El año 2010 comenzó para Venezuela, entre otros, con la quiebra e intervención de ocho bancos comerciales que operaban con fondos públicos, la devaluación del bolívar y el racionamiento de la energía eléctrica en todo el territorio nacional.
En 2009 el PIB real disminuyó 3,3% lo que se fue agudizando por trimestres. En el primer trimestre el PIB real creció 0,5%, pero en el resto del año se redujo 2,6% en el segundo, 4,6% en el tercero y en 5,9% en el cuarto. En el primer trimestre del 2010 el PIB real se contrajo 5,8% y hubo caídas del consumo, de la inversión fija y de los inventarios de 5,9%, 27,9% y 88%,respectivamente. El FMI y el Banco Mundial estiman que el PIB real se reducirá en 2010.
La inflación a pesar de los fuertes controles de precios alcanzó un 31,9% acumulado de abril del 2009 a abril del 2010, la mayor de la región y una de las más elevadas del mundo.
El tipo de cambio en el mercado paralelo autorizado después de la devaluación de enero del 2010, en el cual se financia cerca del 30% de las importaciones y 70% de los movimientos de capitales, el Gobierno quería fijarlo en cerca de 4,30 bolívares fuertes. Sin embargo, aumentó considerablemente y al 19 de mayo se cotizaba al doble o más de la meta fijada, por ello el Gobierno lo suspendió temporalmente y excluyó del mismo a las casas de cambio. Lo que estaba ocurriendo con la depreciación del bolívar en el mercado paralelo, un mercado libre aunque con importantes imperfecciones y limitaciones, es síntoma de la inestabilidad económica subyacente y expresa las percepciones de los agentes económicos sobre la crisis económica existente.
En vez de efectuar una revisión crítica de los resultados obtenidos y de las políticas públicas impulsadas, el presidente Chávez y los ministros del ramo económico, han reaccionado con una mezcla de arrogancia y cinismo, o del inmovilismo estilo cubano, considerando que hay que cambiar la medición de los resultados económicos y encarcelar a los especuladores.
Sin duda los resultados del 2010 se deben a las erróneas políticas económicas del gobierno y la estatalización de las empresas privadas que una vez en poder del estado suelen tener pérdidas por la forma politizada y arbitraria que se manejan sin ningún tipo de transparencia ni rendición de cuentas. Los trabajadores venezolanos velando por sus legítimos intereses como en el caso de la Polar se opone a nuevas estatalizaciones.
Realmente es inverosímil que con el elevado precio del petróleo existente, Venezuela esté sufriendo una estanflación. Al respecto, cabe señalar que no es de esperar que los precios del petróleo aumenten sobre los niveles actuales debido a la naturaleza anémica de la recuperación mundial.
Así no es aventurado suponer que la crisis económica vigente pone en jaque a la revolución bolivariana en Venezuela y a la Alianza del Alba en América Latina.
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