Paul Krugman explica por qué se equivocaron tanto los economistas

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El pasado 2 de setiembre, Paul Krugman, el premio Nobel de economía del 2008, presentó un extenso, provocador y ya controvertido ensayo ¿Cómo se pudieron equivocar tanto los economistas?" en el New York Times. En él intenta exponer por qué los economistas no anticiparon la recesión/crisis financiera sufrida en EE.UU., que ha conllevado la pérdida de 6 millones de empleos, y en otras muchas economías a nivel mundial.

Es inusual que un economista de su reputación y talla haga un comentario público tan franco, cáustico y devastador sobre algunas de las teorías erróneas prevalecientes en la profesión durante las últimas cuatro décadas. Se trata de un ensayo realmente excepcional que muestra una vez más por qué Krugman es reconocido como un destacado divulgador del pensamiento económico en EE.UU. y a nivel internacional.

Krugman enmarca su repaso de la evolución de la teoría y política macroeconómica a partir de la postguerra en continuas referencias a breves anécdotas, hechos y opiniones de los reconocidos economistas mencionados, algunos de ellos premios Nobel. Nos recuerda que hasta hace apenas un año los economistas en general celebraban que las teorías estaban bien, el consenso existente, el éxito planglossiano de la profesión y que muy pocos se percataron, en parte por sus erróneas teorías, de la crisis que se avecinaba. Más aún, que los economistas no concebían la posibilidad de que fallas catastróficas pudieran ocurrir en la economía de mercado, ya que no disponían de las explicaciones teóricas ni del instrumental analítico adecuado para pronosticar una gran recesión como la actual. No obstante, algunos la vieron, entre ellos, Raghaman Rajan de la Universidad de Chicago y Robert Schiller de la Universidad de Yale.

Concretamente, ¿por qué fue que se equivocaron tanto? Krugman atribuye parte del error a que sustituyeron la realidad por la elegancia de construcciones teóricas enmarcadas en modelos matemáticos. Es decir, sostenían una visión idealizada de la realidad en la que agentes racionales interactúan en mercados estables y perfectos y que los activos reflejan los precios correctos. Con lo que ignoraron las limitaciones de la racionalidad que a menudo termina en burbujas y reventones como el indicado y previsto por Schiller para el mercado de viviendas e hipotecario y los elevados riesgos financieros denunciados por Rajan. Asimismo, desatendieron las imperfecciones de los mercados, en particular de financieros, caracterizados por, entre otros factores, las externalidades, los comportamientos de manada y la información asimétrica que pueden llevar a explosiones repentinas e impredecibles; los problemas de instituciones que quedan obsoletas y se hacen irrelevantes; y los peligros de los reguladores que no creen en la regulación.

 

Señala que rechazaron como "cuentos de hadas" las advertencias de Keynes, quien fue un severo crítico de los mercados financieros tipo casino como los de la crisis actual, los cuales no se orientan por los fundamentos financieros de largo plazo sino por las presiones especulativas de corto plazo. Asimismo, que algunos economistas, entre ellos Eugene Fama de la Universidad de Chicago, fueron más lejos aún, rechazando la existencia de burbujas.

Su ataque se concentra principalmente contra los economistas puristas de aguas dulces (que llama así porque enseñan en las universidades ubicadas cercanas a lagos y ríos, y entre las que destaca las Universidades de Chicago y Minnesota) y los contrasta con los economistas pragmáticos de aguas saladas (pertenecientes a las escuelas postkeynesianas de las costas oceánicas del Noreste y California), a las que él mismo pertenece, pero a los que también les imputa errores. Específicamente, comenta que las principales diferencias existentes entre ambos grupos eran sobre aspectos de teoría y no sobre los de política y que se estableció un consenso que la acción del Fed podría resolver las recesiones.

Si bien Krugman no recomienda que la macroeconomía debe reconstruirse desde sus cimientos, plantea que es imprescindible modificarla substancialmente sobre nuevas bases para que los economistas no continúen haciendo papelones. Son tres las que propone: (1) Reconocer la realidad y aceptar que los mercados financieros no son perfectos, ni eficientes, ni necesariamente estables. (2) Que el enfoque keynesiano de deficiencias en la demanda agregada sigue siendo mejor para entender y enfrentar las depresiones y recesiones. La teoría clásica no tiene explicaciones para severas recesiones y considera que la economía espontáneamente se mueve siempre alrededor y hacia el equilibrio y hacia  la tasa natural de desempleo. Algo alejado de la realidad. Y (3) reconocer los aspectos psicológicos en la realidad de los mercados financieros e incorporarlos a las teorías y políticas macroeconómicas a partir de las lecciones que ofrece la economía del comportamiento con las exuberancias irracionales y los pánicos infundados.

Sin duda el artículo está haciendo historia.  Continúa siendo debatido vigorosamente entre los economistas de EE.UU. y de otros muchos otros países. Veremos si en los próximos años hay cambios y evoluciones entre los economistas cuyos egos y teorías han sido también afectados severamente por la crisis, según algunos colapsaron intelectualmente. Las "ortodoxias" prevalecientes en la economía y las finanzas, requieren más humildad, algo que es poco común en los arrogantes y soberbios que habitan las torres de marfil.


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Rolando H. Castañeda, con nosotros desde / has been with us since Jueves, 09 Agosto 2007.

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