Recientemente Padura escribió un artículo "Cuba: el futuro invisible" sobre cómo ve la realidad cubana y su futuro.
Prefiero no calificar con mis posiciones y sesgos su categórico y sustantivo análisis que debe hacer pensar a todos los cubanos, donde quiera que nos encontremos, sobre nuestra realidad y futuro nacional. Sin embargo, me surgen dos preguntas ¿Qué entienden las autoridades nacionales por el irrevocable socialismo? ¿Cómo salimos del laberinto en que estamos?
A contunación un breve extracto:
Cuba: el futuro invisible
por Leonardo Padura
"En los últimos años Cuba ha cambiado. Ha cambiado al punto
de que se ha aceptado la necesidad de cambios en las estructuras y los conceptos.
Tanto ha cambiado que muchos de los beneficios del pasado,
que se identificaron con las cualidades del modelo socialista,
hoy son considerados como deformaciones paternalistas, subsidios y gratuidades insostenibles"
Los cubanos de hoy, aun cuando tienen mayor margen de expresar sus insatisfacciones con el presente, son incapaces de prever un futuro que se avizora diferente, pero que nadie imagina cómo le llegará ni cuándo Si el pasado de un hombre puede ser la acumulación de experiencias vividas que lo han llevado a ser el individuo que es, el futuro encarna el sueño, la expectativa de lo que ese hombre quiere o quisiera llegar a ser, de lo que aspira a poseer para tener una vida mejor -en el ámbito de lo material y de lo espiritual. Esa capacidad de proyectar la mirada hacia un porvenir y tratar de forzar desde el presente las cualidades del futuro es una de las condiciones intrínsecas a la condición humana y la fuente de la superación de los individuos y las sociedades a las que pertenecen.
Para los hombres de mi generación, que hemos crecido y vivido en Cuba a lo largo de las últimas cinco décadas, la noción de un futuro mejor fue uno de los motores que nos impulsó durante nuestra cada vez más lejana juventud. El deseo de superación personal, animado por los vientos de una revolución que transformó la vida del país en los años 1960, nos llevó a imaginar el futuro como un estadio tangible en el que los más esforzados, capaces e inteligentes (o dotados para explotar sus esfuerzos y capacidades) llegarían a tener no sólo satisfacciones espirituales que se concretarían en una sociedad más justa y culta, sino también recompensas materiales difíciles pero no imposibles de lograr: un salario digno, una casa confortable, tal vez hasta un automóvil "asignado" por el Estado (único proveedor de éste y otros bienes desde hace cincuenta años) como premio por la labor social y la superación personal conseguidas. La crisis económica y estructural que removió a la sociedad cubana en la década de 1990 como consecuencia directa de la desaparición de la protectora Unión Soviética, financista y socio comercial casi monopólico del Estado cubano, provocó también una fractura en la relación de los cubanos con sus imágenes de futuro: de un día para otro muchas de las esperanzas que nos animaban desaparecieron del horizonte y se impuso una modalidad de lucha por la supervivencia que apenas nos permitía plantearnos cómo "resolver" el día de hoy sin idea de si podríamos solucionar el de mañana. La capacidad y la inteligencia de los individuos muchas veces perdió sus conexiones con el ámbito de las aspiraciones colectivas y desde entonces fueron los más hábiles y arriesgados los que se garantizaron un mejor presente, aunque ni siquiera muchos de ellos pudieron plantearse una estrategia de futuro: la imposibilidad de saber hacia dónde se movía la isla impedía casi siempre la elaboración de ese sueño ...| La próxima e insuficiente reforma financiera de EEUU< Anterior | Siguiente >La tragedia griega |
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