Por Eduardo Mesa
www.lacasacuba.com/
Habrá personas que al leer estas líneas pensarán que estoy exagerando, que el Carnaval es un evento cultural que beneficia el empleo y el comercio, que a la gente le gusta salir a divertirse y está en su derecho de hacerlo, la vida no es sólo obligaciones y trabajo. Ese puede ser el sentir de muchos o de algunos.
No voy al Carnaval de la Calle 8 porque no tengo deseos de cumbanchear mientras en Cuba hay personas en huelga de hambre reclamando el derecho de todos. Prescindir de lo superfluo es lo menos que puedo hacer por ellos y por mí. Su sacrificio me recuerda que tengo el deber moral de ser solidario, de comunicar que sí me importa lo que les pueda ocurrir. Es verdad que siempre hubo presos, vejaciones, huelgas y nuestras vidas continuaban; pero la muerte de Zapata Tamayo, la huelga de Fariñas y los acontecimientos que están teniendo lugar han puesto a Cuba, por primera vez en cincuenta y un años, ante la mirada compasiva del mundo. Que no sea esquiva nuestra mirada por comodidad o apatía.
Siempre me he lamentado de que nadie escuchaba, de que nadie se interesaba realmente en el drama de un pueblo secuestrado por dos delincuentes con aureola de revolucionarios. Me he quejado muchas veces, con amargura, de este secuestro que ha sido posible gracias a la complicidad de muchos, antes y ahora, dentro y fuera de Cuba. Hoy, cuando la prensa comienza a tratar a los Castro y a su régimen como merecen, cuando los parlamentos comienzan a utilizar el lenguaje adecuado para esta dictadura, yo, que me he lamentado siempre de nuestra suerte, no voy a obrar con frivolidad.
Vivir es optar, decidir bien o mal ante esto o aquello. Nuestras vidas confortables, a pesar de la crisis, son vidas de reyes en comparación con las vidas de otros. No es mi intención orientar a nadie sobre lo que debe hacer, pero tengo el derecho de decir que no voy al Carnaval de la Calle 8, que no me parece correcto fiestear mientras hay cubanos en huelga de hambre, como último y supremo recurso para conseguir que el régimen respete su dignidad. No perdamos una buena ocasión de demostrarles a nuestros hermanos que nos interesa su suerte y que el mundo vea que tenemos vergüenza, que nuestras quejas no han sido vanas porque el dolor es cierto.