Los sistemas totalitarios suelen ser el producto de una revolución triunfante dirigida por un caudillo carismático que tiene el propósito mesiánico de transformar la sociedad que se propone dominar de conformidad con una visión dogmática que sólo él y su camarilla pueden realizar y mantener. Por lo tanto, necesitan el poder absoluto y no admiten la crítica ni la oposición. Como toda empresa humana, estos centros de poder totalitario cometen enormes errores, pero no hay derechos, estructuras ni instituciones capaces de enfrentar esos errores en la palestra pública y tratar de corregirlos.
Los resultados del totalitarismo son invariablemente desastrosos. Wiston Churchill proclamó en uno de sus incisivos pronunciamientos que "El Socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia y la prédica de la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria". Es pertinente aclarar que Churchill se refería aquí al Socialismo soviético y no al Socialismo democrático que se desenvuelve bajo el imperio del derecho.
El hecho de que los sistemas totalitarios se adueñen de conceptos y palabras en ese maquiavélico manejo del "neohabla" que tan magistralmente nos presentó George Orwell en su profética novela "1984", lo contemplamos en cómo llamaban "populares" a presuntas democracias que anulaban toda oposición, debate o participación popular y en como confundían el "socialismo" con el totalitarismo. Ahora se refieren al "socialismo del siglo XXI" como propulsor de una democracia "participativa" que en Venezuela atenta contra la propiedad privada, cierra medios de comunicación que se atreven a la crítica y persigue a la oposición o a los ciudadanos que se atreven a disentir. Las decisiones de Chávez, muchas veces desde la tribuna televisiva de "Aló Presidente" son unipersonales y nada "participativas". Es el mismo "socialismo del siglo XXI" que en Bolivia impidió por la fuerza la entrada de los diputados opositores al Congreso para poder aprobar sumariamente una Constitución que enfrenta a unos bolivianos contra otros. Estos son apenas dos ejemplos de los muchos que se multiplican no sólo en esos dos países o en Nicaragua y Ecuador sino que son el pálido reflejo del desastre totalitario de una Cuba de corte soviético que nunca ha despertado al siglo XXI.
Todos los sistemas totalitarios predican el milagro de su doctrina mediante un aparato envidiable de propaganda que logra egatusar a muchos hasta convertirlos en adoradores de un mito. En el caso cubano, uno de esos "milagros" es el pregonado sistema de salud. Bastan las fotos que siguen para que huelguen los cometarios al respecto. Comenzando, veamos el lema revolucionario: 
Y comprobemos con los ejemplos de la realidad.
Veamos primero el ejemplo de las "modernas" instalaciones hospitalarias en la ciudad de Placetas.
Sala de emergencias

Hospitalización de niños
Instalación eléctrica propia de los países más atrasados
Cocina para la "alimentación digna"
"Todos sabemos que el cuidado de los más débiles es una obligación de todo revolucionario" proclaman desde la tribuna pública cara al exterior, pero algunas imágenes del Hogar Provincial de Ancianos Marina Azcuy en Pinar del Rio lo contrdicen. He aquí algunos ejemplos:

Una señora abrumada por un enjambre de moscas en su cama

Recuperandose de una intervención quirúrgica. Observen la falta de aseo y asepsia.

Recibiendo una "alimentación balanceada" en medio de los excrementos.

Una agradecida paciente de 32 años de edad Yamilet Fernandez Donate, luego de ser atendida en la sala de maternidad de Hijas de Galicia

Un consultorio de provincias
Boletin informativo en la entrada del consultorio. El consabido "No hay ..."
El interior del consultorio

Otras muestras de la instalación eléctrica en estos lugares

El techo

Aquí se toman las "medidas antisépticas"

El insecticida da algún resultado, pero la limpieza brilla por su ausencia
Otro centro de atención y salubridadUna de las salas de hospitalización de adultos
Una imagen de la farmacia local donde se puede observar el crónico desabastecimiento de medicamentos en todos estos lugares.
El turista extranjero, el visitante adinerado, el simpatizante político de otros países, los inspectores de la Organización Mundial de la Salud, no ven ni mucho menos experimentan este sistema de salud sino que se maravillan por los pocos centros de atención que el gobierno mantiene como vitrinas de propaganda o como fuente de ingreso de dólares de quienes vienen a atenderse desde el exterior. Esos lugares no están accesibles a "los cubanos de a pie".
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