Latinoamérica se está resintiendo significativamente de la severidad de la crisis global. La región ha sufrido un pronunciado descenso de la demanda externa, un severo deterioro en los términos de comercio por el ajuste de los precios de las materias primas (con importantes consecuencias fiscales y para las posiciones externas) y una pérdida de los ingresos por remesas y turismo. Otros importantes canales de contagio, más específicos, que han afectado en mayor medida a los dos principales países de la región, Brasil y México, han sido la exposición al sector industrial -en el ámbito global, sufre un ajuste tan intenso como el que siguió a la Gran Depresión del 29- y el mayor desarrollo e integración con los mercados de capitales internacionales.
Esta excepcional confluencia de condicionantes negativos externos se ha traducido en un fuerte freno en el crecimiento: prácticamente la totalidad de los principales países de la región ha atravesado una fase recesiva, más o menos intensa, entre el 4T08 y el 2T09, e incluso, en casos concretos, se han observado tasas negativas de crecimiento de dos dígitos en algún trimestre (precisamente, en México y Brasil).
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