| Consultas Populares y Ampliación de la Democracia |
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[Lo que sigue es un fragmento del libro titulado "Consultas Populares y Ampliación de la Democracia: el Referéndum en perspectiva comparada" de H.C.F. Mansilla, publicado por la Corte Nacional Electoral, La Paz, Bolivia, 2004] A modo de conclusiones En estos tiempos de desencanto generalizado y descrédito de la democracia partidista y de la política de pactos -que se ha atrofiado en la repartición de espacios de poder y dinero- se cree que la renovación de la democracia podría ocurrir mediante mecanismos participativos como el referéndum, la iniciativa legislativa ciudadana y el plebiscito revocatorio de mandato. Se supone que ello permitiría reducir el caudillismo clásico, renovar la clase política, recuperar el debate ideológico y programático y ante todo promover el interés general y sostenido por la cosa pública. Se insiste en que estos procedimientos de consulta popular reafirmarían de modo práctico tangible el principio de la soberanía popular, fomentarían la responsabilidad de los ciudadanos, promoverían la educación cívica y debilitarían el monopolio de los partidos en las decisiones públicas.
Como toda obra humana, estos modelos de
participación popular tienen luces y sombras51. La aplicación indiscriminada de referéndums y
plebiscitos puede debilitar el sistema de partidos
políticos y la función esencial del Parlamento, que es la de elaborar normas y
leyes para la convivencia civilizada de una nación. Un uso excesivo de esos
procedimientos de participación popular podría limitar la labor eminentemente
legislativa del Congreso y restringir la formación de voluntades políticas y la
articulación y canalización de demandas, que es la razón de ser de los partidos. Estos
últimos cumplen este metido de modo sistemático y permanente, mientras
que las consultas populares tienen un carácter más bien ocasional y
discontinuo. Bajo el manto del surgimiento espontáneo de la voluntad popular pueden
esconderse muy a menudo las presiones de grupos corporativos bien
organizados y de sus estrategias modernas de influir sobre las
51 Carlos Böhrt Irahola, El referéndum en acción: luces y sombras, en: OPINIONES Y ANÁLISIS, Nº 68, junio de 2004, pp. 171-200. Corte Nacional Electoral 70
decisiones políticas
como si fuesen preferencias de consumo masivo. La espontaneidad de las consultas
populares puede encubrir trategias Todo referéndum tiene otros aspectos problemáticos. La fijación de la fecha de realización y la formulación de las preguntas de la boleta electoral no son, por lo general, la obra de los ciudadanos, quienes así se enfrentan a veces a posibles variantes refinadas de manipulación gubernamental52. Generalmente son los gobiernos o los parlamentos quienes seleccionan las temáticas puestas a consideración del cuerpo electoral. La propaganda que acompaña a las consultas populares puede ser distorsionada por el papel de los demagogos. Los plebiscitos y referéndums pueden caldear las pasiones y debilitar la razón, una combinación no muy recomendable a la hora de hacer política. Los referéndums tienen además la desventaja de ser como un juego de suma cero: los que ganan lo obtienen todo y los que pierden se quedan con la sensación de una pérdida completa. Esto es inherente a disyuntivas simples como la de elegir entre un sí y un no. Son procedimientos que no consideran posiciones intermedias ni los derechos de las minorías. Por otra parte, puede ser que en la actualidad tecnológica las consultas populares se transformen en obsoletas frente a la introducción de sondeos de opinión pública de amplia representatividad y alta frecuencia.
De la experiencia de varias naciones
latinoamericanas con plebiscitos y 52 Carlota Jackisch, Representación democrática y sistemas electorales, en: Carlota Jackisch (comp.), Op. cit. (nota 21), p. 21 sq. Cuaderno de Análisis e Investigación 71
han destacado por esos rasgos positivos. Los referéndums más relevantes han sido aquellos que contienen un elemento ético (o emotivo) que toca las fibras del sentimiento popular. Ese fue el caso del referéndum uruguayo de 1989 (sobre conceder amnistía o no a los autores de delitos bajo la dictadura militar). Pero consultas populares con propuestas largas y engorrosas, llenas de tecnicismos legales, como fueron las de Guatemala en 1999 y la de Colombia en 2003, suscitan sólo un ausentismo muy marcado y poco entusiasmo de parte del cuerpo electoral. Por otra parte hay que mencionar algo conocido desde la Atenas clásica: para el ciudadano "normal" es mucho más fácil evaluar y juzgar las cualidades y los deméritos de un proyecto legislativo o de un esbozo de política pública que se le presenta desde el Gobierno o el Parlamento, y por regla el ciudadano no se deja llevar exclusivamente por sus intereses particulares. Pero para él es mucho más dificultoso el proyectar leyes y concebir programas políticos, generalmente desde una base informativa muy modesta. Por este motivo los plebiscitos y referéndums que vienen "de arriba", es decir desde el Gobierno y el Congreso, suscitan paradójicamente mayor interés y participación que los proyectos de iniciativa legislativa ciudadana o mecanismos afines que provienen "de abajo". En toda América Latina los referéndums asociados al primer tipo han generado mucho menos ausentismo y, por ende, mayor participación que los procedimientos autónomos que se originan en la ciudadanía. Sólo países con una amplia tradición en este campo y un buen nivel educativo como el Uruguay han producido una tendencia sostenida a la participación masiva en consultas populares. Finalmente hay que señalar la problemática ineludible de la simplificación que contienen todas las consultas populares. La complejidad del mundo moderno -especialmente visible en el desarrollo tecnológico- y de las políticas públicas correspondientes no es algo fácilmente comprensible. Para la elaboración de las boletas electorales habitualmente hay que simplificar en pocas palabras una cuestión compleja, que presenta dificultades técnicas y que admite varias posibilidades de formulación, seguimiento e implementación. En este sentido las consultas populares en la actualidad presuponen un electorado relativamente bien informado. Corte Nacional Electoral 72
El plebiscito y especialmente el referéndum pueden significar un aporte constructivo y efectivo a la democracia directa y participativa. La facultad de expresar, sin intermediarios, la voluntad popular sobre políticas públicas específicas (importantes para la marcha del país) o sobre modificaciones de la Constitución representa, sin duda, una considerable ampliación de los derechos democráticos. La significación del referéndum y de otros procedimientos de democracia directa debe ser vista en una esfera bien estudiada de la psicología social: el votante recibe una especie de reconocimiento inmediato de su comunidad; siente que su opinión tiene algún peso y que su voto ayuda a tomar una decisión de trascendencia nacional. En las consultas populares el ciudadano, después de informarse y debatir, contribuye a la formación de una voluntad política de forma directa, sin pasar por el filtro de los partidos políticos y de los representantes elegidos. Esto otorga al ciudadano la impresión de ser tomado en serio a la hora de de tomar resoluciones que conciernen a los grandes temas nacionales. Hay que considerar además la constelación internacional en la construcción del orden institucional: cada vez más naciones han introducido las figuras del referéndum, del plebiscito y de la iniciativa legislativa ciudadana como instrumentos para discernir la voluntad popular y para lograr que ésta tenga más fuerza y más inmediatez en la legislación moderna, que se destaca, precisamente, por ser extremadamente compleja y por ello genera elementos burocráticos de retardación de procedimientos y dilución de contenidos. Estas formas de consulta popular pueden ser un correctivo poderoso y eficiente de estas deficiencias ineludibles de la modernidad en el campo políticoinstitucional. En el proceso de globalización la soberanía nacional tiende a ser desplazada por las fuerzas anónimas del mercado mundial. Los sistemas de consulta popular, entre ellos el plebiscito, el referéndum y la iniciativa legislativa ciudadana, significan un ejercicio efectivo de la soberanía nacional, la que debe ser preservada para futuras generaciones. Cuaderno de Análisis e Investigación 73
SOBRE EL AUTOR H.C.F. MANSILLA estudió ciencias políticas y filosofía en universidades alemanas. Se ha dedicado al esclarecimiento de las mentalidades colectivas y de la cultura política del autoritarismo en el área andina. Publicó varios libros y ensayos sobre estos temas en Alemania, España y América Latina. Vive como escritor independiente en La Paz. Es miembro de número de la Academia Boliviana de Ciencias y correspondiente de la Real Academia Española. |






