celebrar elecciones multipartidarias, y la aprobación de una ley por la Asamblea Nacional de Kuwait que otorga el derecho al voto a la mujer sugieren que el Oriente Medio musulmán se está abriendo cada vez más a la democracia.
La propagación de la democracia en todo el mundo hace que sea cada vez más necesario comprender sus postulados, principios y perspectivas. Quienes jamás han experimentado otra forma de gobierno puede que den fácilmente a la democracia por sentada. Y puede que aquellos para quienes la democracia constituye una experiencia relativamente nueva, o quienes aspiran a ella, o aquellos para quienes representa una intromisión extranjera intimidante o amenazante, no comprendan plenamente lo que la democracia exige de sus ciudadanos, o lo que les ofrece. Por lo tanto, es útil preguntar desde diferentes puntos de vista, ¿qué es la democracia? ¿De dónde viene la democracia y cómo se ha desarrollado? ¿De qué manera pueden variar razonablemente las democracias? ¿Cuáles son los fundamentos indispensables de la democracia?, ¿Cuáles son las debilidades de la democracia y sus tendencias imprudentes? Y ¿cómo afectan a la democracia la tecnología y los sucesos políticos?
LA DEMOCRACIA EN LA ANTIGUA GRECIA
La democracia en la antigua Atenas se mantuvo por 241 años |
En Atenas, el pueblo, o más bien la población elegible – es decir, los ciudadanos varones de 18 años de edad, o mayores – gobernaba directamente en la Asamblea y discutía políticas abiertamente en la ágora (plaza del mercado). En la cúspide de su gloria, a mediados del siglo quinto antes de Cristo, el estadista ateniense Pericles elogió, según el historiador Tucídides, la democracia ateniense por su superioridad sobre todas las alternativas. En su famosa oración fúnebre por los soldados atenienses que murieron en la guerra del Peloponeso, Pericles explicó que esa superioridad surgía de la libertad y la igualdad que disfrutaban sus ciudadanos. Pero era una libertad que no degeneraba en anarquía, y una igualdad no para todas las cosas sino ante la ley. Pericles declaró que en Atenas a las personas se las recompensaba por sus méritos, se respetaba tanto la vida privada como el bien común, prosperaba la cultura, florecía el debate, se alentaba la innovación, se recibía bien a los forasteros, y gracias a su apertura a lo nuevo y a lo diferente, Atenas adquirió el conocimiento para derrotar a sus enemigos en la guerra. No cabe duda de que las realidades de la vida ateniense a menudo no se correspondían con los ideales que describe Pericles. No obstante, esos ideales arraigados en el principio democrático, dieron vida a las esperanzas del pueblo y guiaron sus aspiraciones.
La democracia ateniense no echaba en falta a detractores. Tanto Platón (427-347 a. de C.) como Aristóteles (384-322 a. de C.) coincidieron en que la democracia estaba lejos de ser el mejor régimen. Sostenían que era defectuosa porque permitía a la gente vivir conforme a sus gustos y aversiones, en vez de la razón y la virtud. Platón en particular fue influido en sus pronunciamientos sobre la democracia por el juicio de su venerado maestro Sócrates (469-399 a. de C.), en el que un jurado de 500 atenienses le declaró culpable de corromper a la juventud y de impiedad, y le condenó posteriormente a muerte.
A pesar de sus recelos, tanto Platón como Aristóteles ofrecieron una defensa limitada de la democracia. En La República, el Sócrates de Platón califica a la democracia de manto multicolor que, al abrigar a todo tipo de personas, ofrece asimismo libertad a quienes desean vivir conforme a la razón y la virtud. Aristóteles sostuvo que el mejor régimen factible – es decir, el tipo de gobierno bajo el cual podría esperar vivir la mayoría de la gente la mayor parte del tiempo – era, en realidad, un régimen mixto en el cual el pueblo ejercía cierto poder democráticamente, y algún poder se ejercía oligárquicamente, o por la minoría de los ricos.
En general – y aquí Platón y Aristóteles no ofrecen una crítica categórica – los atenienses no percibían una contradicción entre la democracia y la esclavitud, o entre la democracia y la exclusión de las mujeres de la política. Aunque la democracia como la entendían ellos ponía a todos los ciudadanos en igualdad de condiciones, no confería la ciudadanía a todos los individuos. En efecto, la idea democrática de que el pueblo debe gobernar no precisa quienes exactamente pertenecen al “pueblo”. Para llegar a la conclusión de que las personas no deben ser excluidas de la política a tenor de su clase, creencias religiosas, sexo o raza hace falta otro principio. Este principio fue aportado en la era moderna a la democracia por la tradición liberal.
LA TRADICIÓN DEMOCRÁTICA LIBERAL
John Stuart Mill (1806-1873) |
El principio liberal modifica el principio democrático en al menos dos maneras decisivas. Primero, proclama que desde el punto de vista de la vida moral y pública nuestra humanidad común es más fundamental que las diferencias de clase, sexo, raza o incluso creencia religiosa. Y segundo, al definir la libertad y la igualdad en términos de derechos que preexisten al gobierno, el principio liberal afirma que existen algunas acciones que el gobierno no puede tomar contra las personas, independientemente de lo grande y apasionada que sea la mayoría a favor de ellas. Cuando las personas utilizan hoy el término democracia, a lo que se refieren es democracia liberal.
Todas las democracias liberales modernas son también democracias representativas. En lugar de congregarse para votar directamente sobre las leyes, como hacían en Atenas, los ciudadanos de hoy votan por legisladores que redactan y aprueban las leyes, y por ejecutivos que tienen la responsabilidad de aplicarlas. El gobierno indirecto del pueblo a través de sus representantes supone una modificación adicional del significado original de la democracia. Efectivamente, en el siglo XVIII, cuando Estados Unidos y Francia comenzaron a desarrollar la democracia liberal moderna, tuvieron que superar la objeción de que debido a que el pueblo debía gobernar directamente, la democracia era aplicable sólo a poblaciones pequeñas y cerradas, que vivían juntas en una sola zona geográfica compacta y bien definida.
James Madison (1751-1836) |
En una democracia representativa el pueblo es soberano y el gobierno se apoya en su consentimiento, pero a lo que consiente el pueblo es a todo el esquema de instituciones de gobierno y a los procedimientos establecidos para hacer leyes y resolver disputas. De esta manera, el pueblo consiente en acatar las leyes que producen sus representantes, incluso aquellas con las que no está de acuerdo, siempre que éstas sean promulgadas mediante instituciones y procedimientos acordados, se ajusten a los derechos garantizados por la constitución o la ley suprema del país y no infrinjan los derechos naturales o humanos más fundamentales. Además, las mismas instituciones y procesos democráticos que permiten elaborar leyes malas también proporcionan a los ciudadanos la oportunidad de persuadir a la mayoría a elegir funcionarios que promulguen leyes mejores.
FUNDAMENTOS Y VARIACIONES DE LA DEMOCRACIA LIBERAL ACTUAL
![]() Los venezolanos manifiestan su derecho a la libre expresión, en noviembre de 2003 (©AP/WWP) |
A pesar del amplio espacio para las diferencias al diseñar las instituciones democráticas, la experiencia histórica sugiere que la democracia moderna tiene ciertos cimientos indispensables. Varios de estos cimientos tienen que ver con las limitaciones sobre las acciones del gobierno. Por ejemplo, la libertad de expresión, que incluye la libertad de pensamiento y de discusión, prohíbe al gobierno hacer leyes que dicten a la gente lo que deben pensar o decir. Esta libertad es esencial porque todas las demás derivan de la facultad del ciudadano para tener sus propios pensamientos y trazar planes independientemente. El derecho de reunión le garantiza a los ciudadanos el derecho de discutir sus ideas con otros, abiertamente y en público, si lo desean, o discretamente y en privado, si lo prefieren. La libertad de culto sostiene que el gobierno no puede dictar a las personas cómo rendir culto o el contenido de su fe religiosa, ni siquiera si deben o no rendir culto. Las protecciones para los acusados impiden que el gobierno emplee injustamente su tremendo poder al arrestar, detener y juzgar a aquellos sobre los que recae la sospecha de haber cometido un delito.
No todos los cimientos de la democracia entrañan la elaboración de derechos formales. Un poder judicial independiente constituye una fuente por encima de la política partidaria para arbitrar en las disputas sobre lo que la ley ordena, prohíbe o permite. Una economía libre puede facultar a las personas para que gocen del fruto de su trabajo y colaboren y compitan unos con otros de modo que aumente la prosperidad de la sociedad en general. La prensa libre le proporciona a los ciudadanos múltiples fuentes de noticias y de opiniones encontradas y les permite, por lo tanto, tomar decisiones informadas.
En cualquier caso las democracias van a diferir en lo que se refiere al equilibrio entre los derechos individuales y el poder del gobierno. Además, personas razonables pueden discrepar sobre la estructura óptima del poder judicial, el grado apropiado de la regulación estatal de la economía y los límites extremos de la libertad de prensa. Por lo tanto, responde al interés de las democracias mirar las prácticas de las otras democracias en busca de perspectiva y de nuevas ideas sobre la mejor manera de realizar su meta compartida de libertad y de igualdad bajo la ley.
Al igual que todas las formas de gobierno, la democracia liberal moderna tiene sus debilidades y sus tendencias imprudentes. Críticos con diversas perspectivas han coincidido en la conclusión de que la democracia liberal tiende a dividir la comunidad y socavar los justos reclamos de la costumbre y la tradición, alienta a los individuos a aislarse y a preferir su ventaja privada al bien público, fomenta una dependencia exagerada de los procedimientos formales y los derechos individuales a costa de la reflexión sobre los méritos intrínsecos y los fines últimos, desatiende la disciplina moral y la educación de carácter que hacen falta para formar buenos ciudadanos y, por último, bajo el disfraz de promover la diversidad impone una uniformidad de creencias y conductas. Sus adversarios hablan a veces como si estas críticas proporcionaran un fundamento para rechazar la democracia. Algunos de los amigos equivocados de la democracia actúan como si fuera una traición admitir tan siquiera que la democracia tiene faltas. En realidad, el conocimiento de los defectos de la democracia es un complemento vital para valorar sus fundamentos. Porque es a la luz de sus fundamentos que las naciones deben elaborar correcciones liberales y democráticas a las debilidades y tendencias imprudentes de la democracia.
¿HACIA DÓNDE SE DIRIGE LA DEMOCRACIA?
Aunque no hay razones para suponer que el futuro traerá cambios que harán innecesarios los fundamentos de la democracia o que superarán para siempre todas sus debilidades y tendencias imprudentes, las nuevas eras inevitablemente darán lugar a nuevos desafíos. Esta era, la era de la globalización, no es diferente. La revolución actual en los viajes y las telecomunicaciones han hecho del mundo un lugar más pequeño y han llevado imágenes y palabras de todo el mundo a las computadoras de escritorio y portátiles. Ahí reside una ventaja democrática. Con unos pocos clics del ratón podemos disfrutar de un acceso sin precedentes a una gama asombrosa de opiniones de fuentes diversas sobre los temas importantes de la actualidad. Se puede fomentar el debate político y realzar la tolerancia hacia puntos de vista encontrados. Pero existe también un peligro. Gracias a esa misma tecnología, es más fácil que antes que la gente se sumerja en informaciones y opiniones que refuerzan las ideas preconcebidas y las preferencias partidistas. Ello puede polarizar la política e incluso alentar hostilidad hacia la idea misma de la competencia entre puntos de vista contrarios.
Depende de los partidarios de la democracia asegurar que responda a los viejos desafíos, y a los nuevos.
Peter Berkowitz dicta cátedra en la Facultad de Derecho de la Universidad George Mason y es investigador de la Hoover Institution de la Universidad de Stanford.











