DEMOCRACIA  PARTICIPATIVA
Promoting democratic participation and human rights
En favor de la democracia participativa y del respeto a los derechos humanos

Renovación Humanista desde el Centro

 

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PROYECTO VARELA

Resolución ideológica aprobada por el Congreso de la Internacional Demócrata Cristiana
Ciudad de México, 21 de noviembre de 2001

Inicio del tercer milenio

Al comienzo del nuevo siglo y del nuevo milenio nos enfrentamos a profundos e incesantes cambios de escala mundial que afectan todos los órdenes de la vida. La expansión de las nuevas tecnologías de la información, la creciente globalización y el desarrollo de la biotecnología son algunos de los hechos que conforman una realidad de avances insospechados y de consecuentes oportunidades, pero a la vez una realidad que presupone amenazas para el ser humano en su naturaleza misma y que por lo tanto pone en riesgo la dignidad de la persona humana.

Así pues, de las nuevas invenciones científicas y tecnológicas resultan también nuevas dimensiones en la experiencia humana, afectando desde la relación de la pareja en su integración como fuente de la familia hasta la vigencia del Estado nacional, que se mueve entre la concentración en lo local y la formación de entidades internacionales, convertido en una nueva especie de sociedad intermedia entre las personas y grupos, por una parte, y por otra las fuerzas globalizadoras. Estas novedades comparten escenario con antiguos problemas que hoy se extienden más allá de las fronteras como la pobreza, la desigualdad y la injusticia social, y con problemas más recientes como el deterioro del medio ambiente, la institucionalización de la corrupción o el consumismo exacerbado. Ello explica que de esta experiencia surja una aspiración por alcanzar nuevas metas de equidad, y por vivir una renovada espiritualidad.

La evolución de la política y la economía mundiales, apoyada en el permanente desarrollo de las nuevas tecnologías, hace que los que un día eran problemas locales, afecten hoy a todo el planeta, y los que un día eran problemas distantes se introducen hoy en cada localidad.

La multiplicidad de culturas y de creencias desarrolladas en un marco de libertad, contrastan con las posturas violentas e intolerantes que intentan imponer sus ideas por la fuerza. No sólo la libertad y la democracia, también la dignidad humana es víctima del terror y la violencia. Hoy es más necesario que nunca defender la integridad de la persona y el derecho a la vida como derechos absolutamente inalienables.

Los partidos miembros de la IDC hemos permanecido unidos por una serie de valores fundamentales que siguen sustentando nuestra acción política: la dignidad de la persona, la libertad y la responsabilidad como eje; la solidaridad y la subsidiariedad, la justicia, el Estado de derecho como instrumento; y la democracia como objetivo. La lucha contra el terrorismo será prioridad absoluta en nuestra acción política en defensa de esos valores.

Nuestro concepto de Persona

Contemplamos a la persona como el sujeto y no como el objeto de la historia. Contemplamos a cada hombre y a cada mujer como un ser humano único, irremplazable y absolutamente irreducible, libre por naturaleza y abierto a la trascendencia. Cada ser humano depende de otros en el seno de la sociedad. Porque son libres, responsables e interdependientes, las personas deben tomar parte en la construcción de la sociedad. Para muchos de nosotros, lo que subyace tras este compromiso, es la creencia de que todos estamos llamados a contribuir al trabajo de Dios de creación y libertad. La libertad es inherente a la naturaleza profunda del hombre. Significa que cada individuo tiene el derecho y la obligación de ser plenamente responsable por sí mismo y por sus actos y compartir esta responsabilidad de cara a sus congéneres y a la Creación. De acuerdo con nuestro concepto de Hombre, afirmamos que todos los hombres y todas las mujeres tienen la misma dignidad y son iguales por naturaleza.

Nueva etapa de la IDC

Demócrata Cristiana, Centrista, Humanista y Reformista, la IDC entiende necesaria la renovación de nuestras metas y nuestros procedimientos, para adaptarlos a las circunstancias históricas en que vivimos, desde la seguridad de los principios y valores universales que han inspirado hasta hoy nuestro proyecto y nuestra acción política:la eminente dignidad de la persona humana, la libertad y la responsabilidad, la igualdad fundamental, la justicia y la solidaridad.

La IDC no puede quedarse estancada ante el temor del cambio, no puede ir a remolque de las circunstancias sino que debe ser,en sí misma, agente de cambio, ir a la vanguardia de las circunstancias y con ello ser fuerza propulsora del progreso. Estamos decididos a anticipar el futuro, a ser capaces de elaborar propuestas políticas viables y rápidas, para aprovechar en toda su amplitud las oportunidades que los nuevos tiempos nos ofrecen. No nos limitamos a adaptarnos a los cambios, la IDC esta preparada para innovar gracias a la seguridad en nuestra propia identidad.

Globalización y mundialización

Consciente de este nuevo escenario mundial, la IDC hace una aportación esencial al distinguir entre globalización y mundialización. Es necesario promover soluciones humanas para los problemas globales, de modo que los afrontemos con un planteamiento abierto, dinámico y de reforma y desde una ética humanista de responsabilidad mundial.

Por ello la importancia de la distinción señalada: la IDC entiende que existe la globalización, con su decisivo componente técnico y económico, y que ésta es claramente incompleta si no incluye a la mundialización, que frente a la cuestión económica privilegia la dimensión humana y ética de todo el proceso. La globalización no es una opción rechazable o un destino ineludible, sino el resultado de los pasos dados hasta ahora por el progreso de la humanidad. La mundialización responde al hecho de que las personas vivimos en un mundo interdependiente, en el que todos compartimos una misma responsabilidad y un mismo destino universal.

En la IDC propugnamos una gestión responsable y humana de la mundialización que, desde los cimientos de la democratización, el Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos, permita el desarrollo sostenible de sociedades abiertas, dinámicas, prósperas y libres fundadas en el respeto a la dignidad de todo ser humano.

La IDC cree que sobre la base del principio de subsidiaridad, y a través de una amplia cooperación internacional, debería desarrollarse una estrategia sobre la definición de la responsabilidad entre los estados nacionales y la sociedad internacional sobre cómo fortalecer las tareas de protección de los derechos humanos.

La mundialización debe propiciar un desarrollo más equilibrado de todos los pueblos del planeta, favoreciendo prioritariamente a aquellos que se hayan en estadios menos avanzados en su economía; las prácticas proteccionistas más o menos encubiertas, que burlan o violan abiertamente el espíritu de apertura, deben ser abolidas y reemplazadas por otras que propicien el intercambio libre de barreras discriminatorias.

Las migraciones desde los países pobres hacia los ricos son un fenómeno de nuestro tiempo, por lo que debe ser entendido en este contexto. Los migrantes constituyen un aporte de trabajo y de intercambio cultural que enriquecen tanto a quienes los aportan como a quienes los reciben. La IDC promoverá acuerdos intergubernamentales para proteger los derechos humanos de los migrantes, y para activar políticas de control de inmigración que incluyan la cooperación política y económica con los países de origen y la lucha contra la inmigración ilegal. Es necesario un enfoque transparente y planificado de la inmigración y de la integración teniendo en cuenta la capacidad de los Estados para acoger e integrar inmigrantes.

Sociedad abierta

Una sociedad con éxito es una sociedad que da oportunidades a sus ciudadanos y promueve sus capacidades en un clima de igualdad. En ella los ciudadanos pueden pensar libremente, trabajar, desarrollarse, ejercer su iniciativa y su esfuerzo, dándole a eso no solamente un sentido individual sino un sentido al servicio de los intereses comunes.

Queremos sociedades dinámicas, flexibles, valientes, sin miedo al futuro, dispuestas a reformar sus estructuras sociales y económicas ante las nuevas realidades, que garanticen la participación, la equidad y el respeto a las generaciones futuras, tanto desde una óptica medioambiental como a la hora de tratar la sostenibilidad financiera de los modelos de bienestar. Sociedades que muestren activamente su disposición a profundizar y perfeccionar el sistema democrático de gobierno para incrementar su representatividad y transparencia.

Estado de Derecho

El imperio de la ley justa, la total independencia del Poder Judicial, la transparencia y la democratización de la actividad pública, una mayor presencia de una sociedad civil dinámica y bien preparada y la integración de las minorías, son requisitos fundamentales para la prosperidad futura de cualquier país.

La educación en la sociedad de la información y el conocimiento

La IDC considera a la persona el centro de su acción política, por ello entendemos prioritario proporcionar a toda persona la mayor cantidad y calidad de oportunidades de educación y de capacitación que le permitan mejorar su nivel de vida en el contexto de la sociedad del conocimiento. El derecho a la educación es la clave del progreso.

La educación es el único instrumento capaz de transmitir además de conocimientos, el conjunto de valores que dotan a cada persona de la capacidad para trazar sus propias metas personales, valores como el sentido del esfuerzo, de la responsabilidad por los propios actos, el afán de superación personal o el respeto por las normas de convivencia. Es desde esos valores, desde esos conocimientos, como se construye una sociedad capaz de progresar.

La sociedad de la información y el conocimiento ofrece nuevas oportunidades. La IDC apuesta por la introducción de una sociedad del conocimiento en la que la educación, la formación y las nuevas tecnologías sean fuente de igualdad de oportunidades para todos, al margen de cuestiones de raza, sexo, creencia, religión o preferencia política.

La IDC subraya la importancia de una justa distribución de la tecnología para dar a los países la oportunidad de usar la tecnología como un instrumento para alcanzar el desarrollo sostenible, y promueve decididamente el esfuerzo en el aprendizaje y desarrollo de las nuevas tecnologías de la información. Aquí reside un concepto integral de democratización, que abarca todos los órdenes de la vida más allá de un sentido exclusivamente electoral. El acceso de toda persona al conocimiento, a la información y a las nuevas tecnologías es el reto de la democracia en el umbral del siglo XXI.

Es necesario realizar un esfuerzo coordinado por parte de los círculos políticos, financieros, culturales y académicos para afrontar con éxito el desafío de las nuevas tecnologías.

La lucha contra la pobreza

Reconocemos en la pobreza, un flagelo que afecta a una parte muy significativa de la humanidad, que violenta nuestras conciencias, que constituye un serio obstáculo para el desarrollo, y que exige nuestro decidido compromiso para cambiar esta situación, como una prioridad central de nuestras acciones en todos los niveles y ámbitos.

La Comunidad Internacional tiene que favorecer las políticas de cooperación al desarrollo que permitan el acceso de los países en vías de desarrollo a mayores cuotas de bienestar social y desarrollo humano. Un desarrollo más equitativo favorecerá la paz, la seguridad y la estabilidad en el mundo.

El trabajo como fundamento de la política social

La IDC está convencida de que la mejor política socialen la lucha contra la pobreza y la exclusión es la que se orienta a la creación de fuentes de trabajo. El trabajo es más que una forma de asegurar una existencia material; es un factor decisivo para la realización personal y proporciona la oportunidad de participar en la construcción de la sociedad. Sin embargo, es la sociedad la que crea trabajos, no los gobiernos, aunque sus políticas sean indispensables para establecer las condiciones óptimas de su creación.

Política económica

Una orientación positiva, de apertura y mayor participación social, de reformas económicas que fomenten libertades económicas con responsabilidad social, de saneamiento y transparencia en la administración pública y de estabilidad económica son las bases para crear países prósperos, estables y con posibilidades de crecimiento económico sostenido, capaz de generar puestos de trabajo.

La apertura de mercados por todo el mundo es una fuente de nueva riqueza. La apertura del comercio mundial proporciona una oportunidad para el empleo y una mayor prosperidad. Nuestro enfoque ha de reconocer que la interdependencia global tiene consecuencias humanas y sociales además de económicas y debemos hacer todo lo posible para asegurar que la riqueza generada sea compartida por todos. La progresiva apertura de la economía a una competencia libre y justa permite que el crecimiento equitativo a nivel mundial sea un objetivo realizable. Ninguna economía puede ser próspera en el tiempo si no distribuye sus beneficios y si no está rodeada de la necesaria estabilidad política y normalidad democrática e institucional.

Favorecemos aquéllas reformas estructurales que hacen a los países más eficientes. Mejoran la oferta de productos, de bienes, de servicios; hacen que la sociedad tenga más oportunidades.

Sólo las economías fuertes, donde todos los agentes sociales asuman su parte de responsabilidad pueden garantizar el desarrollo de sus sociedades y de las personas que la integran.

Un desarrollo sostenible

El respeto a la persona humana que profesamos, está indisolublemente acompañado de nuestra defensa y promoción del medio ambiente. El desarrollo sostenible que impulsamos requiere la compatibilización del desarrollo humano con el respeto al medio ambiente y la preservación de los recursos naturales atendiendo al desarrollo del presente sin perjudicar a las futuras generaciones que habrán de sucedernos en la ocupación y administración del planeta.

Sociedad de bienestar

Queremos una sociedad de bienestar sustentada en los siguientes principios de orden social: el bien común, la igualdad, la libertad, la solidaridad, la responsabilidad, y la subsidiariedad. Es función de los gobiernos crear las condiciones necesarias mediante las cuales las personas puedan disfrutar de su libertad, solidaridad y responsabilidad en una base de igualdad. Ello implica un respeto, no sólo de los derechos civiles y políticos, sino de las precondiciones económicas y sociales para una vida digna. Es necesario, por tanto, el desarrollo de políticas de salud pública y de seguridad social que abarquen, en la diversidad de sus servicios y ofertas, a la totalidad de la población. Debe asegurarse la calidad de estos servicios así como la sostenibilidad del sistema, salvaguardando, de esta forma, las oportunidades de las generaciones futuras.

Creemos en la familia

Creemos en la familia como núcleo de la sociedad, como referente de la vida en comunidad y base de las relaciones interpersonales. La familia es el marco en el que educar nuestra libertad individual para poder proyectarla de forma justa y solidaria hacia el ámbito colectivo. Desde esta visión, los centristas demócrata cristianos y populares deben situarse a la vanguardia de la promoción de condiciones que garanticen la prevención y erradicación de situaciones de violencia doméstica, así como la natural conciliación entre la vida familiar y laboral.

Una sociedad con equidad de género

La sociedad a la que aspiramos requiere de equidad entre hombres y mujeres, que ha de realizarse desde el núcleo familiar hasta el ámbito público. Tenemos que reconocer que aún siendo una exigencia formal de nuestras legislaciones, la igualdad entre hombres y mujeres dista hoy, lamentablemente, de ser realidad. Por ello, aceptamos el compromiso de implementar las acciones necesarias para que mujeres y hombres participen efectivamente como sujetos activos del desarrollo bajo los principios de equidad y solidaridad social.

Una sociedad, un gobierno en el que participen de manera equitativa en la toma de decisiones mujeres y hombres, es garantía de una visión humanista.

Democratización en el ámbito internacional y local

Para que la globalización sea mundialización, se requiere impulsar el establecimiento, perfeccionamiento y donde sea necesario, la profundización de la democracia en el ámbito internacional y local. Por eso desde la IDC fomentamos una mayor participación democrática, no solo a nivel local sino también a nivel mundial, en instituciones internacionales y organizaciones multilaterales. En este sentido, la IDC valora positivamente los procesos de integración regional en la medida en que salvaguardan el pluralismo dentro de la mundialización.

Por la paz

Un mundo mejor es, sin duda, un mundo más pacífico. Un mundo mejor no puede estar basado en la hegemonía, en el equilibrio de poderes ni en la disuasión sino en el diálogo y la cooperación. La paz esta basada en el respeto a la dignidad humana, a la democracia y a la justicia. Hoy, muy en especial, la realidad nos obliga a señalar al terrorismo como una de las más graves amenazas para la paz mundial. Apoyamos firmemente la cooperación internacional en la lucha contra la criminalidad que rebasa las fronteras y reprobamos toda forma de violencia, crimen organizado, mafia o terrorismo y, en general cualquier actividad que ponga en peligro la convivencia pacifica y democrática de una sociedad, cercenando sus posibilidades de desarrollo individual y colectivo.

Los acontecimientos del 11 de septiembre deben suponer un estímulo para que se produzca un avance decidido en todos los ámbitos de cooperación, y muy especialmente en lo que se refiere a áreas como justicia, inteligencia, y seguridad común y estimulando la paz y la armonía entre los diversos pueblos del mundo, en el mutuo respeto de sus creencias, sus culturas y sus intereses nacionales.

Estos lamentables acontecimientos marcan también una oportunidad histórica única para que los que creemos en la democracia y el Estado de Derecho, coordinemos políticas que permitan impedir la existencia de los grupos o Estados que toleren o promuevan el terrorismo originado en cualquier pretexto, y detectar y eliminar sus fuentes de financiación. En el mundo después del 11 de septiembre no debe haber espacio alguno para la violencia, el terror, el tráfico de drogas o el crimen internacional.

Creemos que ha llegado el tiempo de abrir el diálogo entre civilizaciones en el sentido apuntado por Naciones Unidas, con miras a establecer vínculos equitativos de reciprocidad entre las civilizaciones. El entendimiento entre las culturas y los pueblos es la única base para una paz duradera. Promoveremos programas de tipo cultural, sobre todo enfocados a los más jóvenes en el mundo, que difundieran temas de reconciliación y cooperación entre las culturas. Si hay rencores históricos que aún permanecen, arrojemos luz sobre ellos, para que sean por fin superados a través de la razón, el debate y el compromiso.

Renovación y compromiso

La IDC está convencida de la universalidad de su mensaje. Un mensaje coherente e integrador que basado en la moderación, en el diálogo y en el consenso, representa la gran esperanza para encontrar nuevas vías de acción política. Desde los valores humanistas que siempre nos han inspirado: la libertad, la solidaridad, la equidad, la responsabilidad y la justicia, la IDC considera a la persona humana como la protagonista principal y eje definitivo de su proyecto político.

La Internacional Demócrata Cristiana e Internacional Demócrata Centrista afronta el siglo XXI con un gran proyecto de paz y prosperidad. Es nuestro compromiso practicar un nuevo estilo de acción política que responda a las nuevas necesidades y a nuestras aspiraciones, promoviendo sociedades eficientes, competitivas y solidarias que tengan como fundamento el diálogo social. Donde la noción de equidad cruce todas las políticas públicas y comprenda, tanto por deber ético como por imperativo político, la lucha contra la pobreza, la igualdad de oportunidades, las mejoras en la distribución del ingreso y la calidad de vida de la población. Un nuevo estilo de acción política que basándose en los valores humanistas que inspiran nuestro proyecto, los adapta a la nueva realidad del presente para poder así, anticipar un esperanzador futuro común. Un nuevo estilo de acción política que ofrece soluciones comprometidas para que cada persona alcance su destino material, intelectual y espiritual.

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