Actualmente parece que la recesión de EE.UU. se superó y que la recuperación está en marcha. Las empresas son rentables de nuevo, los bancos comerciales han ajustado sus balances, la confianza de los consumidores y de las empresas ha aumentado y el mercado de valores está al alza.
Las actuales recuperaciones de la producción, la rentabilidad, la confianza y los precios de los activos financieros son resultado en gran medida de la extraordinaria expansión monetaria y fiscal proporcionadas por la Reserva Federal y el Tesoro, unido al rebote natural que se ha producido después de una drástica reducción del consumo y de la inversión que ocurrieron en el último trimestre del 2008 y el primer semestre de 2009. El sorprendente vigor del rebote muestra las fortalezas subyacentes de la economía estadounidense, pero es probable que los estímulos monetario y fiscal se agoten (eventualmente tienen que terminar para evitar la inflación) y se complete la corrección de los inventarios. Probablemente Paul Krugman esté en lo correcto cuando señala que existe una posibilidad de un tercio de que la economía se sumerja nuevamente en recesión.
Revisemos los cuatro componentes principales del producto y su posible contribución al crecimiento económico estadounidense.
El mayor es un aumento de los gastos de los consumidores privados, que es tan improbable como indeseable. Con un desempleo que casi seguro se mantendrá en aproximadamente un 10% en 2010, con los salarios y los ingresos totales sin aumentar y con las familias preocupadas en recortar el consumo excesivo financiado previamente con deuda, es difícil suponer que los consumidores estadounidenses pueden convertirse nuevamente en el motor del crecimiento de las economía de EE.UU. y mundial.
Una segunda fuente potencial de crecimiento sería un aumento del gasto público, pero también es difícil de imaginarlo. De hecho, los gobiernos locales y estatales tienen problemas financieros e importantes déficits y están en un proceso de reducción del gasto en respuesta a la reducción de sus ingresos por impuestos. Además, hay una fuerte oposición popular a expandir más el déficit federal.
La tercera fuente de crecimiento es la inversión privada, que está en rebote después del colapso de finales del 2008 y principios del 2009. Es razonable esperar que las empresas rentables continúen reemplazando los equipos en envejecimiento. Pero sin duda hay exceso de capacidad instalada en muchas industrias -i.e., exceso de habitaciones de hoteles, edificios de oficinas, centros comerciales, buques de carga, aviones, etc.--, así que parece poco probable un aumento de la inversión de las empresas en general. Además, con 5 millones de apartamentos vacantes y la persistente y elevada quiebra de hipotecas de viviendas todavía en el horizonte, no se espera que el sector de las viviendas privadas lidere la salida de la recesión.
Finalmente está el comercio internacional. En el primer semestre de 2009, el déficit comercial de EE.UU. fue menos de la mitad del año anterior y contribuyó a la recuperación económica. No obstante, cuando la economía comenzó a recuperarse en el tercer trimestre, también lo hizo nuevamente el déficit. La persistencia del déficit comercial refleja una realidad fundamental que no es probable que cambie pronto. EE.UU. no producen gran parte de lo que consume y no le es fácil aumentar las exportaciones debido a que el dólar sigue sobrevalorado y la moneda china subvaluada.
Por lo tanto ¿cómo se resuelve de este problema? Haciendo lo que EE.UU. debería haber hecho hace tiempo atrás, moverse agresivamente del consumo a la inversión productiva.
Los hogares estadounidenses ya están ajustándose, habiendo pasado rápidamente de un ahorro personal negativo a uno que oscila entre 4% y 5%. Dada la reducción de la riqueza (por la contracción del valor de las viviendas) y el rápido envejecimiento demográfico, el consumo privado seguirá a los ingresos y no al revés como hasta el 2008.
El desarrollo de nuevas inversiones ha sido decepcionante ya que las empresas parecen haber usado esta recesión para pagar deudas y crear nuevas reservas de liquidez (es decir, se han desapalancado) en vez de modernizar sus equipos e intensificar la investigación y el desarrollo de nuevos productos. Por eso parece ser un buen momento para cambiar el impuesto a las empresas, tanto grandes como pequeñas, y permitirles deducir aceleradamente las inversiones de sus gastos en vez de depreciarlos por un largo número de años. Este cambio, que estimularía la inversión en el corto plazo, se ha propuesto desde hace algunos años por varios economistas; si bien retrasaría los ingresos impositivos, no los reduciría.
Además es importante que el gobierno federal intensifique sus gastos en infraestructura, investigación básica, desarrollo de fuentes de energía limpia y mejore la calidad de la educación. Después de 20 años de insuficientes inversiones públicas, el primer paquete de estímulo fue un paso en la dirección correcta. Un aumento en la inversión pública también proporcionaría la excusa política perfecta para reducir decididamente el "consumo del gobierno", i.e. disminuir las subvenciones agrícolas, las exenciones fiscales a empresas y eliminar programas sociales y militares que no funcionan adecuadamente.
Teniendo en consideración de dònde se està y cómo se llegó a la presente situación, probablemente EE.UU. está entrampado en varios años de crecimiento lento de ingresos y empleo. Por ello sería importante utilizar esta oportunidad, no desperdiciar la presente crisis, para establecer las bases para un nuevo periodo de prosperidad elevada y sostenida, o de lo contario, continuaría estancado en una situación utilizando estímulos de corto plazo con efìmeros resultados.
| El controversial análisis de Bernanke sobre los roles de la política monetaria y de la regulación prudencial en la crisis financiera de EE.UU.< Anterior |
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