DEMOCRACIA  PARTICIPATIVA
Promoting democratic participation and human rights
En favor de la democracia participativa y del respeto a los derechos humanos

Taller de Reflexión  
sobre el  

ANTEPROYECTO DE

CARTA DE DERECHOS Y DEBERES FUNDAMENTALES
DE LOS CUBANOS

INFORME DEL RELATOR 

Se abre el Taller a las 9:30 horas del 12 de octubre de 2002 en la Sala de conferencias de la Biblioteca Otto G. Richter,   de la Universidad de Miami.  

Presentadora:         Holly Ackerman, Universidad de Miami

Bienvenida:            María Emilia Monzón, Solidaridad de Trabajadores Cubanos

Moderadores:          Primer Panel:   Lino B. Fernández, Coordinadora Social Demócrata de Cuba

                                Segundo Panel:  José Pou Socarrás, Confederación Campesina de Cuba

                                Foro Público:  Siro del Castillo, Partido Demócrata Cristiano de Cuba

Primer Panel:         Sebastián Arcos, Comité Cubano Pro Derechos Humanos

                                Ángel de Fana, Plantados hasta la Libertad de Cuba

                               José Pou Socarrás, Confederación Campesina de Cuba

                               Ariel Hidalgo, Buró de Información del Movimiento Cubano de Derechos Humanos

                               Siro del Castillo, Partido Demócrata Cristiano de Cuba

Segundo Panel:    Ricardo Bofill, Comité Cubano Pro Derechos Humanos

                              Oscar Peña, Comité Cubano Pro Derechos Humanos

                              Ángel Cuadra, Solidaridad de Trabajadores Cubanos

                             Micael Ávalos, Corriente Socialista Democrática Cubana

                             Byron Miguel, Coordinadora Social Demócrata de Cuba

Relator:               Gerardo E. Martínez-Solanas, Partido Demócrata Cristiano de Cuba

 

PALABRAS DE BIENVENIDA

            Holly Ackerman abrió el Taller con una cordial bienvenida a los panelistas y asistentes en nombre de la Biblioteca Otto G. Richter, de la Universidad de Miami.

            María Emilia Monzón dio inicio a los trabajos expresando su bienvenida a todos los participantes en nombre de la Mesa de Reflexión Externa (MRE).  Explicó el nivel de estrecha colaboración que existe entre la MRE y la Mesa de Reflexión Interna (MRI) y el hincapié que hacen en el trabajo en pro de los derechos humanos, que ha dado sus frutos en tres Talleres anteriores dedicados enteramente a este tema.  Destacó las prioridades de estos esfuerzos con un objetivo de información, estudio y debate entre el mayor número de cubanos fuera y dentro de la Isla.  Subrayó el empeño de abrir en Cuba 109 mesas con estos mismos objetivos, donde se puedan exponer abiertamente juicios y opiniones.

 

PRIMER PANEL

            Lino B. Fernández presenta a los miembros del Primer Panel y aprovecha para destacar el esfuerzo de información coordinado que se hace desde la WEB a través de diversos sitios mantenidos por distintas organizaciones participantes, donde se publican las labores, propósitos y principios sustentados por la Mesa de Reflexión.

            Sebastián Arcos confiesa la sorpresa que le causó la Declaración Universal de Derechos Humanos cuando cayó en sus manos por primera vez en Cuba, porque, según él, hasta entonces no tenía conciencia de la magnitud y amplitud del documento.  Después de preguntarse si es necesaria una Carta como esta, aspira a que el esfuerzo no se traduzca en un empeño obstinado de codificar la utopía, sino que se convierta en una Carta Magna que sirva de herramienta eficaz en manos de todos los cubanos.  Plantea también una serie de objeciones y exhorta a que se las estudie:

·        Que quede claro en el preámbulo que al hablar de “igualdad” se trata de “igualdad ante la ley”.

·        Que el Artículo 1 limita a la sociedad cubana en una decisión que debe ser de consenso y puede confundir el derecho inalienable a la vida con el tema eminentemente judicial de la pena de muerte.

·        Que el Artículo 18 debe considerarse un derecho político y no uno social y cultural.

·        Que el Artículo 19 obliga a aplicar determinadas políticas sin permitir examinar muchos matices y soluciones posibles a las políticas de educación.  Estima que incorporar estas políticas a una Carta inflexibiliza las decisiones futuras.

·        Que tiene las mismas objeciones al Artículo 24 que las expresadas para el Artículo 19.

·        Que le preocupa, en particular, el Artículo 36 porque limita las libertades públicas y se presta a una imposición de criterios según la tendencia de los gobernantes de turno.

Por último, destaca la importancia del documento como promotor del debate sobre un tema tan fundamental como son los derechos humanos y las libertades fundamentales.

            Angel de Fana objeta la excesiva especificidad del Preámbulo, observa que cuenta con repeticiones y estima que debe abreviarse.  Coincide con Sebastián respecto a los Artículos 19 y 24.  A su vez, objeta:

·        La ambigüedad que se deriva del Artículo 29 en lo que se refiere a la aceptación de parejas de cualquier sexo.

·        La inclusión de la solidaridad como un deber en el Artículo 46, puesto que la solidaridad no es algo que pueda imponerse.  Estima que los deberes enumerados por la Carta deben referirse claramente a un sentido de responsabilidad y no de obligación.

Hace hincapié en su aspiración a que este documento sea verdaderamente útil y no entorpezca las labores que ya se realizan a favor de los derechos humanos dentro y fuera de Cuba. 

Para que sea unificador y una herramienta de apoyo a la Declaración Universal y a la Carta Internacional, recomienda dar un paso más allá de las 109 mesas propuestas para llevar la idea casa por casa a la población, con el objetivo primordial de que los ciudadanos pierdan el miedo y tomen conciencia de los derechos humanos.

José Pou Socarrás destaca su participación en el Taller como campesino y la posición tradicional de vanguardia del campesinado cubano en las luchas por los derechos y la libertad.

Se hace solidario con el esfuerzo sin hacer críticas, confiado en que el resultado final será positivo.

Hace hincapié en que debemos preocuparnos por que en la Cuba del futuro se cumplan las leyes y que documentos como este no se conviertan en letra muerta, como pasó con algunos segmentos importantes de la Constitución de 1940.  Destaca el ejemplo de derechos humanos que nos ofrece esa Constitución.

Ariel Hidalgo exhorta a que nuestro esfuerzo se concentre en construir el fortín de la conciencia cívica de la ciudadanía como propósito primordial de esta Carta.

En cuanto al concepto de deberes en esta Carta, le preocupa la impresión que le dé al cubano que se ha visto acosado bajo la tiranía y forzado a acatar un cúmulo de “deberes” (u obligaciones) impuestas. Destaca, en particular, los peligros que dimanan de la aplicación estricta del Artículo 36.

Respalda la posición de Sebastián sobre un exceso de codificación e insiste en que un documento tan específico puede desembocar en represión, debido a trivialidades o a posiciones dogmáticas de los gobernantes de turno.

Siro del Castillo también se pregunta el por qué de una Carta y responde que se trata de elaborar un vehículo de expresión más concreta de las aspiraciones de los cubanos y señala las situaciones coyunturales del presente y futuro cubanos que se reflejan en la intención de este documento.  Cita también la evolución que se está produciendo en este ámbito, orientada a equilibrar el concepto de derechos con otro concepto de deberes y destaca que la libertad tiene un costo de deberes.

Hace hincapié en que le falta a esta Carta un reconocimiento explícito de la Declaración Universal.

Se suma a las objeciones de Ángel en lo tocante al Artículo 29.  Al hablar de discriminación es imperativo que sea sin calificativos y dentro del concepto de la persona humana como persona integral.

Discrepa, sin embargo, con Sebastián y con Ángel respecto al Artículo 24, afirmando que la sociedad tiene la obligación de garantizar un mínimo de subsistencia al desempleado.

Después de señalar algunas de las numerosas enmiendas que propone el Partido Demócrata Cristiano, destaca el hecho de que también han propuesto una serie de deberes adicionales (véanse propuestas específicas en el Anexo).

SEGUNDO PANEL

            Jose Pou Socarrás presenta a los miembros del Panel y destaca la variedad de esfuerzos e ideologías representados.

            Ricardo Bofill aprecia el enorme valor cívico de promover dentro de Cuba un debate sobre estos temas.  Califica la Carta como un documento revolucionario, popular y progresista, como lo demuestra, entre otros deta-lles, que se incluyan también en su texto derechos económicos y sociales.  Reconoce que estos derechos tienen un costo y que, por lo tanto, deben encaminarse mediante políticas que reflejen un amplio consenso nacional.

            Corrobora la afirmación de José Pou respecto a la Constitución del 40.  Destaca que llegó más lejos en algunos aspectos de los derechos humanos que la propia Carta Internacional de Derechos Humanos.  Por otra parte, estima que los cubanos exigieron demasiado de la Constitución del 40 en un lapso demasiado corto de vigencia que no le permitió consolidar los propósitos y aspiraciones de todos los cubanos en ella reflejados.

            Exhorta a que se vislumbren las piedras que encontraremos en el camino hacia la democracia para que comprendamos la necesidad de fomentar la transparencia como remedio a las sombras de la corrupción que se alimentan de la actual situación coyuntural y se ciernen sobre la Cuba del futuro.

            Oscar Peña se refiere al valor intrínseco de la Declaración Universal con un comentario de que si tuviera que elegir entre ésta y la Carta que proponemos, votaría por la primera.  Empero, reconoce el pragmatismo político que promueve esta Carta para que sirva de escudo a los cubanos en su gesta de libertad.

            Abunda en esta idea destacando el impacto que tendrá salir con una Carta como la que estamos analizando por las calles del Cerro, Luyanó, La Habana, Puerto Padre, Pedro Betancourt, Pinar del Río, etc., en terreno cubano, para que caiga en manos cubanas, la analicen mentes cubanas y se interprete como un genuino documento autóctono.

            Propone formalmente que se estudien los medios de abreviar el Preámbulo y de evitar las repeticiones.  Hace énfasis también en que no es un documento para legisladores sino para el pueblo y que debe ser atractivo, concreto y corto, orientado a un trabajo cívico-político con el pueblo.

            Angel Cuadra destaca que estamos ante una Carta que no tiene ni debe aspirar a tener fuerza de ley sino, más bien, la fuerza de un código moral.

            Señala que la Declaración Universal pertenece al derecho internacional, pero que este esfuerzo se enmarca en las justas aspiraciones de los cubanos al imperio del derecho en Cuba.

            Destaca algunas fallas que podrían entorpecer el procedimiento judicial y se refiere, entre otras, a que el Artículo 7 puede frenar la legítima actividad policial y debiera redactarse de otra forma.

            Reconoce el respeto debido a los símbolos patrios (Art. 36), pero objeta que se mezcle con la obligación de defender la integridad del territorio nacional, sin aclaraciones, lo que podría incluir legítimos conflictos internos en el futuro.

            Micael Ávalos destaca que el debate sobre los derechos humanos es relativamente reciente y se encuentra en plena evolución.  En este sentido, encuentra un valor de originalidad en esta Carta y su propósito de despertar el debate sobre este tema como un medio idóneo de preparar a la nación cubana para la transición y la democracia posterior.  Reconoce tres propósitos esenciales de la Carta:  histórico-filosófico, político y cívico.  Estos propósitos están interconectados y no son excluyentes.

            Recuerda las palabras de Havel sobre la dificultad de resolver situaciones pragmáticas sin faltar a los principios.  Comenta sobre la agonía del idealista convertido en estadista y enfrentado a problemas reales que rebasan la aplicación de esos principios.

            Byron Miguel observa que este es un debate que atañe a las realidades de nuestra lucha antes, durante y después de la Transición y que hay que ver este esfuerzo como un proceso histórico que culmina en nuestra realidad cubana.  Destaca en particular los Artículos 9 y 10, como algo que nos duele.

            Hace hincapié en los derechos sociales, económicos y culturales y estima que la Carta propuesta da un primer paso muy importante e interesante en este sentido.

            Lee un párrafo del Informe del Desarrollo Humano, de las Naciones Unidas, 1994, referente a las constantes amenazas del hambre, la enfermedad, el delito y la opresión, en el que se propone la elaboración de una Carta Social Mundial, para lograr una sociedad donde el derecho al alimento sea tan sacrosanto como el derecho a votar, donde el derecho a la educación básica esté tan consagrado como el derecho a la libertad de prensa y donde el derecho al desarrollo se considere uno de los derechos humanos fundamentales.

 

FORO PÚBLICO

            Se propone que se estudie la posibilidad de incorporar los derechos de la mujer en esta carta.  Hay oposición en el sentido de que los derechos humanos abarcan de hecho a todas las personas. 

Hay comentarios respecto al costo real de la aplicación estricta de muchos de los derechos sociales, económicos y culturales, y la necesidad de ser cautelosos en cuanto a su obligatoriedad sin consideraciones pragmáticas.  Se sugiere que, en vista del actual desastre económico de la nación cubana, no se pretenda mantener un Estado paternalista.  Tampoco un Estado neoliberal injusto.  Pero sí un Estado activista que tome en serio su responsabilidad respecto a estos derechos humanos.

Se refieren a que debe haber una protección legal contra la discriminación y destacar la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

Se hace hincapié en que este documento sirva de base de principios para la sociedad civil que estamos edificando en Cuba.

Otra propuesta sugiere que se haga un documento condensado que ocupe sólo una hojita que sea fácil de repartir y de costo bajo de reproducción, para que llegue al mayor número de personas en Cuba.  La Carta en sí circularía también en forma no abreviada entre un público más activista y más selecto.  Se apoya la idea de una mayor simplicidad, sobre todo en el preámbulo.

Se postula también que los derechos dimanan de los deberes.  Es decir, que la persona precisa de determinados derechos para poder cumplir a cabalidad con los deberes que está obligado a acatar como parte del cuerpo social.

Se sugiere que esta Carta apunte a un proceso Constituyente en el que quedaría incorporada como apéndice a la nueva Constitución.  Alguien más pone como ejemplo el “Bill of Rights” de la Constitución de los Estados Unidos.

 

RESUMEN DEL RELATOR

            Es importante destacar en este Taller que el tránsito que han experimentado la mayoría de los pueblos del reconocimiento de las desigualdades y los abusos a la rebelión, pacífica o violenta, contra las injusticias y el desgobierno, sólo ha sido posible en virtud de la afirmación universal de la noción de derechos humanos.  Universal, porque implica un consenso entre las naciones y porque equipara a todos los pueblos y las personas, como lo expresó Angel de Fana en sus objeciones al Artículo 29 del Anteproyecto y lo corroboró Siro del Castillo con su afirmación de que al hablar de discriminación tiene que hacerse sin calificativos dentro del concepto de la persona humana como persona integral.

Es importante destacar también que este ejercicio de creación de una Carta de Derechos y Deberes Fundamentales de los Cubanos no aspira a modificar el consenso universal ni, mucho menos, a seleccionar los derechos humanos y libertades fundamentales que deben aplicarse a los cubanos.  Todo lo contrario.  Todos somos conscientes de que los derechos humanos son indivisibles e inalienables.  Esto lo destacó Ángel de Fana en su exposición y lo señaló también Byron Miguel.  Con esta orientación fue que Siro del Castillo propuso que se incluyera un reconocimiento explícito de la Declaración Universal en nuestra Carta.

Por definición, los derechos humanos son la norma última, el propósito y la meta de cualquier política.  Los Estados no otorgan derechos humanos a sus pueblos, sino que tienen la obligación ineludible de respetarlos, acatarlos y aplicarlos.  De hecho, muchas naciones han incorporado la Carta Internacional o, al menos,  la Declaración Universal, a sus propias Constituciones.  Una Carta como esta podría incorporarse como apéndice de la Constitución, tal como lo han sugerido del público, siempre que, a su vez, incluya en su texto un reconocimiento de la Declaración Universal, como lo sugirió Siro del Castillo.

Nuestra Constitución del 40 fue precursora de la Declaración Universal, para orgullo nuestro, como lo destacó elocuentemente José Pou,  con un amplio articulado sobre derechos humanos que sirvió de base a nuestros diplomáticos en el papel que desempeñaron en ese momento histórico, un hecho que subrayó Ricardo Bofill en su intervención.    

Siro del Castillo y Sebastián Arcos plantearon la cuestión del por qué de una Carta.  El borrador que nos llegó de Cuba aclara que este esfuerzo se propone “abrir un debate entre el mayor número de cubanos, dentro y fuera de la Isla”.  Lino Fernández apuntó a este propósito en sus palabras de apertura y se hicieron también eco de ello Sebastián Arcos, Ricardo Bofill y Siro del Castillo.  Angel Cuadra entiende, por su parte, que el esfuerzo propone llegar a la dimensión de un código moral.  Se trata de un debate, en otras palabras, encaminado a despertar en el cubano el reconocimiento de la magnitud trascendente de sus derechos y libertades.  El debate es necesario sencillamente porque pocos son los cubanos que conocen sus derechos y pocos los que saben el alcance que deben tener sus libertades, como lo reconoció Sebastián Arcos y como lo destacó también Ariel Hidalgo al referirse a la preocupación que le causaba el Artículo 36.  Ese debate es necesario porque estos instrumentos son mantenidos en la oscuridad en el ámbito cubano, hasta el punto que se castigue a quienes han osado repartir la Declaración Universal entre sus conciudadanos dentro de la Isla.

Las propuestas de enmienda al borrador de Cuba introducidas por Siro del Castillo apuntan precisamente a conformar el lenguaje utilizado en el borrador con el espíritu y la letra de la Declaración Universal y de otros instrumentos de la Carta Internacional de Derechos Humanos, así como también de la OIT y otros documentos de derechos humanos.  A que no haya ni un resquicio de posibilidad de interpretar los derechos humanos y las libertades fundamentales a nuestro modo o fuera del ámbito del consenso internacional.

Parafraseando la introducción del propio Anteproyecto, podemos hacer énfasis en que se intenta provocar un debate entre el mayor número de cubanos, dentro y fuera de la Isla, que dé forma a su propia Carta ciudadana de derechos y deberes para validarla así como fundamento de una institucionalidad más moderna y civilizada.

 

PALABRAS DE DESPEDIDA

            Holly Ackerman agradece a todos su presencia y participación.  Anuncia la próxima apertura de una Colección Cubana en la Biblioteca Otto G. Richter y exhorta a todos los cubanos a que colaboren donando libros y material.

 Siro del Castillo levanta la sesión del Taller a las 13:00 horas.

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