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Principios de la Doctrina Social de la Iglesia

Nota: Los Principios de la DSI están resumidos
en el Capítulo Cuarto del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.  
El texto completo del Compendio puede leerse AQUÍ.

COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

CAPÍTULO CUARTO

LOS PRINCIPIOS DE LA DOCTRINA SOCIAL
DE LA IGLESIA

I. SIGNIFICADO Y UNIDAD

160 Los principios permanentes de la doctrina social de la Iglesia 341 constituyen los verdaderos y propios puntos de apoyo de la enseñanza social católica: se trata del principio de la dignidad de la persona humana —ya tratado en el capítulo precedente— en el que cualquier otro principio y contenido de la doctrina social encuentra fundamento,342 del bien común, de la subsidiaridad y de la solidaridad. Estos principios, expresión de la verdad íntegra sobre el hombre conocida a través de la razón y de la fe, brotan « del encuentro del mensaje evangélico y de sus exigencias —comprendidas en el Mandamiento supremo del amor a Dios y al prójimo y en la Justicia— con los problemas que surgen en la vida de la sociedad ».343 La Iglesia, en el curso de la historia y a la luz del Espíritu, reflexionando sabiamente sobre la propia tradición de fe, ha podido dar a tales principios una fundación y configuración cada vez más exactas, clarificándolos progresivamente, en el esfuerzo de responder con coherencia a las exigencias de los tiempos y a los continuos desarrollos de la vida social.

161 Estos principios tienen un carácter general y fundamental, ya que se refieren a la realidad social en su conjunto: desde las relaciones interpersonales caracterizadas por la proximidad y la inmediatez, hasta aquellas mediadas por la política, por la economía y por el derecho; desde las relaciones entre comunidades o grupos hasta las relaciones entre los pueblos y las Naciones. Por su permanencia en el tiempo y universalidad de significado, la Iglesia los señala como el primer y fundamental parámetro de referencia para la interpretación y la valoración de los fenómenos sociales, necesario porque de ellos se pueden deducir los criterios de discernimiento y de guía para la acción social, en todos los ámbitos.

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Principio de Subsidiariedad

Principio de la Doctrina Socialcristiana que establece que "una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de su autonomía y, en consecuencia, del pleno ejercicio de sus competencias, sino que, por el contrario, su función, en tanto que estructura de orden superior, debe consistir en sostenerle, ayudarle a conseguir sus objetivos y coordinar su acción con la de los demás componentes del cuerpo social a fin de alcanzar más fácilmente los objetivos comunes a todos" (Encíclica Centesimus Annus, 48). Es decir, la sociedad debe dejar a las personas o los grupos que la componen todo lo que ellos puedan realizar responsable y eficazmente, porque "no es justo, constituyendo un grave perjuicio y perturbación del recto orden, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden hacer y proporcionar y dárselo a una sociedad mayor y más elevada, ya que toda acción de la sociedad, por su propia fuerza y naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero no destruirlos y absorberlos" (Encíclica Quadragesimo Anno, 79).

Igualmente, este Principio propugna la responsabilidad de los colectivos de orden inferior a colaborar en el sostenimiento y consecución de los objetivos de las estructuras de orden superior. Por otra parte, implica la obligación para la sociedad de que, en el caso de no existir las personas o grupos para realizar determinada actividad necesaria, asumirá la tarea y suplirá su falta, pero sólo transitoriamente en función de su obligación de promover la existencia de las personas o grupos que sean idóneos para dicha actividad.

Aplicado este principio al Estado, podemos decir que el Estado no debe realizar lo que puedan hacer las personas o los organismos intermedios, salvo por supletoriedad y con carácter promocional.

Es importante reseñar que el Principio de Subsidiariedad no se refiere solamente al reparto de competencias entre los diferentes niveles jerárquicos y/o funcionales de una estructura social sino que constituye la expresión de un determinado concepto participativo de todos los grupos de dicha estructura en la vida de la misma. La subsidiariedad supone, en primer término, reconocimiento de la autonomía de cada colectivo de la estructura para establecer sus objetivos y decidir los procesos con que intentar alcanzarlos, pero también implica diálogo y participación de todos los miembros (individuales y colectivos) del grupo social en la definición de los objetivos globales, en el diseño de las estrategias para conseguirlos, en su ejecución y en su evaluación así como el respeto de los instrumentos de autorregulación y correglamentación.

Este principio, de necesaria aplicación en la política social, tiene por objeto el reparto y la limitación de las competencias para la ordenación de los grupos sociales. Además, ordena las relaciones de las sociedades intermedias.

El principio de subsidiariedad se basa en el máximo respeto al derecho de la libre determinación (entendido en el sentido más amplio) de todos y cada uno de los miembros de una estructura social y, a su vez, es el fundamento sobre el que se sustenta todo el edificio de esa dinámica de interacción social que denominamos democracia participativa.

[Busque en biblioteca un análisis a fondo de este concepto en: CALVANI, A.: Naturaleza y Fines de las Sociedades Intermedias. En Apuntes para la Formación Política. Vol. I, IFEDEC, Caracas, 1982, pp 358-361.]

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El Bien Común

El concepto del Bien Común está desarrollado en dos obras fundamentales de la Iglesia Católica:

  1. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia; y,
  2. El Catecismo de la Iglesia Católica

Ponemos a disposición de los lectores ambos textos a continuación:

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

Tercera Parte
Artículo 2
La participación en la vida social

II. El Bien Común (Parr. 1905-1927)

1905 Conforme a la naturaleza social del hombre, el bien de cada cual está necesariamente relacionado con el bien común. Este sólo puede ser definido con referencia a la persona humana:

«No viváis aislados, cerrados en vosotros mismos, como si estuvieseis ya justificados, sino reuníos para buscar juntos lo que constituye el interés común» (Epistula Pseudo Barnabae, 4, 10).

1906 Por bien común, es preciso entender "el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección" (GS 26, 1; cf GS 74, 1). El bien común afecta a la vida de todos. Exige la prudencia por parte de cada uno, y más aún por la de aquellos que ejercen la autoridad. Comporta tres elementos esenciales:

1907 Supone, en primer lugar, el respeto a la persona en cuanto tal. En nombre del bien común, las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. La sociedad debe permitir a cada uno de sus miembros realizar su vocación. En particular, el bien común reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocación humana: "derecho a actuar de acuerdo con la recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad, también en materia religiosa" (cf GS 26, 2).

 

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Democracia Real, Bien Común, Dignidad Plena del Hombre y Economía Social de Mercado

Hace un año, a 20 años de Centesimus Annus, la extraordinaria encíclica de Juan Pablo II, en conmemoración de los 100 años de  Rerum Novarum, escribí un artículo que terminaba con el párrafo siguiente: La Iglesia no tiene como finalidad proponer un modelo económico o un modelo de sociedad determinado, pero tiene a Jesucristo, su vida, su Evangelio, y con ello una Enseñanza Social, que nos permite a todos los cristianos y muy especialmente a los laicos, por su inserción en la sociedad, trabajar con criterios que conjuguen libertad y responsabilidad, economía de mercado y justicia social. Tal como dijera Su Santidad en Centesimus Annus, para este objetivo la Iglesia ofrece, como orientación ideal e indispensable, la propia doctrina social, la cual —como queda dicho— reconoce la positividad del mercado y de la empresa, pero al mismo tiempo indica que éstos han de estar orientados hacia el bien común.

Democracia real, democracia formal.

En los últimos años hemos visto como en América Latina, subcontinente en el que quedaba solamente una dictadura en todo el sentido de la palabra, la dictadura cubana, han ido apareciendo a través de procesos políticos democráticos, una serie de líderes, que al llegar a la presidencia comienzan a corromper la democracia, cambiando constituciones con el fin de eternizarse en el poder y acabar con la estructura del estado de derecho a través del control de todos los poderes públicos, ejecutivo, legislativo, judicial y electoral, limitando la libertad de prensa y maniatando poco a poco a todos los que se oponen a tal arbitrariedad, sobre todo a los medios independientes de comunicación social. A eso se le ha llamado Socialismo del Siglo XXI. Se han aliado a través de la llamada Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), con la única dictadura del Socialismo del Siglo XX, totalitaria, retrógrada y estalinista, y si no fuera porque ya éste no es el mundo bipolar del siglo pasado con la Unión Soviética a la cabeza, ya hubiesen acabado con todo lo que queda de democracia y libertad en sus respectivos países. Sabemos perfectamente a quienes me estoy refiriendo, a Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Y nos preguntamos, cómo un continente que comenzaba a dar pasos firmes hacia la democracia, con ejemplos como el de Chile, Brasil, Colombia, etc., ha podido parir estos regímenes; sin embargo la respuesta no es difícil: la corrupción de la clase política, el desarrollo sin inclusión social, la falta de esperanza de los pueblos ante la riqueza de unos y la pobreza de la mayoría, y un largo etcétera.

Decíamos al principio de este artículo y lo repito aquí: aunque no corresponde a la Iglesia tomar partido por sistemas o programas económico-sociales concretos, la doctrina social de la Iglesia, inspirada en los valores evangélicos, y con la experiencia del desarrollo histórico de la humanidad, a través del bien común, de la dignidad humana, de la subsidiaridad y de la solidaridad, nos propone trabajar por sociedades plenamente humanas, en que la democracia se encauce a través del desarrollo de una poderosa sociedad civil y de una economía orientada hacia la justicia y la libertad. Eso es democracia real e implica: el derecho a elegir a los gobernantes dentro de un estado de derecho, con separación e independencia de poderes, con una prensa independiente y libre, y con el derecho de todos al sagrado bien de la libertad sin coerción y sin miedo. Pero también implica una economía, que permita el acceso de todos a la educación y al progreso. Es por ello que debemos luchar por sociedades en que todos tengan igualdad de derechos y deberes y que la economía esté orientada a la formación de una clase media próspera que sostenga los pilares de esa democracia.

El Bien Común y la Dignidad Plena del Hombre.

Para el filósofo católico Jacques Maritain, una de las figuras más influyentes del pensamiento social cristiano contemporáneo, el fin de la sociedad política es perseguir el bien común. Por su carácter de común este bien abarca tanto a la sociedad como a la persona. En otras palabras, en tanto se es "individuo" se es parte de la sociedad y en cuanto se es "persona", es decir, algo más que simple fragmento de materia, se participa de lo social ya que se permite al hombre la realización plena de sus más altas funciones. No es el ser humano simple elemento sirviente del Estado. Este personalismo de Maritain es asiento básico para condenar toda forma de totalitarismo que siempre pretende absorber hasta las funciones más espirituales del ciudadano. Y al mismo tiempo implica un rechazo de la tesis individualista liberal que considera al hombre como simple átomo social.

Un buen ejemplo de bien común es el derecho de todos los seres humanos de contar con un servicio de salud al alcance de todos y que respete integralmente los valores esenciales de la dignidad humana. Juan Pablo II declaró a la Doctrina Social de la Iglesia como rama de la teología moral. Entonces pues nos encontramos ante dos cuestiones verdaderamente esenciales encuadradas como ejemplo en el principio del bien común:

La primera: la Iglesia nos enseña a respetar la Dignidad Plena del Hombre, desde el mismo momento de la concepción. El feto sólo necesita alimento y oxígeno para lograr nacer como niño, por lo que dejándonos guiar por la misma razón, unos meses atrás es tan niño como unos meses después, lo que sólo con carácter embrionario. Pertenece al género humano, como nosotros, con un alma inmortal como nosotros, es por ello que un sistema de salud que se respete, debe respetar la libertad de los cristianos en defensa de la vida y no obligar jamás a las instituciones de la Iglesia a ponerse en contra de esos principios. No podemos caer jamás en lo que hoy sucede en Cuba, que cuando una muchacha queda embarazada y va al médico, lo primero que éste le pregunta es, ¿lo vas a tener o vas a hacerte un legrado? Eso es totalmente inmoral. Es por ello que la Iglesia aquí en los EE.UU. ha luchado abiertamente en contra del decreto por el cual se obliga a las instituciones católicas a pagar seguros que garanticen métodos abortivos de contracepción. Es un Bien Común, el derecho de todo ser humano a su plena dignidad, desde la concepción y la  Iglesia está obligada a defender ese derecho. Eso es parte de su Doctrina Social, como rama de su teología moral.

La segunda: el pensamiento socialcristiano, iluminado por la Doctrina Social de la Iglesia, que nos marca por encima del ser individuos, el ser personas, que nos hace libres con la libertad plena de los hijos de Dios, a través del amor, que nos lleva a compartir el bien común con nuestros hermanos, en la búsqueda no de un igualitarismo decadente como el que alimentan las sociedades marxistas, sino de la igualdad en la libertad y en la búsqueda de la felicidad, como impregnaron los Padres Fundadores a los Estados Unidos de América. Y esa dignidad de la persona, que tiene en primer lugar que disfrutar de libertad, que tiene también que alimentarse, vestirse, tener un techo donde cobijarse, las condiciones para trabajar y formar una familia, tiene también necesariamente que tener acceso al cuidado de su salud, no como un problema solamente de responsabilidad individual, sino como un derecho inalienable. Los cristianos a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, tenemos también, una gran responsabilidad en promover estos valores. Sanar a los enfermos es una constante en todos los Evangelios. Si bien, Cristo realizó diversos milagros sobre lo inanimado, como la transformación del agua en vino, la pesca milagrosa, etc., la mayoría de sus milagros son de sanación, lo que nos confirma su alto nivel de Amor y Compasión por el Prójimo. Los Evangelios nos lo confirman constantemente: el leproso que queda limpio inmediatamente, al ser tocado por Jesús; el sábado que entró en la sinagoga y curó al hombre que tenía la mano seca, a pesar de estar al acecho de los escribas y fariseos, para los que ese gesto, un sábado, era totalmente ilícito; el paralítico de nacimiento que queda totalmente curado; en Lucas 6-17 se lee: toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos. Y así podríamos llenar párrafos de narraciones donde ese amor de Dios hacia los hombres en la persona de Cristo se manifiesta en la sanación de todos aquellos que lo necesitaban. Evidentemente, en los tiempos de Jesús, no existían ministerios de Salubridad, o de Salud Pública, para atender las necesidades de los pueblos, sin embargo, su ejemplo lleno de compasión por los que sufren, nos da a los cristianos una pauta, y es: el Amor que se hace Persona en Jesucristo implica también la sanación para todos. En el caso concreto de los EE.UU. ejemplo de democracia ante el mundo, es inexplicable, que haya millones de personas viviendo sin seguro de salud, sin poder mantener un cuidado de salud preventiva como debe ser, y de hecho es, en prácticamente el resto de las democracias desarrolladas de occidente; incluyendo además a miles de familias que caen en bancarrota cada año, debido a sus deudas impagables por los servicios médicos recibidos, es verdaderamente increíble y lamentable. La Iglesia debería también manifestarse con fuerza en este sentido.

Economía Social de Mercado.

El Dr. Antonio Jorge, uno de los más grandes economistas cubanos y cristiano ejemplar, nos iba a hablar en el marco de la 2da Semana Social Católica, celebrada en Miami del 4 al 10 de marzo  pasados,  sobre Economía Social de Mercado, y me decía que quería también explicar cómo la misma sería un pilar fundamental en el desarrollo de una Cuba libre en el futuro. Falleció antes de este evento, y aunque no soy economista, desarrollaré algunas ideas tomando como referencia la conferencia de Klaus Shaffler: “Economía de mercado con responsabilidad social: La experiencia alemana”, ya que la ESM juega un papel importante en la construcción de una sociedad con justicia para todos.

El concepto Economía Social de Mercado se aplica, en sentido estricto, al modelo de ordenamiento económico, explícitamente elaborado, que le sirvió al primer gobierno de la República Federal de Alemania después de la segunda guerra mundial como pauta para encauzar su política económica. De tal manera, la ESM surgió  como un proyecto político-económico concreto, para dar respuesta a la virtual destrucción de Alemania luego de la Segunda Guerra Mundial (y por Cuba ha pasado un terremoto durante 53 años que la ha dejado destruida y cayéndose a pedazos). Fue el partido Demócrata Cristiano alemán el que asumió este proyecto en su convención de Ahlen en 1948.

En otras palabras, la ESM alemana fue el resultado de un proceso evolutivo, en el que intervinieron factores económicos, del mismo modo que la voluntad constituyente de su dirigencia política, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, un análisis de la ESM reducida exclusivamente a hechos económicos, correría el peligro de perder de vista esta interdependencia que le proporcionan los impulsos esenciales al sistema en todas sus ramificaciones. Los lineamientos básicos esenciales del modelo caracterizan la constitución económica de la mayoría de las naciones industrializadas de occidente, aun cuando no necesariamente su reflexión teórico-ideológica.

El concepto de la ESM se apoya en tres principios: libertad, solidaridad y justicia social, e interrelaciona así política económica con política social. Bajo esta forma se integra el dinamismo productivo del mercado con medidas compensatorias que sin interferir sobre los mecanismos de la competencia tienden a lograr una mayor justicia social. Las bases de la ESM se inspiran en las ideas del ordoliberalismo, la ética protestante y la Doctrina Social de la Iglesia con sus principios pilares que son la solidaridad y subsidiaridad. La solidaridad que mira al bien común y la subsidiaridad que nos dice que lo que puede hacer el individuo o la sociedad más pequeña que no lo haga la sociedad más grande. O dicho en términos económicos: tanto mercado cuanto sea posible y tanto estado cuanto sea necesario. Por lo que la ESM se puede definir como una idea de ordenamiento económico, que persigue el objetivo de combinar, sobre la base de una economía competitiva, la libre iniciativa con el avance social.

¿Seremos capaces de alcanzar estos objetivos? Esperemos que el gran sueño del Dr. Antonio Jorge de una Cuba libre y democrática, con una economía social de mercado que pueda traer justicia social a todos los cubanos, pueda hacerse realidad en muy poco tiempo. Esperemos también que las enseñanzas de Juan Pablo II, puedan hacerse realidad en este mundo en que vivimos y que nosotros los cristianos podamos poner un granito de arena en su realización. Pensemos también que debemos ser sal en la sociedad en que nos ha tocado vivir, pues si lo olvidamos, ¿quién la salará?

 

 

 

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Laicado y Sociedad Civil

La conferencia magistral que el Ing. Dagoberto Valdés, laico destacadísimo y director de la revista Convivencia, nos presentó desde Cuba para la 1ra. Semana Social Católica de Miami, y que fue de nuevo expuesta el pasado 5 de febrero en la Parroquia de San Juan el Apóstol ha sido fuente de concientización para todos los que tuvimos la oportunidad de participar en la misma. Su llamado a la reconstrucción de la sociedad civil como sustento de la democracia en nuestro país, tiene una formulación verdaderamente inspiradora.

Como laicos católicos y como hombres o mujeres de formación cristiana de profundo carácter humanista tenemos una responsabilidad muy directa con la sociedad en que nos ha tocado vivir, y para ello la Enseñanza Social de la Iglesia, nos da una serie de principios de valor universal: la dignidad humana, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiaridad y la solidaridad. Muchas veces cuando leemos estos principios nos cuesta ver su aplicación directa a la sociedad, y por lo tanto, limitamos nuestra participación en la Iglesia a su liturgia, o a nuestra oración individual o comunitaria, o a la lectura de la Palabra. Pero cuando Cristo al final del Evangelio de Mateo, nos envía a Bautizar a todos, no lo hace centrándose solamente en el acto litúrgico del Bautismo, sino con el Mandato del Amor y del mensaje de las Bienaventuranzas. Es por ello que Juan Pablo II,  Papa que con su ejemplo, llevaba la doctrina de Cristo a cada uno de los rincones de nuestro Mundo, en una constante peregrinación evangelizadora, al plantear la Doctrina Social de la Iglesia como una rama de la teología moral, nos hizo responsables a todos y muy especialmente a los laicos de llevarla a la sociedad como misión.

Hoy, cuando el ansia de libertad se manifiesta en todo el mundo, cuando vemos que países árabes sometidos al despotismo por muchos años, se rebelan, cuando países cristianos de nuestra América, como Cuba, sometida por 52 años a la peor de las dictadoras, va despertando poco a poco del marasmo, nos preguntamos, ¿se dirigirán a la democracia? Cuando en las democracias del Occidente altamente desarrollado, se desarrolla vertiginosamente el relativismo moral en la sociedad, y la crisis pone en peligro muchas de las conquistas sociales alcanzadas, nos preguntamos también, ¿se debilitan nuestras democracias? Es el momento entonces de la Sociedad Civil. Una sociedad civil verdaderamente desarrollada, es lo que se necesita para la construcción de verdaderas democracias en todo el mundo. Para ello la Enseñanza Social de la Iglesia, nos dice, predica el bien común, con centro en la dignidad plena del hombre, a través del amor, amor que debe hacer accesible a todos, los bienes representados por la libertad y el desarrollo económico y social; y enseña que todo lo que pueda realizarse desde las instituciones primarias, familia, comunidades, municipios, sea hecho: es la puesta en práctica de la subsidiaridad; y que a su vez prime la solidaridad como principio integrador de los valores democráticos. ¿Y cómo hacerlo? En su conferencia Dagoberto nos decía, ¨Lo novedoso para el futuro de Cuba sería: el protagonismo y la primacía de una sociedad civil independiente de la hegemonía del Estado y del Mercado y reguladora de ambos¨.

Primero tenemos que estar de acuerdo en que hoy democracia y sociedad civil son directamente proporcionales, no puede desarrollarse una verdadera democracia sin una sociedad civil fuerte, viva y dinámica. Además esto que se cumple para Cuba, tiene carácter universal, y tenemos que cuidarlo aun en las sociedades con una amplia tradición democrática, y ahí los laicos tenemos que empeñarnos en poner todo nuestro esfuerzo.

Sociedad Civil y Subsidiaridad son inseparables. La primera se forma desde abajo, a través de asociaciones independientes, sea una ONG de cualquier tipo, como Amnistía Internacional, o un movimiento, como el Movimiento Cristiano Liberación, sea una asociación religiosa, como los Caballeros Católicos o un blog, como Generación Y, sea una red social como Facebook, o una fundación, como la Fundación Adenauer, asociaciones como Periodistas Sin Frontera, o Médicos Sin Frontera, o ecologistas como Greenpeace, sólo para citar algunos ejemplos, de esa intrincada red, que da sentido y sustento a las sociedades libres y que al mismo tiempo, hay que fortalecer día a día para que las democracias sean cada vez más representativas y participativas. La subsidiaridad, principio fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia, presente desde la Rerum Novarum, nos dice que es imposible promover la dignidad humana, sino se promueve a la familia, a los grupos, a las asociaciones, a los municipios, en fin a toda expresión de carácter social, económico, cultural, político, deportivo, profesional, que da lugar al florecimiento de la sociedad: es el ámbito de la Sociedad Civil. El ¨Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia¨ la define como el conjunto de las relaciones entre individuos y entre sociedades intermedias, que se realizan en forma originaria y gracias a la « subjetividad creativa del ciudadano ». La red de estas relaciones forma el tejido social y constituye la base de una verdadera comunidad de personas, haciendo posible el reconocimiento de formas más elevadas de sociabilidad.

Son muchos los ejemplos que nos muestran la necesidad de fortalecer la sociedad civil en todo el mundo, y la responsabilidad que los laicos cristianos tenemos en ello, aún en sociedades altamente democráticas.

Hace unas pocas semanas fue asesinado en Pakistan, el ministro de las Minorías Shahbaz Bhatti, católico ferviente, por fanáticos islámicos opuestos a la derogación de una ley que castiga con la pena de muerte la blasfemia. A principios de enero, y por la misma razón de oponerse a dicha ley, fue asesinado por uno de sus escoltas, el gobernador del Punjab, Salman Taseer, los parlamentarios autores de enmiendas a la ley, también están amenazados de muerte. Pakistán es un país, aliado de Occidente, se supone que es una democracia laica, y sin embargo el propio gobierno, no tiene intención de apoyar la reforma a dicha ley. En el mismo Egipto, país en que acaba de triunfar una revolución de claveles, por el pueblo, que pacíficamente demandó los cambios hacia la democracia, los cristianos están también bajo el fuego cruzado del fundamentalismo islámico que los discrimina y aterroriza. ¿Cómo desarrollar democracias  libres y estables en estos medios? Sólo a través del desarrollo de una sociedad civil fuerte que pueda crear las bases de instituciones donde todos los ciudadanos tengan los mismos derechos ante la ley. Para ello la comunidad internacional tiene cada día que perfeccionar mecanismos que fortalezcan los derechos democráticos de todos. El mundo se hace cada vez más pequeño, y no es posible que sigan existiendo tiranías que despojen a sus pueblos de todos los derechos, con absoluta impunidad, basados en el estrecho concepto de la ¨independencia nacional¨ como ha ocurrido en Cuba, Libia, Irán, Corea del Norte y un largo etcétera.

En un artículo publicado por El País de España el 21 de octubre de 2009  titulado ¨La sonrisa cansada de Vaclav Havel¨, la destacada escritora checa Monika Zgustova nos describe el daño antropológico que el totalitarismo comunista deja en los pueblos que ha oprimido, describiéndonos una conversación con Havel, que comienza de la siguiente manera: ¨Veinte años después de la revolución de terciopelo, con la que el pueblo checo puso fin a 40 años de comunismo, Václav Havel esboza una melancólica sonrisa¨…

Más adelante, en su artículo, Zgustova nos describe este fenómeno de la siguiente manera : Ninguno de los países que, hace 20 años, se desembarazaron del totalitarismo ha podido evitar los dos fenómenos que caracterizan el poscomunismo: la corrupción y la desmoralización en cuanto desánimo y pérdida del sentido ético. En los países que vivieron bajo el comunismo, la población vive sumida en la frustración y la apatía generalizadas. Havel llama a esta atmósfera, que paraliza la sociedad, la "depresión poscomunista". El ex preso Havel compara ese extraño estado a la psicosis de un prisionero en libertad: "Cuando un preso, acostumbrado a vivir durante años en una estrecha celda con una estrictísima disciplina, sale de la cárcel y experimenta todo lo que de insólito tiene la libertad, cree que todo le está permitido, pero sufre bajo el peso de las decisiones que hay que tomar continuamente, mientras antes eran el Estado y el Partido quienes decidían". Y el ex presidente no cesa de asombrarse, de horrorizarse ante todo ese veneno que la era comunista dejó en la mentalidad de los ciudadanos.

Hace unos días, en una entrevista que Wilfredo Cancio le hiciera al P. José Conrado Rodríguez, eminente sacerdote y patriota cubano de visita en los Estados Unidos, publicada el 14 de marzo, José Conrado como le decimos los que nos preciamos de ser sus amigos de muchos años, respondía a la pregunta: Cuando se discuten sobre los retos de la Cuba futura, siempre aflora la misma pregunta: ¿cuál es la parte más dañada y más difícil de reconstruir? ¿Cómo respondería usted?

¨La parte espiritual es la más compleja y la más difícil de resolver. Si por un milagro hubiera una inyección de riqueza en Cuba y el gobierno cubano tomara una serie de medidas -como ha pasado en China y Vietnam- para propiciar una recuperación económica, eso podría hacerse en relativamente poco tiempo. Bastaría crear un ambiente de expectativas que generara la creatividad del cubano, cosa que no hay que ser un gran artista para lograrlo. Ahora, cuando un pueblo se acostumbra a la hipocresía, a la mentira, a la doble cara, al robo, al irrespeto de las personas que piensan diferente a ti… Cuando un pueblo se acostumbra al miedo, esos son problemas muy serios¨.

El gobierno cubano acaba de dejar en libertad a los dos últimos presos de la Primavera Negra. En una entrevista que realizara José Hugo Fernández de Cubanet al Dr. Oscar Elías Biscet, una de las figuras más emblemáticas de la oposición democrática en Cuba y cristiano evangélico de convicciones verdaderamente ejemplares, recientemente liberado, éste respondía a una pregunta sobre la mediación de la Iglesia, ante la dictadura en relación a la liberación de los presos políticos, de la siguiente manera: ¨Pienso que la participación de los obispos católicos, el hecho de que sirvan como mediadores, es un paso positivo. Es mi criterio personal. La vida es polémica. Y no me parece mal que cada cual exponga sus criterios con franqueza. Todos los criterios son respetables. Pero yo veo muy positiva la actuación de la iglesia católica. Tenemos un mediador. Necesitamos a la iglesia, porque el gobierno no quiere hablar con nosotros y nosotros no queremos hablar con el gobierno. Así es la sociedad civilizada, cada cual debe jugar su papel de acuerdo con sus posibilidades. Nuestros intereses y los de la iglesia a veces no son comunes, pero si a los obispos se les permite mediar, pues que medien. Entiendo a esas personas que los cuestionan, porque todas las opiniones son importantes. Que todo el mundo opine y que todos participemos como podamos¨.

Estos  ejemplos son contundentes. Vaclac Havel primero, y el P. José Conrado después, nos confirman la realidad de las sociedades donde la doble moral ha sido el antivalor por excelencia. Cuba sigue bajo esta pesadilla, la sociedad cubana tiene que despertar, y para ello, la Iglesia y los laicos, junto a todos aquellos que comprenden el valor de la sociedad civil para reconstruir la democracia, tienen que unirse. En el segundo ejemplo, vemos como el Dr. Biscet apoya el rol mediador de la Iglesia. En ello vemos también, como la jerarquía de la Iglesia cubana juega un papel de inestimable valor en la reconstrucción de la sociedad civil de Cuba, que ya ha comenzado, con los opositores, los periodistas independientes, las organizaciones de derechos humanos, los bloggeros, las revistas como Convivencia, etc. Muchísimos de ellos son laicos, que han dado el paso al frente por el futuro de nuestra patria.

En este momento la dictadura cubana está inmersa en un nuevo tipo de represión; a través de un serial de televisión llamado ¨Las razones de Cuba¨, está desacreditando públicamente y con ello poniendo en peligro la integridad personal, de destacados hombres y mujeres, como Dagoberto Valdés, Yoani Sánchez y otros. Uno de esos programas fue dedicado a Dagoberto para lapidarlo públicamente, denigrarlo, satanizarlo. Otro a Yoani y a otros bloggeros. La sociedad cubana está cambiando positivamente día a día, el pueblo llano, a través de todos los medios a su alcance, congratula a estos luchadores por la libertad, con pequeños gestos, con una palmada, con una felicitación, en fin, ya no son aquellos años en el que por el solo hecho de ir a la iglesia, te retiraban la amistad y te veían como algo raro al que era peligroso acercarse.

Pero desde el exilio, los laicos católicos, podemos hacer mucho. En primer lugar tomar conciencia de lo que es ser un laico en una sociedad democrática, a la luz de la Enseñanza Social de la Iglesia, y dar también nuestra batalla, por mejorar la sociedad civil y seguirla construyendo en nuestro medio, Miami también necesita que demos un paso al frente, las elecciones para la revocación del mandato del alcalde y una comisionada del condado son un ejemplo de lo que la sociedad civil puede lograr, pues ahora hay que seguir adelante para continuar adecentando, inquiriendo y exigiendo a la clase política que nos gobierna a todos los niveles. Para los laicos cubanos de aquí, esto sirve de escuela, para a su vez, apoyar a los que en Cuba, están luchando a través de la reconstrucción de la sociedad civil por un futuro democrático. Los laicos no podemos quedar encerrados en los templos, tenemos como Iglesia, que proyectarnos hacia la sociedad, tenemos una gran responsabilidad. Los Caballeros Católicos hemos comenzado, de manera muy modesta, organizando la 1ra Semana Social Católica de Miami. En foros abiertos a la participación, presentamos la conferencia de Dagoberto, y continuaremos promoviendo eventos de carácter social a la luz de la DSI. En cada uno de ellos enviaremos un mensaje de apoyo y esperanza a nuestros hermanos que luchan en la isla por un futuro mejor, de libertad y responsabilidad. Para todos los que entendemos que el desarrollo de la sociedad civil es indispensable para poder vivir en libertad, nos es éticamente imprescindible elevar nuestra voz a favor de los que no tienen esa dicha, por lo que es totalmente indispensable ayudarles en su lucha, pacífica, veraz y solidaria por una Cuba en la que todos esos derechos se hagan realidad.

 

 

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Víctor Hugo