Remesas colectivas

Remesas colectivas

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El término es poco conocido y muy ignorado en los esfuerzos de desarrollo local. A pesar de que el Mitch atrajo a Honduras muchas remesas colectivas en efectivo y en “especie”,  valoradas en  millones de dólares. La diáspora hondureña, sobre todo en Estados Unidos,  demostró en ese entonces su capacidad para solidarizarse y obtener recursos propios, de vecinos y de compañeros de trabajo, y también de asociaciones de la sociedad civil y de corporaciones extranjeras,  donde ni siquiera había un hondureño en ellas. Sin duda, lo recibido palió la tragedia sufrida. Desgraciadamente, esos recursos –recibidos en dinero, ropa y alimentos-- no fueron contabilizados en los informes de país,  hechos a raíz del Mitch. Sin embargo, “remesas colectivas”, como idea sigue aflorando dentro de nuevas perspectivas, especialmente, relacionadas con programas y proyectos de desarrollo.

Pero las remesas colectivas suceden también en “tiempos normales”. Por ejemplo, hace poco,  en Comayagua,  una comunidad necesitaba un sistema de agua valorado en diez mil dólares. Y lo obtuvo gracias a la acción de emigrados de ese lugar que ahora viven en Estados Unidos y al apoyo que recibieron del Alcalde. Mientras éste era aún candidato,  fue a  Estados Unidos a un curso de capacitación ciudadana, el cual aprovechó para verse con sus paisanos. Durante la visita idearon el proyecto. Los emigrados recaudaron los fondos, y el Alcalde, una vez electo, realizó la obra con los fondos recibidos. Actualmente, esa comunidad ha mejorado su calidad de vida por el servicio de agua potable que localmente disfruta y mantiene.

Utilizar las remesas

Las remesas colectivas podrían incentivarse, si se “expanden” con fondos públicos, y con ese monto “ampliado” se realizan  obras de mayor envergadura. Este aumento de fondos, mezclando privados con públicos, se llama “apalancamiento de recursos” o “.palanqueo de fondos”. En el pasado, Alemania realizó así muchas obras de beneficio local, superando la destrucción casi total que le ocasionó la Segunda Guerra Mundial.

 

Por la Memoria del Encuentro Internacional de Remesas, celebrado en Tegucigalpa en julio del 2003, sabemos que los Gobiernos de México y El Salvador hoy palanquean fondos para construir y mejorar escuelas, aulas, jardines de niños, centros de salud, puentes, caminos, sistemas de agua, iglesias, canchas deportivas, parques culturales, ecológicos y turísticos, etc. en el territorio nacional.  Estos esquemas son aplicables a Honduras en comunidades locales, sin olvidar las transfronterizas. Por cada lempira enviado por emigrados para proyectos sociales, el Gobierno Central y las Municipalidades—pondrían tres lempiras de inversión. Los fondos se depositarían y serían ejecutados por ONG, patronatos y otras asociaciones locales. Proyectos como los que ahora financia el FHIS, PRAF, ENEE, SANAA, Hondutel y Turismo,  responderían mejor a demandas locales y serían más pertinentes, si unieran sus inversiones con remesas colectivas. Auditores locales, electos por los mismos beneficiarios de la obra, supervisarían y rendirían cuenta de lo realizado. La información de auditoria social se compartiría también con los emigrados, pues ellos lo iniciaron todo. Esquemas parecidos podrían adoptarse con ONGs y organizaciones humanitarias --Rotarios, Leones, Cruz Roja, etc. en obras de beneficio social o público.

 

Ya miles de hondureños y hondureñas envían remesas a sus familiares –desde extranjero-- a través de FACACH, las cooperativas de crédito y bancos hondureños. Estas empresas, al igual que las embajadas y consulados de la Cancillería, saben donde están concentrados los emigrados hondureños y qué grupos y asociaciones de vecinos tienen el  potencial para levantar remesas colectivas. Volver público este dato es fundamental para ampliar el uso e impacto de las remesas colectivas.

Compra de la deuda

Pero el palanqueo de remesas colectivas tiene todavía otra opción hoy totalmente desperdiciada. Es la compra en dólares de deuda externa por emigrados hondureños con intereses en  obras y servicios sociales.  Los fondos en lempiras así obtenidos, multiplicarían de dos a diez los dólares de  la remesa colectiva porque la deuda externa habitualmente se vende entre la mitad y el diez porciento de su valor actual en libros. Por ejemplo, con los mismos diez mil dólares (US $10,000) que levantó el grupo de Comayagua  – ya mencionado-- podían haberse comprado un mínimo de veinte mil dólares (US $20,000) en deuda externa, equivalentes a unos 360,000 lempiras de hoy. Y si esta suma se hubiera después palanqueado por un esquema similar al mexicano o salvadoreño –de tres por uno (3 x 1)--  podrían haberse realizado en Honduras obras de beneficio comunitario o público valoradas en un millón ochenta mil lempiras (Lps. 1,080,000). Como vemos, esa gran cantidad proviene de dos palanqueos. El primero de dólares por lempiras. Y el segundo de lempiras por más lempiras. Entre ambos, multiplican por seis el monto original de la remesa colectiva.

Sin duda, hay que democratizar la compra de la deuda externa, en especial la bilateral. Necesitamos de políticas públicas que permitan a grupos organizados de emigrados sacarle más producto a los esfuerzos que ya realizan por el desarrollo de Honduras. La fórmula sería combinar las remesas colectivas con compra de deuda externa y el palanqueo de fondos nacionales. El Estado Hondureño debería fomentar esto,  siempre que todo desemboque en una inversión de beneficio social, como hoy hace el Gobierno de Honduras con la deuda multilateral, como parte de la iniciativa de País Altamente Endeudado (HIPC, por sus siglas en inglés).  Detrás de la fórmula sugerida están seiscientos cincuenta mil (650,000) emigrados hondureños que ya  producen más desde el extranjero que  los casi seis millones y medio que viven en los 18 Departamentos nacionales, si medimos en dólares todos los bienes y servicios producidos por los hondureños de afuera y de dentro del país.

Honduras actualmente tiene una deuda externa bilateral de 1,599 millones de dólares, que debe a más de 10 paises acreedores.  Los cuatro principales son: Japón (463 millones), España (302 millones), Italia (212 millones) y Alemania (121). Podría volver estos montos un factor de desarrollo, si amparado en la reciente firma con el Fondo Monetario Internacional, el país prestamista-acreedor condonara parte de la deuda. Ello sería el punto de partida, para luego destinar ese alivio financiero a proyectos sociales, e incluso productivos con Fondos de Fideicomiso de Desarrollo,  u otros mecanismos más potentes que podrían ponerse en práctica.

El Colegio de Economistas de Honduras, Banco Central, Foro Social de Deuda Externa y Desarrollo/FOSDEH, los Postgrados de Economía  y las Secretarias de Finanzas y Relaciones Exteriores, entre otros,  con el apoyo de la comunidad internacional,  bien  podrían aunar esfuerzos para explorar alternativas, negociarlas y ponerlas en práctica, orientar a la opinión pública y capacitar a individuos, grupos y asociaciones de  la sociedad civil en la compra de deuda externa bilateral,  y cómo estos fondos podrían multiplicarse y servir para bien del país en forma equitativa y sostenida.

Queda el reto en quienes tengan respuestas viables y eficaces.


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Ricardo Puerta, con nosotros desde / has been with us since Viernes 18 de Abril de 2008.

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