Recientemente Heinz Dieterich, el connotado ideólogo del Socialismo del Siglo XXI, ha escrito dos artículos sobre Cuba en Kaos en la Red. Dieterich se caracteriza por su hipérbole expresiva (i.e., considera que casi no hay ni un solo cristiano en la Iglesia Católica) y por sus virulentas criticas. Así en sus recientes artículos sobre Venezuela considera las acciones del presidente Chávez como típicas de tragicomedias y telenovelas.
Según Dieterich, Cuba enfrenta cuatro importantes crisis: (1) La grave crisis económica, causada, por un lado, por factores externos y, por otro, por serios errores endógenos de política económica e institucional, entre otros, en la agricultura y la política de precios; (2) la severa crisis de sucesión de la dirección del país que no ha logrado renovarse y que por el contrario tuvo un serio retroceso con la defenestración de Carlos Lage, identificado con el proceso de reformas; (3) la bifurcación del gobierno en dos centros de poder de decisión y con visiones completamente diferentes del desarrollo (Fidel y Raúl) que tienen al país virtualmente paralizado; y (4) la extrema lentitud de las reformas modernizadoras y la carencia --discursiva y estratégica -- de un Nuevo Proyecto Nacional que motive al pueblo.
Asimismo, Dietrich considera que el Partido Comunista deberá realizar el VI Congreso del Partido a mediados del 2011, donde presente las reformas estructurales en las relaciones de producción -- el problema económico fundamental del país -- y en la superestructura política (participación), que son necesarias para salir de la crisis. (Nota: Cualquier semejanza con el Proyecto Varela no es pura coincidencia).
El Partido, por su propia iniciativa y no por presiones del exterior, debió liberar los presos políticos, particularmente a los enfermos, y permitir las manifestaciones de las Damas de Blanco.
No todo lo que propone Dieterich es realista ni correcto. Así considera que Cuba debería recibir un paquete de ayuda de China, Rusia y América latina previo al inicio de las reformas que debe emprender. Esto además de ser irrealista, constituye una nueva excusa para iniciar los cambios imprescindibles que él apoya.
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