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Page 1 of 4 LA PARTICIPACIÓN DIRECTA DE LOS CIUDADANOS EN MATERIA SOCIOECONÓMICA LOCAL RELACIONADA CON EL DESARROLLO SOSTENIBLE (AGENDA 21 LOCAL), CONSIDERADA COMO VALOR, COMO DERECHO, COMO CONTRIBUCIÓN NECESARIA Y OPORTUNA Y COMO ACTUACIÓN ANTICIPATORIA.
Participación: R.A.E. (Del latín participare).Tomar uno parte en una cosa. / 2. Recibir una parte de algo. / 3. Compartir, tener las mismas opiniones, ideas, etc, que otra persona. Úsase más con la preposición de./ Verbo transitivo. Dar parte, noticiar, comunicar.
La filosofía de los valores es iniciada por el alemán Lotze a finales del siglo XIX y parte de que el estudio del ser -ontología- no agota el campo de lo que hay. La belleza, el mal, no son seres, pero tampoco son ficciones sino valores. Requieren, no obstante, un soporte ontológico, un contenido, presentarse en polaridad (con opuesto) y admitir grados de intensidad y jerarquía. Para Lotze la superación del mecanicismo de la ciencia natural es posible por la actividad del alma en la que se revela el mundo superior de los valores.
Como apunta Ortega y Gasset en “¿Qué son los valores?”, en la
Revista de Occidente nº IV de octubre de 1923, y como meditación sobre
tan sutil materia, a cuya ciencia llama Estimativa, cada época, cada
raza, parecen haber tenido una sensibilidad peculiar para determinados
valores y han padecido, en cambio, extraña ceguera para otros.
Las cualidades del valor son innumerables como lo son las físicas; y el
hombre, va teniendo de ellas, lo mismo que de estas, una creciente
experiencia a lo largo de la historia como proceso de descubrimiento de
valores. La invención genial de nuevos valores religiosos, políticos o
prácticos (Cristo, San Francisco, Buda, Maquiavelo, Miguel Ángel, Goya,
todos ellos espíritus, dice, soberanos), sin duda han marcado nuevas
rutas, nuevas conductas y por tanto trazado el camino de la historia de
la Humanidad. El tema de los valores sugiere, por tanto, una increíble
fertilidad y la Estimativa o ciencia del valor se movería por unas
leyes de evidencia perfecta, al modo de las geométricas.
Los valores, prosigue Ortega, aparecen con más claridad cuando se
advierten sus propiedades, su calidad. Un valor siempre es o positivo o
negativo. Además, es esencial a todo valor ser superior, inferior o
igual a otro, tener rango. Calidad y rango dependen de su materia. Así,
prosigue, el valor tiene tres dimensiones: su cualidad, su rango y su
materia. Los valores son una sutil casta de objetividades que nuestra
conciencia encuentra fuera de sí como encuentra los árboles y los
hombres. El valor no es, por tanto, un don de nuestra subjetividad. El
valor no es una cosa, no obstante, sino que es tenido por ella. El
cuadro no es la belleza, sino que tiene belleza, posee el valor
belleza. El valor se presenta como cualidad de la cosa. Valorar no es
dar valor sino reconocer un valor residente en el objeto. Por tanto
educar en valores es suscitar la capacidad de percibir y reconocer la
objetividad de los valores existentes en las cosas, en las
instituciones, en las costumbres, etc.
El aspecto prismático, a partir de las acepciones de la R.A.E. de tomar
parte en, recibir responsabilidad sobre, aunar ideas con y comunicar y
noticiar, sin duda le da un magnífico volumen a este valor emergente de
la participación directa, real y efectiva de los ciudadanos en los
asuntos socieconómicos, que, como ha ocurrido con el de libertad,
supone una trayectoria evolutiva para nuevas épocas que van conformando
a los seres humanos en esa Estimativa y en su historia con las lógicas
consecuencias.
La asimilación es lenta en unas circunstancias, como lo fue el valor
libertad hasta determinado momento de la historia en que fueron su
negativo esclavitud, sojuzgamiento, servidumbre feudal y ciertas
circunstancias de tiempo y lugar, los que lo convirtieron, tras
importante crisis histórica, en valor estrella asumido por todos,
produciéndose a partir de entonces adhesiones masivas entre los que
antes lo negaban. El proceso es rapidísimo cuando cierto ambiente, que
se ha ido cuajando alrededor, hacen precisamente que su negativo sea el
que lo provoca y actúa de detonante porque, sencillamente, es necesario
que así sea y surge una nueva época y la ceguera ante ese valor deja de
operar. Se ha asimilado universalmente en un momento de la historia que
lo válido, lo verdadero, es lo que se hace, v.g., en libertad.
Un proceso, una decisión, una trayectoria, una conducta, admitirán
apreciar en ella, para valorarla, si se ha producido en libertad o con
libertad e, igualmente, si se ha producido de forma participada
efectiva, lo que añade un valor apreciable objetivo en ella de cuna
democrática genuina que aporta legitimidad y validez. No tendrá, pues,
el mismo valor para los que lo contemplan. En el caso de lo local,
supone un grado más preciso y de más fácil comprensión cuando hablamos
de Desarrollo Sostenible.
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