Grecia tiene una proporción pequeña del PIB tanto en la economía global, aproximadamente sólo el 0.6% del total, como en la Unión Europea (UE), aproximadamente el 2.0%. No obstante, los acontecimientos del país pudieran tener una amplia y adversa repercusión e influencia en varias economías de la UE y del mundo en general que enfrentan similares elevados déficits fiscales y deuda pública en relación con el PIB (particularmente los llamados PIIGS por las iniciales en inglés de Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España) y que pidieran desatar el llamado contagio financiero o el efecto de manada de los inversionistas.
En el caso particular de Grecia el déficit fiscal básico, sin ningún servicio de la deuda, es elevado, de aproximadamente del 8% del PIB y tiene una deuda pública de aproximadamente 110% del PIB. Esto se ha debido a que mientras la autoridad monetaria de la UE (el Banco Central Europeo) ha sido muy estricta, el manejo fiscal se ha dejado a los países y no ha sido tan estricto. También, la inflación anual y acumulada por varios años han sido altas, mayores que los aumentos de la productividad, lo cual ha determinado competitividades externas decrecientes que determinarían un crecimiento anémico del producto. Cuando Argentina se vio obligada a abandonar su caja de convertibilidad y la paridad del peso con el dólar su déficit fiscal total era del 5% del PIB y su deuda externa del 50%.
El proceso de ajuste de Grecia es arduo y complicado ya que conlleva, entre otras: la reducción del gasto, el empleo, y las pensiones públicas, reducir la fuerte evasión tributaria, aumentar los impuestos del IVA al 21% y las bebidas alcohólicas, y flexibilizar su mercado laboral. Así pocos observadores independientes consideran posible su cumplimiento, especialmente porque el ajuste conllevaría una contraproducente agudización de la contracción económica actualmente del 4% del PIB y del nivel de desempleo actual del 10%. Además, se está haciendo sin un programa de restructuración de la deuda. De hecho están ocurriendo fuertes protestas públicas con tensiones sociales, violencia física y muertes.Grecia cuenta con un paquete de apoyo de la UE y el FMI para su programa de ajuste que ascendería a E110 mil millones a tasas de interés marcadamente inferiores a las que podría obtener para cubrir el déficit y las operaciones de refinanciamiento de los vencimientos de la deuda existente. Sin embargo, ello de por sí no sería suficiente, como tampoco lo fue en su momento el paquete de blindaje argentino promovido por el FMI.
Todo esto ha traído una revisión de la viabilidad de mantener el euro en Grecia a largo plazo. Muchos economistas que lo habían cuestionado en el pasado (entre ellos, Paul Krugman y Barry Eichengreen) están volviendo a señalar que es un modelo fallido por la falta de suficiente flexibilidad en los mercados laborales, problemas de incumplimiento de las metas del Tratado de Maastricht en lo referente al déficit fiscal y el endeudamiento público, y por las marcadas diferencias de comportamiento entre los países miembros, por un lado, países como Alemania y, por otro lado, países como Grecia, que hacen al insostenible sistema a largo plazo.
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